Luminares en el Mundo: El Propósito de la Obediencia Cristiana

Transcripción de la prédica del 17 de mayo 2026

ser luminares en el mundo

Resumen

La prédica se basa en la Epístola a los Filipenses, llamado a ser luminares en el mundo. Se exhorta a los fieles a abandonar el orgullo y el egoísmo, tomando como ejemplo la humildad de Jesucristo para cumplir un propósito divino integral. Se enfatiza la importancia de la obediencia absoluta a Dios y la necesidad de evitar murmuraciones o conflictos que dañen la unidad de la congregación. El mensaje subraya que la salvación debe cuidarse con responsabilidad, reflejando el carácter de Cristo a través del testimonio personal en la familia y el trabajo. Finalmente, se hace un llamado urgente a los padres para que guíen a sus hijos en la fe, asegurando que su luz espiritual no se apague ante las influencias externas.

Transcripción

12 Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, 13 porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

14 Haced todo sin murmuraciones y contiendas, 15 para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; 16 asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado. 17 Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros. 18 Y asimismo gozaos y regocijaos también vosotros conmigo.

Filipenses 12:14-18

En la mayoría de las Biblias este pasaje se llama “luminares en el mundo” Y nos enseña muchísimas verdades muy profundas acerca de lo que Dios quiere de nosotros. Viviendo una vida que glorifica a Dios. Y aquí vamos a entrar en una situación pues de mucha conciencia, de mucho análisis introspectivo, de vernos a la cara al espejo y de verdad decir, ¿qué estoy haciendo? Porque la Biblia nos dice que debemos ser luminares del mundo, y para ser luminares tenemos que definir qué es luz, quién es luz, qué es la luz, cómo se refleja. Y tenemos que definir qué es el mundo, ¿Qué es lo que la Biblia entiende como el mundo?

La humildad de Cristo, el punto de partida

Versículos atrás en el capítulo 2, lo que la mayoría de nosotros ha leído, habla de cómo Cristo se despojó de ser Dios. Cómo Él decidió en amor por cada uno de nosotros entregarse a sí mismo. Y dice la le voy a les voy a leer un unos versículos atrás

5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,

Filipenses 2:5-6

Esa es una base fundamental del cristiano, fundamental. Y yo les voy a preguntar a ustedes, ¿A qué te aferras? Esta palabra aferrarse como que suena muy mexicana, pero en la verdad, esa palabra aferrar se va con la diagonal de estamos neceando, estamos siendo bien tercos. Porque somos aferrados a cosas que no queremos soltar.

Voy a explicarlo de esta manera. No sé si lo se han subido alguna vez a la montaña rusa, algún juego mecánico, ¿y cómo nos agarramos del tubo? Aferrados, sentimos que nos da la vuelta, que nos quiere tumbar. ¿Y qué hacemos? Nos aferramos, no nos queremos soltar, y lo único que te da esa seguridad es aferrarte a ese tubo, eso es aferrarse.

Hay cosas que Dios valida a que nos nos aferremos, pero hay cosas que Dios no valida a que nos aferremos. Algo a que nos debemos aferrar, a la fe, al amor, a las buenas obras. Llegará alguien que te diga, «Yo no es creo que Dios vaya a venir. Yo no creo esto. Ustedes son unos dramáticos” Nos aferramos a nuestra fe. Puede ser que no quieras creer, pero yo sí lo creo. Nos aferramos al amor. Cuántas veces nos han abofeteado, nos han rechazado. Tú llegas bien amable con un hermano. Dios te bendiga. Otra vez y te aferras al amor. Señor, yo lo amo. Yo lo amo. Señor, ayúdame a perdonar. Nos aferramos al perdón. Señor, dije que lo iba a perdonar. Ayúdame a perdonarlo y nos aferramos.

¿A qué cosas Dios querrá que nos aferremos? al pecado, a lo que se va a quedar, a lo momentáneo. a nuestro carácter, a la soberbia.

¿Por qué no soltamos tan fácil las cosas materiales? ¡Porque nos costaron! Estudiamos, trabajamos, un día comenzamos a hacer nuestra vida, tenemos nuestro primer sueldo, lleva trabajando 20 años y de repente Dios le dice, «Deja todo, agarra tu maleta, echa dos mudas de ropa y sígueme» “¿A dónde?”No importa, tú sígueme” ¿Creen que sería fácil?

Muchos van a decir, «Sí, hermano, amén”. Pero si no podemos soltar el cansancio. “hay guarda de oración” “La guardia o el culto, la guardia o el culto…” ¡Pues las dos, hermano! ¿qué hago?Apoyo al grupo infantil, o apoyo a esto o apoyo a lo otro ¿por qué no le ponemos “y” y decimos “apoyo al grupo infantil y apoyo en los baños y apoyo a esto y apoyo a lo otro”? ¿Por qué no? “Es que estoy cansado”. Si no nos podemos despojar del cansancio. ¿Cómo nos vamos a despojar de algo que nos costó?

Dios sí nos enseña que hay cosas a las que no nos debemos aferrar. ¿Cómo estaría Dios en su gloria, Jesucristo estaría sentado en un trono, sentado en el suelo? ¿Cómo se imaginan a Dios antes de venir a la tierra en nuestro mundo? entiendo que Dios no tiene tiempo, pero en nuestro mundo, en nuestro mundo lineal, en nuestro tiempo lineal. ¿Cómo creen que Dios estaría o Jesucristo antes de venir a la tierra? ¿Rodeado de ángeles? ¿en el reino de los cielos? ¿Cómo estaría.

Voy a decir una locura, yo creo que Jesús estaba en el reino de los cielos, Él nunca fue prepotente, pero seguramente le alababan, le servían, le adoraban. Todo el mundo estaba de acuerdo con Él. Si Decía, «Gabriel, ve con Israel» Allí va Gabriel. “Miguel, defiende al pueblo”. Allí va Miguel. “Fulano, Ángel, haz esto” y ahí va Fulano a un lado. Y aquí el Señor nos dice, «Guardia y culto» “Ay, no, señor. Una u otra” Allá le están adorando todos los días, alabado seas, bendito seas, gloria sea tu nombre. Y aquí, ¿cómo estamos? “Es que, Señor, tú no me das. Es que, Señor, tú no provees. Es que, Señor, ¿dónde estás? Es que, Señor…”, y estamos reclame y reclame.

Y aún así el Señor se despojó. ¿Qué quiere decir? Que Él de voluntad propia dejó toda esa gloria, ese servicio, esa adoración para venir aquí a la tierra. ¿Y qué fue lo que encontró en la tierra? Que lo querían matar, que no hubo un lugar para que naciera, ¿a dónde nació Jesucristo?, y nadie lo adoraba, nadie lo bendecía. Sino que le dice el ángel a José, «Córrele, compadre, ¿por qué? Lo quieren matar» ¿Y qué hace Herodes enojado? Mató a todos los niños entre dos y tres años. Y ahí agarra José al niño y córrele a Egipto. ¿Y luego qué hizo José ahí? Pues no lo dice muy claramente la Biblia, pero yo no creo que haya llegado al palacio de faraón ¿verdad? Yo creo que ha de haber estado padeciendo. Alguien por ahí dice que para eso Dios proveyó de oro, insenso y mirra, para que pudiera sustentar al niño. Solo Dios sabe. Es apreciación de cada uno.

Y luego regrese al Señor, ya sin papá y le dice a sus hermanos, «Yo soy el Mesías» ¿Y qué le dicen sus hermanos? ¿Le creyeron?, ¿lo aplaudieron?, ¿lo apoyaron en su ministerio?, ¡todo lo contrario! Y luego se empieza a levantar Jesucristo y dice, «Oigan, aquí estoy» Empieza a hablarle a los apóstoles, empieza a hacer milagros. ¿Y qué es lo primero que recibe del pueblo? Rechazo. Y sobre todo de las autoridades, los famosos fariseos, escribas, saduceos. Usted se ha puesto a pensar que si usted viviera esa vida, ¿no diría, «Ay, caray, mejor me regreso a la otra, allá nadie me criticaba, todos me obedecían, tenía para comer, desde el primer día que llegué, no tengo donde vivir, no tengo economía, nadie me escucha, nadie me sirve, nadie me cree, mejor me regreso”. Pero Cristo Jesús nos enseñó a través de su carácter el cómo vivir y el cómo hacer las cosas y cómo cumplir su propósito.

Muchos de nosotros, sin intención mala pero sí equivocada, nos predicaron a un Cristo que si tú la aceptabas, Él te iba a ayudar en tu vida. Y entonces dijimos, «Amén» ¿Por qué? Porque me va a dar trabajo, me va a dar mujer, me va a dar esto, me va a dar, me va a dar… Y la realidad en Cristo es que cuando Él nos acepta, que ya vamos cambiando los Él nos perdona, Él nos recibe, Él nos restaura, Él nos eh adopta, nos dice, «Yo tengo un propósito para ti» Y tú quisieras que ese propósito que Dios tiene para ti, sea que fueras el dueño de Bimbo, el dueño de Pepsi, el dueño de una gran empresa, tuvieras casas, tuvieras comodidades, y Él te dice, «Ah, no, ese no es mi propósito. Mi propósito es que te vayas a las alcantarillas a predicar. Mi propósito es que en tu gran casota que ya te di recibas a gente que no tiene techo. Que con el dinero que ya te proveí hagas despensas y los recibas y los bañes y los cuides y te metas a un albergue y te metas a un anexo…” y tú dices, «Eh, no checamos, ah, no me checa, Señor”. ¿Por qué? Porque yo voy para otro lado y el Señor te dice, «Exacto. Ibas para muerte, yo te voy a llevar para la vida” Pero la vida cuesta y la vida es un camino angostito de problemas, de situaciones difíciles. ¿Aceptas? ¿Y qué decimos la mayoría?

En comparación a la nación mexicana o de la colonia piloto, somos un puñado de gente. No somos ni el 0.01% de la alcaldía Álvaro Bregón reunidos para adorar a Dios. La gente no quiere que Dios le ponga un propósito. La gente quiere un Dios sirviente que se enrolle, que le sirva y que le cumpla su propósito. Y es al revés.

Lo que Jesús nos enseña es que Él se despoja para cumplir un propósito eterno. Y esta es la primer pregunta, ¿ya te despojaste? ¿Ya dejaste de aferrarte? a las cosas, a tu trabajo, a tus relaciones que no convienen. Ya te despojaste de ese dolor del pasado, ya dejaste de culparte, ya dejaste el rencor, ya dejaste la depresión, ya dejaste para que Dios cumpla su propósito en ti. ¿Cuál es el propósito de Dios para tu vida?

El propósito de Dios sí abarca todo lo que eres. Aquí sí quiero aclararlo. Podemos decir, «Es que Dios me llamó a ser pastor. Dios me llamó a ser profeta, ahora me llamó a...» Sí, ese es el llamado. Pero el propósito de Dios es en todo lo que eres. No puedes ser un gran pastor y ser un adúltero. No puedes ser un gran maestro y ser una persona violenta. No puedes diezmar y que en la calle o en tu casa ni siquiera des para el gasto. No se puede. El propósito de Dios es integral, es total, es completo. Y a veces nos confundimos porque decimos, «Hermano, es que yo apoyo» ah, sí, apoyas en esto. Pero ese no es el propósito de Dios para ti. El propósito de Dios es Todo lo que eres, tiene que ir en función a todo lo que Dios quiere.

Nadie somos perfectos. Todos nos equivocamos. Pero lo que marca es que no suelto y me aferro a mi propósito. Si decimos “quiero servir” ¿En qué? “pues no sé, pero quiero servir”. Tenemos el deseo, pero nos falta el propósito, y la mayoría así estamos.

Cuando uno tiene el propósito, no quiere decir que va a cumplirlo y ya, porque ojo, el propósito de Dios es hasta que te mueras. Sí. Y ojo con esto, hermano. “Es que Dios me llamó primero a ser pastor. No, ahora me cambia profeta. No, ahora ya me cambió esto. No, ahora ya me mandó a casar. No, ahora me mandó a divorciar” No, no, no, Eso es un desorden emocional y una falta de madurez espiritual en esas personas. Dios tiene un propósito.

Dios sí tiene un propósito y ese propósito no tiene no son de lapsos cortos, es toda tu vida. Sí. Por eso es que como iglesia no aceptamos los divorcios por incompatibilidad de caracteres. O sea, ¿Dios se equivocó?, no, ya te equivocaste, ya escogiste a alguien que no debías. Pues, hermano, ahora te toca orar el doble para que esa persona entienda el propósito de Dios y lo cumplas. “Es que, hermano, yo quiero servir a Dios, pero mi mujer se enoja”. Órale, ponte a orar porque ya escogiste a la mujer. No puedes negar el propósito de Dios y no puedes dejar a tu mujer. “No, hermano, mejor la dejo”, no, no es del Señor. O al revés. “Es que, hermano, yo quiero servir, pero mi marido de todo se enoja”. Pues que se enoje y se contente, porque hay que cumplir el propósito. Rebeldía, no oración, oración de intercesión, oración de poder para que la familia te apoye en el propósito que Dios ha marcado.

Es importante entender que no importa lo que venga, sino la actitud que tú tomes. A Jesús le escupieron la cara. No pasa nada, sigo adelante. A Jesús le dijeron, «Te vamos a matar» Y él dijo, «Yo puedo mandar una legioncita de ángeles, pero no lo hago» ¿Por qué? Por el propósito. A Jesús lo traicionó su amigo. No pasa nada, hay que cumplir el propósito. A Jesús lo tacharon hasta de endemoniado. No pasa nada, hay que cumplir con el propósito. Por eso es tan importante que tú tengas un propósito, porque si no, no puedes avanzar en la dirección correcta.

Dios tiene propósitos generales, claro, id por todo el mundo y predicar el evangelio. Congregarnos, gloria a Dios. Apoyarnos, gloria a Dios. Pero, ¿cuál es tu propósito? Tu propósito personal. Todos tenemos un propósito, ¿Por qué? Porque Dios no trabaja de una manera selectiva. Él no hace acepción de personas y a todos los que nos llaman, a todos los bendice, a todos nos da propósito, a todos nos da dones. Hay dones en ti, y sobre todas las cosas hay una llenura de Dios, que eso es maravilloso. Todos los que estamos sentados aquí tenemos un propósito. ¿Hasta cuándo lo vamos a entender?

12 Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.

Filipenses 2:12

Lo primero que quiero señalar en esta parte, «Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido”, eso es una parte fundamental, obedecer. ¿Quién de aquí es rebelde?, lo más bonito es que vemos la rebeldía de otros, pero no vemos la nuestra. No se necesita mucha madurez para decir, «Sí, soy rebelde, sí soy necio. Sí, soy obstinado» A veces a nosotros nos dicen que somos como ositos. ¿Por qué? Porque somos bipolares. Estoy contento y ya me enojé, quiero todo, pero no salió como yo quiero, ya me frustré y ya no quiero nada. Somos berrinchudos también. De repente nos sale lo berrinchudo a todos y aquí no importa la edad, o sea, el bueno es que los niños hacen berlincha. Ah, ¿y nosotros no?

Pero aquí lo importante es obedecer. Lo importante es dónde están tus ojos, si tus ojos están en Cristo, sabes que Él te va a perdonar, sabes que Él te va a ayudar, sabes que Él te va a levantar. Si tus ojos están en las personas, ya perdiste. Si tus ojos están en los bienes materiales, ya perdiste. Si los ojos, tus ojos están en tus emociones, ya perdiste. O sea, la única manera de ser vencedores, como lo dice Pablo en Romanos, o más que vencedores, es poner los ojos en Cristo.

Las mamás, “no, hermano, es que yo pongo mis ojos en que mis hijos me van a bendecir”. Se casan los hijos y ni se acuerdan de ti. Es más, les llamas tú por teléfono y te dicen, «No, dime rápido» “Ajá. Sí, dime rápido. Nada más que te amo. Ah, gracias. Te llamo luego”. ¿Qué pasa con el corazón de las mamás? Se rompe. Cuando ponemos los ojos en las cosas materiales y nos quitan el trabajo, podemos deprimirnos, enojarnos.

Nuestros ojos deben estar en Cristo. A veces como esposos o esposas, ponemos nuestros ojos en nuestra pareja. Mi ayuda idónea, el líder de mi casa, el sacerdote mi mujer, la mujer virtuosa. Y por situaciones diferentes se cae el matrimonio, se cae la persona, falla la persona. Si tú tienes los ojos en ella o en él, te vas, te pierdes. Cuando pones los ojos en Cristo, Cristo te da la respuesta. Cristo te levanta. Yo siempre he visto al Señor de verdad, como ese papá que te dice, «No vayas por ahí, ¿eh? No vayas por ahí» “¿Qué dijiste?” y te estrellas. “Y volteé al Señor, por qué no me avisaste”. “Sí, te dije”, “pero ahora, ¿qué hago?, me has abandonado y me tiro al suelo” y camina el Señor y te dice, «Ya, ya hiciste, te expresaste, por no decir, hiciste tu dramita, ¿no? Te expresaste» “Ah, Señor, ya me expresé”. “Pues párate”, “es que no puedo solo, no tengo la capacidad, estoy en el suelo”. “Párate”. “Es que, Señor”, “párate”. Ya te empiezas a parar y cuando estás doblando tu rodilla, Él te levanta y te dice, «Ahora sí, ¿Me vas a escuchar?”Si ahora sí”. Y empiezas a caminar. “Es que no te dije que avanzaras”, “pero sí te escucho”. “Que no avances…” y te caes. “Es que otra vez, Señor, yo qué decido por ti y mira cómo me has abandonado. Ya no creo en ti”. Y el Señor otra vez “ya te expresaste, ya vas a escucharme”. Y hay muchos que somos tan necios, no una vez, llevamos 20 años haciendo lo mismo, o 30 o 40. Hay otros que de verdad chocan, “Señor, ya no me muevo. ¿Qué quieres que yo haga? De verdad, háblame, Señor, dime”. “Camina a la derecha”Sí, Señor. ¿Cuántos pasos?”tú Camínale” y ahí vas y el Señor te empieza a probar, a bendecir y empiezas a crecer. Pero eso no depende de Dios, depende de ti. Y ahí es donde todos, todo sin excepción debemos decirle al Señor algo. “Cambia mi carácter”

Habemos muchos impulsivos, queremos hacer las cosas a nuestra manera, y ya cuando la regamos, entonces sí consultamos a Dios. He oído a varios pastores que dicen, «Dios me sigue. Yo voy y el Señor me sigue» Esa es la burrada más grande que puedes pensar. ¿por qué? porque Dios no está para seguirte. Tú estás para seguir al pastor, tú eres la oveja y Él es el pastor. ¿Quién va adelante? El pastor. Porque si la oveja va adelante, se cae, se mata. “Es que yo a Dios le digo que haga esto y lo hace”, ese está engañado. Nosotros somos servidores y siervos, no dueños, no amos. Estamos para obedecer. No estamos para que Él nos obedezca, para que la estemos regando a cada rato y Él esté corrigiendo nuestros errores. Estamos para servir. ¿Y cuál es la primer regla para servir? ¡Callarte! Porque si no te callas, no escuchas. Y si no te callas y no escuchas, ¿cómo sirves?, no hay manera. La primer regla es callarnos. ¿pero cómo somos alegones? decía ayer en la guardia, “vamos a tener una escuelita bíblica” y habrá que diga, «Sí, amén» Y habrá que diga, «Ay, otra vez, en serio. Ah, es que, hermana, pues no funciona, hermana. Es que, es que…” “vamos a hacerla. Sí. Ah, el pastor ya está positivo. Ah, es una dictadura. Esto ya no es la visión de Dios. Ahora el pastor quiere que hagamos una escuelita biblica”. Y habrá Quién diga, «Gloria a ti, Señor» ¿Por qué? Vamos otra vez por 100 niños. Vamos a sembrar, un año más a regar, un año más a compartir. ¡Gloria sea a tu nombre!

Pero, ¿cuántos de nosotros de verdad aprendemos a callar? Somos muy pocos. Y en México, como en el pueblo judío, somos bien alegones. Hay otras naciones más sumisas, Pero hoy no, la rebeldía y nuestra carácter, nuestra forma de ser no nos permite guardar silencio. Y hay que guardar silencio para escuchar y para obedecer. Algo que debemos entender es que la obediencia trasciende. La obediencia obviamente a Dios.

Cuando nosotros decidimos obedecer, obviamente se va a aparecer el diablo. En la forma que sea, de tu trabajo, de tu de tus seres queridos, de las circunstancias, de muchas cosas y lo primero que te va a decir es, «No obedezcas.» Y Satanás es bien alegón, tiene una de argumentos. Híjole, que yo creo que por eso muchos abogados, sin que se ofendan los abogados, son son enviados de aquel porque de verdad, ¿cómo presentan argumentos que tú dices Ah, caray. Sí, es cierto? “A ver, pastor, yo quiero que usted me entregue cuentas de todo”,¿Por qué?”¿cómo podemos obedecer si usted no nos entrega cuentas?”bueno, le entrego cuentas”, “es que esto no me checa. ¿Y por qué gastan en esto? ¿Y por qué ayudan a esta? ¿Y por qué no ayudan al otro? ¿Y por qué? Eso ya no es…” Yo puedo entregar cuentas. Las cuentas están transparentes con los hermanos correspondientes, gracias a Dios. Pero aquí el tema es que Satanás siempre nos va a llevar a la de desobediencia. Y nos va a presentar argumentos, razones, verdades a medias que se vuelven mentiras para no obedecer a Dios. Un ejemplo clásico. Dios quiere que vayamos a predicar y es verdad. Mateo dice, «I por todo el mundo y predicar”, ¿no? Pero, ¿qué dice Satanás? “Y si pierdes el trabajo, ¿qué vas a hacer? Y si se enoja tu jefe, te van a regañar. Y no puede ser, no puedes ir. Porque estás bien lejos, vives bien lejos. No es que, ¿cómo te vas a ir para allá? Te estás arriesgando” Y Satanás es el único que negocia porque él te dice, «Mejor quédate a orar.» También necesitas respaldo en oración. Tú ora por ellos” y te da Satanás ese convencimiento que cuando te das cuenta, ya ni oraste. “Ay, Señor, pues tú sabías la intención de mi corazón”, “si, ¿Cuál era? “Desobedecerme”.Señor, que Ya no tengo fuerzas en mis piernas”¿Quieres que te lleve una silla de rueda? Te la llevo. ¿Quieres que te ponga una sillita para que ahí te sientes?”Ay, no, es que yo no sé predicar” ¡Todos sabemos predicar!, todos sabemos compartir lo que Dios ha hecho con nosotros. Y si no les di sus folletitos para que aprendiéramos. “Es que, hermano, es muy temprano”, híjole, entonces, a Dios lo atiendes en la tarde. Ojalá y no te enfermes en la mañana porque Dios te va a decir, «Es muy temprano para atenderte» “Ay. No, hermano, es que Dios es bueno”.

Siempre andamos buscando la manera de desobedecer. Siempre. A veces es del que hablo, pero a veces la verdad es que también somos nosotros. Entonces, Pablo nos exhorta lo primero que es la obediencia. Cuando nosotros obedecemos nos marca una pauta muy importante en este primer versículo. Dice, “Ocupaos” ¿de qué? De vuestra salvación con Temor y temblor. Sí, ocupaos de la salvación.

¿Todos sabemos que es la salvación? ¿cómo nos ocupamos de nuestra salvación? Lo primero es creer que somos salvos, ¿Cuántos de aquí son salvos? Gloria a Dios. ¿Qué debemos hacer? Y ahí viene el tema de de todas las iglesias cristianas modernas. ¿la salvación se pierde o no se pierde?, ¿se hace algo por la salvación o no?.

La salvación es total. No podemos hacer nada. Cristo Jesús con su muerte y resurrección en la cruz lo hizo todo para salvarnos. Somos salvos. Sí, por fe. Y ahí entra el tema, la fe. ¿Qué es la fe?

11 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

Hebreos 11:1

Cuando tenemos fe, somos salvos por fe. ¿Por qué? Porque Yo creo que soy salvo, pero Cristo Jesús ya me salvó del pecado, de la muerte y de todo eso. Sí, por fin. Puedo dejar de pecar. Sí, en el nombre de Jesús. ¿Puedo vivir una vida victoriosa? Sí, en el nombre de Jesús. Soy hecho hijo de Dios. Sí, en el nombre de Jesús soy salvo por fe. En la vida física, en mi realidad humana. No soy salvo todavía. ¿Por qué? No estoy en el cielo. Todavía puedo pecar o no me digan que no podemos pecar. Sí tenemos a Cristo en el corazón. Sí seguimos los pasos del Señor, pero nuestra alma de repente dice, «Ay, ¿te acuerdas el sabor del tequila? Ay, ¿te acuerdas el sabor de un cigarrito? Ay ¿acuerdas la chica que está allá afuera? Ay ¿te acuerdas de cómo te gritaron y te dan ganas de golpearlo?

Nuestra alma tiene memoria y nuestra alma sí nos puede llevar a pecar. Dios obviamente nos dice, «No, no» Y por eso es que el espíritu tiene que dominar, gobernar al alma y al cuerpo. Pero sí podemos pecar. Entonces, todavía no estoy en donde quiero estar, en la plenitud de santidad, en el gozo completo y en la perfección que Dios prometió para mí. Hoy soy imperfecto y hoy, claro que puedo pecar. Pero por fe soy salvo.

Cómo debo vivir? Por fe en salvación. “Yo soy hijo de Dios. ¿Los hijos de Dios mienten? ¿Sí mienten o no mienten? ¿Los hijos de Dios deberían mentir? ¿Los hijos de Dios deberían pelearse? ¿Los hijos de Dios deberían guardar rencor? ¿Los hijos de Dios deberían dejar de congregarse? ¿Los hijos de Dios deberían priorizar siempre para Dios? Ah, entonces el que vive en fe busca hacer lo que Dios pide.

Tú eres quien toma las decisiones, no el diablo, (salvo que estés endemoniado y poseso), sí, tú tomas las decisiones. Si a ti alguien llega y te da un cachetadon, tú tomas la decisión, lo bendices o se la contestas. Si alguien de tu familia te dice, «hoy yo quiero ir al templo» Es más, tú mismo dices, «No quiero ir al templo» Tú decides si vienes con esfuerzo o vienes o no vienes diciendo, «Es que estaba cansado» No es el diablo. El diablo Diablo te propone, el diablo te da opciones, el diablo te da alternativas, pero tú decides, tú eres el que caminas hacia Cristo o hacia otro lado. Por eso es que la paga del pecado es muerte, porque nosotros decidimos pecar.

Todos nosotros, todos tenemos la capacidad de decidir o lo que Dios dice voluntad o lo que teológicamente se llama libre al mío. Entonces tú puedes, escúchame bien, tú puedes en el nombre de Jesús, vivir como un verdadero hijo de Dios. ¡Claro que sí se puede! La pregunta es, ¿quieres y te vas a dejar? Ahí es donde entra, como muchos cristianos decimos, “bueno, sí, pero no en ésta área”, “yo, hermanos, sí vengo a servir y los amo y me congrego, pero a mí sí me gusta la chelita, a mí sí me gusta con beber, a mí sí me gusta de vez en cuadre por ahí un churrito. No pasa nada hermano, no es pecado” ¿Quién dice que no? Si tu cuerpo es templo del Espíritu Santo. ¿Quién dice que no? ¿Tú crees que al Espíritu Santo le gusta aventarse una copita? No, ¿verdad? No lo veo ahí. Él es santo. vive en ti. Bendito Dios que sí. “Ay, hermano, es que yo acepto todo, pero a mí que no me quite el área de las mujeres o de los hombres. Es más, yo hasta predico, pero a mí sí me gusta andar de noviero, ¿eh? O de noviera. Yo en eso no. No, hermano”. Espérate, ¿qué no le perteneces tú a Cristo? ¿Que no el Señor te dice que no te unas en yugo desigual? ¿Qué no te dice la Biblia que vivas en integridad y en decoro? “Ay, hermano, pero ¿qué tanto es tantito?” Pues ese tantito es muerte, porque la paga del pecado es muerte. “Sí, pero luego me arrepiento”. Dice el Señor, “tendré misericordia del que yo quiera y del que no quiera no tendré misericordia

15 Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. 16 Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. 17 Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. 18 De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.

Romanos 9:15-18

No te confíes en que cada que te arrepientes por pecar en lo mismo, Dios te va a seguir. Ah, hermano, pero también dice la Biblia que el Señor no desprecia un corazón contrito y humillado” Y yo te digo amén. Pero el corazón contrito y humillado se levanta del altar diciendo, «No vuelvo a pecar» No se levanta diciendo, «Nos vemos en ocho días para otra vez que me perdones» No. Un corazón contrito y humillado se arrepiente y no vuelve a pecar. Lucha por no pecar. Se muere por no pecar, porque no va a ofender al Señor. Entonces, si tú dices, «Ah, es que mi corazón está humillado y contrito» Y a los 8 días, a los 3 días, a los 15 días vueles al mismo pecado, ese corazón está engañando.

12 Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, 13 porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

Filipenses 2:12-13

La palabra del Señor dice que nos ocupemos de nuestra salvación. Vive como hijo de Dios. Vive como hijo de Dios, “hermano. Es que en mi barrio no, yo soy barrio”Y eso qué, “hermano, es que en mi barrio si te avientan te tienes que aguantar”. No, hermano, tienes dos opciones. O eres luminaria en tu barrio o te sales del barrio. Dile al Señor que te saque del barrio, o que saque el barrio de ti, ¿no? Luego pasa que sí. Salimos del barrio, pero el barrio no sale de nosotros.

Entonces, ocuparnos de la salvación, hermanos, aquí Pablo usa con temor y temblor porque debe ser algo prioritario. Sí, debe ser algo que no puedes postergar, debe ser algo que te debe ocupar inmediatamente. En ese sentido Pablo hace ese llamado a esta congregación, a la iglesia de Filipo, a quien está escuchando, para que podamos ocuparnos de lo que Dios demanda. Y obviamente lo que más demanda el Señor es nuestra fe. Sí. Si tenemos fe, entonces le creemos. ¿Por qué se requiere fe para todo? Imagínate que alguien te ofenda. Si tú tienes fe en que eres hijo de Dios, ¿cómo contestan los hijos de Dios? Sin ofensas. Pero si tú no tienes fe en que eres hijo de Dios, ah, pues te va a salir el apellido. Tenemos que tener esa esa sentez.

13 porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

Filipenses 2:13

Aquí se acabaron los pretextos. “hermano, Es que yo quiero servir”Dios ya ya te capacitó”No, hermano”, claro que sí. Si Dios puso en tu corazón el querer, es porque Él ya te puso el cómo hacerlo. Dios pone en nosotros el querer como el hacer. Si tú me dices, «Hermano, es que yo no puedo predicar”, sí puedes, pero no quieres. “Hermano, es que yo no puedo servir con los niños” Sí puedes, pero no quieres. “Hermano, es que yo quisiera tocar”. Ya el Señor al ponerte ese deseo, ya te puso la capacidad para entenderlo.

Todos nosotros debemos comprender algo maravilloso. Dios nos capacita sobre la marcha. Algunos trabajos, ustedes lo saben, no puedes trabajar hasta que te capacitan una o dos semanas y después de la capacitación te hacen exámenes y te dicen, «No, no pasaste”, desperdiciaste tus dos semanas. En Dios no. Él te llama y te dice, «Sírveme”, “Señor, capacítame, pero primero dime a dónde voy”. “Camínale, es por fe”. “Ay, Señor, pero es que tú sabes que soy cobarde. Tú sabes que me da miedo”, tú sabes que debes creer. Es fe.

Cada uno de ustedes cuando siente el deseo de Dios en Dios, que pone aquí en tu corazón de hacer algo, no lo dudes, porque Él ya puso en ti el querer como el hacer. ¿Cuándo te debes preocupar? “Es que yo no quiero hacer nada”. “Hermano, sean instructores”No, no me cambian los niños, por eso no tengo hijos”Hermano, vamos a capacitar para pastores” Ay, no, qué flojera”, “hermanos, vamos a salir a predicar”,uy, yo no sé hablar”Hermanos, ¿quién hace el aseo?”Ay, yo no”¿Quién hace talento?”Ay, no, yo no sé cocinar”.

Hermano, ¿qué quieres hacer? “sentarme a escuchar a ver qué onda”. Cuando te debes preocupar es cuando Dios no pone en ti nada. Entonces, quizás Dios no está en quizá. Porque Dios siempre pone el querer como el hacer y Él nos enseña qué hace falta. Él nos enseña en dónde debemos ocuparnos. Él nos enseña algo muy simple, muy básico. Visitar a tu hermano, Simple. “Ay, pero ¿qué le digo?” Nada, solo dile “Dios te bendiga”, ora por él y vete a tu casa. No hay más. Con eso que tú hagas, ya fuiste bendición a otros. Dios puso en ti el querer como el hacer.

Es simple en el reino de Dios, pero es difícil que los humanos lo entendamos. Deja que Dios te mueva. Deja que Dios lo haga. “Hermano, ¿y si fue un pecador y ya fallé?” “¿Dios sigue poniendo en pie en querer?”, “Sí”, “Todavía tiene misericordia de ti, dale, órale, levántate, ponte a servir. Que Dios vea en ti ese ese siervo, ese gusto y gratitud y amor por él”.

14 Haced todo sin murmuraciones y contiendas, 15 para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; 16 asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado.

Filipenses 2:14-16

Algo que mata a las iglesias, a las familias y a todas las relaciones. son las murmuraciones. Las murmuraciones generan contiendas. ¿Qué es una murmuración? Va desde un “chismecito santo”, hasta un juicio, hasta un señalamiento, hasta una agresión. Se vale decir al hermano si algo no te gusta, pero díselo al hermano. Eso no es una murmuración. No vayas a pelear. Dios no nos llama eso. Haced todo sin murmuraciones. Que el pastor te pidió algo, tienes dos opciones, murmuras de él o vas a preguntarle al Señor.

A veces nos justificamos para murmurar. “Es que no lo sabe hacer. Es que yo tengo más experiencia” En lugar de murmurarlo ve y ayúdale. Tienes esperiencia pero te falta amor. Tienes experiencia, pero te falta humildad. Tienes experiencia, pero te falta amor fraternal. Acércate, ayúdale, apóyalo. Dile al hermano, “¿cómo le ayudo, hermano?”

Todo sin murmuraciones y contiendas. No debemos pelear. Somos el cuerpo de Cristo. Y de verdad parece algo bien ilógi co, pero a veces es verdadero, si tú te empezaras a pegar, o que le dijeras a tu pie, «No sirves» y le empezaras a pegar con la pared. Pues es muy raro que alguien lo haría, le llamaríamos locura. ¿Por qué te pegas? ¿Qué no te amas?, cuídate. Y en la iglesia todos somos un cuerpo en Cristo y a veces nos estamos golpeando. Es que esto no. Es que para qué, es que esto no sirve. Acércate a las personas indicadas y pregúntales. Me conocen y saben que yo no soy de pleito y saben que yo tampoco voy a cerrar mi ministerio a ustedes. Si ustedes preguntan, “hermano, ¿por qué hace tal cosa?” les voy a decir, puede ser que lo crean, puede ser que lo validen o no, pero les voy a dar una razón. Pero no debe haber murmuraciones, no debe haber contiendas.

Cuando se acercan las personas correctas a preguntarle a las personas correctas, todo fluye, todo está en la paz del Señor. Pero no murmuremos, y yo ahí sí puedo decir, gracias a Dios, en esta iglesia casi no tenemos eso. No puede ser que somos perfectos porque mentiría, pero de verdad en esta iglesia Dios nos ha librado de tantos chismes, de murmuraciones y de contiendas. La gente que ha llegado a ser contenciosa, gracias a Dios, se ha retirado por voluntad propia. Eso es bueno para la iglesia, pero no quiere decir que nos olviden orar por ellos, porque si se fueron por contenciosos, se fueron por un chisme, Dios necesita en donde quiera que estén perdonarlos y salvarlos. Así que no se olviden de orar por aquellos que ustedes se acuerden. Ya no están aquí, Dios sabe, pero no podemos sacarlos de la vida eterna, ayudemos y oremos por ellos.

«Para que seáis irreprensibles y sencillos hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo”. Qué bonito, aquí, hermanos, volvemos a a unos pasitos atrás. Por fe sí podemos ser luminares en el mundo. ¿Qué debemos reflejar? El carácter de Cristo. ¿Cuál es el carácter de Cristo? lea los evangelios, hermano. Usted vea cómo le gritan, cómo lo temen, cómo no le creen, cómo lo quieren humillar. Y el Señor tenía sabiduría, tenía amor, tenía paz, era de eh de firme en sus decisiones, no se dejó vencer por el pecado el tentador, aunque lo traicionaron, siguió adelante. Pedrito no tiró a cortarle la oreja, tiró a matar a Malco, le dio un machetazo y el Señor bien humilde. “Tranquilo, Pedro, tranquilo, cálmate”. Y a Malco le arregló la oreja.

Entonces, ustedes y yo estamos reflejando el carácter de Cristo. Lo hemos dicho mil veces, una vez más, no estará de más. Exprimes un limón, le da jugo de limón. Exprimes una naranja, le da jugo de naranja. Cuando exprimes al cristiano, debe salir amor, debe salir paz, debe salir sabiduría. El carácter de Cristo. ¿Cuándo exprimes al cristiano? Cuando tiene problemas, cuando llegan con chismes, cuando llegan con problemas en el hogar, cuando tienes un enfermito en casa, cuando perdiste el trabajo. Ahí cuando te está presionando la vida, debe salir el carácter de Cristo. Eso es ser luminarias.

A veces llegamos y “Dios te bendiga. Gloria a Dios”. Y en casa ni saludamos, en casa ni nos involucramos. Como hijos adultos debemos debemos bendecir a nuestros papás ¿y los bendecimos? “Ah, es que tiene cita en el doctor, que la lleve alguien más. Ah, es que no tiene zapatos, pues a ver quién la compra” ¿Por qué son nuestros padres? Ah, es que mi hermano tiene problemas. Ah, es que él es un pecador. Que Dios lo ayude. con qué ore por él” ¿Es en serio? pues Jesús hubiera pedido al Padre por nosotros desde allí arriba y no hubiera tenido que estar aquí aguantándonos. Y no es así. Vemos los problemas en casa y ¿qué hacemos? Mejor me aíslo, Mejor me voy.

¿Cuántos de nosotros somos carga para nuestros papás, para nuestras familias? Siempre estamos peleando, siempre estamos molestos, siempre estamos buscando el sacar ventaja. Muy difícilmente es yo aporto, yo doy, yo hago, no es “¿y quién va a dar?, ¿y quién esto? y ¿por qué el otro no da?” A ver, que no sepa tu mano derecha lo que hace tu izquierda. Tú bendices, se acabó. ¿Quiénes de nosotros estamos al pendiente de nuestros padres, de nuestros hijos? “Ah, no, yo por eso soy felizmente divorciado”. Eso no te quita la responsabilidad del padre si tuviste hijos. Si te divorciaste y tuviste hijos, aunque te hayas divorciado ante el papa, ante quien tú me digas, sigue siendo padre. Y esa responsabilidad nadie te la va a quitar. “Ah, hermano, usted lo dice”, no lo dice la Biblia.

Somos de verdad luminares donde nos movemos. ¿Cómo nos conocen en nuestro trabajo? Cuando tú llegas traes buena vibra, todo se pone un padre, tú eres alguien que resuelve, a todos les caemos bien. O es todo lo contrario. Eres de los irresponsables. faltas cada que quieres, no cumple el trabajo, no has tenido promociones.

¿Cómo somos? ¿En dónde nos movemos? ¿En el hogar? ¿En el trabajo? ¿En tu colonia? ¿Cómo te ven en tu colonia? ¿Qué dicen? “No, es que ahí se la pasan peleando. No es que ahí ni te acerques este vecino”, o te dice, «No, la señora siempre una cuando tú tienes necesidad, ella te regala tortillas, te regala algo, ellos son de los que siempre saludan, sus hijos sí siempre están en su casa ahí en orden” o “no, aquí están gritando, aquí corren droga, aquí hay un dealer adentro”. ¿Cómo nos ven? ¿Cómo podemos impactar al mundo? si no les muestro lo que Dios ha hecho en mí, “ah, es que Dios no ha hecho nada en mi Entonces preocúpate porque no vas a entrar al reino de los cielos. Si Dios no ha hecho nada en ti, no tienes nada que transmitir, preocúpate. No eres salvo, porque la salvación transforma. El ser hijo de Dios cambia. Y no digo que seamos perfectos. Yo también tengo diferencias con mi esposa. A veces me tengo que poner firme con mis hijos. Les tengo que llamar la atención. Pero eso no quiere decir que no seamos cristianos.

No hay matrimonio perfecto, no hay hijos perfectos, no hay esposo perfecto, no hay mujer o esposa perfecta. El único perfecto y suficiente es Cristo. Pero tuviste una diferencia ahí. ¿Qué haces? Te quedas ahí y vas guardando rencor, ¿vas guardando odio o vas y le dices, «Arreglémoslo a mí, oremos» Y reconoces maduramente que te equivocaste y que tienes que pedir perdón con tus hijos. Hay veces que sí les tienes que jalar la oreja. “Es que yo me quiero ir de pies”, es que no, no va a pasar.

Somos luminares en nuestra casa, no nada más una velita, no nada más la luz del celular que es intermitente, Luminares que estamos reflejando el carácter de Cristo. Eso depende de ti. Dios está en tu corazón. Él puede mostrarse al mundo tal y como es. No depende de las circunstancias, depende solamente de ti. Para que haya pleito, se requieren dos. Yo no quiero pelear, soy prudente. Dar gracias a Dios por lo que tenemos y no lamentarnos por lo que no nos dio. Dios, gracias por el frijolito. Dios gracias por el taquito. Dios gracias por el ayuno. Dios gracias. Ah, es que Dios no me da, es que yo no tengo, es que como a otros les da, es que…” a otros les da también por su esfuerzo, tenemos que esforzarnos, que es algo como pastor que yo digo, deben esforzarse, hermanos. Está muy mal cuando no hay un esfuerzo. “Es que yo veo que al hermano Dios lo bendice porque se esfuerza y por qué ha mi no” porque no quieres ir a trabajar. Es que, hermano, veo que la la hermana tiene un bonito hogar”. Sí, pero sabes cuánto tiempo ora, sabes cuánto tiempo ayuna, sabes que está sujeta a su esposo, sabes que lo respeta, ¿Y tú? “no, a mí me la hace y me la paga”. Pues cómo.

¿Queremos la bendición?, sí, pues paguemos el precio de la fe, del amor, de la oración. Dios quiere que seamos luminares, no una velita, no una luz intermitente que se apaga y de repente prende y de repente se apaga, sino luminares en un mundo y una generación perversa. Y esa Esa sí la tenemos. De esa ya ni hablar. Pero debemos ser luminares, tú y tus hijos.

Y aquí voy a abrir un pequeñito paréntesis. ¿Sabes que todos nuestros niños en la fogata se encontraron con Dios? Todos, gloria a Dios. Y como papá, ¿qué vas a hacer?

Mínimo traerlos, “Ah, es que hay un cumpleaños. Ay, es que esto”. Al rato que tus hijos se olviden de este encuentro y pongan en su corazón otros ídolos, otras prioridades, No te quejes. Cuando empieces con el vicio, cuando empiece con la fornicación, cuando empiece a tener otros ídolos, no te quejes, porque tú lo estás permitiendo.

Nuestro deber como siervos de Dios, como congregación, era llevarlos a eso, a que se encontraran con Dios y a seguirlos instruyendo. Pero los tenemos dos horas a la semana, tú los tienes toda la vida. ¿De quién será la responsabilidad? De los papás. Todos nuestros niños, para gloria de Dios, se encontraron con Dios. Yo como pastor no estoy dispuesto a que se apague. Y ayer tuvimos una oración bien bonita para los que estuvimos aquí. Una oración muy bonita con nuestros niños y así vamos a seguir porque es mi deber como siervo de Dios, pero es tu responsabilidad como papá que eso no se apague.

Es más, les voy a dar un testimonio. Uno de nuestros jóvenes recibió el Espíritu Santo. Gloria a Dios. Dios sigue bautizando con el Espíritu Santo. Yo no voy a dejar que se apague, pero es responsabilidad nuestra como papás que lleguen a la eternidad. ¿Quieres que tus hijos sean luminares? préndete tú primero y enséñales a ser luminares. Compárteles de esa luz. No va a llegar por milagro, va a llegar por tu testimonio, tu ejemplo y tu entrega a Cristo. Unos tienen bebés chiquitos otros ya no están tan chiquitos y ya resongan y ya gritan. Aún ahí tienes que ser luminar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio