Vivir en Santidad: El Llamado a la Transformación Interior

Transcripción de la prédica del 2 de agosto 2026

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Resumen

La prédica ofrece una profunda reflexión teológica sobre la santidad como un requisito indispensable para la comunión con Dios y la entrada al cielo. Se enfatiza que la verdadera transformación no es superficial ni ritualista, sino un cambio interno que surge de un encuentro personal con Jesucristo, citando la conversión de Saulo de Tarso como ejemplo principal. Se explica que la santidad implica apartarse del mal y consagrarse voluntariamente al bien divino mediante la guía del Espíritu Santo. El mensaje advierte contra la hipocresía religiosa y el materialismo, instando a asumir la responsabilidad individual de vivir con integridad. Finalmente, se destaca que este proceso es progresivo y accesible para todos aquellos que decidan obedecer el llamado de Dios por encima de sus propias inclinaciones.

Transcripción

15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.

1 Pedro 1:15-16

Pues ya vimos que todos queremos estar en el cielo, todos queremos ir a las conoces queremos estar con el Señor. Yo alguna vez pregunté en este lugar y dije, Yo no sé porque hay mucha gente que cuando se muere, cuando ya está en la agonía final dice, «Es que tráiganme al padre o tráiganme al sacerdote o tráiganme al pastor que ore por qué va para que me vaya siendo.» Y yo digo, “toda la vida nunca quiso estar en la iglesia, Si toda la vida nunca quiso cantar alabanzas al Señor, ¿para qué quiere estar en el cielo? Se va a aburrir, ahí no está lo que le gusta”. Si me explico. ¿Por qué queremos estar en el cielo? Sería una buena pregunta. Para poder estar en el cielo hay que vivir en santidad. Y ese es el tema que vamos a ver hoy.

El libro de los Hechos sabe que fue toda la historia de la primera iglesia, de cuando surge la iglesia del Señor, cuando Cristo deja a sus discípulos y se empieza a predicar la palabra y son los primeros Hechos de los Apóstoles y las primeras obras de la iglesia. El libro de Hechos nos narra cómo nace la iglesia bajo el poder y la unción del Espíritu Santo.

Entonces la iglesia no surge por la conveniencia humana, no surge por el favor de los hombres, sino que Dios forma la iglesia para que establezca su reino en la tierra. El reino de Dios, la iglesia. Antes ya había religiones. Estaban los fariseos, los escribas, los del sanedrín. Ya había una religión en el pueblo, ya tenían un que hacer los los hombres que tenían esa vida religiosa, no quisieron reconocer a Jesucristo como el Señor, como el Salvador, como el Mesías y lo entregaron al sumo sacerdote y lo crucificaron y lo mataron. ¿Por qué? Porque la palabra de Dios, el mensaje de Cristo era contrario a lo que vivían ellos. ¿Sí recuerda cuando Jesús le dice a los fariseos hipócritas, porque por fuera parecéis blanquitos, muy bonitos, muy lindos? Se van a la iglesia y se ponen bonitos y hace grandes oraciones para ser escuchados, pero por dentro dice que sois huesos hay ahí podridos adentro.

27 »¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, hipócritas!, que son como sepulcros blanqueados. Por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de impurezas. 28 Así también ustedes, por fuera dan la impresión de ser justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad.

Mateo 23:27-28

Entonces, la Biblia nos habla hoy de que vuestra manera de vivir sea en santidad.

Hay personas religiosas, quiero decirlo con toda claridad, que quieren ver a las hermanas o a los hermanos o los miembros de la iglesia muy santos, que la apariencia que llevan a la iglesia se de hombres y mujeres muy santos. Ah, les exigen velo, les exigen falda, les exigen no pintura, les exigen y les exigen para que se vean santos, que se vean bonitos, se vean presentables, pero por dentro, es diferente.

La vida santa sí se refleja en los actos externos, en cómo nos vestimos, cómo somos, pero empieza desde adentro. Dios mira el cuerpo. A mí no me sirve de nada venir en traje y corbata y tener odio en mi corazón en esta mañana. No estoy viviendo en santidad.

No me sirve de nada venir con maquillaje, sin maquillaje a la iglesia, si no vivo una vida en santidad. Dios lo que quiere es santidad.

Por eso digo que a veces pensamos que la religión salva o el método o el pastor si me exige que yo venga de cierta manera o cuál debo de venir.

Dios conoce el corazón. Dios conoce lo que hay dentro de nuestras vidas. En Hechos 9 hay un hombre que creía que estaba bien, un hombre que creía que su religión lo llevaba por el buen camino. Un hombre que se sentía con la autoridad y el de derecho de encarcelar, perjudicar, lastimar, lesionar, golpear, agredir a quien no creyera en lo que él creía. Un hombre que celoso de su religión quería que se cumpliera en todo Jerusalén, en toda la ciudad, en todos los pueblos donde él iba. Y este hombre se llama… Saulo.

9 Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, 2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.

Hechos 9:1-2

Él tenía autoridad, pidió cartas, iba camino a Damasco. Y en ese camino si encontraba hombres o mujeres, no le importaba que fuera, los iba a presa era su tarea, era su eh forma de vida. Era seguidor de los hijos de Jesucristo, de los hijos de Dios, ese era Saulo.

Saulo era el perseguidor de la iglesia, él se encargaba de matar hombres, de mujeres, de niños, de llevarlos presos a las cárceles para que la gente no creyera en Jesucristo. ¿Se dan cuenta?

3 Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; 4 y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? 5 Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. 6 Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. 7 Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. 8 Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, 9 donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.

10 Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. 11 Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, 12 y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista. 13 Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; 14 y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. 15 El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; 16 porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.

Hechos 9:3-16

Cuando uno se convierte al Señor, cuando hay un una un convencimiento genuino de que Cristo nos ha salvado y hemos tenido un encuentro personal con Él, no nos queda más que otra como Pablo decir, «Señor, heme aquí. ¿Qué quieres que yo haga?» Cuando hay una conversión genuina en la vida del hombre, en la vida de la mujer y nos caemos de nuestro caballo, llamémosle orgullo, llamémosle riqueza, llamémosle poder, llamémosle ambición y Dios sale al encuentro de nuestro camino. A veces hay religiones o pastores que dicen, «No, tienes que buscar a Dios.» Pero en un sentido, sí, pero Dios siempre está buscándonos a nosotros.

Todos los días Él está buscando de nosotros. Cuando ya no hemos creído en su nombre, Él va en la mañana y te despierta. Él va en la noche y te visita. Él va al mediodía y te habla. Él está al pendiente tuyo. Él quiere tener tratos contigo todos los días del mundo.

Él quiere estar contigo en tu trabajo. Él quiere ir contigo en tu pesera. Él quiere ir contigo en tu transporte. Él quiere ir contigo en tu vehículo. Él quiere siempre tener tratos con nosotros, con los hombres. Nos ama. Jesucristo dio su vida por nosotros. Él quiere estar todos los días con nosotros, a cada momento. Él quiere mostrarnos su cariño, su amor, su bondad. Él quiere de su naturaleza, dice la Biblia, que él es amor. Dios es amor. Él nos ama.

Así que si tú no te has sentido amado, protegido, o seguro, es porque Dios no está contigo. Tú tienes que estar con Dios para que Él esté contigo. Siempre hemos dicho en la iglesia que hay un problema muy grande y es el pecado. El pecado del hombre separa al hombre de Dios. Cuando uno vive en pecado, uno pone una barrera y Dios no puede pasar. Pero si nosotros no tenemos esa barrera de pecar, entonces Dios viene con toda libertad a bendecirnos, ayudarnos en cualquier circunstancia, en cualquier forma de vida, en cualquier razón. Puede acompañarnos desde cosas circunstanciales pequeñitas hasta hechos grandes en los que necesitemos la ayuda de Dios, una es sanidad del cuerpo, una sanidad física. O puede ayudarnos desde estar con nosotros en el transcurso del pesero. ¿Cuántos robos hay en los peseros? ¿Cuánta violencia hay en el metro? No sé si usted ha dado cuenta, pero los últimos años la violencia a subido muchísimo. Ya cualquiera se pelea en el metro, cualquiera se pelea en la calle, cualquiera te grita en el pesero, cualquier moto se te mete y tú vas tranquilamente cantando alabanzas y dices, «Señor, ¿qué qué le digo a este pecador que se me acaba de cruzar?» ¿Sí, me entiende?.

Hay mucha violencia y mucha agresión. La gente vive sin amor. La gente ya no tiene valor, no tiene amor, no tiene compasión por por nadie. La gente pide pan en la calle y nadie se acerca a darles un pan. La gente vive hambrienta y no les acercas nada. La gente ya no tiene ese corazón bondadoso de Dios. ¿Por qué? Porque nosotros hemos pedido la visión de que la santidad o la la comunión con Dios no solamente es venir a la iglesia, sino es vivir en santidad. Cuando de nuestra naturaleza hay santidad de nuestra vida, cuando tenemos a Dios, y la santidad de Dios está en nosotros. Tenemos los ojos de Dios. Vemos con sus ojos, vemos la necesidad con los ojos.

Yo iba caminando el día de martes en esta semana y me tocó salir un poco tarde y estaba lloviendo el metro. Yo iba con mis audífonos cantando alabanzas y decía, «Señor, ¿cuánta gente no te conoce? ¿Cuánta gente estaba al cielo y cuánta va a morir? ¿Cuántas sabemos que van a ir al cielo?» Y eran multitudes. Y Dios me llevó decir, «Señor, ¿cuánta gente se está perdiendo? ¿Cuánta gente no conoce tu palabra? ¿Cuánta gente vive, Señor, atada al materialismo y trabaja y trabaja? Y su único afán es el trabajo y no tiene amor y no tiene consuelo y no tiene nada porque lo único que lo llene su trabajo” Porque hoy hermanos, lamentablemente los hombres trabajamos 10 o 12 horas al día para que nos rinde el dinero. Antes trabajaba nada más el hombre, hoy trabaja la mujer y el hombre porque con un sueldo con el sueldo ya no alcanza. ¿Sí se da cuenta?

Y estamos tan presionados, tan en este mundo material que hemos perdido la visión de la santidad en nuestra vida. Hemos perdido la visión de lo que es hacia dentro de nosotros, lo que es el ser humano. Hay religiones de yoga, de meditación, etcétera, etcétera. Hay muchas formas de pensamiento que dicen que uno puede llegar a ser espiritualmente grande. Y si sincronizas tus chakras vas a subir y vas a ser más espiritual. No, la Biblia no nos enseña a ser más espirituales, nos enseña a ser más santos para la gloria de Dios. Amén. Y conforme seamos más santos, nos parecemos más a la estatura de la medida de Cristo y en esa bendición seremos más espirituales. Somos seres espirituales por naturaleza. Hay quien dice que hay que sincronizarnos, que hay que meditar, que hay que purificarnos, que hay que hacer yoga. No es cierto. La Biblia no habla de eso. La Biblia habla de una comunión íntima con con Dios, con su Señor, con su Salvador.

Cuando Pablo tuvo un encuentro con Cristo, cuando Pablo se cayó del caballo, se cayó su ego, se doblegó y le dijo, «¿Quién eres un Señor?” Lo reconoce como Señor, en ese momento Pablo cambia su vida, cambia su dirección. Es un ejemplo tan claro en la Biblia. de lo que siempre hemos dicho en este lugar, no predicamos religión, predicamos un encuentro con Dios. Y cuando Cristo te toca, cuando tienes ese encuentro personal con Dios, ese momento en particular con Él, tu vida cambia. Tu vida cambia. Él era perseguidor y se hizo predicador, Gloria a Dios.

Él mataba a los cristianos y después abogó por los cristianos. Sufría como cristiano, padecía como los cristianos. ¿Por qué? Porque Dios lo cambió. Porque tuvo un encuentro con Cristo.

La Biblia dice que Pablo se quedó ciego, no veía nada. Y hay muchos que van así la vida, no viendo nada. Viven como zombies, perdón por la expresión zombie, pero así pareciera, no ven nada, lo ven más allá de ya vivió y ya es ganancia, al día. No ve nada más allá este del futuro. No conoce más allá de sus actos, no quiere dar cuenta de su vida. ¿Me explicó? Y la Biblia enseña que eso es ceguera espiritual.

Hay mucha gente que no puede ver la luz de Cristo porque vio atado su pensamiento, atado su camino, sigue en su propio camino. Dios le sale el encuentro y ellos sigue en su camino, Dios le sale el encuentro de viejos, de jóvenes más grandes y ellos siguen en su camino. Y ese camino es la Biblia que es ancho y espacioso y solamente lleva a la perdición.

13 Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; 14 porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

Mateo 7:13-14

Hay camino que el hombre le parece correcto, pero su final es camino de muerte. Dice, «Es que yo yo pienso que voy bien, ya tengo una casa, ya hice una familia, ya hice esto«.

Hay gente que no ve el amor, no ve el cariño, no ve la comprensión, no ve lo que es una familia, no ve nada. Lo único que le importa es don material. Hay un sentir en este mundo de egoísmo, de rencor, de rencilla, de ver cada quien por lo suyo, de luchar cada quien por lo suyo. Y la Biblia no habla de estas cosas. La Biblia habla de un sentimiento, hermano, que Dios tiene para con nosotros, que quiere que todo el hombre sea bendecido. Todos, todos, que todo el hombre viva en santidad, que todo el hombre tenga una relación con Él. Esa relación es de amor, de cariño. A veces no entendemos.

¿Qué es la santidad?

Dice la Biblia que en el hebreo, en el Antiguo Testamento, es Qadosh significa separado, apartado, consagrado, puro, originalmente cortado de lo común. Luego se refiere a resplandeciente plenitud de la presencia de Dios. No es solo ausencia del mal, sino posesión del bien divino. Y espero que entendamos esto. Es muy bonito, pero también es muy profundo. Cuando alguien habla de santidad, no solamente quiere decir que dejo de hacer lo malo y me porto bien. Es es el principio de la santidad. Pero usted sabe que Dios es santo. ¿Cuántas veces es santo? Y los ángeles lo alaban.

7 El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando. 8 Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir. 9 Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos,

Apocalipsis 4:7-9

¿Por qué? Porque él es magnífico en santidad. Él tiene una gloria, especial. Es su naturaleza es la santidad y la comparte con los seres humanos para que nosotros podamos vivir en ese estado de plenitud de la presencia de Dios. Es un estado de plenitud de la presencia de Dios. Es lo que Dios quiere que vivamos. Ese sentir de apartarnos del mal y consagrarnos para el bien. En el tiempo antiguo, los hombres apartaban, lo mejor, les dije alguna ocasión, para el Señor. Lo mejor de sus ganados, lo mejor de sus frutos, la primicia de sus hijos, los primeros varones de la mujer, siempre se apartaba lo mejor porque era símbolo de que Dios quiere lo mejor. Y la santidad es eso, darle a Dios lo mejor. A lo mejor usted piensa, «No somos ricos, no somos para dar una casa, no somos ricos para dar una ofrenda de millones”, pero Dios no quiere es eso, Dios quiere el corazón, Dios quiere que estemos separados y apartados del mal, Dios bendice a los suyos, Gloria a Dios, Dios bendice a los que viven en santidad. Dice que el salmo que sus ojos están sobre los fieles de la tierra

Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo;

El que ande en el camino de la perfección, este me servirá.

Salmos 101:6

Dios bendice a los santos, a los que se guardan, a los que están limpios apartados de la maldad. No podemos permitirnos como iglesia de Cristo, como ya lavados y comparados con la sangre de Cristo, los que ya somos cristianos con toda la extensión de la palabra y nos llamamos hijos de Dios, volver a pecar o que los haga fácil pecar hoy y pecar mañana. No hay perfecto ninguno, no, no hay uno que pueda decir, «Yo ya no peco”, no, porque sería mentir, pero sí buscar ese deseo de todos los días vivir en santidad y apartarnos de nuestro propio camino. Si yo sé que es perjudicial oír música porque eso contamina mi espíritu, yo tengo que apartarme de eso, yo tengo que hacerlo a un lado, yo tengo que quitarlo de mi vida, sacarlo, no exponerme a

Hay jóvenes que dicen, «Es que, hermano, es que yo pequé» ¿Y por qué?, «Ah, es que yo tenía ganas de ir con unos amigos y me fui» Y luego, ¿qué hiciste? “Pues de ahí me dijeron de tomar ¿Y qué hiciste? “Pues tomé”, y después de ahí, ¿qué hiciste? Un pecado tras otro, uno tras otro.

No, pues yo sé que estoy mal porque ya fui a una fiesta, ya lo tomo. Si ya es tarde, pues ya me voy a mi casa, si veo que están haciendo cosas que no gracias a Dios, me voy y nos quedamos ahí. A veces el hombre es así. Yo pongo de ejemplo con los jóvenes porque es más notorio, pero a veces los hombres, mujeres y hombres maduros no nos apartamos. Pensamos que Dios nos va a dar tanta santidad, tanta pureza que ahí nos quedamos. No, dice la Biblia, tú apártate del mal y busca el bien.

Si para ti es malo hacer algo, para ti ves que están haciendo algo malo, apártate. Si ves que los compañeros de trabajo ya están tomando y sacando ya la cerveza, pues quítate de ahí. Sabes que vas a pecar porque antes lo hacías. Pues vete de ahí, apártate. Si te están diciendo “mira, vamos a ir con dos tres mujeres y ya la citamos y ves, ya están afuera esperándonos”, pues apártate, métete por otro camino, vete por otro, pero apártate del mal. Estoy poniendo ejemplos muy tajantes. Alguna vez es más sencillo, una mentira, un robo, una codicia. Que ya estoy sintiendo deseos de matar a mi papá, de sentir deseos de matar a mi mamá, porque hay jóvenes que sí tienen deseos de matar a sus padres.

Pablo dice ahí que ardía todo en su corazón el odio. Hay un sentimiento de rencilla, de rencor, de amargura sobre alguien o contra alguien. Si ves que eso está pasando, aléjate de ahí, dile, «No, yo no quiero esto, Señor. Aparto, me aparto del mal, me guardo para vivir en santidad.» Dios nos da la santidad. Pero lo primero es que yo tengo que tener el deseo de apartarme de hacer lo malo, de buscar el bien. La Biblia le llama, «Niégate a ti mismo, toma tu cruz cada día y sígueme

24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. 25 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.

Mateo 16:24-25

Está en nosotros también. el apartarnos del mal, el deseo de querer alejarnos de hacer las cosas desagradables a Dios. Si yo sé que, por ejemplo, en una convivencia familiar va a haber cosas que no le harán a Dios, pues no voy, o sabes qué, yo voy a visitar esa persona un día antes, dos días antes, le doy el saludo, le doy las gracias, estoy con ustedes, comemos y después ya, porque sé que el día que vayan todos los que no son cristianos, los hijos de Dios, van a hacer un relajo, mejor me abstengo.

Sí tú tienes la capacidad de Dios, porque Dios te ha dado razonamiento para decidir y escoger entre lo bueno y lo malo. Tú lo tienes, tú decides a quién sigues. La Biblia dice en el libro de Josué que les dijo, «elegid vosotros a quién servís

15 Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.

Josué 24:15

Tú decides a quién sirves. Tú decides lo que haces. Tú eres capaz de tomar tus propias decisiones. Lo que tienes que cortar tú lo sabes. Si hay algo en tu corazón que te está afectando, no te está dejando vivir en esa tierra, tú lo tienes que cortar de raíz. “Señor, ayúdame a dejar este pecado, ayúdame a dejar esto”

Hay gente que viene a las congregaciones, a las iglesias y siguen fumando y siguen tomando o siguen haciendo cosas indebidas y les gusta la iglesia. ¿Por qué? Pues porque se siente la paz, porque están bonitos los coros, porque el hermano y todo la iglesia lo llevamos muy sido como un ambiente social muy bonito aquí en la iglesia, pero no dejan de pecar. Y eso es lo que tenemos que predicar. Sin santidad nadie ver a Dios. No importa que sea pastor, no, no importa. Si el pastor es hallado sin santidad, el pastor se va a quedar. ¿Me escuchó bien? Porque a veces nos sentimos, «No, es que yo ya voy a la iglesia, yo soy más santo que los pecadores de allí afuera.» No, y se nos sube lo cristiano. La Biblia dice que sin santidad nadie verá al Señor.

13 y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. 14 Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

Hebreos 12:13-14

Puedo ser yo el mismo pastor, el mismo predicador, el mismo evangelista, el mismo profeta. Si nos apartamos de Dios y no cortamos con lo que está haciendo daño, con lo que nos está perjudicando en nuestra vida interior, tarde que temprano van a salir a luz las consecuencias. Y eso es lo que tenemos que cuidar, nuestra vida espiritual, nuestra santidad en Dios. Para prevención de la iglesia, no para exhibir a ninguno, ni para juzgar a ninguno, porque el único que es juez es el Señor. Él es el que juzgará vivos y muertos, dice la palabra. Pero sí ha habido casos en la Biblia y ha habido casos en la vida real de pastores o de hombres consagrados a Dios que pecaron, que cayeron de la gracia de Dios por no vivir en santidad.

Como ejemplo, dice la palabra que David estaba en su palacio y entonces volteó a ver y se estaba bañando Betzabé. Y entonces, ¿qué dijo? “Ah, esta sí es para mí”. Entonces mandó a matar, a poner en frente del campo de batalla a su esposo para que lo matase y se pudiera quedar con la mujer. No era escogido de Dios. No era el rey de Israel. Pero sin santidad nadie ver al Señor.

Por eso es necesario predicar de la santidad, porque a veces pensamos que ya por venir a la iglesia ya la hicimos. O porque mi papá va al santuario ya la hice, o porque mi mamá es muy cristiana ya la hice. No, la santidad es una vivencia personal todos los días. Es un consagrarme a Dios todos los días. Es un apartarme del mal todos los días. Si yo me descuido como pastor y llevo a caer en un adulterio, en una fornicación. Imagínese primero el chismerío de la iglesia. Aparte de todo eso, mi vida cambia. Después de haber predicado el evangelio, después de haber nacido a Cristo, yo estaría cayendo de la gracia de Dios. ¿Por qué? Por un momento de no vivir en santidad, de un momento de carnalidad, de un momento de querer hacer lo que a mí me gusta, lo que yo quiero. ¿Se da usted cuenta?

Por eso es importante hablar de la santidad, porque todos desde el más pequeño de la iglesia, hasta el pastor o el predicador o el ungido, como usted quiera llamarle, todos tenemos que vivir en santidad. Y repito el texto, porque sin santidad nadie verá al Señor. Es importante la santidad y la santidad la obtenemos a través de Cristo Jesús que murió en la cruz del Calvario, lavó mis pecados y me dio ahora sí vamos a entrar la santificación posesional que es cuando Cristo viene por primera vez limpia mis pecados, borra mis pecados, los voy a echar profundo de la mar, no se vuelve a acordar de ellos, me hace su hijo y ya soy salvo y de ahí para adelante Dios está conmigo para guardarme de no volver a pecar. Esa es la santidad posicional. Dios me la da y yo la tengo que guardar y vivir cada día.

La santidad que es progresiva, que es como la luz de la aurora que va de momento en aumento hasta que el día es perfecto. Entonces esa santidad es la que debo de vivir. No es del pastor, no es exclusivo de mi mamá o no es exclusivo de mi esposa. A veces queremos que para que yo viva en santidad, cambie a mi esposa, que ella sea buena, que ella se porte bien, que ella me haga mi sopa, que no. Es que a veces queremos cambiar al esposo, que sea bueno, que me traiga, que me proveé, que me dé, que me trate como una reina. No, ese es problema de él con Dios. Y mi problema es mío con Dios. Yo tengo que vivir en santidad.

Ese ya pecó mi esposa. Yo también. Ya pecó el pastor, pues yo también. Como que nos autorizamos permisos. Total, me voy a echar una copita por ahí en Navidad. Total. ¿Qué tiene de malo, hermano? Una no es ningúna, y como que nos concedemos “permisitos” La Biblia no habla de permisitos, habla de santidad.

Claro, tenemos emociones, tenemos sentimientos, tenemos tentaciones, claro que sí, satanás va a poner con lo que pensamos. Viene desde adentro hacia afuera. Simplemente en el pensamiento satanás mete pensamientos y luego ahí estamos pensando cosas que ni siquiera debemos de pensar. “Ah, que ya me vio el carnicero con buenos ojitos porque me dijo güeríta, Ay, mi esposo no me dice güerita. Mi esposo me trata mal. Mejor me voy con el carnicero.

Hay pensamientos en la mente que no son santos, que no son de Dios y que nos llevan a hacer lo malo. Hay un conflicto en la mente, satanás quiere meternos pensamientos a través de la redes sociales, a través del internet, a través de lo que vemos, a través de nuestros amigos, a través de la suegra. A veces en lugar de consultar a Dios para ver decirle a Dios, «Señor, ayúdame en mi matrimonio, ¿cómo puedo mejorar?» vamos a consultar a la suegra, y los hombres a los amigos de la oficina. ¿Y qué nos van a decir los amigos de la oficina? “Pues déjala. Total, hay muchas aquí en la oficina

En lugar de buscar los pensamientos tenemos una contaminación moral. La gente ya no tiene moral. Antes había un concepto hermoso de familia, un concepto hermoso de valores, un concepto hermoso de principios, pero la gente se ya se está olvidando de la moral. Ya no se respeta a los ancianitos, ya no se les da lugar a las mujeres en el metro, ya no hay nada moral, ya todo se ha perdido. ¿Por qué? Porque la gente ya no tiene una comunión con Dios. Entonces, viviendo cada quien en su propia carne, en su propia naturaleza, pues quiere el asiento. Se acabó. “Es un asiento, ¿no? Todos tenemos el mismo derecho. Quítese abuelita, todos tenemos el mismo derecho, hombres. ¿Por qué tenemos el mismo derecho o no? Entonces, ¿cuál es el problema?”

Cuando nosotros ya no vivimos en Dios, cuando la gente pierde la visión de quién es Dios, cuando los cristianos o los que nos llamamos hijos de Dios ya no vivimos en santidad, todo eso se empieza a desmoronar hacia abajo y se crea una sociedad basado en sí mismo, en el que yo salga adelante, en el que yo vea por mí mismo, en el que yo sea el mejor producto de mí mismo. La idea del yo, del crecer, de yo siempre, yo después y yo al último. La moral, la ética, los valores ya no, es ver por quién sale primero. Y ese es nuestro problema. Ahora, la cualidad esencial de Dios que es transmitida al creyente por el Espíritu Santo transformándolo por dentro. Se es transmitida la santidad por el Espíritu Santo. Si no, no hay.

Es Cristo en el Espíritu que nos lleva el Espíritu Santo a meter en nosotros la santidad. No se puede lograr por sí mismo. El hecho de que tú puedas portarte bien una semana, 15 días, 20 días, no quiere decir que sea santo. Doy la diferencia. Una cosa es portarnos bien, otra cosa es ser santos por la caridad que está en nosotros del Espíritu Santo. Hay mucha gente que tiene buenas intenciones, pero no quiere decir que sean santos. No es lo mismo portarse bien que vivir en santidad.

La santidad la da el Espíritu Santo en la vida del creyente que quiere hacer la voluntad de Dios. Que renuncie a sí mismo, que se niega a sí mismo todos los días para hacer lo que Dios quiere. Por eso Pablo decía, Ya no vivo yo, más vive Cristo en mí.

20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Gálatas 2:20

Ya no lo que vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. Entonces, ya no vivo yo, ya la carne, este hombre se muere y vive el nuevo yo, es la nueva vida, la nueva vida de Dios en nosotros, la transformación del Espíritu Santo en nosotros. Por eso Saulo de perseguidor pudo pasar a ser predicador del evangelio. ¿Por qué? Porque hasta el nombre se cambió después de ser Saulo fue Pablo, el predicador de los gentiles, el que trajo el evangelio a nosotros, los que no éramos el pueblo de Dios escogido y los por eso era celoso de su religión, de su de su de su nacionalidad, judío de judíos, fariseo de fariseos, o sea, él amaba lo que tenía transformar. Todas estas cosas las tengo por basura, por el conocimiento excelente del hijo de Dios. Tuvo que cambiar, tuvo que una transformación del Espíritu Santo y con ese encuentro en Cristo para que pudiera vivir una vida en santidad.

Si todos somos iguales ante Dios, ¿por qué la Biblia nos dice muchos son los llamados y poco los escogidos? Nosotros somos los que decidimos si queremos cumplir la voluntad de Dios o no. Saulo dijo “Señor ¿Qué quieres que yo haga?«, Isaías dijo, «Señor, heme aquí, envíame a mí”. Es una decisión mía. Yo decido hasta dónde busco, hasta dónde sigo, hasta dónde llego. ¿Dios los ama a todos? Claro, no tiene preferidos, ninguno, todos somos igual, hombres, mujeres, no tiene sexo, no tiene distinción. Él nos ama y nos quiere a todos por igual. Pero tú decides.

Hay jóvenes que llegaron al camino de Dios, y que quisieron buscar al Señor y en un plazo de un año, 2 años están predicando la palabra y Dios los usa y se levantan como pastores, predicadores. Y he visto mujeres, hombres y mujeres en la iglesia que tienen 50 años y nunca predican, siguen ahí en la boca sentados. ¿De quién es decisión? De uno mismo. Dios nos llama a todos. Sí, pero si tú no quieres, Dios no te va a forzar ni te va a obligar a servir. Dios lo va a poner en tu corazón. Te hará llamado una vez, te llamado dos veces, los que el Señor quiere, Dios es soberano, pero si tú no haces caso, Él va a respetar tu voluntad, y eso sí, te va a demandar lo que no hiciste por el propósito que tenías en tu vida. Si yo dejo de ser pastor y no no predico y me siento de aquí a gozar de la vida, pues Dios me va a demandar las almas que no prediqué de ese tiempo.

Dios no tiene escogido, no tiene elegidos, pero sí escoge. En la vida Dios hace llamados especiales a personas especiales para propósitos especiales. En el Antiguo Testamento a unos llamó reyes para un propósito determinado. En el Antiguo Testamento algunos llamó profetas con un propósito determinado. A Jonás le dijo específicamente ir a Nínive. Es un propósito específico para una persona en específico, para un lugar en específico. Dios determina qué persona en cada lugar.

Si a mí me tocaba ir a Japón, Dios me escoge para ir a Japón. Si no, Él me va a dejar aquí en México, o sea, Dios es el que determina dónde, cómo y quién y qué voy a ministrar. ¿Yo puedo escoger?, no, tengo que hacerle caso, tengo que obedecer, pero yo no puedo escoger. Yo puedo tener un talento, una habilidad para servir al Señor en algún área, sí, pero Dios me da mi llamamiento. Son cosas diferentes. Unas son las capacidades que yo tengo para agradar a Dios y otras son las que Él pone de mí para hacer su voluntad.

Por ejemplo, a mi me gustaría servir en en la música. A mí desde joven siempre me llamó la guitarra. Siempre quise aprender la guitarra. Me encantaba ir para los muchachos a los conciertos cristianos, a las campañas y quedarme atrás del teclado y cantar con ellos. Ahí me gustaba estar.

¿Dios me dio la habilidad para tocar guitarra?, no, compré mi guitarra, pero Dios no me dio ese llamado a mí. A mí Dios me puso a predicar. Dios te da el llamado a lo que Él te llama para servirlo a Él. No es lo que tú escojas, es lo que Él te pongo.

Ahora, ¿puedes tener habilidades y talentos para servir a Dios?. Claro, puedes, por ejemplo, gener talentos y habilidades para la enseñanza, pero , ¿eso es tu llamado o tu llamado es ser pastor? Esa es otra cosa. Yo puedo tener habilidades, capacidades administrativas para hacer negocios, para emprender empresas, para llevar cuentas, para llevar una contabilidad. ¿Y puedo hacer un buen administrativo en la iglesia?, Sí, porque en la iglesia necesita gente que tenga conocimiento y que sepa administrar el dinero y los bienes de Dios. Claro, pero de eso a que sea solamente el administrador de la iglesia, ¿no?, él tiene un llamado a ser predicador, evangelizar y esos ya serían los ministerios que están en la Biblia. Yo puedo servir al Señor en la cocina, sí, porque tengo la habilidad, la capacidad. ¿Puedo ayudar en en los talentos? Claro que sí. Pero no quiere decir que siempre vas a estar en la cocina. Tu llamado puede ser a ser predicador, puede ser intercesor, ser tal cosa. Dios te va a dar las capacidades y las habilidades para hacerlo.

Dios pone el querer. o el hacer, es de Dios, eso sí, es de Dios y tú tienes que hacerlo. Si ya piensas por algo, ahí Dios te va ir llamando a lo que sigue, de más en más y más, pero solamente es cuando tú tienes ese deseo de agradarlo a Él, buscarlo a Él. Y sí, realmente hay gente que pues desafortunadamente pues sí conocemos muchos que entraron al ministerio después se fueron, que ya no están ahorita en la iglesia, se dedicaron a su vida de casados. Dios los sabrá, yo no soy juez, queda en la voluntad de Dios. Pero sí sabemos de mucha gente que desafortunamente se fue de la iglesia, se fue del ministerio, dejó a un lado lo que Dios le había dado. ¿Por qué? Porque le comiéramos otro camino, cada quien toma su camino como Saulo, por ahí quieren ir y ahí se van.

Esto es bien difícil de de comprender. Por ejemplo, el caso de David, el era «Pastorcito de ovejas» él no se imaginó ser rey, pero Dios tiene un propósito en él. Dice que era el menor de todos y todo lo menospreciaban, le hacían “bullying”, no lo querían, lo rechazaban, no lo llevaban con él y lo trataban mal al pobre de David, “Vete a cuidar las ovejas allá, porque aquí nosotros somos los que mandan y dicen que llegó el profeta de Dios”. Y Dios le dio unas palabras al profeta y le dijo, «Vas a ir a la casa de él y vas a ungir a David para rey”. ¡Órale! Entonces el papá de la casa, pues, ¿qué se hizo? Sacó el mejor de sus hijos, “Ah, mira, este sí es el grandote, este es el fuerte, este es mi mi consentido”, yo que sé que habrá dicho el papá. ¿Y qué le dijo el profeta? “No, no no es este”. Y después llamó al otro y al otro y al otro. Y cada uno tenía cualidades, tenía características, pues para poder llegar a hacer o para poder hacer algo. ¿Quién se va a acordar del pobre pastor de ovejas? Ni su papá, porque le dice al final, «Ve y llámalo y no vamos a comer hasta que él venga y entre.» Y es entonces cuando lo ungen como rey.

A veces así nos sentimos. Cuando no dicen, «¿Quién quiere servir al Señor?” Y algunos dicen, «Yo, gloria a Dios.» Y otros dicen, «No, yo no, yo soy bien pecador. No, no, yo no puedo. Yo no sé, yo no tengo ninguna habilidad. Yo no sé cantar, yo no sé tocar ningún instrumento. No es más, yo ni siquiera me da pena pararme. ¿Cómo crees que voy a predicar como usted? No, yo no, yo no tengo ninguna habilidad”. Y a veces nos tiramos suelo.

Y hay otros que no se tiran al suelo, pero también llegan al extremo. Señor, yo soy aquel, yo me la sé de todas todas, yo estudié teología, yo ya estudié la universidad, yo ya estudié psicología. Úsame a mí. No, no, tampoco. Pero en ese concepto que cada quien tiene de sí mismo, tiene que buscar a Dios y servirlo. No se vale decir, «Es que yo no sirvo porque…» Y hay otros que dicen, «Es que yo estoy muy viejo, ya no sirvo para nada, ¿Qué quiere que haga? Espera, ni me puedo levantar” No, Dios tiene misión. Dios tiene un propósito.

Hay otros, «No, yo estoy muy joven.» Jeremías dijo, «Es que estoy muy chico, Señor. ¿Cómo crees que voy a ir a decirle a la nación entera esta que están pecando? Si yo estoy muy chico, estoy muy joven”, Dios lo respaldó y era chico. Otro ejemplo es Josías. Josías era un rey, tenía 8 años cuando empezó a reinar sobre Jerusalén.

Dios no tiene escogidos, no tiene edades, no tiene nada. Dios busca hombres y mujeres que quieran servirlo, que quieran rendir su vida para servirlo, pero servirlo en santidad. Imagínense, Dios no está buscando consentido ni otra cosa. El llamado es funcional. Dios elige a Israel como reino de los sacerdotes y nación santa.

5 Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. 6 Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.

Éxodo 19:5-6

Somos el tesoro de Dios y vivimos en santidad, somos especial tesoro porque nos hemos apartado de lo malo. Dios en un principio quiso consagrar a su pueblo. Aparte no quiso que fueran como los demás pueblos. Le dio leyes, le dio mandamientos para que no se contaminaran con lo que hacían los demás. Y hay casos muy tremendos de los pueblos que se contaminaron y donde los hombres de Dios llegaron y pues por pura misericordia, Dios tuvo misericordia. ¿Se acuerda del caso de Sodoma y Gomorra? Una nación pecadora, una nación que ya era violenta, era agresiva, no había paz, no había nada, estaba socialmente hablando desquebrajada la sociedad porque ya había corrupción tremenda en los hombres, en las mujeres, se envilecían los unos con los otros, ya era una corrupción que ya cada quien hacía lo que quería en esa ciudad. Y aquel hombre que llegó de Dios ahí con su familia tuvo que salir huyendo por pura misericordia Dios lo rescató y todavía perdió a su esposa, porque su esposa volteó. Había algo en ella en su corazón que todavía la quería regresar para allá. ¿Dios es cruel?, no, ¿Dios es malo?, no. El problema somos nosotros, nuestra decisión. ¿Dónde decidimos estar? ¿Dónde decidimos quedarnos? Si con lo bueno o con lo malo. Nosotros decidimos. A menos que seas un niño de 3, 8 años, yo creo, pueden influenciar en ti y decirte, «Ay, mira, vamos a hacer esto.» pero ya llegó una etapa donde tú tienes que madurar en el Señor y decir, «Esto es lo correcto. Esto es lo que yo voy a hacer. Esto es lo que nos conviene. Esto es lo que vamos a caminar.«, ya nadie te puede influenciar. “Es que mi mamá me dice que la deje porque nunca me hace mi comida”, tú decides, tú la escogiste, tú tienes que ver por ella, tú tienes el compromiso con ella, tú decidiste casarte, tú decidiste hacer votos de fidelidad hasta la muerte. ¿Por qué ahora quieres buscar otra? Tú eres el responsable de tus actos. Tú eres el responsable, no hay nadie más que tú.

44 Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo; así que no contaminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastre sobre la tierra. 45 Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo.

Levítico 11:44-45

7 Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios. 8 Y guardad mis estatutos, y ponedlos por obra. Yo Jehová que os santifico.

Levítico 20:7-8

26 Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos.

Levítico 20:26

Dios ya nos ha apartado del maligno. Nos ha apartado de la maldad para vivir una vida santa. Entonces, debemos de vivir en esa vida santa. La responsabilidad del creyente es vivir en esa vida santa. Ya Él nos sacó de las tinieblas a su luz admirable, nos quitó de la ceguera espiritual para venir a la luz gloriosa de Cristo. Nos hizo estar un encuentro personal con el Señor. Entonces ahora nuestra responsabilidad es vivir en santidad para ser su especial tesoro, un pueblo diferente. Por eso la gente a veces cuando alguien vive en santidad, ve algo diferente en ti.

No sé si a usted le ha pasado, pero sí dice la gente, no te conocen, pero “oye, es que se ve algo diferente en esa persona. cuando vas al mercado, oye, esa señora como que no sé, se ve diferente, hay que preguntarle, ¿no?” Cuando uno tiene la santidad de Dios en su vida. La gente lo nota. Hay gente que lo nota porque Dios nos da esa santidad de Él.

Esa pureza de Él y Dios lo ve. “¿Has visto esa mujer? Siempre ayuda al necesitado. Ella siempre trae su mandadito, pero no le importa le da al necesitado pan...” Y eso se nota, se nota la santidad de la gente de los actos externos, de lo que manejamos.

Tres expresiones de la santidad:

  • Ritual: Santuario, sacerdotes, objetos y días consagrados.
  • Moral: Código de santidad, justicia, amor al prójimo, pureza.
  • Profética: Ampliación a santidad de corazón y conducta

¿Cuántos quieren vivir en pureza? y Ahora, ¿cuántos viven en pureza? Hay una diferencia. Hay un margen, hay una línea, hay una escala, hay una escalera como usted quiere llamar, un nivel, vamos, un nivel más allá. No me gusta hablar de niveles porque luego todo va personal o competencia, pero hay un nivel, es decir, yo no puedo exigirle a alguien que vive en pureza si yo no vivo en pureza. Yo no puedo decir a alguien que vive en santidad, si yo estoy viviendo en pecado. Yo no puedo decirle que alguien ame a Dios si yo no amo a Dios. De lo recibidor damos, pero si no tenemos, ¿qué vamos a dar? Para poder decir y predicar santidad, yo tengo que primero vivir en santidad.

Por eso en muchas iglesias de allá afuera no predican de santidad porque sus obras son malas, porque sus caminos son malos, porque la gente que está ahí no vive en santidad. Por eso no pueden hablar de santidad, porque no la tienen. Es diferente querer vivir en santidad, es un buen anhelo, es una buena forma, pero ya hay que vivirla. Y los que viven en santidad pueden hablar de ella, compartir la. Sería hipócrita de mi parte pararme hoy en este lugar y decir que vivan en santidad cuando yo estoy viviendo en pecado oculto, cuando yo estoy uniendo música del mundo, cuando yo estoy viviendo odiando a mi hermano, cuando estoy viviendo este no creyendo a mi mamá o aborreciendo a alguien. Eso sería hipocresía, pero si vives en santidad la puedes predicar.

Porque Dios dice que el que no vive en santidad no verá al Señor. Y hay iglesias donde no se predica de santidad porque sus obras son malas. Hay show, hay diversión, hay temas de prosperidad, hay temas de jóvenes, hay temas de vive la vida, pero no hay palabra donde se les diga, deja de pecar y vive en santidad. La Biblia enseña a vivir en santidad. Ahora estamos viendo que para los que ministran, para los que sirven a Dios, deben de servir de santidad, con más santidad. Por eso es progresivo. Porque va como la luz de la aurora. Y si cuando llegamos a la iglesia, sigamos en pecado, Dios nos pone una salvación, nos pone su vida, nos pone una santificación, pero de ahí es responsabilidad ir creciendo y buscando y buscando más la santidad de Dios.

No importa cuánto tiempo tengas de cristiano, no importa cuánto hayas conseguido en esta vida, en lo material, en lo secular, no importa cuántas carreras, doctorados o títulos tengas, no importa si eres rico, si eres pobre, no importa si eres mujer o eres hombre, no importa si quieras, si hoy viniste a la iglesia por compromiso o porque te lo impusieron o por tu propia voluntad, no importa. Hoy tú has oído la palabra de Dios y hoy tú tienes la bendición de escoger entre servir a Dios en santidad o no servir a Dios y vivir en pecado. Es tu decisión. Dios no hace acepción personas. Aquí queda solamente una decisión, lo que tú decides hacer con la palabra de Dios.

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