Usted se ha puesto a pensar en este texto, en esta en en este mensaje tan directo que que Jesucristo le dice a al pueblo y y es triste, yo quiero imaginarme, al Señor Jesús, ahí el Señor con todo su amor, con toda su cariño, con esa mirada de amor pero firme y que de repente te diga así, “este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí” ¿Qué le podríamos decir al Señor? ¿Te equivocas? ¿Nos justificaríamos con Él? ¿Qué le diríamos? Porque aquí hay un secreto maravilloso, ¿cuál es ese secreto maravilloso?, solo Dios ve pesa y juzga el corazón.
No hay hombre en la tierra. que tenga ese don, esa capacidad, esa virtud de saber lo que hay en tu corazón, no lo hay. Dios le puede hablar a los profetas, Dios le puede hablar a los pastores, pero por un punto en específico nada más. Pero todo lo que hay en tu corazón, solo Dios lo sabe, nadie más. Cuando el Señor nos confronta y nos dice, «Tú de labios me honras, o sea, Sí, cantas bonito, sí te congregas, sí le dices a todo el mundo, Dios le bendiga, pero tu corazón está lejos de mí.»
Este sermón le quise titular Vidas que confiesan a Cristo, pero niegan su poder. Porque sí confesamos a Cristo de una u otra manera, pero en el diario vivir en el diario andar, negamos su poder. Y no solamente, hermanos, el clásico de, «Oye, te vengo a predicar, yo no quiero nada con Dios.» No, nosotros que decimos conocer a Dios, negamos su poder. Dice también un texto maravilloso, «De la abundancia del corazón abra la boca.» Ah, es que yo le digo a todos, «Dios les bendiga.» Ah, qué padre. Pero cuando estás con la vecina o en tu casa, ¿Qué piensas de ellos? ¿Qué opinas de ellos?, o eres de esos que dicen, «Ay, hermanita Ana, que Dios le bendiga.» Ay, pero esta mujer siempre anda así bien distraída, no obedece, no entiende. Ay, esta mujer, pobre pastor, o al revés, hermano, Dios le bendiga. Ay, pobre Anita. Miren cómo la hace sufrir. Pobrecita,
¿Qué es lo que realmente sale de nuestro corazón? Y es algo hermanos, que a todos, todos, todos sin excepción, todos seamos pastores, seamos profetas, maestros, evangelistas, seamos congregantes de 10, 15, un año, 2 meses, 2 minutos, siempre tenemos que cuestionar dónde está mi corazón siempre. Es duro cuando Cristo te lo dice, porque de una u otra manera directamente te está diciendo hipócrita. Qué fuerte. Ay, yo quiero solo las partes bonitas que diga Dios, eres mi hijo. Ay, eres mi siervo. Ay, yo te amo. Yo di la vida por ti. Si no me bajé de la cruz, fue por amor a ti. Qué padre y es real, y gloria a Dios por ello y gracias a Dios por ello. Pero también nosotros debemos cuestionar, ¿dónde está mi corazón?
Lo más evidente es un cambio de dirección cuando Cristo te confronta, cuando Cuando Cristo te salva, cuando ¿Quién no quiere ser rico en esta tierra? ¿A quién no le gustaría tener un auto, una empresa, quizá una casa en mínimo Acapulco, Cancún? A todos. Y no me digan que no. Nos encantaría podernos ir de fin de semana, si no en un jet privado, cuando menos pagar el avión para llegar a Cancún. Todas los fines de semana estar sacando el estrés. Nos gustaría tener a lo mejor una empresa que produzca millones de pesos y ya no trabaje. Nos encantaría jubilarnos, no con la pensión del IMSS, sino con una pensionota. Claro que nos encantaría, pero cuando Dios te confronta te dice, «Ya no vas para allá, te vas para el otro lado.» Y la vida debe cambiar. Ahí es cuando tú sabes si Cristo te salvó o no te salvó.
La gente de hoy en día y lamentablemente la apostasía y el evangelio, como le llamamos “light” o el evangelio sin fundamento te dice, «No, tú debes llegar a donde tú quieres y Dios te ayuda.» Le quitamos la deidad a Dios y lo ponemos a nuestro servicio. Dios, «Dame esa casa y yo arrebato y yo declaro y yo confieso y lo tomo.» Cállate la boca. Dios no te está mandando para allá. Eres tú usando el santo nombre de Dios para tus fines, para tus propósitos. Y Dios no es así. Dios te cambia la dirección. Siempre lo va a hacer. ¿Por qué razón? Porque sabe que ese camino momentáneamente te va a dar placer, momentáneamente te va a dar alegría, pero su fin es muerte y te tiene que cambiar de dirección. ¿A dónde? a donde no querías ir.
Aún nuestros hijos cuando los chiquitos al templo y han crecido, hay un momento que dicen, «Ey, ya me cansé, papáLos niños normales van al parque, van al cine, tienen amigos, van a fiestas, los niños normales salen a pasear el domingo y tú me tienes aquí. Los niños normales, papá, tienen videojuegos de violencia. Tienen videojuegos de agresión. Los niños normales tienen pistolitas de agua, pistolas de salva, eh de las nerd, tienen de todo, papá. ¿Por qué yo no?” y si llegan a la edad de adolescentes los niños y niñas normales tienen novio, tienen novia, perdón, se estimulan a sí mismos, empiezan a probar el cigarro, empiezan a probar el alcohol, empiezan, ¿por qué yo no? Los niños normales se van a las fiestas. Estás los niños normales no llegan a casa. Los niños normales no les puedes quitar el celular porque es privacidad. Los niños normales tienen su cuarto y nadie entra. Los niños normales y en esa bendición si llegan a ser jóvenes llega ún momento les dicen, «A ver, papá, ya soy grande, ya no me puedes obligar, ya no me vas a llevar a fuerzas, ya no quiero ir, me interesa mi carrera. Yo quiero eh sacar un 10, yo quiero tener excelencia, yo no voy a estar los domingos. Yo no me involucro en nada, ni evangelismo, ni música, ni enseñanza, ni nada, porque mi meta es terminar mi carrera. Ya después Dios dirá”, ¿y qué crees? Cuando Dios te confronta, a la edad que te confronte, te dice, te vas para el otro lado. Te vas a un lugar que ni sabes que existe. Te vas para un lugar que no tenías planeado. Te vas a un lugar que ni siquiera quieres estar allá.
Pero el evangelio de hoy te engaña de tal manera que te dice, «No, tú ponle tu meta. Tú solamente usa a Dios su pretexto pídele, declárale, confiésale, confróntalo, oblígalo a que llegues a tu meta.» No es así la palabra del Señor nos enseña que esto no Es así. Y sí, cuando yo predico de esto, usted me hace mucha gente que se entristece y dice, «Es que entonces estoy en el lugar equivocado.» Sí, sí lo estás. ¿Por qué? Porque aquí te hablamos lo que dice la palabra de Dios. Aunque a todos nos duela, “es que pastor, a usted le ha de ir muy bien”.
Todas las mañanas me tengo que recordar ese hermoso texto que dice, «lloro con los que lloran, río con los que ríen y tengo que seguir adelante.
15 Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. 16 Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.
Romanos 12:15-16
¿Por qué? Porque imagínense, no somos tantos, pero me llega a llamar ahí en la mañana, «Hermano, es mi cumpleaños.» Ay, gloria a Dios. Y el pastel, a los 20 minutos, tengo un problema. Otra persona, ¿qué pasó? No tengo para comer. Voy saliendo de esa casa, hermano. Estoy en el hospital. Voy saliendo de ahí, hermano, me peleé con mi esposa, con mi esposa. ¿Cómo termina el pastor el día? y cuando llegas a casa y tu mujer es que no hiciste la sopa, la hagan mañana. El punto, hermanos, es que cuando tú vas con Dios, Él se pone en el centro de tu vida y se hace el dueño de ti. Se oye feo para algunos que somos sensibles. Dios es Dios y Dios es el dueño, Señor y amo de tu vida. Y si quiere que llores, vas a llorar. Y si quiere que pases por un valle de sombra y muerte, vas a pasar. Y si Él dice, «Te doy reposo en verdes pastos.» Gracias, Señor.
¿Qué es lo que más anhelamos los que servimos a Dios? Que la iglesia esté bien y puedas descansar. Ya no pedimos vacaciones, ya no pedimos ir a Cancún, ya no pedimos comprarnos algo. Señor, que la iglesia esté bien y nos dejas descansar. Sí, pero bendito Dios, no le place. Una vez mi mamá me dijo de niño, a descansar el panteón. Hoy le creo, de verdad que hoy sí le creo que hasta que esté allí mi cuerpo y espero a Dios en Dios que mi alma con Él, voy a descansar.
Entonces, amados hermanos, de verdad es tan evidente, debe ser tan evidente ese cambio de dirección, que eso te debe servir para decir dónde está mi corazón. Sí. Y no solamente en tu meta personal. A ver, todos llegamos al al Señor con corazones rotos. Sí, llegamos con corazones rotos. ¿De qué? De mamá, de papá, de familia, de una relación fallida, de unos hijos que abandonan, de gente que fue violenta, de daño físico, emocional, espiritual, psicomático y demás que nos ha habían hecho y todos llegamos rotos a la presencia de Dios. El mayor cambio es que Dios te repara. Aquel que me diga, «Hermano, llevo 20 años de ser cristiano y guardo un rencor.» Ay, creo que no eres tan cristiano como lo piensas. “Es que, hermano, llevo 20 años y no puedo perdonar”, ay, Dios mío, apúrate porque esto no está bien.
Cristo no solo te cambia el camino, te cambia a ti, te transforma a ti. No hay otra manera de entenderlo, no hay otra manera de verlo, porque Dios siempre te cambia a ti. ¿Cómo dice ese maravilloso texto?
17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
2 Corintios 5:17
¿Por qué razón lo cultiza así la palabra del Señor? Porque así es hermano. El que está en Cristo nueva criatura es. ¿Por qué razón? Porque ya no vas para allá y para allá tenías tus armas. Conocimiento, educación, un trabajo, quizás cierta estabilidad, quizás cierto poder o como llamamos en México, palancas, socios, amigos. Y cuando Cristo te dice, «Eh, ya no vas para allá», lo primero que te das cuenta es que estás solo, porque toda la gente, todo lo que tú tenías ya no te sirve. ¿Por qué? Porque ya no vas para allá, ahora vas para otro lado y Dios te hace nueva criatura.
Simplemente con esta gran testimonio. Dios resucita tu espíritu. Eres nuevo, eres alguien diferente. Porque para que Dios habite en ti tiene que resucitar a tu espíritu. Y eso te hace nuevo, eso te hace diferente. Eso te hace una criatura nueva. Pero, ¿qué crees? El alma tiene memoria. Esa sí. A lo mejor el espíritu resucita, pero el alma tiene memoria y no lo muestra la palabra de Dios casi en todo un libro como el libro del Éxodo. Y los israelitas, ¿qué vieron? Uy, milagros. ¿Quién haisto de nosotros? ¿Quién ha visto que se abra un mar? Nadie. ¿Quién de nosotros ha visto que que haya plagas? Nadie. ¿Quién de nosotros ha visto una columna de fuego? ¿Quién ha visto una nube? Ah, yo sí, gloria a Dios. Eh, los que hemos visto Gracias. ¿Y qué veían los israelitas? Todo eso y más.
Yo el día de hoy, no sé mis hermanos más estudiosos, yo no me imagino el maná. De verdad, que si es como un conflakes, que si es como una que tiene miel, no lo sé. No, no, no. Mi mente no me da para imaginar el maná. Y a los judíos, órale, hermana, cómelo. Todos los días había maná para ellos. No me lo imagino. De verdad no lo puedo imaginar. En una zona desértica de la nada, no solo con la palabra del Señor caía el maná. Y ellos veían el poder de Dios, ya tenían otra dirección, pero su almita, ay, regresa me a Egipto. Yo quiero morirme en un hoyo, siendo esclavo, que me peguen, me maltraten, pero hay un hoyo para mí. Ay, Moisés, es que allá sí había agua racionada y sucia, pero había agua Dios aquí te va a dar más. No, pero mi alma quiere ir allá. ¿Y por qué la quiere? Porque sabe a lo que sabe. Sabe lo que tiene que sufrir. Y un alma nueva en Dios no sabe nada.
Yo no conocí el poder de Dios hasta que me enfermé. Yo no conocí la fe de Dios hasta que tuve un hijo enfermo. Yo no conocí el amor de Dios hasta que Él me dijo, «Yo te amo.» Yo no conocí la restauración de Dios hasta que me dio a mi esposa. No lo conocí. Todo. en Dios es hecho nuevo. Pero mi alma sabía y probaba lo que era el pecado, lo que era mi vida pasada y me decía, «Vete para allá.» Eso lo conoces, eso lo dominas. Sí. Recuerdo que cuando el Señor me dijo, «Deja tu trabajo, ¿no?» Mi posición económica laboral era muy buena. Sí. Buenísima, diría yo. Sí. Y recuerdo las palabras, no voy a decir de quién. Estábamos en una iglesia que está allá. por el centro y un hermano de ellos tenía un puesto de tacos y el hermano abrió el puesto de tacos en un local y me dice, «Hermano, ayúdeme» «Sí, yo voy, hermano» Yo ya no trabajaba este con un horario y todo, ya no ganaba dinero. Y me dice, «Hermano, ayúdame a repartir los refrescos» Sí, hermano, yo bien gozoso repartir los refrescos. Y alguien se me y me dice, «Qué triste, yo te vi vestido de traje. Yo te vi ganando todo esto. Yo te vi hasta allí arriba y estás aquí. repartiendo el refresco”
Hermanos, yo no sé si ustedes han pasado esa transición de tenerlo todo, de tenerlo todo. Nosotros no comíamos en casa. Nosotros desayunábamos y comíamos en restaurantes todos los benditos días. No teníamos por qué ni siquiera comprar despensa todos los benditos días. Y ya tenía los seis o eran los seis, no eran cuentas baratas. Y así vivía yo en esa cosa. Un día mi hija me dijo, «Papá, ¿qué quieres, hija? De cumpleaños quiero, Camarones ¿Pero me llevas a Acapulco?» «Sí, nos fuimos tres días a Acapulco. Así era la vida con los hijos. Fácil. Y invité a mis y a mi yo pago. Así era mi vida. Y de repente me dice el Señor, «Se acabó. Ya no hay» Yo espero que si es de Dios lo pasen los que lo tengan que pasar. Pero no es sencillo. No es sencillo meter la mano y compara lo que quieres a decir, «Señor, doblo mis rodillas y provéeme” y no a mi manera, a la manera de, Señor, mis hijos necesitan tenis. ¿Cuándo me cae el depósito?» No, un hermano se va a acercar y te va a decir, «Si no se ofende, pastor, le regalo unos tenis.» Ay, regalados, regalados. Amén. Gloria sea el Señor. Y no me lamento, hermanos, pero también tuve que decirle al Señor, «Cambia mi corazón. Ya es que Mi alma no dese Egipto. Ponme un alto porque mi alma no puede desear Egipto. Ya no quiero regresar a Egipto”. Y fue empezar a caminar de cero con Dios. De cero. Se nos venían problemas económicos, se nos venían problemas de de de la enfermedad, se nos venían problemas en la escuela. Yo sin trabajo y quería no tener hijos en la escuela de paga. Y Dios dijo, «Lo voy a hacer» ¿Cuándo? Yo lo haré. ¿Cuándo? Yo lo voy a hacer. Y bendito Dios lo hizo siempre y hasta el día de hoy lo sigue haciendo.
Pero el alma tiene memoria y te dice, «Y el vino y el alcoholito y los amigos y el dinerito y esto y lo otro» Y allí es donde donde está tu corazón. Si tu corazón está en Dios convencido, de que allá no conoces, no sabes qué va a pasar, pero le crees a Dios como Abraham, toma tus cositas y camínale. Pero si tu corazón sigue anhelando Egipto o tu cuerpo viene a la iglesia mientras tu boca y tu alma desean estar en Egipto y saliendo de la iglesia regresas a Egipto, es un momento para decir, «Tus labios honran a Dios, pero tu corazón está lejos” “hermano, ¿que es Egipto?”, todo lo que ofende a Dios, tu esclavitud en el pecado. Y vamos desde lo básico, idolatría. “Hermano, yo no soy idólatra”. Así. ¿A qué le dedicas más tiempo? ¿Al trabajo o al Señor? ¿A qué le dedicas más tiempo? ¿A tus enojos o a predicar la palabra? ¿A qué le predicas más tiempo? ¿Al rencor y al chisme o a la oración? ¿A qué le dedicas más tiempo? Ah, porque ahí al que le dedicas más tiempo sí es tu Dios. Y yo entiendo el trabajo, eh, yo no estoy juzgando a los que trabajan, no, no. Yo hablo del corazón. Claro, tenemos que cumplir un horario. Claro. Amén. Gloria a Dios. El que no trabaje que no coma, porque tampoco me voy a ir al otro lado. Ah, yo no tengo ídolos, pero estoy en mi casa. Tú vendes tu propio ídolo. ¡Olvídate! Ni te justifiques. Porque la Biblia dice que el que no trabaje, que no coma.
9 no porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis. 10 Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. 11 Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno.
2 Tesalonicenses 3:9-11
Tampoco hay que ir al extremo. Pero los que tenemos que cumplir un trabajo, un periodo, y lo cumplimos con responsabilidad, con base en lo que nos pagan, pero nuestro corazón anhela al Señor, está nuestra mente en Cristo, bendecimos a otros. Sí hermano, tu trabajo es una bendición, no lo pierdas. Pero si tu trabajo le dices al Señor, «Ahorita no estoy para ti, yo ahorita soy lo que soy.» Y te corrompes porque, perdón, en mi área, teníamos que corrompernos. teníamos que engañar a hacer fraudes y te iba muy bien haciendo fraudes. Eso es mentira. Eso es que tu ídolo es el trabajo. ¿Por qué? Porque antepones lo que dice tu jefe, tu trabajo a la palabra de Dios. Si en tu trabajo no antepones las reglas de ellos y respetas la palabra de Dios, qué bendición tan grande tienes. Quédate ahí. En mi trabajo me tenía que romper y lo sabe mi esposa por millones de pesos.
Entonces, te estás corrompiendo, hermano. Y vámonos desde lo básico, sin ofender a mis hermanos taxistas, pero el que le mueve ahí al taxímetro.
Peso y balanzas justas son de Jehová;
Obra suya son todas las pesas de la bolsa.
Proverbios 16:11
Tenemos que ser justos y honestos. Los que tenemos una tiendita, damos los cambios bien o le subimos dos, tres pesitos a todo los que vamos a comprar y nos da el cambiecito de más. Lo vemos como una bendición o como lo que es un robo porque sabes que no es tuyo y no vas y lo regresas. En todo nos podemos corromper, hermanos. En todo, en todo. No necesitas ser un fraude millonario. Necesitas robarte un lápiz de la oficina que no te pertenece para ser digno de pecado. Necesitas decirle a tu jefe Es que hubo una marcha y no me dejaron pasar cuando te quedaste dormido. Es que tengo que irme temprano porque tengo un problema y no es verdad. Así de fácil nos corrompan los seres humanos. Así de sencillo es pecar. Y eso es lo que nuestra memoria nos recuerda y nos recuerda y nos recuerda. Pero cuando tienes otra dirección, bendito sea Dios, el Espíritu Santo te gobierna. Y ahí es donde quiero empezar a a entender este pasaje.
5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita.
2 Timoteo 3:5
A mí esas apariencias sí me llegan a confundir, porque estamos aquí en la iglesia y cómo nos hablamos, tenemos nuestro propio lenguaje, “la paz de Dios, hermano. Dios me lo bendiga, ay, Señor, voy a orar por mi hermano. Bendícelo, guárdalo” Y los vemos en la calle y ¿qué ocurre? No, es que el de allá debe dinero. Uy, no. El de allá es bien broncudo. Uy, la niña de ahí es bien este abierta de mente.
Sí me ha pasado, a lo largo de mi ministerio, yo cuando llego a visitar a alguien, toco la puerta y me dice, «No, ni les toque» Una vez llegué con el carro y me estaciono y se se me acerca una señora, me dice, «No, ni se ponga hijo del por qué no ahí son bien groseros, bien agresivos. Ahorita le van a echar al perro» «Ah, no, pues es que vengo a verlos a ellos» Uy, allá usted Así ya no necesité preguntar más. ¿Cómo sí? ¿Qué hacemos en ese caso? Dice, tienen qué apariencia, pero negarán la eficacia de ella. Así son o así somos o así fuimos o así debemos quitar nuestra vida y dejar de hacerlo. Pero es cierto, hermanos, como pastor me han tocado tantas, tantas cosas bien tristes.
Un día en otra congregación, yo apenas estaba empezando mis pinos de pastor, me subo un microbús, y yo, «¿Qué onda? Buenas tardes, ¿cómo está?…» Y de repente sí oigo que empiezan a gritar, «Hola, que no sé qué…» eran unos muchachos que iban ahí, ya saben que no hablan español, hablan otro idioma, nos ofenden a todos, nos avientan con los animalitos. Ay, es el joven que toca el teclado de la iglesia. Y sí le dije, «Hijo, ¿qué pasó? Es que aquí yo soy de esta manera porque aquí trabajo, pero en la iglesia soy otro”. Hipócrita. Eso es lo que eres, un hipócrita. Sí. Y si en mis manos estuvieran, no vuelves a tocar porque tú no ministras, porque tu corazón está lejos, porque es un una mala influencia para el cristianismo. Obviamente, como en todo hay cadenas de poder, y llego a comentarle al pastor y me dice, «Tú no te metas en eso” “¿y lo vamos a dejar tocar?» Claro, ¿por qué no? Ah, ya vi que el problema no era el muchacho.
¿Cuándo negamos el poder de Dios? Ojo, cuando amamos más el pecado que la santidad. Sí, negamos el poder de Dios cuando amamos más el pecado. Es que, hermano, yo sí sirvo a Dios, yo sí quiero, pero no puedo dejar el porno, pero no puedo dejar el alcohol, pero no puedo... Sí, ?¡sí puedes en el nombre de Jesús! ¿Por qué? Porque todas las cosas en Dios son hechas nuevas. Y Jesucristo dice, «Bástate en mi gracia» Y Jesucristo dice, «Yo estoy contigo» Y Jesucristo dice que te ha dado poder y dominio propio. Entonces, ¿por qué no quieres dejar el pecado? Es que, hermano, el chismecito, el chismecito santo. ¿Cuál chisme santo? No hay chisme santo. Una mentirita piadosa. Ni es piadosa y es mentira y es pecado. Sí.
Entonces, negamos la eficacia del poder de Dios cuando amamos más el pecado, cuando eh nos justificamos para seguir pecando. Negamos Es el poder de Dios cuando vivimos sin arrepentimiento.
Hay un texto muy fuerte que dice que hay pecado de muerte y todos los teólogos debaten en eso. Que si sí, que sí. Bueno, hermano, el pecado que te lleva a la muerte es el no confesado, es el que no te arrepientes y lo justificas. Hermano, si yo soy mala esposa es por mi esposo. Si yo le contesto, es porque él me grita. Si yo no hago de comer, es porque él se va mucho con su mamá. Si yo no lo atiendo es porque él no me trae flores. Ese es un engaño de Satanás. La Biblia te dice, a ti mujer, lo que debes hacer y a ti varón lo que debes hacer, y no estamos compensando y no estamos negociando. La Biblia dice lo que tienes que hacer y lo haces, pero te justificas.
Es que si yo le merezco a mi esposo es porque creo que es puro, es porque creo que es ignorante, es porque él no se congrega…, ¡es tu esposo! Si yo le pego a mi mujer es porque es rebelde, es porque es necia. Dios lo entiende y lo sabe. Sí entiende y sabe que eres mal hijo del Señor. Lo entiende. Arrepiéntete. Y ese es el problema. Ahí negamos el poder de Dios porque nos la pasamos, ¿qué? Justificándonos. Y todavía la palabra de Dios, por si queda algún resquicio por ahí, alguna laguna legal, nos confronta y nos dice, «A ver, esto es muy simple. Al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado» Hermanos, ¿es bueno predicar? Sí. ¿Por qué no predican? Hermanos, ¿es bueno interceder? Sí. ¿Por qué no interceden? Hermanos, ¿es bueno darse a la gente de allá afuera con un postrecito tantita sopita, bendecirlo, sí? ¿Por qué no lo hacen? Es que, hermano…, y ahí van las justificaciones.
La blanda respuesta quita la ira;
Mas la palabra áspera hace subir el furor.
Proverbios 15:1
Yo aprendí el verso anterior través de mi esposa, a través de mis vecinos, la blanda respuesta, quita la ira. Y no me lo apliqué a mí, lo tuve que aplicar en todos lados. ¿Por qué? Porque yo era muy orgulloso, no era un pelado, pero era muy grosero. Era Muy Yo, yo no saludaba, yo no bendecía a nadie, yo salía y compraba lo mío y no me importaba los demás. Yo no ayudaba a nadie, me justificaba diciendo “no estoy pecando”, pero tampoco estoy bendiciendo. Ah, entonces cálmate, ubícate. Entonces esa respuesta que Dios te ha dado siempre, aplícala. Y Dios me ayudó a ser más humano. Hoy si ya me siento un poco raro porque ya no me dicen vecino, ya me dicen pastor, y entonces, hola, buenos días, pastor. Buenos días. Oiga, pastor, ora por mí.
Pero eso no lo hice yo, lo hizo Dios a través de mí, creyéndole yo que estoy en un camino diferente. Entonces, todos los que decimos que somos enojes, hermano, y entonces, ¿dónde está el amor de Dios? Es que, hermano, todos están mal. Yo estoy bien. Aguas con la soberbia. Es que, hermano, no estoy de acuerdo en esto. Y que el Señor no es pues justo y dice que a Él le pertenece la venganza. Y si Dios no se quiere vengar, qué padre.
Miren, hermanos, yo me he encontrado con muchos cristianos que piden más venganza que perdón, que piden más venganza que misericordia, que piden más venganza y fuego del cielo que salvación. Y hay un texto Bien bonito en Juan que dice Juan que dice,
53 Mas no le recibieron, porque su aspecto era como de ir a Jerusalén. 54 Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? 55 Entonces volviéndose Él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois;
Lucas 9:53-55
¿Qué le dice Jesús? ¿De qué espíritu eres? Porque yo vine a salvar, yo vine a amar, yo no vine a destruir. Y ese texto cómo duele en gente como yo. ¿De qué espíritu eres? Se te cierra el microbusero. ¿Qué le dices? Dios bendícelo. O le dices, «Ay, Señor. Señor fuego, rómpele las llantas al mínimo que hoy le vaya mal”. Conocí gente que cuando los maltrataban o eran injustos. Cristianos según, así lo dijeron textualmente. A mí me hacen mal y le digo, «Hoy Dios no te va a bendecir y hoy Dios te va a hacer juicio porque has atacado un hijo de Dios» Pues ni eres hijo de Dios. Ni te llames como te llames. ¿Por qué razón? Dios es amor. Y en Dios debemos pedir qué bendición, debemos pedir paz, debemos pedir salvación, debemos pedir que conozcan a Cristo y no está matando gente para que se vaya al infierno. ¿Usted se ha dado cuenta que si Dios le hiciera caso en esos momentos, esa alma se va infierno? Puedes cargar con almas que has llevado al infierno.
Hermanos, tenemos que cambiar de dirección. Antes sí y claro, creo que la mayoría de los que estamos aquí sabemos lo que es la ley de la selva, mata para que no te maten, pega para que no te peguen. O la clásica del barrio de que lloren en tu casa, a que lloren en la mía. Ni modo, llórale. Sí. ¿Y qué dice Cristo? Perdónalos porque no saben lo que hacen. Ay, y nosotros sí sabemos, ¿no? Por eso los maldecimos. Por eso nos ofendemos, por eso pedimos fuego, por eso pedimos que les haya mal. ¿Qué nos pasa? Sí, nos justificamos en lo malo. Hay que arrepentirnos, hermano, de lo malo que hayamos hecho o lo malo que estemos haciendo.
Y si lo bajas a tu seno familiar, ahí sí no terminamos. Es que el primo del día del hermano me dijo, me hizo, no colabora. Tu deber es orar y mostrar el amor de Dios. Sí, pero tampoco llegues a la idolatría. Ay, porque por mostrar el amor de Dios hago lo que ustedes me dicen. Si hay que tomar una copita, me la hecho porque soy mi familia. No, no, no. Eso es idolatría. Eso es idolatría aún hacia tu familia. Es que, hermano, para no pelear, yo los debo atender. Tu deber está en Cristo. Y si a Cristo lo pones después de tu familia, eres un idólatra, y eres un idólatra de tu familia. Y se acabó. Usted lo dice, no lo dice la palabra, que todo lo que está por encima de Dios es tu Dios y al que tiene otros dioses se le llama idólatra.
Y no solo tu familia, tú mismo. Es que estoy cansadito, es que hoy no tengo ánimo, es que hoy no tengo gozo, es que yo qué quiero. Ah, y qué quiere Dios. ¿Qué quiere Dios? Dios nos da fuerzas, hermano, de verdad. Dios nos da fuerzas. Negamos su poder cuando elegimos esa comodidad antes que obedecer. Y me voy a ir hasta la cocina y espero que nadie se enoje y si se enojan, perdón por la forma y no el fondo, pero ¿por qué seguimos poniendo pretextos a Dios? yo me siento cómodo no predicando, es que tengo pena. Ay, es que me da la vergüenza. Ah, es que yo no sé. A ver, hermanos, Dios no ha hecho nada en ti. Sí, claro. Sí, claro. Y ha hecho cosas grandes, cosas grandiosas, cosas del poder de Dios. pero prefiero no predicar. Es que, hermano, ¿cómo nos cita a las 7:30, un sábado al mes para compartir la palabra?, si, ¿Cómo se le ocurre un sábado al mes bendecir a esa gente que está allí afuera, que está bien, no ha desayunado, pero es por culpa de ellos que nos lleva a orar allí afuera por gente que ni conocemos? Qué mala persona es. Ay, no, pero es que yo no yo no llego, hermano. La mayoría vivimos por aquí. Es que no quepo en su carro. Pues es que nadie me dice si se quiere subir.
Es que, hermano, venir desde hasta hasta allá. Yo se los dije y se los tengo testigos que desde San Miguel vine todas las veces que se requiso aún para el hospital y a San Miguel son 4 horas de camino y no puse pretextos. Ah, pues es que usted es rico. No, yo amo a Dios. Y cuando amas a Dios, Él te abre las puertas. ¿Cuáles? Todas. Cuando dejas de poner pretextos y justificantes y dejas de buscar tu comodidad, claro que Dios abre las puertas.
Hermano, mis hijos son chiquitos. Ay, mis niños andan desde la pancita en estos trotes. Y lo he dicho mil veces. Sí, tenían fiebre o lo sana, señor. o te levas, pero yo no puedo faltar, pero yo no debo dejar. Tú sánalos. Y todas las veces Dios ha sido fiel. Ah, es que mi mujer no me entiende. Pues orale más, clama más al Señor. Si te cambia a ti, no puede cambiar a tu pareja. Claro que sí, pero no clamas lo suficiente.
Entonces, dejemos nuestra comodidad. Es que, hermano Si yo me salgo, a lo mejor se enojan mis familiares ¿por una vez al mes? y, ¿qué crees? Regresamos pronto. Sí. Te salías de tu casa a las 6 de la mañana y máximo regresas a las 9:30. De verdad, eres tan mala persona que tu familia no te puede regalar 2 horas y media en la mañana, en sábado, cuando ellos se van a parar a la fiesta. Sí, llegas a darles de almorzar, hermano. Eh, es más, yo me comprometo a pasar a comprar el almuerzo contigo para que llegues y les des de almorzar. ¿Qué más necesitas?
Y saben qué es lo que me duele, ahí sí lo digo a título personal, a mí el pastor me duele, que cuando a nosotros nos toca estar en el hospital, queremos que el pastor haga vigilia, queremos que Dios derrame bendiciones, queremos que haya milagros, pero cuando nos toca bendecir a alguien, tenemos sueño, tenemos ocupaciones, no nos importa el de al lado. Pero cuando yo estoy ahí, uy, cómo quiero que todos vayan ahí. Eso se me hace injusto, se me hace egoísta a mí. Dios sabrá y tendrá una relación conmigo. Pero a mí, ¿cómo me enoja eso? Me enoja. Y a lo largo del ministerio mucha gente me ha dicho, «Pastor, si sale mi mamá, mi hija, mi quien sea, yo me comprometo con Dios a traerles tortas al hospital”. Joven, fui ya envejecido y nunca cumplen.
Me duele, me enoja, me molesta porque estamos siendo ingratos e injustos. Y ahí es donde negamos el poder de Dios. Una vez al mes, de verdad, una vez al mes no puedes ir a bendecir a un prójimo, a un mexicano, a un alma que ha estado ahí afuera en el frío, que no ha comido, que no ha ni siquiera tiene un pan. ¿Te molesta, te lastima, te afecta? Ay, hermano, es que mi trabajo, ay, Dios mío, otra vez el trabajo. ¿Y si le pido a Dios que les quite el trabajo? No, pastor, no, no haga eso. ¿Por qué? Ay, si ya el pastor es malo, ¿verdad? No pida que nos bendiga el trabajo, pida que el trabajo. Sí. Y usted dele a Dios lo que a Dios le toca por honra. El diezmo, sí, pero en todo. en especie, en tiempo y en vida. Dele a Dios lo que a Dios le corresponde en todo.
Es muy fácil, digo, perdón, a lo mejor es muy fácil aventar el dinerito, pero el tiempo, ay, no tengo tiempo. Las ganas, no tengo ganas. El esfuerzo, no, yo ya por eso pagué. No pagas nada. Es derecho del Señor y tú le estás quitando a Dios el derecho que le corresponde también de tu tiempo. Ah, no, es que la Biblia dice que son económico. Ay, por favor, justifiquémonos. Vamos a justificarnos todos, ¿no, hermanos?
Negamos el poder de Dios cuando a Dios no le damos lo que a Él le corresponde. Y de verdad, hermano, yo sé que no me vas a entender hasta que estés ahí. El ver a una persona que te diga, «Gracias porque llevo dos días, un día, todo el día sin comer. Yo no sé si te manda Dios o no, pero gracias.» Y tú le dices, «Es de Dios porque está contigo” y se rompe y te dice, «Yo me sentía solo, no está solo, Aquí está Dios contigo”. No lo vas a entender. No lo vas a entender hasta que lo veas. No lo vas a entender hasta que la gente te diga, «Ora por mi enfermo» Y en fe es enfermo y sano. Cuando tomas la tierra en en un acto espiritual y le dices a Dios, «Bendice y Dios bendice» y todos están en paz. No lo vas a entender hasta que veas la gloria de Dios ahí. Pero no. No, ¿por qué en sábado?
No, hermanos, de verdad, de verdad, dejemos de justificar y estar en nuestra comodidad. Puedo dar testimonio que todos los que se consagran a Dios y de verdad en su corazón le piden a Dios esto. Dios abre todas las puertas aún de salud. Muchas veces he visto a muchos de ustedes enfermos. Es que hermano, sí, es que hermano, no, es que creele a Dios, ve en fe. Y llegan más sanos y felices que nunca. Dios hace milagros. Si vamos a pedir un milagro y no creo que me pueda quitar un dolor de cabeza, de pancita, de estrés, entonces no por eso no voy. Pastor. Vamos por milagros. de salvación, de sanidad. Vamos por la gloria de Dios. Y no puedo creer que mi esposo no se enoje porque no estuve con él en la mañana.
De verdad me causa un conflicto personal muy muy grande aquí adentro. Me causa un conflicto y pido perdón por la forma, pero no por el fondo. Negamos el poder de Dios, hermanos, cuando reducimos la fe a costumbres y no a comunión. Ah, ya vine al templo, ya cumplí. Dios me bendice toda la semana. Ya cumplí. No, hermano, Dios pide una comunión y siempre le hemos predicado a todo el mundo que una comunión no depende de un horario y de un culto, depende de una comunicación con Dios. Y si Dios quiere que en la mañana le alabes, alábalo. Y si quiere en la noche platicar contigo, ve a platicar con Él. Lee la palabra, predícale a otros. No todos, hermano, no todos tenemos la misma comunión. Yo me lleno y le agradezco a Dios que me permita leer, que tenga mucha Biblias, que entienda cosas, pero mi comunión con Dios es cuando alguien me dice, «Hermano, le abro las puertas de mi casa.» Vas, oras, pastoreas, le bendices, le escuchas y puedes llevarlo a las plantas de Cristo. Ese es mi más grande recompensa como pastor pastorear. Los evangelistas evangelizar, y todos los demás, como dice la Biblia, Mateo 28, «Id por todo el mundo y predicad en El evangelio, a quién, a toda criatura.
Hermano, yo no sé predicar. Mira, si no sabes predicar, te vamos a enseñar. Ya hablamos con los evangelistas. Pero también puedes poner en tu mesa, ahí en tu puerta, 10 planes. 10 flancitos, 10 gelatinas, 10 manzanas naranjas con limón y le dices, «Se la regala el Señor» ¿Cuál Señor? Dios quiere que yo le diga que le ama, que está cerca de usted. ¿Qué más quieres? ¿Tú crees que la persona no se va a conmover y te va a decir, «En serio, pero pues si tú eres bien, no, de verdad, ya Dios me cambió y te quiero bendecir. Ten una naranjita con chile. Dios te bendiga» a nosotros ya nos vienen a tocar cuando quieren agua, cuando quieren otras cosas. ¿Me regalas agua? Sí, Dios te bendiga. Oras por mí. Sí, también. Dios te bendiga.
Entonces no necesitas ser teólogo, no necesitas ser evangelista, necesitas tener a Cristo en el corazón, necesitas estar lleno de amor. Cuando uno está enamorado, te le revelas al papá, es que no te conviene, mi hija. Pues yo lo amo y le voy a dar la vida. Y si me dice que me vaya con él, me fugo, papá. Sí, hijo, ella no te conviene, no gua, no. Pero papá, está hermosa, es el amor de mi vida, pues te prohíbo verla. Pues aguántate porque yo voy a ir a verla. Cuando estamos enamorados nada nos detiene. Ahí está mi su y mi suegro de testigos que cuando yo estaba con mi novia, yo estaba en su casa y cuando salía lo primero que hacía era llamar por teléfno, «Hola, ya llegaste ya» Y su mamá y la mía, «Ya la acabas de ver, cuelga» Ay, otro ratito. Ya llevas una hora, por favor, cuelga. Está bien. Y pero mañana te otra vez mañana, pues.
Cuando uno está enamorado, no me digan que no pasa eso. Sí pasa. ¿Por qué no estamos enamorados de Dios? De verdad que si estuviéramos enamorados de Dios, habría aquí 20 pastores, 30 evangelistas, 50 profetas, 50 músicos, pero necesitan enamorarse de Dios, no del pastor, no de la congregación, del Señor. Y entonces Todas las cosas van a cambiar. Porque no estamos siendo obedientes.
21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.
Juan 14:21
Pero a Dios le decimos, «Ay, sí, te amo» De verdad, a veces digo, yo ya llevo muchos años de casado y si hemos tenido situaciones difíciles y mi esposa siempre me dice, «Te amo, te amo» No. Y yo le digo, «Pues yo a veces” Y entiendo perfectamente que el Corintios dice que el amor nunca deja de ser y todo así, pero hay momentos en mi porque soy una persona muy racional que digo, «Es que ella no me ama» ¿Por qué no me ama? Porque no me atiende, porque no me obedece. Porque yo le pido algo y no lo hace. Porque si yo le digo eso ahorita ya lo hace tres días después. Y en mi razón razón digo, no me ama porque no hace lo que yo le pido. Pero ella dice No lo hago, pero aún así te amo.
Aquí quiero que entendamos una cosa es el amor, sí, de sentimientos, sí, de palabra, sí emocional, sí, sí, sí, eso está padre porque eso lo tiene que cubrir todo. Pero si no nos accionamos, hermanos, no está completo el amor. No está completo. No está completo. Cristo Jesús dijo, «Yo los amo» Y desde el Génesis 3:15 prometió que Él iba a aplastar a vívora, Él iba a aplastar. iba a salvar. Y Abraham le dijo, «En ti serán benditas todas las naciones» Sí. Y nos ha venido mostrando y diciendo que nos ama. ¿Y dónde lo vemos consumado? Cuando Él desciende de su trono, se hace como nosotros y se y entrega su vida en la cruz. No fueron palabras, fueron acciones, hechos, verdades, cosas incuestionables. Entonces, sí, yo entiendo el amor que todos podemos decir a Cristo, te amo. Sí, pero también amo al prójimo. Pero también amo, amo, amo. Ah, lo estamos haciendo.
Antes había un dicho en un movimiento que me gustaba mucho, amor en acción. Y era verdadero. Si amas, te accionas. Es que Dios, yo amo a México, pero yo no puedo ir a regalarme un café a las 8 de la mañana a hospital. Regala 20 cafés en tu colonia. No que lo compenses. No, no, no, pero deja que Dios te mueva. no, tampoco es que no se hace el café. Bueno, otra justificación.
Entonces el amor no solo es decir «Yo te amo» y abrazar. Pero, hermanos, si no hacemos lo que debemos, cuando tenemos que hacerlo, no es amor. Y sí, yo acepto que el amor debe ir cubierto de sentimientos, palabras, detalles. Pero lo más maravilloso lo que dice aquí Dios. El que tiene mis mandamientos y los guarda, los hace, los predica, los muestra, ese es el que me ama. No está hablando de que el que me habla bonito, ay, el que me habla, me dedico a un poema como David. No, habla de ¿qué? De hacer.
Entonces, amamos a Dios, nuestras acciones demuestran que amamos a Dios. Sí algo yo le enseñaba a mis hijos es la responsabilidad. Y la responsabilidad es hacer lo que tienes que hacer en el momento que debes. ¿A qué me refiero? Imaginate a tu hijo. Papá, tengo que hacer las cinco sumas. Haz, hijo, hazlas. No las voy a hacer en tres días. ¿Qué le vas a decir? Es tarea. ¿Para cuándo es? Para mañana. Pero las hago en tres días. No, no, no. Las tienes que hacer ahorita.
¿Cuándo lo vamos a empezar a predicar? Cuando ya estemos viejitos, cuando en los 80, 90 años, que ya nos duela todo y o cuando ya hacemos, hermano, es que ahorita me dedico a mi esposa, a mis hijos, a mi familia, al trabajo. ¿Y cuándo a Dios? Ay, hermano, Dios dará el tiempo. Ay, por favor, esa me las se, y sabes qué, el tiempo de Dios es hoy, no mañana. Es hoy. Ámalo. Demuéstra que lo amas.
4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Juan 15:4
Tenemos que estar cerca del Señor. Tenemos que estar conforme al corazón del Señor en el tiempo, en el momento. Hermano, soy muy viejito. No eres viejito. Dios te escogió en este tiempo. Debes hacer algo. Hermano, yo soy muy joven. No eres joven. Dios te escogió en este tiempo para algo.
El tiempo que hoy tienes, la edad que hoy tienes, no debe ser excusa ni pretexto para no honrar a Dios. Hermano, es que yo no fui a la escuela. Pedro tampoco. No te estoy pidiendo que seas un Pablo, sea un siervo de Dios como Pedro. Es que, hermano, usted tiene no tiene una vida fácil. Ninguno. Me encantaría conocer un cristiano verdadero. que digan, «No, hermano, yo me paro. Y cantan las aves, trae los cuervos de comer, yo no guiso. Eh, de la nada aparecen depósitos en mi cuenta, completamente sal”. Me encantaría conocer un cristiano así. Cada vez que voy a la Biblia veo a los apóstoles, y a mí el que más me encanta es el apóstol Pablo. Y me azotan, y me pega, y me rechaza, y me quieren matar y me colgaron para salvarme la vida y me pica una víbora. Y que papito que Qué chiquito, ya pasó. Y cuál es lo peor en ese línea de pensamiento. Tres veces le dije al Señor, sáname. Y el Señor me dijo, «No, bástate mi gracia”. Ya, Pablito, pero nosotros le pedimos algo al Señor. Ni siquiera nos dijo que no y ya. Ay, es que Dios no me quiere, es que de seguro soy un pecador. Es que ay, pobre de mí. No, no es pobre de ti. Sí, deja que Dios a su tiempo a a su manera te muestre lo que quiere de ti. Sí, Pablo lo tuvo que decir. ¿Por qué pasé todo esto? Para que en mí no hubiera soberbia, para que en mí no hubiera vanagloria, para que yo aceptara que no fui yo, sino fue Cristo en mí. Gloria a Dios. Pobre Pablo, desde una perspectiva humana, de una perspectiva cristiana, gloria sea Dios por la vida de Pablo.
¿Quién quiere ser Pablo? pues no debemos aspirar a ser Pablo, debemos aspirar a ser Jesús. Y a Jesús le fue, en ese contexto, al Señor le fue peor. Ni siquiera lo dejaron morir en paz. Lo mataron, le pegaron, lo azotaron, lo difamaron. Su familia. Y ustedes recordarán ese pasaje. en el evangelio. Pues si eres el que dice ser, muéstrate. Ándale, Jesús. ¿Quiénes? Sus hermanos de sangre. Tú dices que eres el Mesías, pero a mí no me demuestras nada. Convivimos, crecimos, me conoces. Pues para mí no lo eres. Órale, vete para allá, vete a lucir a otro lado. Qué fuerte, qué feo. Por lo que entendemos en la Biblia, ya ni papá tenía el Señor. En ese contexto, de repente lo amaban, de repente lo odiaban, de repente, ay, tengo 5000 los alimentos y al día siguiente nos vas a dar comida. No, nos vamos. Les acabo de dar comer. Pues sí, pero no hay comida, ¿no? Ya me voy. O sea, qué fuerte. Su amigo, el que andaba con él, el que recibió bendición, lo traiciona. lo vende y todavía se sienta a la mesa el cínico a comer con qué fuerte estás comiendo con el que vas a entregar. De verdad eres tan descarado. Y aún así el Señor le dio de comer. Qué fuerte, hermanos. Sí. ¿Quién quiere ser como Jesús? Ah, ya le subí el nivel.
es bíblico. Nuestra aspiración es ser como Cristo. Entonces, aquí, hermanos, ¿dónde está de verdad tu corazón? Porque el evangelio, hermano, nos debe transformar. Sí, debe ser irreconocible. ¿De qué manera? En tu carácter, en tu pensar, en tu actuar, ¿sí? En todo lo que tú expresas. Y sí, lo tengo que decir, hermanos. Antes éramos tinieblas, sí, eh, andamos en pecado. Y llegabas tú y llegaba el el alcohol, llegabas tú y llegaba a la fiesta y llegabas tú y te pegaban porque eres violento, porque embarazaste a fulana, porque no sé qué con Sultana. Y así vivíamos. Llegamos a dar tinieblas. Hoy debemos llegar a dar luz. Me encantó. Un joven se me acercó y me dijo, «Hermano, ¿qué crees?» Eh, le preguntaron a a mi jefa, porque estaba en un periodo de prueba, le preguntaron a mi jefa si yo era digno de contratar, le hicieron una evaluación y mi jefa me puso, «Sí, con todo gusto, claro, desde luego, ¿no? Y pues el joven se dijo, ay, gracias, qué linda.» Le dice, «No, gracias a ti.» ¿Por qué? Porque en cuanto tú llegas a este lugar se respira paz, hay mucha calma, de verdad se siente la buena vibra. No es buena vibra, es la presencia de Dios en ese lugar.
No sé si les ha pasado, a mí me pasa mucho, porque si a mí el Señor me permite comer unos tacos, está vacío el puesto, siempre está vacío el puesto, gracias a Dios. Pero en cuanto yo llego a pedir, ya no puedo volver a pedir. Ya llegó una, ya llegó dos, ya llegó, ya no puedes pedir. Sí. Una vez le dije a mi esposa, «Vamos un restaurant, tú y yo solitos”. Ah, estuvimos tranquilos. En lo que nos servían, se llenó el restaurant y ya ni los atendían. Entonces, no soy yo ni es ella. Es la presencia de Dios que bendice donde tú te mueves. Entonces, imagínate este poder de Dios, esta bendición de Dios, esta gloria de Dios en un hospital. Imagínate la gloria de Dios en una cárcel, en un anexo, pero no vamos que tenemos todo para nosotros y Dios nos da para que demos de gracia lo que de gracia recibimos.
Entonces, no podemos seguir alabando a Dios de labios y nuestro corazón lejos de Él. No debemos, ya no debemos, no podemos. Es tiempo de cambiar.
9 Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
1 Juan 1:9
Dios es fiel y justo. Si a partir de hoy usted me sigue diciendo que no se puede, que se justifica, es que no ha ido a que el Señor lo limpie. Todos los días, llámese pastor, llámese quien se llame. Necesitamos que Dios nos limpie, todos los días. A lo mejor no somos pecadores empedernidos que seguimos con malos deseos de la carne, pero, hermano, también nosotros nos enojamos, también nosotros tenemos descontentos, también nosotros decimos, «Ay, ya estuvo«, nos enojamos y todos los días necesitamos esa limpieza del Señor. Y no solo por el pecado, sino porque cuando Dios te limpia es Él quien mete su mano y te da paz, te da gozo, te da fuerza, te da fe, te consuela, te levanta y sobre todo te llena de amor. ¿Cómo limpia a Dios? Saca el pecado y mete su presencia. No te deja vacío. Cuando Dios limpia, no te deja vacío, sino que Él entra y lo único que te pide es, «Déjame vivir aquí» Y en ese momento de gozo, de ánimo, de emoción. Claro, Señor, tú vives aquí, tú eres dueño de mi vida. Pero viene el día de mañana, nos dan una propuesta de maldad, de pecado, de deseo de la carne y le decimos, este, Señor, ¿qué? Eh, te voy a pedir que te retires. ¿Por qué? Me toca a mí tomar esta decisión. No, la decisión es que les digas que no. Eh, por eso, como ya sé tu respuesta, hazte para allá, porque ahora voy a decirles yo que sí. ¿Qué sentirá el corazón de nuestro Señor? traición, tristeza, ingratitud de parte de nosotros.
Pero así parece que vivimos nosotros diciéndole al Señor, «Esta la tomo tú, yo y esta tú, esta tú y esta yo» ¿Quieres ser sano? Sí, tómala tú. Dice, «Sí, Señor. Amén”. Vámonos de fin de semana y no vayamos a la iglesia. Esta la tomo yo. Sí, vámonos. Dios sabe. Dios está en dónde? En todo lugar.
Mis amados hermanos, de verdad, o dejamos que Dios gobierne y que Él tome el trono de corazón o nos dejamos de engañarnos, diciendo que somos algo que no somos. Para ser cristiano se requiere una cosa nada más que Jesucristo sea tu único Dios, Salvador y Señor. No son opciones, son las tres. Dios, Señor y Salvador. Y el Salvador te cuida, el Dios te protege, pero el Señor manda. ¿Quieres que sea tu Señor?
Hay que obedecer. No podemos seguir igual. O manda el Señor o mandas tú, pero cuando mandas tú estás influenciado por el diablo. No, no. Sí, hermano, porque desde el principio le dijo la serpiente a Eva, ay, con que Dios ha dicho que no comas de todo árbol, ¿verdad? No, no, solo de ese. Ah, ¿y por qué? Es que dijo Dios que vas a morir. No vas a morir. No, no te vas a morir. Vas a ser como Dios. Ah, wow. Ah, entonces Dios es envidioso. No quiere que sea como Él. Así es. Tómalo este Dios y ese mismo mensaje sigue llegando a tu cabeza. ¿Por qué Dios te prohíbe la copa, el alcoholito? En la Biblia dice que no te emborraches. Mientras no te emborraches, bebe. Cierto, tienes razón. La Biblia no te prohíbe relaciones fuera del matrimonio, lo que te prohíbe es que no que no adulteres. Pero si ves a las muchachas, si tienes porno, si si codicias a alguien, pues ahí llévatela despacito. Sé tú, Dios. Y qué triste es que le hagamos caso a Satanás.
Es momento de dejar a un lado toda esa influencia del mal y someternos a la autoridad del Señor. Y voy a compartir una un testimonio bíblico bien bonito. Se encuentra en el evangelio de Lucas.
27 Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. 28 Y dejándolo todo, se levantó y le siguió.
29 Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos. 30 Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores? 31 Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.
Lucas 5:27-32
¿Qué le pasó a Mateo? Lo que hemos dicho, tuvo un cambio de dirección, pero no solo queda ahí el milagro. Mateo se hizo apóstol, discípulo de Cristo y anduvo con Él. Pero capítulos más adelante viene un milagro todavía mayor.
Mateo, ¿qué era? Publicano. Sabemos que es un un recaudador de impuestos. Sí, los de Hacienda, los polis, alguien del gobierno. ¿Por qué los judíos no querían a Mateo? Porque él servía a otro pueblo. Imagínense esto, que Trump decidiera conquistar a México y nos dejara aquí publicanos, que a los mexicanos nos cobraran impuestos por vivir, por comer, por todo. ¿Usted querría a esos gringuitos que o a los de su nación que sirven otro gobierno? Bueno, pues a eso se dedicaba Mateo, a cobrar impuesto y entregarlo al pueblo romano. Pero no solo lo entregaba, se mochaba, guardaba ahí su comisión. El el buen Mateo era muy bueno para las finanzas.
Entonces, resulta que en el capítulo 19 sucede algo más grandioso. Y dice
1 Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. 2 Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, 3 procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. 4 Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. 5 Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. 6 Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. 7 Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. 8 Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. 9 Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. 10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.
Mateo 19:1-10
Yo no puedo asegurar lo que la Biblia no dice, pero quizás Saqueo era jefe de Mateo. Quizá, no puedo asegurarlo, y eso no trasciende en la historia, pero Saqueo se enteró de que un publicano, uno de sus asistentes, uno de los del gobierno, de la nada dejó todo y eso a a saqueo, ¿qué pasó? Pues dijo, «No puede ser. O sea, no me checa como un hombre que tiene su dinerito, que tiene un puesto, lo deja todo y sigue a este cuate a Jesús. Pues, ¿quién es Jesús?” Ese impacto de Mateo llegó a la vida de Saqueo de tal manera que Saqueo se dispuso a hacer lo que fuera necesario para conocer a Jesús. ¿Quién de ustedes se treparía a un árbol para conocer al Señor?, yo creo que todos. A ver si hay árboles que nos aguanten, pero claro que lo haríamos. Claro que haríamos. Y Saqueo entendió todo lo que hemos hablado hoy. Sí. Saqueo también era del pueblo de Dios. Saqueo también conocía las profecías. Saqueo también sabía que era hijo de Abraham. Saqueo también pertenecía a una tribu. Saqueo lo sabía, pero sus labios decían, «Soy hijo de Dios. Soy del pueblo de Dios» Pero su corazón estaba lejos. Robaban, maltrata a su pueblo, hacía lo que quería, defraudaba. Pero cuando conoce a Jesús cara a cara y el Señor le dice, «Voy a tu casa» Saqueo tiene un cambio de dirección. Saqueo ya no va por el dinero. Saqueo ya no va por un puesto más grande. Saqueo ya no va para lastimar a nadie. Saqueo ya no va en dirección a una estabilidad económica. Saqueo va y le dice a Jesús, «Doy todo. lo que tengo la mitad. Y si he defraudado a alguien, Señor, te lo prometo a ti. Pago lo que hice y le doy cuatro veces más” Eso es un cambio de dirección. Eso es un cambio verdadero de los que solo Jesús puede hacer en nuestra vida. ¿Cuánto tiempo necesitó Saqueo para enamorarse de Cristo? Una plática, una comidita. ¿Cuánto vamos a exagerar? ¿3 horas?, ¿mediodía? llega al Señor y le cambió la vida.
¿Cuánto tiempo tienes en el evangelio y no has tenido un cambio de vida? ¿Cuánto tiempo Tienes de de decir que caminas con Cristo, que eres hijo de Dios y no muestras lo que Dios quiere para ti. Saqueo tuvo una convicción total. Se subió un árbol, le dijo, «Yo lo quiero ver» Pero Mateo en su corazón algo ardía, algo ardía. Y decía, «Este hombre puede cambiarme. Este hombre es alguien diferente. Este hombre se llevó a uno de los míos. ¿Qué pasó? ¿Qué hizo? ¿Cómo lo convenció? y Jesús no necesitó grandes palabras, no necesitó grande doctrina, no hice, no dice la Biblia que haya hecho un milagro de sanidad, un milagro de convertir agua en vino. Solamente le dijo Saqueo, hoy voy a posar en tu casa. Y Saqueo dijo, «Esta es mi casa y aquí te quedas» Y lo transformó.
Necesitamos una transformación como la de Saqueo, donde ya no tengas miedo al mañana, donde ya no te preocupes por si tienes, por si no tienes, por si te quieren o no te quieren, por si te alaban o no te alaban. Ocúpate de decirle al Señor, «Haz morada en mi corazón y de ahí no te vayas para que todo lo que salga de aquí muestre la luz, muestre tu carácter y muestre que eres mi Señor. Mi Dios, mi Salvador, es lo que necesita la iglesia, es lo que necesitas tú y necesito yo. Y si ya estás en un cambio de dirección, y si ya estás en el camino que tomó Mateo, Saqueo y todos aquellos hombres de Dios, esta palabra hoy debe fortalecerte porque no estás solo, porque nunca has caminado solo. Porque Dios tu Dios, mi Dios, el único Dios es fiel y justo contigo.
No te rindas, no desmayes. Diría poéticamente David,
¿Por qué te abates, oh alma mía,
Y te turbas dentro de mí?
Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío.
Salmos 42:5
Espera en Dios. Y David dice que alabará al Señor en todo tiempo continuamente. Bendito es el Señor.
Necesitamos un cambio de dirección. El decirnos cristianos, el congregarnos en un lugar como este no nos va a dar salvación, no nos va a dar vida. Lo que nos da vida es la presencia de Dios en el corazón. Y como lo dice su palabra, que tus labios y tu corazón le honren, no solo tus labios, no solo los dichos de tu boca, sino tus acciones hoy muestren lo que hay en ti, tanto en lo público como en lo oculto, ahí donde nadie te ve.
Es el tiempo, es el momento. Y recíbelo de parte del Señor. Si algo dije ofensivo, perdóname a mí por la forma, pero en el fondo no. El fondo es directo y el fondo es que Dios hoy quiere que tu corazón de verdad vaya en la dirección correcta. Y si tu corazón no está en la dirección correcta, es porque no le has dado tu corazón a Cristo. Y es el tiempo de dárselo al Señor.
No puedes, no debes seguir igual. O cambias de dirección y te vas para el lugar que no conoces. que no sabes qué va a pasar, pero ten la firme certeza que Dios va contigo. Porque el Señor prometió que Él estaría con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.
No hay por qué temer, no hay por qué dudar. Pero, hermano, lo que sí quiero dejar claro es, no es asunto de Dios, no es asunto del pastor, es tu decisión. ¿Quieres recibir a Cristo como Señor, Salvador y Dios único? Hazlo. ¿Quieres que Dios cambie tu dirección? Escúchalo y obedécele. Deja de justificarte. Deja el pecado. Deja de creer que tienes la razón. Él es Dios. Él tiene la razón. La única razón. O también puedes decir, «Ay, el domingo estuvo muy fuerte la palabra” y se acabó. Es tu decisión.
Dice un canto que entonan mis hermanos, he decidido seguir a Cristo. Es personal, nos dice, «Hemos decidido”, no, yo he decidido seguir a Cristo. Y te voy a pedir que inclines tu rostro y hagamos una oración pidiéndole al Señor, a nuestro Dios, que en esta hora, en este momento, Él escudriñe nuestro corazón y que si hay algo que no va en su dirección, lo cambie, lo ajuste, lo saque y que si ya estamos en esa dirección, entonces nos siga dando esa fortaleza, esa fe, esa seguridad para seguir adelante.