Transcripción del tema impartido el 7 de julio 2024
El capítulo cinco del libro de Mateo es conocido en la mayoría de las Biblias como el sermón del monte. Pero el Sermón del monte abarca desde el capítulo cinco, hasta el capítulo siete. Fue un sermón impactante que duró horas.
24 Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó. 25 Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán.
Mateo 4:24
1 Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. 2 Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:
Mateo 5:1-2
En estos pasajes entendemos, amados hermanos, que el Señor Jesús al estar en esta tierra, todo lo hacía con un propósito, todo tenía un fin, y ese fin era anunciar el evangelio, decirle al mundo un mensaje que a todos nos sigue impactando, El reino de los cielos se ha acercado y nuestra parte es arepentirnos.
Jesús y Juan el bautista siempre enseñaron que el reino de los cielos se ha acercado, a través de Jesús. No fueron los ángeles, no fueron enviados, vino el mas grandioso del reino de los cielos y el se acercó a nosotros. El día de hoy Jesucristo se sigue acercando a nosotros.
Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria,
Y el hijo del hombre, para que lo visites?
Salmos 8:4
En comparación a Dios, somos polvo y miseria, se oye feo, pero así es, estamos hechos de polvo y nuestra condición separada de Dios nos hace miserables, nos hace enemigos de Dios, nos hace pecadores. Pero cuando Dios se acerca a nosotros y nosotros en ese acto de fe y Él en su perfecta voluntad nos hace sus hijos, viene la vida a ser gloriosa, por que entonces somos hechos hijos de Dios, y este polvo y miseria se convierte en un príncipe del reino de los cielos, se convierte en un sacerdote, se convierte en un hijo, pero también se convierte en un siervo del Señor.
Cuando Cristo se acerca y le abrimos la puerta, y el en su grande amor nos salva, nos redime, nos justifica, nos adopta, somos hechos hijos de Dios. Y aun siendo hijos de Dios somos imperfectos, seguimos pecando. Puede ser que ya no sea nuestra forma de ser, ya no estamos esclavos al pecado, pero seguimos siendo falibles. Dios nos bautiza con el Espíritu Santo, nos llama a un ministerio, nos levanta, Se glorifica, y aun así nos seguimos equivocando. Eso es lo maravilloso de nuestro Dios. Si usted ve a otros Dioses en otras culturas pedían perfección o sacrificio. Pedían dinero, y nuestro Dios no pide nada, al contrario, nos da, nos perfecciona, abre su corazón, no nos pide sacrificios, nuestro Dios es el único Dios verdadero. Dice la Biblia, los demás son ídolos.
Saber que en la semana, ayer, hoy, se equivocó, a pesar de todo, Dios está aquí, y está aquí para acercarse a nosotros, siempre y cuando lo busquemos, de todo corazón. Y cuando lo encontramos, no esta con una cara triste o una cara regañona o con el látigo y espada en la mano, está con los brazos abiertos para abrazarte, para consolarte, para limpiarte, para perdonarte, y si también, para ordenarte, para disciplinarte, para corregirte, pero jamás para destruirte. ¡que maravilloso es nuestro Dios! Por que Él nos disciplina y nos corrige, no para muerte, sino para vida y protección. Ese mismo Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos de los siglos.
Así que usted, en esos ojos de la fe, vea a Jesús aquí, con nosotros, hablándonos, acercándose y diciéndote por tu nombre: “tu eres mi hijo y yo te quiero hablar, tu eres mi hijo y yo quiero que me escuches” olvídate de todo lo demás, deja que el Señor actúe, deja que Él haga. Por que si llegaste aquí y no te llevas nada del Señor, estas desperdiciando tu tiempo. Pero si dejas que Dios te hable, que Dios te dirija, que te sane, habrás hecho la mejor elección de este día.
Las Bienaventuranzas
Bienaventurado proviene de la palabra griega makarios que quiere decir, bendecido, sumamente feliz, bendito.
Bienaventurado nos recuerda a algo bonito, que te va a ir bien, poder ser feliz constantemente, siempre bendecidos. La bienaventuranza no es algo momentáneo, debe ser algo permanente. La bendición de Dios debe ser constante. No podemos decir “Dios me bendijo aquí y toda la semana me fue mal” La bendición de Dios permanece, se queda. Entonces ¿por que no siempre estamos felices? Por que somos nosotros los que apartamos nuestros ojos de la bendición de Dios.
19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
Mateo 19-20
Él esta con nosotros todos los días, pero nosotros no permanecemos con el, durante el día nos distraen cosas del mundo y nos salimos de la bendición de Dios. Compartimos nuestra alma, nuestro tiempo con algo que no es Dios. ¿Es mala la música? Si permitimos que esté por encima de Dios, claro que si, y se llama idolatría. ¿El trabajo es malo? Si el trabajo está por encima de Dios, de sus leyes, y aquí se queda, si, esta mal, y también es idolatría. ¿Debemos robar? No, y hay muchas disfrazadas que también son robar: aceptar sobornos, beneficiarse de manejos contables, el fraude, el peculado, tomar un lápiz en la oficina por que le sirve a nuestro hijo, etc.
Ponemos el pecado antes que a Dios, pero del trabajo nos dicen que no, por que hay prioridades, ¿quién es Dios en ese momento? El que está en primer término, ese es tu Dios. No quiere decir que debamos ser irresponsables, solo que Dios tiene prioridad. Tal vez después de las cosas de Dios tengamos que ponernos al día en el trabajo, si se tiene que hacer, se debe hacer, pero la prioridad es Dios.
Dios nunca ha perdido una batalla, si ponemos a Dios en primer lugar, Él nos dará lo que necesitamos. Tenemos que poner a Dios en su lugar para que la bendición sea permanente, sea constante, esa felicidad, esa bendición, esa dicha, ese gozo permanezca.
Todas las bienaventuranzas están muy bonitas, pero ¿por qué no las palpamos, por que no las gozamos? Por que las desechamos, las despreciamos, nosotros mismo las desvalorizamos. La palabra de Dios ahí esta, y está para sus hijos, pero nosotros, ¿dónde hemos dejado a Dios?
Hermanos, ¿queremos la bendición de Dios? ¿que sea real? ¿que sea verdadero? Pero no recibimos las bendiciones constantes por que todos los días, con nuestras actividades, hacemos a un lado a Dios. Si no ponemos a Dios en primer lugar, alguien mas nos “complacerá”, pero no será Dios, y al no ser Dios así como lo tenemos, así se ira.
En todos los lugares podemos honrar y deshonrar a Dios, con la honestidad en nuestro trabajo, con nuestro trabajo en casa, con nuestra actitud hacia nuestra familia y nuestros hermanos. Con nuestra actitud llegamos a deshonrar a Dios aún en la congregación, no tratando como se debe a nuestros hermanos. ¿No Dios nos llamó a ser un solo cuerpo en cristo? ¿no nos llamó a amarnos y perdonarnos? ¿De que nos damos cuenta? No es el lugar ni la circunstancia, somos nosotros los que decidimos permanecer en la bienaventuranza, en la dicha, en la felicidad, o decidimos romperla y separarla. No el el esposo, ni la esposa, ni el jefe, ni el presidente ni el pastor… somos nosotros.
Lo anterior nos sirve para poder decir… “en Dios, todo lo puedo” Si en Dios decidimos perdonar, si podemos perdonar. Si en Dios decidimos no volver a tomar lo que no es nuestro, si podemos. En Dios decidimos poner a Dios en primer lugar y tener esa fe, si podemos, por que Dios está de nuestro lado.
Entonces no culpemos a nadie. No digamos que a Dios le falto fe, o que Jesús ya no está, o que son las circunstancias, nosotros somos los responsables de recibir la bienaventuranza y permanecer ahí, o de rechazarla. Cada uno de nosotros somos responsables. ¿De que sirven las bienaventuranzas si no nos decidimos a recibirlas, a vivirlas y a mantenernos? Sin duda fue un bonito sermón, podemos imaginar al Señor Jesús en el monte, bajo un árbol, todos sentados en el pasto bien atentos, Él hablando con su voz fuerte diciendo “¡bienaventurados!”, impactando al corazón. Pero ¿después que hicieron muchos? Se fueron, lo negaron, lo juzgaron y lo crucificaron, y nosotros ¿qué vamos a hacer? Hoy nos va a hablar el Señor, y nosotros ¿qué vamos a hacer? ¿Seremos como esos apóstoles que se quedaron, o como los demás que se fueron? Cada uno de nosotros lo decidirá.
Mateo 5:3
3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Mateo 5:3
Los pobres en espíritu no son víctimas, no son los que están “tristeando” o lamentándose. Los pobres en espíritu somos todos los que tenemos una necesidad de Dios. Nada nos puede satisfacer sino la presencia de Dios. Una persona soberbia no quiere saber de Cristo, piensa que no lo necesita, ni su sanación, ni lo reconoce como rey, ni requiere su cuidado ni su paz, ni nada de Dios. Todos los que nos congregamos, alguna vez fuimos pobres en espíritu por que reconocimos que necesitamos a Dios. Y esa es la esencia de ésta bienaventuranza, ¡Felices los que me necesitan, por que de ustedes es el reino de los cielos! ¡Gloria sea a Dios! Por que aquel que no necesita a Dios tampoco va a entrar al reino de los cielos.
Muchas personas no cristianas nos preguntan, ¿por que tu Dios, siendo todo amor no me va a dejar entrar al cielo? Y la razón es por que Él está en el cielo, Él está en el reino, Él es el mismo reino, tu en esta tierra no quieres estar con Él, ¿para qué quieres una eternidad con alguien así? Dios no lleva a nadie a fuerza, el amor es legítimo, si queremos estar con Dios, desde ahora lo manifestamos. Queremos cantarle, queremos leer la Biblia. ¿Para que quiere una persona estar con un Dios santo, un Dios verdadero, un Dios que no te permite pecar, un Dios que te va a decir “sírveme”, un Dios que te va a pedir “adórame”, si desde ahorita que la persona ejerce su libre voluntad decide no hacerlo? ¿para qué quiere esa persona estar una eternidad con Él? No hay razón, y Dios no es irracional, la irracionalidad viene de las personas necias que quieren siempre ganar en su egoísmo y se dicen: “yo quiero hacer y deshacer, vivir, tener placeres y al final me quiero ir a descansar al cielo” Eso no va a pasar, no por que nadie lo diga, sino por que la palabra de Dios así lo enseña.
Entonces, todos los que estamos en la iglesia somos pobres o fuimos pobres de espíritu, por que hoy Dios nos ha llenado plenamente. Ahora somos ricos, pero seguimos teniendo una necesidad de Dios.
11 Después se quitará sus vestiduras y se pondrá otras ropas, y sacará las cenizas fuera del campamento a un lugar limpio. 12 Y el fuego encendido sobre el altar no se apagará, sino que el sacerdote pondrá en él leña cada mañana, y acomodará el holocausto sobre él, y quemará sobre él las grosuras de los sacrificios de paz. 13 El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará.
Levítico 6:11-13
Cada mañana son nuevas todas las mañanas. Así como los sacerdotes cambiaban el leño todas las mañanas por leño nuevo, así tenemos que comportarnos en relación a Dios. Dios, éste día, ¿qué quieres para mi? No podemos vivir de las experiencias pasadas, no podemos decir “hace 40 años Dios me salvó”
Es también inconsistente decir “hace 40 años Dios me salvó pero todavía no decido bautizarme”, ¿por qué? En ocasiones la gente dice “no quiero compromisos” Esta es una forma equivocada de plantear la relación con Dios. Él es Dios, el manda, el bautismo no es un compromiso, es un mandato.
16 El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.
Marcos 16:16
Cuando el cristiano no se bautiza, es por que no quiere, ¿cómo entonces ese cristiano vive su vida en Dios? Por que Dios a todos nos pidió que nos bautizáramos.
En cuanto al servicio, el cristiano en ocasiones no quiere servir. “yo no se servir, yo no se limpiar bancas yo no se enseñar, yo no se cocinar, yo no se arreglar cosas…” ¿no puedes o no quieres? ¿consideras que lo que Dios te dio hace un año, hace diez años, hace 20 años… fue todo? No es así. En Dios cada mañana son nuevas sus bendiciones, sus promesas. Dios no pone al pastor de la noche a la mañana, el Señor va llevando a la persona, le puede por ejemplo pedir a la persona primero fidelidad, después le pide que se bautice, después le pide servir, en diferentes funciones, quiero que estudies, quiero que crezcas, después serás asistente… al final la persona es siervo del Señor y lo levanta como pastor, y todas las mañanas son nuevas Sus bendiciones.
Cada mañana son nuevas sus bendiciones, así que el que diga que hace años lo salvó el Señor, y no se ha bautizado, y no quiere servir, y no quiere crecer, está planteando mal ésta bendición de Dios, está planteando mal ésta bienaventuranza, y seguramente el reino de Dios no es para ésta persona. La bienaventuranza habla a los que necesitamos a Dios, y si necesitamos a Dios le preguntamos a Dios que debemos hacer. La labor de la iglesia es cuidarnos los unos a los otros, y como iglesia ya tenemos un compromiso, servir a Dios, honrar a Dios y amar a sus hijos. Si una persona que no quiere compromisos con Dios, la iglesia no es su lugar, por que la iglesia tenemos compromisos con Dios, lo aceptamos, lo creemos y lo practicamos los unos a los otros.
Todos necesitamos de Dios, todos los días, por que todos los días se renueva el altar de Dios, todos los días debe haber fuego nuevo, fuego limpio, todos los Días debe haber la unción de Dios sobre nuestras vidas. Los que somos padres sabemos que todos los días tenemos que estar al pendiente de nuestros hijos, desde que nacen, hasta que se mueren.
Al final del día, todos los días necesitamos a Dios, todos los días son nuevas las bendiciones de Dios, por eso todos los días debemos preguntarle: ¿Señor, que quieres que haga? De lo contrario entra la soberbia, la religiosidad.
¿Cuantos de nosotros hemos orado por algún familiar por años sin cesar y con paciencia ? Hoy día es muy fácil desprendernos, “¿no me quieres?, ¡me divorcio!”, “¿no me quieres?, ¡me voy!” aun en esos problemas difíciles oramos por aquellos que amamos, para que Dios lo.salve, lo liberte, lo sane. Por que el amor de Dios no se puede apagar, o bien se apaga cuando nos separamos de Él. Dios es amor, y el que vive en amor, vive en Dios, y Dios en él. Si no tenemos a Dios, no podemos tener amor.
Todos fuimos pobres, pero seguimos teniendo la necesidad de Él. Dios no nos da un cheque en blanco para gastarlo como queramos, Dios nos Dice “me tienes a Mí, toma de Mí” Cuando necesitamos paz, cuando necesitamos amor, cuando necesitamos para las cosas materiales en nuestro diario vivir, pero vamos y tomamos de Él. No nos hace menos el hacerlo, nos hace humildes y entender nuestra posición, Él es Dios y nosotros le rogamos y suplicamos para que Él nos dé, para que Él haga, para que Él obre. A Dios se le ruega, se le suplica, se le clama (no se le reclama), todos los días. Entonces Dios nos dice “Bienaventurados sois, por que saben que tienen necesidad de Mí, y al reconocer esa necesidad me ponen en el lugar correcto, Yo Soy Dios, ustedes mis hijos y para ustedes es el reino de los cielos” Bendito sea el Señor. Pero tenemos que reconocer que todos los días debemos poner un altar nuevo para el Señor.
No vivamos de glorias pasadas, de situaciones pasadas. Cada mañana Dios es sobre nosotros, fiel y real, para darnos a probar nuevas bendiciones. Nunca creamos que somos autosuficientes, o que todo lo merecemos. Si queremos permanecer en esta bendición y heredar el reino de los cielos, debemos reconocer que todos los días debe haber un altar nuevo, una bendición nueva sobre nuestras vidas, entonces si, todos los que tenemos la necesidad de Dios, algún día heredaremos el reino de Dios.
Mateo 5:4
4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
Mateo 5:4
Todos hemos llorado, como hombres, por valientes que nos sintamos hemos llorado. De hecho, todos seguimos llorando, por que hay cosas en nuestros hogares, en nuestras vidas, que no se han resuelto. El abandono, la heridas emocionales, las enfermedades adictivas, otras enfermedades degenerativas que ya no sanan, y seguimos llorando. Llorar no es malo, lo que es malo es quedarse ahí, en el dolor. No nos quedemos en el dolor, alabemos a Dios, por que Él escucha.
Somos seres humanos, nos dolemos, nos preocupamos. Cuando lloramos nos referimos a sacar a Dios todo lo que nos acongoja, lo que nos duele. Por eso somos bienaventurados, por que hay alguien que nos escucha. No debemos refugiarnos con el consejo del amigo, o familiar, sobre todo si no es cristiano, por que el consejo será mundano. Con Dios debemos llorar. Pero si vas a llorar con Dios, Él te va a enseñar a corregir las cosas. Dios nos da esa apertura para llorar, para decir “Señor, ya no puedo”, “Señor, ya no aguanto”, “Señor, ¿por qué a mi?” Y Él nos va a enseñar el porqué. Dios nos va moldeando, nos va enseñando, pero hay que llorar con Él. Llorar no significa ir a llorar, ir a reclamar, ir a hacer un berrinche. Llorar es ir a sacar lo que nos duele en el alma y decir “Señor, ayúdame, séme propicio” Incluso Jesús lloró cuando murió Lázaro. No es malo llorar, pero hay que fijarse con quién se llora. No puedes llorar con cualquiera, por que alguien se aprovechará de ti, alguien te hará pecar, alguien te dañará y te separará mas de lo que te encuentras. Se vale llorar, pero debemos llorar con el Señor. Cuando nos acercamos a Él, Él nos consuela, Él está al pendiente de lo que necesitamos, y dice el Señor que antes de que la palabra esté en nuestra boca, Él ya la sabe.
3 Has escudriñado mi andar y mi reposo,
Y todos mis caminos te son conocidos.
4 Pues aún no está la palabra en mi lengua,
Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.
5 Detrás y delante me rodeaste,
Y sobre mí pusiste tu mano.
Salmos 139:3-5
Por eso Él es el mas grande Dios que existe en la tierra, por que antes de que vayamos, Él ya nos espera. Antes de que digamos, Él ya conoce. Antes de que le pidamos, Él ya sabe la solución. ¿y por que no la vemos? Pues por que no Le buscamos, por que no vamos.
El llorar a Dios nos genera una verdadera humildad y dependencia hacia Dios. Por que si Él no nos escucha y consuela, no hay nada ni nadie que lo pueda hacer. El llorarle a Dios nos genera una verdadera dependencia de Él.
5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
Juan 15:5
Si vamos a Dios de la manera correcta, y le lloramos, y le suplicamos, Él va a actuar, a veces no de la manera en que creemos, pero de que actúa el Señor, actúa. Él lo hace por que nos ama. Él llora con nosotros y sabe exactamente que nos duele. A veces Él nos previene y nos dice “ya no sigas por ahí, vas a acabar llorando, te vas a lastimar, te van a castigar, va a acabar esto en un pleito,…” pero no lo escuchamos. Aún así, cuando reconocemos que nos equivocamos, Él nos dice “¿ya vas a aprender? ¿ya sabes porque te dije que no lo hicieras?” y nos consuela y nos levanta, aunque Dios no va a taparnos nuestros pecados, el no nos va a dar la razón en algo indebido. Aún así nos va a consolar, pero nos va a enseñar, y jamás nos tapara nuestros pecados. Si pecamos nos dirá, “arrepiéntete, pide perdón” nos va a corregir, pero tenemos que llorar al Señor.
Habrá gente que no llora, tampoco es pecado, pero la bienaventuranza se refiere a que somos afortunados por que podemos desahogarnos, decirle quienes somos realmente, decirle, ya no aguanto, ya no puedo, me duele.
No siempre nos dirá que si, no siempre nos dará la razón, pero Dios siempre nos va a decir, Yo estoy contigo, todos los días de tu vida.
Hay que llorar con la persona correcta, y la única persona correcta es nuestro Dios.
También tengamos esa fe de Job, de Dios no se recibe solo lo bueno, o no se recibe solo lo malo, de Dios se recibe todo. Hay vacas gordas y hay vacas flacas, pero todas las vacas son enviadas por Dios, sólo hay que tener sabiduría para entender a las vacas gordas y a las flacas.
Si queremos ver la vida diferente, y ya no llorar sin sentido, debemos depender de Dios, debemos buscar a Dios, debemos humillarnos ante Dios. La palabra “humillar” ya no se quiere utilizar mucho en la calle pues se dice “nadie te puede humillar” pero nosotros sabemos que ante nuestro Dios si, y no es Él quien nos humilla, nosotros nos humillamos ante Él, por que Él es Dios. El llorar nos da la humildad, la confianza y la dependencia.
En medio del dolor, siempre surge la desesperación, y es de seres humanos, por que somos seres emocionales. Pero si hay una dependencia de Dios, todos los días clamamos a Dios. Cuando no tenemos una relación constante y permanente con Dios, nos desesperamos de mas. Pero si tenes una relación con Él, llórale, clámale, y seguramente encontraras consuelo y respuesta.
Mateo 5:5
5 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.
Mateo 5:5
Esta bienaventuranza es muy bonita, nos habla de una posición correcta para recibir la bendición de Dios. ¿quién es manso? El ejemplo más evidente es nuestro Señor Jesús, pero tomando otro ejemplo, podemos encontrar a Moisés.
3 Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra.
Números 12:3
Aún con todas sus esposas, aún con todos sus hijos, con todas sus responsabilidades, el se mantenía en calma, el no reaccionaba en la carne (excepto cuando le costó no entrar en la tierra prometida) No reaccionaba en las emociones, pero sometía su vida al Señor.
El ser manso es fundamental para recibir, para sembrar, para tener felicidad, para cumplir el propósito divino. La mansedumbre no se gana por arte de magia, se obtiene de rodillas con Cristo. La mansedumbre es entender y actuar. Al ser mansos estamos confiando plenamente en la respuesta de Dios. Una plena confianza y sumisión a Dios. Pero para llegar a la mansedumbre tenemos que tener palabra de Dios en la boca y en la mente. Cuando tenemos la palabra de Dios, el Espíritu nos transforma.
Para ser mansos, tenemos que tener esa confianza en Dios y en lo que Él va a hacer, en lo que Él determine en nosotros, y lo que Él determine, tendremos la plena confianza de que es lo mejor, por que nuestra confianza descansa en Él. Entonces recibiremos de Él la tierra.
Cuando estamos en el hogar y somos mansos, nuestros hijos crecen en un ambiente sano. Nuestros hijos pueden ver la verdadera calidad de hijos de Dios, pero debemos ser mansos.
Si no somos mansos, perderemos todo, hasta la salud. Si confiamos en Dios, dejaremos que Él haga lo que tenga que hacer.