El Fruto del Espíritu En La Vida Diaria

Transcripción de la prédica del 20 y 27 de septiembre 2026

infografía evaluación del alma

Resumen

La prédica aborda la necesidad de vivir bajo la guía del Espíritu Santo en lugar de satisfacer los deseos de la propia carne, reflexionando sobre la importancia de reflejar el amor, la paciencia y la bondad en el trato cotidiano con el prójimo. Se enfatiza que los creyentes no solo deben aceptar a Jesús como salvador, sino también someterse a su autoridad como Señor de sus vidas, permitiendo que su carácter divino transforme el corazón humano. Asimismo, se explica que las debilidades personales y las dificultades del pasado no deben ser un impedimento, ya que el poder de Dios se perfecciona en las imperfecciones de las personas. Finalmente, se invita a la congregación a morir al ego y a la soberbia para que las buenas obras y la esencia de Cristo fluyan de manera natural en todas las áreas de la vida diaria.

Transcripción

Primera parte

Vamos a hacernos una evaluación, pero como nos la hacían los profesores. Ellos nos evaluaban a nosotros. Si a te preguntaban y recuerdo que en la universidad me decían, «¿Qué crees que te mereces?», yo 10, tú me preguntaste, yo te contesto, ¿no? Pero cuando te dan tu examen, sacaste siete, sacaste cinco, o hasta dices, híjole, qué triste, debí haber estudiado.

Entonces vamos a relajarnos y a pensar, ¿cómo me ve la gente. Todos, sin excepción, tratamos con gente. ¿Quién es la primer persona que con la que tratas? ¿Tu esposa o tu esposo?, después con nuestros hijos, nuestros papás, nuestra familia nuclear, la que vive en casa. Después con nuestro jefe o si me toca hacer el jefe con mis colaboradores, compañeros, los que salimos a la calle con quién, los microuseros, los motociclistas. Y los que quedan en casita, pues con el tortillero, el del pan, los vecinos…

Ahora, seamos sinceros, con humildad, y evaluémonos conforme a lo que dice la gente, no a lo que pensamos, si no de acuerdo a lo que la gente piensa de nosotros.

16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. 17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. 18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. 19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. 22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. 24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

25 Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. 26 No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.

Gálatas 5:16-26

Si en este momento que Jesucristo viene, nos pone esta porción de la escritura y nos dice, «El que no tenga mas de tres frutos, no se va conmigo al reino de los cielos”. ¿Qué le dirían? ¿Por qué no? O sea, Señor, ¿en qué fallé? Y ahí el Señor diría, «El fruto del espíritu es todo esto, todo”, no, una parte, no es ser bien alegre, pero nada templado, o con mucha fe, pero todo el día estar haciendo cosas malas. O ser lleno de paz, pero la cara refleja odio y desprecio para todos.

No se puede. ¿Por qué razón, hermanos? Muy simple. El espíritu habita o no habita en nosotros.

Puede haber mil pretextos. Yo yo de verdad les creo lo que me digan, pero ¿le podrían decir lo mismo a Dios? Si yo les dije, «A ver, ustedes evalúense solitos”, pues a lo mejor por la presión social, la presión del pastor, digo si a todo. Pero hoy este ejercicio nos lleva a entender algo muy importante. Vivimos bajo el espíritu, ¿Por qué, hermano? Porque si lo tienes, lo reflejas.

El espíritu de Dios en nosotros no es algo que se pueda ocultar, no es algo que se pueda manipular y no es algo que se pueda chantajear. “Ah, es que yo soy gozoso y tengo fe, pero eso de ayudar a la gente me molesta”. “” “Es que espíritu, yo voy a amar a todos, yo voy a tener paz. Pero eso de la paciencia, o me contestas ya o mejor me voy”. No se puede. Y eso es algo en lo cual hemos caído como personas.

Hemos querido negociar con Dios. Negociar en este punto fundamental. Si yo tengo amor, si yo tengo fe, una persona que vive bajo señorío, dominio, autoridad, guía del Espíritu Santo, no es un cualquiera. No tiene comparación con nadie de allá afuera. No la tiene. ¿Por qué razón? Porque el espíritu que lo entiende, que lo sabe, que conoce todo lo que hay a tu alrededor, actúa. Voy a poner un ejemplo muy práctico. Yo vivo por el espíritu y tengo amor porque Dios está conmigo y mi esposo se enoja o mi esposa se enoja y me empieza a gritar justa o injustamente. Yo tengo amor. ¿Cuál debería ser la reacción? ¿justa o injusta?

Yo tengo la capacidad de hacer una pelea o de no hacerla. Sí, la tengo, pero no quiero. Yo decido, aquí es fácil mostrar el espíritu. Es una realidad social, psicológica, en todos los términos que se puedan usar, para qué haya una pelea o un conflicto, debe haber dos personas que quieran pelear. Es es obvio, si te pegan es violencia, pero si tú también respondes, ya hiciste una pelea. Tenemos la capacidad de manifestar amor. Sí. La pregunta, ¿por qué no lo hacemos?

Tenemos la capacidad, sí. El problema es que no dejamos fluir, brotar al espíritu. Cuando tenemos que dejarlo salir, lo secamos, lo apagamos, lo limitamos. ¿Por qué razón? “Porque yo no me voy a dejar. Ah, es que es injusto Dios. Y tú sabes que es injusto. ¿Por qué me voy a callar?” Porque en ti ya no vives tú. Pablo dice, ya no vivo yo. Y todos lo decimos con fe. “Ya no vivo yo, sino ahora qué vive Cristo en mí”, mientras no me hagan enojar, mientras yo quiera y mientras no me cause conflicto. Pero si hay esto, Cristo ya no vive en mí. No se puede. Imagínense, soy cristiano. No, ya no soy cristiano. No, sí soy cristiano.

Eso no funciona así. Si funcionara así, todos estaríamos metidos en un gran lío. Hoy Cristo viene y no nos vamos. ¿Quién se va? Los que tengan todos los frutos del espíritu, solo eso se va. ¿Por qué? Porque la evaluación de Cristo es justa. Yo te di espíritu, ¿sí? Yo te perdoné, sí. Yo te amé, sí. ¿Por qué no me reflejas? Si no dejamos vivir al espíritu, todas las cosas salen mal.

15 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. 3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. 4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

Juan 15:1-5

¿Dónde está el fruto del espíritu? Va a venir el labrador, el padre. Y ahorita, vuelvo a decirlo, nos va a evaluar. A ver, ¿cuantos tienes?, la Biblia es clara. Si no tienes fruto, ¿qué va a pasar? Te van a cortar. ¿De quién? De Jesús. Y ahí es donde entramos en un ciclo círculo vicioso. Yo no quiero seguir a Jesús porque no me gusta que me griten, no me gusta que me manden, no me gusta que sean autoritarios, no me gusta que me hablen golpeado, no me gusta y estoy diciendo, «No, no, no, no, no.» Y no. Y Jesús dice, «Oye, te aguanté eso y después de que te perdoné, me sigues tratando igual y yo estoy aquí mostrándote mi amor” ¿Con qué cara le decimos que no? No hay manera de decirle a Jesús, «No te equivocas desde que me salvaste al día de hoy, ni una cara te hecho, ni una desobediencia he tenido.» Yo creo que no, y no juzgo, pero de verdad creo que no. Si hay alguien aquí que me diga que sí, gloria a Dios. Pero la verdad es que es tan difícil, como seres humanos lograrlo, pero en Dios sí se puede.

Y vuelvo a reiterar, el tema es que no dejamos a Dios salir. ¿Por qué no lo dejamos salir? No lo sé. Ponle la razón diagonal pretexto diagonal justificación diagonal etcétera, que quieras. Pero no debería. Hablamos nada más de del amor y en un pleitillo.

El ayudar a otros. De verdad, hermanos, que a veces la gente abusa. De verdad. Y cuando entendemos la Biblia, nos damos cuenta que todos, todos sin excepción, en algún momento necesitaremos la ayuda de un hermano, todos, a diferentes niveles. A lo mejor para la renta, a lo mejor para el gasto, pero a lo mejor nada más es para completar la luz, a lo mejor es una oración, a lo mejor es una visita, a lo mejor es una despensita, no lo sé, pero todos en algún momento vamos a necesitar el apoyo de alguien, es más, simplemente ¿me ayudan a mover un mueble? es normal. El problema es cuando el de enfrente dice, «Ah, ya sé que voy a ir» Y ya no se esfuerza, Me pasó esto, voy con un hermano, ah, me pasó el otro, ah, voy con otro hermano.

Hay que esforzarnos, ¿primero en qué? En honrar a Dios. en obedecer a Dios, en creerle a Dios. y lo último, como le dijo Dios a Josué, “esfuérzate y se valiente”.

“Es que ya perdé otra vez el trabajo”. ¿Por qué? “Ay, por yo no dejé que me gritaran” ¿Y por qué no? “Ya Dios proveerá”, y no estás pensando en Dios, estás pensando en el hermano que ya te prestó. Lo tengo que decir, porque la iglesia debe ser sana, completa.

Dios es el dueño del oro y la plata. Sí, sí lo es. ¿Y por qué no nos da un poquito? ¿Eres obediente? ¿Ya pusiste en orden tu vida? ¿Andas conforme al camino de Dios? ¿Te estás esforzando en lo que Dios te pidió? A veces solo Dios nos pide un esfuerzo.

Yo quiero hijos conforme al corazón de Dios. Personitas. que cuando son niños ahí son bien lindos, pero cuando tú los tienes así chiquitos como Eliseo, le dices al Señor, «Hazme el papá que mi hijo o mi hija necesita. para que él te honre». ¿Y qué creen? los que tenemos la bendición de tener cuatro, cinco o más hijos, Dios nos capacita de una forma tan especial para saber a cada uno cómo hablarle, cómo corregirlo, cómo disciplinarlo y cómo llevarlo al reino. Si ese no es Dios, no hay psicólogo que me hubiera podido ayudar.

¿A quién le puedes pedir ayuda si no solo al que los hizo?

Yo he tenido problemas con mis hijos y con mi esposa, pero en algún momento dejé que Dios me gorbernara, y Dios me dijo, «Yo lo arreglo” y me dejé gobernar. Dejamos que Dios gobernara en nosotros. A veces pensamos que el pastor no tiene problemas, que el pastor es perfecto, que el pastor todo lo sabe, que el pastor vive tomado de la mano de Dios. No, no dejamos de ser humanos y nos enojamos y tenemos diferencias. Entonces, ¿cuál es el tema? Que todos podemos equivocarnos, todos somos seres humanos, pero el hijo de Dios va a su y le dice a su padre, «Sé tú quien gobiera”

Muchas veces nos evaluamos de decimos, “es que yo sí tengo fe”. Sí, pero no tienes amor. Debe ser Dios en tí. Dios, no nosotros.

7 Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; 8 respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. 9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

2 Corintios 12:7-9

Aquí no le estamos hablando de gente perfecta, gente que no tiene de debilidades. Estamos hablando de seres humanos que tenemos debilidades, que somos imperfectos, que muchas veces cometemos errores diagonal pecado. ¿Y qué dice el apóstol Pablo? Dios se perfecciona, ¿en qué? En tus debilidades. Dice un texto maravilloso, “diga el débil, fuerte soy” (Joel 3:10). No por capacidad. No por entendimiento, no por declaración de victoria, sino porque creemos que Dios se hace fuerte en mis debilidades.

Dios nos cambia, por eso empezamos con esta evaluación. ¿Qué ve la gente en ti? ¿A Cristo o te ve a ti? No le hablamos a gente poderosa. No le hablamos a gente íntegra al 100% 24/7. No le hablamos a gente que tiene emociones y que puede o no estar de acuerdo con ciertas injusticias, que puede o no puede tener sueño, que puede o no puede estar depresivo, que puede o no puede estar eufórico, que puede o no puede importarle algo. Somos seres humanos, pero eso no impide que el poder de Dios Se manifieste en ti. ¿Qué si lo impide? tú.

“Yo no me voy a callar, yo no me voy a dejar”. No te dejes. Pero eres tú y eres tú peleando tu batalla, y tú peleando tu batalla vas a perder. ¿Por qué? Porque separados de Dios nada podéis hacer. “¿Por eso me va tan mal?”, sí. En la salud, en la economía, en el hogar. ¿Por qué? Porque no quieres dejar que Dios pelee por ti. Porque no quieres dejar que el espíritu se mueva y se manifieste en tu hogar, en tu vida, sino que tú insistes en decirle a Dios que se equivoca, y ese sí es pecado. Las debilidades, así nacimos y Dios lo sabe y por eso se perfecciona en nosotros. Pero el decirle a Dios que Él no sabe, que Él se equivoca y que la decisión que tú tomaste es mejor que la que Él quiso, eso es pecado. Porque tú estás idolatrizando. Tú eres tu Dios, tú eres quien gobierna. Por lo tanto, Dios no es el Señor de tu vida.

Y eso es algo que hemos predicado durante años. Todos queremos un salvador. Sí, por favor, por misericordia, denos un salvador, pero yo no quiero un Señor.

“Yo quiero un Dios que me salve. Yo quiero un Dios que me dé. Yo quiero un Dios que sume. Pero yo no quiero un Señor que me rompa la vida, que me rompa mi carácter, que me rompa mi futuro. Yo no quiero un Señor que me mande. ¿Por qué me va a mandar?” Porque es Dios. “No quiero”, está bien. Libre albedrío. Y en la palabra del Señor es claro Pablo a la carta a los romanos, “Señor y Salvador”

8 Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: 9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

Romanos 10:8-10

No puede ser una parte u otra. Es completo. El corazón y la boca. ¿Por qué la boca? Porque en la boca va una confesión bien pensada y viene el dominio o el convencimiento del Espíritu Santo de que Él es Dios.

¿Qué quieres en tu vida? ¿Quieres son un salvador o de verdad quieres a Dios? Dios es completo. A veces digo, hasta a mí me encantaría poder seccionar a Dios, que solo Dios sea amor, misericordia y gracia. Uy, qué padre. No, Dios es justo. Dios es santo. Dios es el Señor. Es completo. Y ninguno de nosotros, ni la suma de nuestros IQs o capacidades intelectuales superan al Señor. No lo pueden superar jamás. Yo creo que ni sumando desde Adán hasta el día de hoy todos los IQs, todas las capacidades intelectuales, podríamos llegarle ni siquiera el 1% del poder, sabiduría y grandeza de Dios. Entonces, ¿por qué queremos ser mejores que Dios?

Porque ese es el verdadero pecado. No son las circunstancias, no son las personas. Tampoco se compren la idea de, «Ay, es que nací con mala estrella.» No, usted nació de nuevo el día que Cristo entró a su corazón y toda maldición sobre su vida el Señor la quitó. Usted fue libre, usted es hijo de Dios. Usted tiene el poder de Dios, pero su necedad, su carne Su ego, su soberbia no permite que Dios actúe, ¿en qué? toda su vida.

¿Qué vamos a hacer? Porque esto no es una convicción grupal, esto es algo muy personal con Dios, porque solo tú sabes como te evaluaste. Y nos evaluamos “ligerito”. Dije “Al que le hayan dicho”, pero imagínense que hubiera dicho yo, “al que 100 personas le hayan dicho que es bien amoroso, paciente, …”, a lo mejor de verdad nos quedamos vacíos. Y te apuesto que por la edad que todos tenemos, conocemos a más de 100 personas y desde que somos cristianos conocemos a más de personas. Y esas personas, ¿qué opinan de ti?, “es que me tiene mala fe la persona. Ay, hermano, es que en mi trabajo todos me odian”. Yo encuentro un texto maravilloso en la palabra que dice que hallamos gracia delante del Señor y él nos dará gracia delante de los hombres. Dios está cumpliendo esa palabra en tu vida. ¿Por qué será? ¿Hallaste gracia delante del Señor? ¿Estás obedeciendo al Señor?

Entonces, el punto no es que te sientas mal, «Ay, es que pastor tiene razón, yo no tengo frutos, ya no voy al cielo.» No, el punto es que hoy tomes una decisión real, una decisión de valor y que digas, «No dejaré que el espíritu se apague en mí no dejaré. Y si ya se me apagó, por llamarlo en algún contexto, voy a hacer que prenda” ¿Cómo hacemos que prenda el espíritu? La Biblia dice, «No nos dejemos de congregar, leamos su palabra, sujetémonos a su palabra y que no falte la oración.» Ah, pero es que el cansancio es más grande que la oración. El trabajo es más grande que la lectura de la palabra. Yo vuelvo a reiterar, ¿cuántas veces a la semana lees tu Biblia por gusto?

¿Qué leemos en la semana? Los que trabajan, en un horario, bajo una estructura de una compañía, ¿cuántas horas trabajan? Mínimo 8 horas al día. ¿Cuántas horas dormimos? Si bien nos va seis, ya van 14 horas. ¿Cuántas horas para comer? Entre desayuno, comida, medio lonche y medio comida y todo. Vamos a ponerle 2 horas. 16 horas. Sí, tenemos todavía 8 horas para bendecir a Dios.

Pero esa es la utopía, la realidad. Entramos a las 8, pero nos paramos desde la siete porque hay que bañarse, hay que preparar ropa y hay que lidiar con el tránsito. Desde las 7 tu mente ya está en la oficina o donde tengas que trabajar y de ahí según son 8 o 9 horas, pero no es cierto, mínimo 10. Y de 7 de la mañana ya te fuiste hasta las 6, 7 de la tarde en tu trabajo. ¿Y qué crees? No comiste, y te vienes de regreso sin comer, ya con dolor de cabeza, a lo mejor con el estrés, con un regalo injusto y llegas a tu casa y no hay cenar. Y ya no quiero comer, ya ya me quiero ir a dormir. Y no descansas, pero ya te quieres ir a dormir, ¿no? ¿Qué espacio le dimos a Dios en esta realidad? Ninguna.

¿Creen que sin darle espacio a Dios vamos a ver esto reflejado en nuestra vida? La respuesta es no, porque no estamos a Dios dejando que crezca. Todo lo que es con relación a Dios, siempre es un proceso o un crecimiento o un desarrollo, como usted le quiera poner. Y lo dice Proverbios.

18 Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora,

Que va en aumento hasta que el día es perfecto.

19 El camino de los impíos es como la oscuridad;

No saben en qué tropiezan.

Proverbios 4:18-19

Sí, así lo dice la Biblia. El Señor dice, «Pegados a la vid darán frutos.» ¿Cómo nos pegamos a la vid? Si el jefe que tenemos no nos deja respirar, nos está gritando, nos está maldiciendo, ¿cómo nos pegamos a la vid? Pues, ¿qué creen? Sí se puede. ¿Por qué? Porque entonces, ¿dónde está el poder de Dios? Claro que se puede. El tema es que quieres pelear con tus fuerzas.

Yo le decía una vez a un hermano que estaba aquí que decía que tenía muchos problemas con su temperamento, le decía yo también, pero no, yo no salgo de la casa sin estar seguro que Dios va conmigo, porque si yo salgo de la casa y el microbusero de enfrente no me deja salir, ya desde ahí se perdió. Y si aquí arriba queremos pasar y el microbús hizo otra vez base, pues ya vas como que subiendo de tono, quieres salir por el semáforo y no falta un motociclista, un microbusero que se salta el semáforo y te avienta el carro y todavía te grita, «ya se descontroló.» Y ni siquiera avanzaste 3 km y ya se descontroló. ¿Cómo llegas al trabajo?

Entonces yo sí le decía a esta persona, yo no salgo de mi casa hasta estar seguro que Dios está conmigo, que Dios va conmigo en el carro, porque si yo no llevo a Dios en el carro, ya fracasó el asunto. Cuando me toca quedarme en casa, de la misma manera, yo no bajo hacer desayuno o atender otras cosas si no estoy seguro que Dios va conmigo. No puedo. Porque ya lo sé, bajo a la cocina y está todo tirado, y ya me enojé con mi familia, y en lugar de bendecirlos, me enojo.

Entonces, para que Dios fluya, tienes que estar seguro que lo traes en el corazón, y no todos lo hacemos. Salimos correr al trabajo. Sí, una vez hace muchos años le gritaron un microbusero, «No, apúrate, ¿no?» Y el microbusero con sus palabrotas dijo, «Pues párate más temprano.» Sí, pero me sirvió de de enseñanza. Es cierto, no puedes depender de las circunstancias. Te tienes que formar un hábito, te paras más temprano.

Entonces, cuando dejamos que el espíritu nos gobierne, tiene que ser una relación real. Se tiene que tener paciencia, paz, amor, templanza, y así hay que reaccionar a las situaciones, no enojarnos, no reaccionar mal, pero por amor también es no hacer enojar a las personas, o ser irrespetuoso. Eso es lo que hace una familia o una relación sana.

“Mi esposo o esposa no son cristianos” ¿Qué crees? Si leyeras con nosotros el libro de Coríntios, tendrías ya las claves para que tuvieras una buena relación. “Ay, hermano, es que usted sabe que no puedo conectarme” ¿No puedes o no quieres? “No, no puedo”. Bueno, el Señor te dirá cómo hacerlo.

Pero el tema es que sí se puede tener una sana relación. Corintios lo dice, «Por ti, por ese ejemplo, por ese fruto, tu marido o tu esposa puede ser alcanzado para Cristo”, y lo dice Dios y Dios lo miente y Dios no te tiene que estar engañando. Dios habla verdad. Entonces, por tu testimonio, por tu fruto, tu esposo o esposa inconverso puede ser alcanzado para Dios, la respuesta es un contundente Sí Amén. Pero tienes que mostrar este fruto. Si tu marido te dice, «Te vas todo el día y llegas y me gritas. Todo el día estás metido ya en tu iglesia y no me puedes atender. Estás metida todavía en tu iglesia y siempre estás histérica.» O al revés, los maridos, ¿Qué pasa? ¿Lo vas a alcanzar? ¿Lo vas a alejar? Y estás dando un mal testimonio para los de afuera. Caballero o dama, ¿por qué no se convierte? “Ah, para ser como mi esposo o esposa, así me quedo”. Nos da vergüenza ajena, pero no podemos hacer nada. Depende de cada uno de ustedes.

A mí me han venido a reclamar esposos, “Es que, ¿qué les enseñan? ¿Por qué sigue igual? Es más contestona, ya hasta me amenaza con que Dios me va a castigar. ¿ustedes les enseñan eso?” No, no les enseñamos eso. “¿Y entonces por qué lo aprende?” Pues no lo sé. Yo quisiera que aprendiera, pero no aprendemos.

Entonces, aquí, amados hermanos, no perdamos de vista esta parte. Sí, separados de Dios, nada podemos hacer. Y ojo, ¿quién nos puede separar del amor de Dios? Nadie, ni principados ni potestades, solo quién, uno mismo. Yo decido qué tanto dejo al Espíritu, qué tanto le creo al Señor, qué tanto lo dejo ser mi Señor, qué tanto dejo de pelear por mi Señor, qué tanto obedezco, en lo chiquito y en lo grande a mi Señor.

“¿Por qué no una una un curso de carácter de modales?” Lean Proverbios. Ahí con Proverbios todo lo que yo diga está de más. Lean Proverbios. Es que le habla a los hijos, no le habla a todos los que queremos cambiar, a tener valores, a tener principios. Lean Proverbios. ¿Cuál es el el broche de oro? “La mujer sabia edifica su casa” Y habla de mujeres que la verdad, respeto para esas mujeres. Habla de que trabajan, de que cocinan, de que están al pendiente del hogar, de que aman. Y me encanta esos pasajes cuando dice que el hombre la alaba. y sus hijos también. O sea, hermanas, ¿no les gustaría sentir el reconocimiento de sus hijos y de su marido? Mamá, como tú no hay otra. Dios te bendiga, mamá. Gracias a Dios a ti soy cristiano, mamá. Si no hubieras sido por tus oraciones, yo no estaría aquí. Qué padre, qué maravilloso. Pero, ¿qué recibimos de nuestras hijas? “Ahí vienes a moler otra vez”. Irespetuosos. Y la pregunta es, ¿de verdad me lo merezco o no? Y los papás también debemos ser autocríticos. ¿Me gané el respeto? La Biblia dice, «Tu conducta hace que ese respeto sea real en tu vida.»

Como pastores y le le tocó a mi hermano Gabriel, llegáamos a ciertas iglesias, nos mandaban a ministrar ahí y la iglesia lo primero que hacía era ponernos cada de fuchi. ¿Y ahora qué viene? Cuando permiten pastorearlos y ven el fruto del espíritu de Señor, no soy yo. Entonces ya me dicen, «Pastor, discúlpeme, pero ahora sí ya creo que es pastor.» Eso es lo que debemos llevar, no una imposición, no “aquí yo soy”, no. Aquí el único que vale la pena y toda gloria es Dios a través de ti. Yo es algo que le digo a todos los evangelistas, yo encantado de la vida que se evangelice en silencio. ¿Cómo en silencio? Con tu testimonio. Que la gente te diga, “¿por qué tú eres diferente?” Porque Dios está en mi ¿Quieres lo mismo? Pero que lo vea la gente, no que le tengas que decir, «Oye, es que te invito el desayuno.» “Ay, a poco eres cristiano” “Sí, soy cristiano” “¿En serio?” Que te vean un un siervo de Dios, un hijo de Dios y que cuando ellos tengan un problema, una situación, un motivo para acercarse a ti, te digan, «Sí, te creo. Sí, creo que Dios existe”

Tengo un amigo de toda la vida que es muy ateo. Yo también era ateo en ese tiempo, pero una vez me dijo ya que se iba a casar, me dice, «Te voy a decir algo.» Le digo, «¿Qué pasó?«, dice, «Yo no creo en Dios.» «Ya lo sé.», «Pero solo creo que Dios existe porque vi lo que hizo contigo.» Le digo, «¿Crees que Dios existe por lo que hizo conmigo?” “Yo te conocí, yo sé cómo eres. Yo estuve contigo y todo lo que has dejado y hoy haces, de verdad, si no hubiera sido por Dios, no lo harías.» Y me dio oportunidad de predicarlo.

Por eso me encantaría que todos y cada uno de los que estamos aquí prediquen en silencio, mostrando lo que Dios es, mostrando lo que Dios hace, pero no llegamos a ese punto hasta que nos sometemos a la autoridad de Dios, que Él sea el Señor de nuestra vida.

Entonces, no podemos avanzar o correr si no damos el primer paso. Queremos evangelizar, queremos campañas, queremos que la gente sea salva. Sí, pero tú cómo estás siendo cómo eres. Yo los traigo aquí y luego nos dicen, «Ya no regreso” “¿Por qué?”, “no me no me saludó, me hizo feo. De hecho, hasta se quitó, no me vio y escondió las cosas” Qué terrible es eso,

O predicábamos y no faltaba, “ay, a poco tú eres cristiano. Yo lo conozco, hermano. Yo sé cómo toma, cómo le pega, cómo es, de verdad, yo no quiero ser como él” Y llevábamos gente a las iglesias y ese era la respuesta. Y es tristísimo. Porque ahora, ¿a dónde lo llevas?

Hay un lugar a donde tenemos que llevar a todos y se llama el reino de los cielos. Y eso es a través de tu ejemplo, eso es a través de tu testimonio, eso es a través del fruto que el espíritu manifiesta en ti, en tu trabajo, en tus actividades diarias, en la calle, con los seres que dices que amas. No hay otra forma de verlo ni de entenderlo. Y vuelvo a repetir, no se negocia con Dios. Él es Dios, no le puedes decir, «Señor, yo voy a diezmar. Señor, yo voy a dar dinero. Pero no me pidas que los ame, no me pidas que seapaciente, mucho menos me pidas que yo le extienda la mano a alguien, pero yo doy dinero y ahí que lo distribuyan”. No sirve, no vale, es el fruto.

No puedes negociar con Dios. Dios es el señor de tu vida, y aquí lo voy a decir tajante, sí, sí lo es. Amén o no, no lo es. Y si lo es, esto debe fluir. Ni siquiera te tienes que estar cuidando de “hoy debo amar, hoy debo amar… La sonrisa, hoy voy a sonreir…”, no, cuando el espíritu de Dios está en ti, fluye.

Yo sé que a veces las cosas que conseguimos, que compramos, que nos dan de bendición, les duele porque gastamos con esfuerzo, pero son cosas, son cosas de verdad, hoy la tienes y mañana no. Que nunca te impidan las cosas el fluir del espíritu. Tienes que darlo con gozo. Tienes que compartir, compártelo con gozo. Deja que Dios fluya. De Dios es todo. Te va a dar sabiduría también, no te preocupes, porque lo vuelvo a decir, a veces ya el de enfrente, ya abusa. Y Dios te va a decir, «Sí, va a abusar de ti, pero Pero dáselo”. Pero habrá un tiempo en el que Dios te diga, “Ya no” ¿Por qué lo haría Dios? Porque tiene que hacer entender al enfrente que debe esforzarse, que debe ser obediente y debe ser agradecido, con Dios obviamente, pero con también con su hermano que le extiende la mano.

Debes ser agradecido. ¿Eso es anti Bíblico?, no, eso es la iglesia. Entre hermanos nos ayudamos. No hay una sección de hermanos ayudadores y una sección de hermanos recibidores. No hay una sección de hermanos que oramos y otros que deseamos que oren por nosotros. No, somos una iglesia. Todos nos ayudamos. “Hermano, es que yo no puedo pagar la renta de alguien”. No, pero le puedes comprar una sopita, “hermano, es que yo no pudiera pagarle a alguien el seguro de su carro”, no, pero le puedes lavar el carro porque todos los días te lleva a tu casa. “Es que me siento humillado” No, se llama gratitud. Lo que sientes es soberbia.

Dejemos que que el fruto del espíritu fluya en todos nosotros. Pero depende de ti. Depende de mí. Por más que yo ore, no voy a hacer que el fruto del espíritu fluya. Pero sí por mis oraciones, sé que el espíritu te va a estar tocando y te va a estar diciendo, «Déjame ser, déjame ser.» Y te va a poner en circunstancias donde te va a decir, «Déjame ser, déjame ser.» Que tú lo dejes o no, tu decisión.

Quiero que oremos y que de verdad hoy, todo respeto te lo digo, revisa tu evaluación y ve cuantos frutos te faltan. Y que no te sirva de dolor, que no te sirva de “ay, pobre de mí” No, ven y dile a Dios ahorita en el al altar. Señor, que tu espíritu fluya y que esto que me falta no me vuelva a faltar a partir de hoy. Pero esa es tu decisión. Mi deber es llegar hasta este punto y decirte, Dios te escucha. Yo no te voy a jalar y no te voy a obligar a que vayas al altar, esa es tu decisión. Mi deber es orar y pedirle a Dios que tú des esos pasos firmes y verdaderos para acercarte a Él.

Segunda parte

Me dio mucho gusto y voy a admitirlo, que algunos hermanos me dijeron, «Hermano, voy a trabajar por los frutos que me faltan” Eso me gustó, me gustó mucho.

Difiero de algún punto de vista cristiano cuando te dicen, «No, es que con que tú te congregues, con que tú hagas esta oración, ya eres hijo de Dios.» No, el hijo de Dios es transformado. ¿Por qué? Porque se parece a su papá. Tan simple y sencillo como eso. “No es que, hermano, yo he orado por mi hermano, mi hermana, mi vecina y ya le he predicado 20, 30 años” “¿Y cómo sigue?” “Igual por eso le sigo predicando”

Vamos a entrar en un tema un poquito profundo. ¿De qué estamos hechos? Espíritu, alma y cuerpo.

El espíritu, en el momento que somos salvos, somos hechos nuevos, en el espíritu. Por eso dice que vivamos conforme a espíritu, pero el alma tiene memoria. Una cosa es que yo me acuerde y otra cosa es que lo haga. Si yo lo practico, mi alma domina y soy pecador y necesito a Cristo Salvador. Pero mi alma en todos nosotros podemos recordar cosas del pasado que hicimos y que nos hicieron. Pero Dios entra a nuestra mente, que es donde está el alma, y nos dice, «Yo te perdoné. No traigas a memoria tu pecado. ¿Y qué crees? Yo te sané. Lo que te hicieron lo pasamos juntos” Entonces el espíritu inmediatamente es renovado, santificado, vivo, porque entendemos que estamos muertos al Señor y vivos para el pecado. Y cuando el alma va creciendo en este crecimiento, transformación, desarrollo, proceso, el alma va entendiendo la obra de Dios.

El alma, claro que recuerda cosas y puede llegar a sentir algunas, pero el poder de Dios que ya vive en mí y que se mueve en mi espíritu transforma mi mente, Dios con argumentos bíblicos. Si yo transformo mi mente a mi manera, yo soy Dios. ¿Qué quiero decir? “Yo dejo de tomar”. “Ah, tú dejaste de tomar”. Sí “Ah, tú eres Dios” ¿Por qué? Tú te pusiste límites. Tú lo lograste y la gloria es tuya. “Dios me quitó el alcohol” “Ah, Dios te lo quitó”. “Sí”, “¿como?” “No lo entiendo, pero ya no tengo ganas, ya no lo entiendo, pero ¿qué crees? Vi que hacía mal, dañaba mi familia, dañaba a mis hijos, me dañé yo mismo. No lo vuelvo a tocar. Me basta el amor de Dios” ¿Quién te transformó? Dios. Eres hijo de Dios.

Dios nos salva, nos hace nuevas las cosas, pero recuerden, el alma sí tiene memoria, todas las cosas son hechas nuevas a partir de la salvación, pero nuestra Alma que tiene memoria recuerda las cosas. Claro que las recuerda. No podemos olvidar lo que hicimos.

También físicamente vivimos con consecuencias. Si yo embaracé a cinco mujeres, pues no porque Dios me salve, se mueren los niños, ¿verdad? No, me transforma la mente y me dice, «Dales de comer a esos niños” “Es que me quiero volver a casar” “Primero atiende lo que ya tienes y luego lo demás”. Hay consecuencias. ¿Dios qué hace? Nos transforma, nos da trabajo, nos da amor, nos da sabiduría, nos transforma en hombres o mujeres correctos, conforme a su palabra, pero sí nos transforma Él.

Pero hay consecuencias de nuestros pecados. Alguien alcohólico, pues a lo mejor tiene cirrosis, pero Dios le prolonga la misericordia y lo puede sanar, o no, pero Dios está con él y hace llevadera esa enfermedad. Son consecuencias de lo que hicimos y nuestra mente definitivamente va a recordar. Pero cuando viene, “tú pecaste, tú eres esto, tú eres lo otro”, viene la voz de Dios diciendo, «Yo tomé tus pecados y los eché a lo profundo de la mar. Eres libre» Esa es una transformación espiritual, una transformación de Dios hacia ti. No es una terapia. Por eso es que nosotros no aceptamos la famosa terapia y que somos optimistas, no, Nosotros somos bíblicos en la fe y creemos por fe lo que Dios dice. Si Dios dice que nos perdonó, gracias a Dios. Si Dios dice que a partir de ese momento de tu salvación, tú ya eres hecho nuevo, compórtate como alguien nuevo. “No sé cómo comportarme”, reitero, lean Proverbias, lean los evangelios.

La blanda respuesta, quita la ira. De tu boca no pueden salir dos fuentes, una de agua sucia y una de agua limpia, solo una. Y Dios, ¿qué hace? Transforma mi forma de hablar, pero es de adentro hacia afuera. Entonces, si alguien dice, «Es que yo ya dejé de tomar y yo creo que ya soy cristiano.» Pregúntele a Dios, fuiste tu o fue Dios. Si pueden agarrar a su esposo / esposa y decir, «Ya no peleamos, sino que doblamos nuestras rodillas y Dios nos trae paz.» Ah, entonces Dios está ahi.

Tienes memoria, te vas a acordar, pero no te afecta, no te duele, no te atas, no regresas. ¿Por qué? Porque en Dios todas las cosas son hechas nuevas, y al habitar su espíritu en nosotros es que tenemos esa capacidad de oír, de entender y de hacer.

¿Un adúltero que no conoce a Dios sabe que es adúltero? No, le llama experiencia, le llama aventura, le llama chiste, le llama soy mejor que otros. ¿Quiénes aceptamos el adulterio? Los que somos cristianos y entendemos que Dios nos dijo, «No adulterarás.» Lo creemos. Lo entendemos y no lo hacemos.

¿Por qué nos congregamos? ¿Alguien que no conoce a Dios se va a congregar?, no, va a estar en casita descansando, sacando pendientes y curándose la cruda del sábado. Pero nosotros, ¿por qué estamos aquí? Porque el espíritu que vive en nosotros nos dice, «Te quiero hablar, quiero que estemos juntos. Quiero que me alabes con todos tus hermanos, quiero que aprendan, que se vean como familia.” Solo nosotros los que somos espirituales lo podemos entender, creer y ejecutar. ¿Qué nos dice la familia? ¿Estás loco? ¡Fanático! Nosotros, ¿qué nos decimos? Siervos e hijos de Dios. Y gracias a Dios que haya un lugar donde podamos congregarnos.

Eso es lo que hace el espíritu, por eso estamos seguros que el espíritu vive en nosotros. Pero no me van a dejar mentir que hay domingos que aunque creamos, vivamos y entendamos, decimos, «No, hoy no, de verdad no, ya estoy bien tronado. Sí, hoy sí se me juntó todo. Hoy de verdad no se puede.» Eso no nos deja de ser cristianos. Ya somos transformados y le decimos al Señor, «Permítemelo, por favor. Tú conoces”, también Dios nos entiende. Pero la gente dice, «¿Por qué, no voy, para qué, ya mejor luego suba la presentación y ahí la veo.» Ah, ahí evalúa tu corazón. ¿De verdad, estás viviendo en el espíritu?. Siempre lo he dicho, el deseo del corazón es querer estar aquí, pero a veces no se puede. A mí hace tres, cuarto domingos no pude estar aquí, se me descompuso el carro, no pude estar aquí, pero el deseo de mi corazón era estar aquí. El punto es, ¿cuál es el deseo de tu corazón? El deseo. ¿Por qué? Porque de la abundancia del corazón, habla la boca y donde está tu corazón, ahí está tu tesoro. ¿Cuál es el tesoro de tu corazón?

Entonces, esto debe quedar claro. Podemos recordar el pecado, sí, pero si te atas, evalúate con Dios. “es que yo era así, yo lo sé, nunca voy a cambiar y yo…” no no no, Dios ya te transformó. Te está haciendo que crezcas como la luz de la aurora que va de momento en momento hasta que el día es perfecto, pero está trabajando en tu alma, en tu mente. Por eso es que podemos decir que somos salvos por fe. Si no, entonces van a sería nuestra fe. El Señor no nos ha salvado, nos ha salvado por “cachitos” y no es así. La salvación es completa y total en cuanto Cristo nos adopta como sus hijos y por eso somos salvos por fe.

Dice la palabra del Señor, Algo sumamente interesante.

1 ¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros? 2 Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; 3 siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.

2 Corintios 3:1-3

Qué interesante, qué fuerte. Tú eres una carta de Cristo. Vamos a actualizarlo, eres un mensaje de WhatsApp de Cristo. Los que recibíamos carta, era bien divertido que tú la mandabas el primero de enero y llegaba hasta mayo. A veces mandabas por exprés, pero se perdió la carta, ¿no les pasó? Es que te mandó una carta. No, pues no me ha llegado y no me ha llegado y vas a correos y no no sé qué y ay, se quedó perdida y te llegaba. No, te invito a mi cumpleaños de febrero, bueno, ya no.

Pero era tan lindo, primero que pensaran en ti para mandarte una carta. Eso ya era lindo. Número dos, que pagaran. Es cierto que no era tan caro. Se pagaban unos centavitos, y si era express, era mas caro. Y después que trajera esa esencia de la persona. Todas estas cartas traían la esencia de la persona. ¿Por qué? Porque si empezaba México Distrito Federal, ¿A quién corresponde? Yo les pido amablemente dicen, «Ah, este es de mi papá. Sí, mi papá. así”, pero si no traía fecha y decía, «Mis hijos amados…” “ah, mi mamá.» Y si la carta traía ahí como una manchita de algo, de mole o algo, decía, «Los extraño a todos.» Es la abuela. Estaba cocinando cuando hizo la carta. No decias, «Ay, está sucio, tíralo.» No, valorabas hasta esas manchitas porque decía, «Es la abuela que estaba cocinando” y no faltaba el dedote sucio, y abajo ponía tu abuela, “te manda saludos a tu abuelo”, sí, la agarró para leerle y decir, «Dile que la saludo» Era maravilloso recibir una carta de esa índole. Buenas noticias, malas noticias, pero las cartas contenían la esencia de quien hablaba. Y cuando usted lee la Biblia, claro que se distingue cuál es una carta del apóstol Pablo, cuál es una carta del buen Pedro, el romántico de David, el duro de Jeremías y Ezequiel, el tierno de Juan, me encanta, me encanta esta parte, “hijitos. Estas cosas les escribo…” “Ah, es Juan. Y Pablo “Iré a vosotros y ustedes me van a decir en qué no quieren que vaya. Si amablemente o a reprendernos”. Ah, este es Pablo. ¿Si te das cuenta?, va a impresa, la presencia, la imagen del quien escribe. Y aquí dice que somos cartas de ¿quién? De Cristo, de Dios. Tenemos que mostrar lo que Dios es. Y aquí viene la pregunta. ¿Lo mostramos? ¿No lo estamos mostrando? Porque Cristo ya escribió en ti. ¿Qué escribió? Lo primero que escribió es, «Dios está aquí.» Lo segundo que escribió es, «Tú eres mi hijo.» Y lo tercero que escribió es, «Sírveme.«

Y de verdad, Dios está aquí. Cuando tenemos problemas, cuando tenemos enfermedades, cuando tenemos, situaciones complicadas. De verdad, aquí está Cristo. O hacemos lo que se nos da nuestra voluntad. ¿Qué hacemos? Oramos constantemente al Señor para saber qué quiere Dios que yo haga. A mí me pasa algo muy muy este pues raro en mi vida. Yo no puedo tener devocionales en mi vida, pero a todo el mundo le recomiendo que tenga un devocional. ¿Por qué no puedo tener devocionales? Porque por el ministerio yo a cualquier hora debo tener la llenura de Dios para poder contestar. Y tengo que estar aquí de rodillas. Pero de repente estoy comiendo, haciendo cualquier cosa y entro en la llamada. “Hermano, acaba de pasarme…”, y yo siempre les digo, “ve a Dios” “Es que ya fui” “¿Y qué te dijo? ¿Háblale al pastor?, ¿no? ¿Verdad?” ¿Qué te dijo? “Es que no entiendo qué hacer, hermano”, y tienes que contestar. ¿Y qué vas a contestar? “Ah, mira, son las 10 de la mañana, estoy desayunando, ahorita no tengo tiempo”, ¡No puedes contestar eso!, tienes que darle un consejo conforme a la palabra. Y se atienden diversos problemas, enfermos, festejos, alguien quiere consejo, alguien falleció… y si no estamos en Dios, quedamos loquitos porque son muchas emociones fuertes en lapso de horas o minutos.

Cuando usted pasa por estas cosas, ¿refleja a Cristo?, lo regañan injustamente en su trabajo. ¿Cómo lo contesta?, ¿bien? Cuando nuestros hijitos nos desquician ¿cómo atendemos el problema? ¿Cómo reaccionamos? Debemos mostrar que Cristo está en nosotros.

Muchos tomamos que Cristo cuando se enojó agarró y les pegó a todos fuera del templo y lo sacó. No, no, no, no, no. Un acto de ira de Jesús. No, no, no. Fue celo santo. Fue celo. Primero, número dos, dice que agarró una vara, pero no dice que se agarró a varazos a todos y que se puso fuera de sí. Había celo y el Señor ya lo venía diciendo, «No lo hagan, no lo hagan”, llegó un momento en el cual el celo lo consume. Para nosotros el celo santo nos nos consume cada 3 minutos, y eso ya no es celo, eso ya es ira.

Entonces, ¿cómo reaccionamos?, ¿cómo cómo puede ver la gente de allá afuera que Cristo escribió en mí? ¿Cómo? Amarás al Señor tu Dios. ¿lo estamos amando? Sé que aman a Dios, pero ¿aman a su prójimo? Y ahí entra la pregunta ¿quién es mi prójimo? Y todos cruzando los dedos, “los que me aman, los que me aman, los que me aman…” Y Jesús, “¡todos!”, los que te aborrecen, los que te echan hate, los que te contestan con WhatsApp feo, los que te dejan en visto, Y ni siquiera sabes si te quieren. Eh eh todos, la señora que te avienta la basura, el joven que siempre pasa con la moto y no te deja dormir, todos son tus prójimos.

Y entonces vamos a la siguiente pregunta. ¿Qué es amor? “O sea, porque, okay, el amor yo los amo, o sea, que les vaya bien. Amor y paz para todos”

Todos sin excepción hemos orado en este sentido. “Señor, quita de mi camino a esos mensajeros de Satanás que solo quieren lastimarme, agredirme. Échalos fuera”. Y alguna vez te has preguntado, ¿Y si de verdad Dios los quita, ¿a dónde los va a mandar? Al motociclista que se cierra, al microbusero que me avienta el carro, al limpiabrisas que en lugar de limpiar el carro me lo ensucia, al compañero que me mintió acerca de mi trabajo. Si Dios los quitara, ¿a dónde los mandaría? ¿al infierno? ¿Te das cuenta que no los va a quitar hasta que tú les muestres que Cristo es real y que el amor de Dios es real? “No, pero es que son bien difíciles”, ¿y tú no fuiste difícil para Dios? ¿Vas a decir que a la primera que se presentó Cristo le aceptaste, te rendiste y le obedeciste? Pero de verdad, hermanos, si Dios los quitara, ¿dónde los mandaría?

¡No los va a quitar!, Dios nos va a decir, «Te voy a dar doble amor, triple templanza, eh, cuatro veces mayor fe, lo que sea necesario, para que tú les muestres quién soy yo” En todo en todo siempre vamos a ser probados desde que te subes al pescero. Desde que no tiene cambio, todo el mundo me ha platicado, “es que yo me subí al micro y me dieron un mochilazo”, y yo les pregunto, «¿Y qué haces?» “Pues le aviento la mochila”.

Cada uno de nosotros tiene que mostrar que Cristo está en nosotros. No siempre se puede, también lo entiendo, pero vuelvo al deseo del corazón. Airaos, pero no pequéis.

Entonces, ¿qué reflejamos? Estas cartas las escribió Cristo. ¿Y dónde lo escribió? No en tablas de piedra, sino en el corazón. Por eso es que de la abundancia del corazón habla la boca y donde está el tesoro, ahí está tu corazón. Todo está en el corazón. Y obviamente pues satanás siempre te va a querer robar lo que tienes ahí, tu tesoro y todo. No dejes. Sea el vecino, la vecina, si fuera verdad que Dios nos quita todo, todos estaríamos viudos, y el que pidió primero estaría vivo. Porque hemos fallado como matrimonio. Y en algunos momentos dice, «Ay, Señor, ¿te lo llevas o te lo mando?«, porque no somos perfectos, porque tenemos errores.

Esto debe ser una gran reflexión, de qué estoy mostrando, de verdad, qué estoy mostrando, a quién, desde mi persona favorita, la persona más cercana que es mi esposo /esposa, mis hijitos, mis padres, mi familia, mis compañeros, mis vecinos y hasta donde llegues, hasta las personas en la calle, a todos les debemos decir, «que Dios le bendiga” con corazón sincero.

Muchas veces nos damos cuenta que nos están robando, kilos de 700, ¿qué debes hacer? ¿Decirlo? “Es que Dios es verdad, hermano, y la verdad es que me está robando y es un ratero”, ah, bueno, también Dios es amor. Lo que debemos hacer es orar y decirle al Señor, “Suple sus necesidades para que ya no lo haga. Suple al taxista al carnicero, al verdulero, suple de tal manera que ya no tenga esta necesidad, por favor, porque yo hoy, Señor, lo bendigo en tu nombre” No estamos para andar denunciando a todo el mundo lo bueno o lo malo que es, sino para mostrar el amor de Dios. Cuando tú muestras el amor de Dios, la gente te pregunta, «¿Y cómo me ves?” “Necesitas a Cristo.» Te da la apertura, para encaminarlo y guiarlo, no para atacarlo y agarrarlo a bibliazos.

El Espíritu Santo vive dentro de nosotros, ¿con qué fin?, para mostrar al mundo lo que Él es y lo que Él hace. ¿Por qué? Porque hay que amar a Dios y hay que amar al prójimo.

En 2 Corintios dice que el Señor puso en nosotros su gloria en vasijas de de barro. Un vaso de barro era de verdad el más feo de todos los objetos de tu cocina, porque un vaso de barro lo podías usar para tomar agua o para coger cualquier desecho fisiológico. Un vaso de barro era lo más barato, lo que a nadie le prestaba un adorno. Al vaso de barro era ya salió, ya salió, ya salió. Así como los tabiques. Los vasos de barro era el objeto más menospreciado o sin valor de la época del apóstol Pablo. Y dice, «El Señor puso gloria en esos vasos.» ¿Por qué? Porque la gloria le pertenece a Él. Y a ti que eres algo tan pequeñito, algo tan sin sentido, algo tan no tan agraciado, Dios te va a usar de una manera que impactes al mundo porque la gloria es de Dios y no del vaso. Y qué bonito, ¿por qué? porque así nos damos cuenta que nuestra estima y nuestro valor y nuestra seguridad emocional está en Dios. No en la aplauso de la gente ni en el rechazo de la gente, sino en lo que Dios dice de mí.

Cuando la gente se acerca de Cristo le pregunto, «¿Cómo fue tu experiencia?» “Es que sentí que Dios me abrazaba. Sentí que Dios me amaba. Me ha hablado y me ha dicho que es mi papá. Me ha hablado y me ha dicho que es mi Salvador, que es mi Señor, que es mi todo”. Qué bonito. Entonces, Dios te valora. “Ah, no, hermano, es que yo quiero tener autoestima” No, ten estima en Dios. Tu estima debe estar en Dios, ¿por qué? porque si hoy tengo mi autoestima en mi físico, en mi dinero, en mi profesión, en mis posesiones, tarde que temprano eso se va a acabar. Pero si mi estima está en Dios, toda la vida voy a ser feliz, voy a tener valor y voy a tener seguridad emocional, ¿por qué? porque Dios está siempre contigo. Para los jóvenes que creén en la autoestima, no existe. Existe la estima en Dios.

Este tema nos lleva a entender un choro de cosas que estamos obviando en la oración, Señor, devuélvenos al primer amor, y es cierto, hemos apagado el amor verdadero de Dios. Yo estoy seguro, cuando estamos en el primer amor, a todo el mundo le queremos hablar de Cristo. Queremos ser cristianos y si hay velada ahí estamos, y si hay salida ahí estamos, y si hay ensayo del no sé qué, ahí estamos. Y me levanto la mano para hacer el aseo y yo pongo el talento y quiero darle a Dios ese amor que me ha dado. ¿Por qué? porque estamos siendo impactados por el verdadero amor de Dios. El verdadero amor. Y queremos mostrarle a Dios, decirle, «Gracias, tú eres mi todo» Pero, ¿qué va pasando con ese amor?, se va apagando, y llega un punto donde “ah ir al templo, ay, colaborar, ay, servir. Ay”, ¿por qué? porque se nos apagó el primer amor.

A mí cómo me duele cuando voy a un hospital a visitar gente familiares o a los propios hermanos y me dicen, «Hermano, saliendo del hospital, le digo verdad delante de Dios. Yo no vuelvo a faltar a una repartición de pan. Es más, hermano, de verdad se lo digo, yo mismo compro los panes, yo mismo pongo el café» ¿Saben cuántas veces he oído eso a lo largo de muchos años de ministerio? más de 30. ¿Saben quién ha cumplido?, ninguno. Y cada que me lo dicen, de verdad tengo cara de “debo creerte, debo creerte…”, pero mi corazón dice, «¿Sabes qué va a pasar verdaed? Lo sé” Y es cierto, me duele, porque todos decimos, «Si sale mi hijo, si sale mi hija, si mi esposo, si mi mamá, si mi papá, si tú haces milagros…«

Y Dios aquí en este lugar ha hecho milagros, muchos milagros. Y cuando recibimos el milagro somos la persona más feliz, más dichosa. Pero ya pasó el milagro, se acabó la cuerda. Acabó, ya no pasa nada. Es que Dios te hizo un milagro. “Ah, sí, cierto. Sí, gracias a Dios” ¿Y cómo le agradeces? “Ah, le tengo que agradecer porque Él es Dios, Él es bueno. Y si lo quiso hacer es porque me ama” Si no quieres, ¡No le agradezcas!, ¿para qué? El Señor nunca ha negado su mano con nosotros, jamás. Y nosotros a cada rato estamos pichicateando si le damos o no le damos. Si nos damos o no nos damos, siempre estamos pichicateando, “bueno sí te doy, pero yo no voy. Bueno, sí les mando, pero yo descanso. Bueno, sí voy, pero no”. Dios se dio al 100%. Se dio y nos dio y por si fuera poco, por si no bastara, dijo, «Enviaré a otro consolador. No os dejaré huérfanos.«

10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Efesios 2:10

Porque somos, ¿qué? Hechuras suya. Somos hijos de Dios, hechos por Dios, diseñados por Dios, gorditos, flaquitos, viejitos, jovenes. Somos hechura del Señor. No tienes por qué decirle, «Ay, me has hecho más flaco y te sirvo. Ay, si me hubieras alcanzado 20 años más joven, si hubieras sido pastor.» No, eres hechura de Dios, sírvele, agradécele, entrégate, porque el Señor preparó buenas obras. ¿Para qué? Para que anduviésemos en ellas. ¿Es una buena obra evangelizar?. ¡Sí!, ¿quién evangeliza? ¿Sólo las evangelistas?, no, todos debemos evangelizar. Que hay hermanas que tienen el ministerio de evangelismo, gracias a Dios, tienen un ministerio y un llamado para llevar a la iglesia, para hacerlo de una forma mayor, está bien, pero todos debemos evangelizar. ¿Quién ora? “Ay, pues cuando puedo, pastor, cuando estoy de buenas” Todos debemos orar. ¿Quién tiene comunión con Dios? Pero seguro es una comunión que digas, «Yo le hablé y él me contestó.» No nada más el devociona, ya lo hice y a ver qué pasa ¿Quién tiene una comunión con Dios donde tú le hablas y él te responde. Todos deberíamos. ¿quién pastorea en su casa? “Ah, no, pastor, usted pastore” Todos debemos ser pastores en nuestro hogar. ¿En qué sentido? Sustento, cuidado, estar al pendiente, alimentarlos y encaminarlos a Dios. Todos. Eso es lo que deberíamos hacer en casa. Mi ministerio es otra cosa, pero son las bases de mi ministerio.

Dios hizo buenas obras para que lo hacemos por ellas. ¿Quién va a andar por ellas? “¿Qué se necesita para mostrar a Dios y andar en esas buenas obras?” Te voy a dar el secreto, bien fácil. Escucha. ¡Muérete!. “¿Cómo?” ¡Muérete!, deja que Dios viva en ti. muere en tu soberbia, muere en tu egoísmo, muere en tu vanidad, muere a tu necedad, muérete. Deja que Dios viva en ti. Muere a tu flojera, muere a tu apatía, muere a tu pecado. ¡Muérete! Cuando tú te mueras, el Espíritu tendrá toda libertad para mostrar lo que Él está haciendo en ti. ¿A quién? A todos.

Y no necesitas que alguien te invita a trabajar, a servir. El mismo espíritu te dirá, «Oye, vamos a la esquina, tráete unos folletos. Oye, ve a visitar a fulano. Oye, visita a tus papás. Oye, perdona. Oye, guía a tus hijos. Oye, pónganse a hablar aquí en familia” No necesitas que alguien te diga qué hacer, sino dejarte mover por el espíritu de Dios.

Muévete hermano. La Biblia dice

20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Gálatas 2:20

Y Cristo Jesús lo dijo en los evangelios

25 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. 26 Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Mateo 16:25

Pierde tu vida. Todos tenemos planes, todos tenemos ideas. Sujétalos y somételos a Dios para que Dios te ponga palomita y te diga, «Sí, lo vamos a hacer en este tiempo y de esta manera.» O te diga, «Este plano me gusta.» Muere a tu necedad.

Todos hemos sido dañados. No hay una persona que no haya sufrido de un corazón roto. Cuando fue joven, cuando el primer amor se le fue, cuando un hijo le rompió el corazón, todos hemos sido dañados. Pero Dios ha trabajado de tal manera en nosotros que él es suficiente para seguir adelante. Suficiente. Nuestros esposos y nuestras esposas no lo serán jamás, pero Dios sí es suficiente. Nuestros hijos fallaron, nos abandonaron ya ancianitos. Dios es suficiente para sentir el amor, para estar cuidados, para sanar. Dios es suficiente.

Muérete. Deja que Dios sea quien lo haga en ti. Y yo te voy a pedir que inclines tu rostro y hables con Dios y que le digas, «Señor, quiero morir para que tú crezcas, para que tú seas.» Díselo sinceramente, honestamente. Él te ve, Él te escucha, Él mira tu pensar, Él mira tu corazón.

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