Transcripción de la prédica del 21 de junio 2026

Resumen
En esta prédica se exhorta a los padres de familia a asumir su rol como líderes espirituales y responsables del bienestar del hogar mediante la valentía y el esfuerzo. Se enfatiza que la figura paterna debe reflejar el amor de Dios, evitando la cobardía y el maltrato para convertirse en un ejemplo vivo que guíe a los hijos hacia la fe cristiana. Se resalta que la presencia de Cristo en la familia es la herencia más valiosa, superando cualquier bien material o académico. Además, se invita a las esposas a reconocer y valorar el sacrificio del hombre, promoviendo una dinámica de apoyo mutuo bajo el orden divino. El mensaje concluye con un llamado a la perseverancia, asegurando que el compromiso de servir al Señor garantiza la salvación y el éxito integral de la descendencia.
Transcripción
Padres, dejemos de ser cobardes. Y lo dice un hombre, a otro hombre, no seamos cobardes. Los hijos nos van a sacar canas verdes a los que tienen cabello y a otros nos van a quitar el cabello. Nos van a poner en situaciones de de enfermedad, pero no puedes perder a tus hijos, son tus hijos.
¿Quisieras ver a tus hijos en el infierno? ¡no Verdad, Dios nos libre!, pero Dios nos da la clave. Esfuérzate, sé valiente, no te rindas con ellos, no te rindas con tu esposa, ¡no te rindas! Entonces, sí, algún día podrás decir, todo me salió bien porque mis hijos son cristianos. Mis hijos se casaron conforme al orden de Dios. Mis hijos son verdaderos hombres que no abandonan a su esposa. Mis hijos no son golpeadores. Mis hijas respetan a sus esposos. Mis hijas son mujeres en el orden de Dios. Entonces, todo salió bien.
Pero hoy podemos hacerlo. Hoy tenemos la capacidad en Dios para hacerlo. La pregunta es, ¿lo vas a hacer? “Es que mi esposa no me ayuda”. Somos los responsables de la familia. Si tu mujer te ayuda de verdad, alaba a Dios, Gloria a Dios. Y si no te ayuda, alaba a Dios y lucha por ella. Pero el responsable eres tú. El responsable como hombre eres tu. No podemos ni debemos acobardarnos. Qué fuerte palabra. No seamos cobardes “Estamos cansados” Ay, hermanos, todos estamos cansados, “hermano, es que ya no sé por dónde” Ah, mira, ahí hay una ruta que se llama Jesús. Y aquí está otra ruta que se llama la palabra del Señor. “Es que, hermano, no me siento amado”, Dios te va a amar.
Algo que a los varones nos duele mucho es que no nos reconozcan el esfuerzo, no nos reconozcan lo que hacemos por ellas. Es cierto. Y ahí es una exhortación a las hermanas, reconozcan lo que hacen ellos. No porque “el pastor que dijo que es la responsabilidad ahora. Pues ahora me tienes que dar ahora”. No tiene que, lo hace por amor, lo hace por ti, lo hace por los hijos. Reconócelo, abrázalo, bendícelo, apapáchalo. ¿Por qué? Porque te ama, porque está siendo valiente, porque se está esforzando, porque día a día sigue clamando a Dios por y por su familia. Ah, hermano, es que eso ya se acabó. ¡Pues préndele otra vez a la estufa, aviva ese amor y reconócelo! “Hermano, no se lo merece” No es de merecimiento, es de orden divino. Porque si vamos a merecimiento, nadie, y me incluyo, nadie puede entrar al reino de los cielos. Nadie haga lo que haga se merece el reino de los cielos ni el amor de Dios, nadie, hagamos lo que hagamos.
No es de merecimiento, es de orden. Y me sorprende Josué porque cuando recibe esta palabra, insisto, era un no era un muchacho, pero era un adulto joven y empieza a avanzar en la palabra, empieza a pelear. Se le conoce a Josué como un gran caudillo porque tenía estrategia. Fue el que rodeó la ciudad y gritaron y se cayó. Fue el que hizo la estrategia de aplastarlos, este, emboscarlos. Josué hizo, hizo, hizo. Y al final de Josué, cuando él termina su obra allá por el capítulo número 24, Josué se acerca al pueblo, les habla bonito y empieza a darles esa parte de todo lo que él ha hecho, de todo lo que pidió Dios delante de él y le pudo decir al pueblo.
18 Y Jehová arrojó de delante de nosotros a todos los pueblos, y al amorreo que habitaba en la tierra; nosotros, pues, también serviremos a Jehová, porque él es nuestro Dios.
19 Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir a Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados. 20 Si dejareis a Jehová y sirviereis a dioses ajenos, él se volverá y os hará mal, y os consumirá, después que os ha hecho bien. 21 El pueblo entonces dijo a Josué: No, sino que a Jehová serviremos.
Josué 24:18-21
15 Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.
Josué 24:15
No dijo Josué, «Pero yo sirvo a Jehová, ¿eh? Pero mi esposa ahí va. y sirve a Jehová” Josué dijo, «Escojan a quién servir, pero mi casa, mis hijos, mi descendencia, mi familia y yo serviremos a Jehová» ¿Puedes decir tú lo mismo? ¿Tu casa está sirviendo Jehová? ¿Quién sirve a Dios con su casa? Aquel hombre que se esfuerza, aquel hombre que es valiente, aquel hombre que guarda la palabra de Dios, aquel hombre que le dice al Señor, «Es mi bendición mi familia y no la voy a perder”. “Es mi bendición esta casa, estos hijos, esta mujer y no los voy a perder» Y estos hombres son los que dicen, «Los demás que hagan lo que quieran, pero mi casa y yo serviremos. al Señor”. ¿Te encantaría que tu casa sirviera a Dios?
He conocido hombres a lo largo del ministerio que son piedra de tropiezo a sus mujeres. Sus mujeres quieren venir a la casa de Dios. “No, me tienes que hacer el quehacer, no, me tienes que lavar, me tienes que alimentar, ya es muy tarde, no es muy de mañana, ay, todo el día en tu templo”. ¿Qué es eso? Mejor vente al templo con tu mujer y aprende lo que Dios está haciendo con tu familia. Los pastores o los instructores, “nenes, no al Halloween, nenes, no a estas cosas”. Y los papás, “¿por qué? Yo quiero que mi hijo se disfrace de de diablito, yo quiero que mi hijo se disfrace y salga a pedir dulces”.
Cuando venimos a la casa de Dios, les explicamos el por qué no deben hacer tal o cual cosa. A los niños les decimos, «No le grites a mamá y Respeta a tu papá”, “Ay, todo el día se la pasa gritando”. Mi papá me dice, «No le grites, pero le acaba de gritar”.
Tenemos a nuestros hijos. ¿Y qué quieres para ellos? Todos los papás, todos queremos una educación buena, universitario, maestría, doctorado. Queremos dejarles a lo mejor algún negocio, la tienda, la el negocio familiar, pero la mejor herencia que le puedes dejar es la presencia de Cristo en su corazones.
Porque tú te vas a morir y el dinero se acaba y a veces se cierran las oportunidades para la gente, pero Dios es fiel y Él permanece con tus hijos hasta la eternidad. ¿Quieres dejarles una buena herencia? Que conozcan a Cristo, que amen a Dios, que amen en sus caminos y entonces ellos podrán decir todo Salió bien.
Pero no es papá de un día, no es papá de un momento, es papá todos los días, a todas horas. Hay papás que nos acobardamos y decimos, «Ay, hermano, es que yo trabajo y todavía quieren que haga tarea y todavía quieren que haga y todavía, hermano, yo ya trabajé» si Dios tomara esa acción con nosotros, «Yo ya te bendije en la mañana, ahorita ya no, ya no hay comida, ya no hay cena, ya no hay salud, ya no No te cuido, que te asalten”, “ay, Señor, ¿por qué?”
Dios está ahí presente todos los días. Muchas veces tus hijos de verdad no quieren hacer tarea, quieren ver a su papá, quieren sentarse con su papá, quieren escucharlo, quieren saber que hay alguien que los va a defender, quieren saber que hay alguien que los va a abrazar, quieren saber que hay alguien que no los va a dejar y que aunque se equivoquen, aunque fallen, aunque en su juventud cometan errores, Papá los va a recibir y los va a ayudar a levantarse. ¿Apapachar el pecado?, no. ¿Tolerarles faltas de respeto?, no. ¿Dejarlos que sean flojos?, no. Pero sí levantarlos cada que se rindan. ¡Levántalos con tu ejemplo, con tus palabras!, levántalos. La persona más cercana a Dios para tus hijos eres tú. Y eso lo perdemos de vista.
Los niños chiquitos, 6, 7 años o más chiquitos, no pueden ver a Dios, no pueden tener o entendimiento de Dios. Son son bebés, son niños chiquitos y ven a Dios a través de ti y si tú no les enseñas Dios, ellos no conocen a Dios. A los 9 o 10 años ya empiezan a determinarse y empiezan a buscar a Dios y ven a Dios reflejado en su papá. “Es que Dios es mi papá, es como mi papá. Está fuerte, está grandote. No más. grande. Ah, pero mi papá es pegalón. Ah, pero mi papá es enojón. Ah, pero mi papá” No. Dios no es así. Y entonces viene el conflicto. “¿A quién le creo? ¿A Él o al que tengo enfrente?” Y cuando llegamos a la adolescencia, si nuestros hijos no conocieron a Dios, a través de tu vida, van a ser rebeldes contigo y van a ser rebeldes con Dios. “Es que no me escuchan”. Pues no, tú no escuchas a Dios, tú no te sometes a Dios, tú no te sujetas a Dios. No te van a escuchar. Pero si tú estás sujeto a Dios, van a cometer errores, pero van a volver a Cristo, porque tú nunca te has alejado del Señor.
Hoy que es un bonito día para recordar lo grandioso que es nuestro Padre Dios, también es un bonito día para recordar que Él nos pide esfuerzo. nos pide valor, nos pide una relación con Él y al final tú y tu casa sirvieron al Señor. Al final podrás decir, «Todo salió bien» Pero estas a tiempo. “Tengo hijos ya casados y adultos”. Pero tienes hijos, ¡hazlo! “No me quieren escuchar” Si tú escuchas a Dios, si tú te sometes a Dios, sí te van a escuchar. Créele a Dios, esfuérzate.
Si tu has sido un padre ausente, hoy tienes la oportunidad de ser un papá verdadero. Si has sido un papá a la mejor enojón, hoy tienes la oportunidad de ser un papá que hable bonito, que tus hijos no crezcan oyendo gritos porque van a buscar a alguien que les grite. ¿Te gustaría que a tu princesita, a salud, a tu nena, le gritaran, ¡Pero se la pasa oyendo que tú le gritas a su mamá” Eso es lo que va a buscar porque es lo único que conoce. Cuando bonito, pues se va a entregar y va a perder su dignidad. ¿Por qué alguien le habla bonito? Ámalas, haz hombrecitos.
Yo sé que todos los papás tenemos diferentes fuentes de ingreso. A los niños a lo mejor no le puedo enseñar a agarrar un martillo, a serruchar, a levantar un muro, porque pues me dedico a la oficina. Pero enséñalo a ser responsable, a que vaya por la despensa, ayudarle a mamá a lavar los trastes. Si tienes la oportunidad de enseñarle a levantar un muro, pues enséñale, pero enséñale, tú eres su papá. Y en teoría nadie más en esta tierra lo amas más que tú ni más que su mamá, y espero que así sea.
Quisiera, hermanas, que hoy, usted como mamá, los nenes, oremos por estos hombres. Necesitan el respaldo, necesitan la bendición. Necesitan el descanso, necesitan que les reconozcamos que se están esforzando, necesitan ellos también sentirse amados y nosotros como hombres seamos valientes, ¡somos hombres! y los hombres estamos hechos de un material llenos de resistencia, llenos de fe, llenos de fortaleza. Se oye feo, pero somos como esos burritos que ya se cansaron. Pues seguimos jalando la carrera y la seguiremos jalando. hasta que muramos. Sí. Y las hermanas serán esas mujeres que nos ayuden, nos bendigan y le estén acercando al burrito el sustento diario, emocional y físico para seguir adelante. ¿Quiere usted orar, hermano? Para que el Señor le bendiga, para que el Señor le dé valor, para que el Señor le dé fortaleza y entonces sí podamos decir, «Más mi casa y yo serviremos al Señor.»