Transcripción de la prédica del 7 de junio 2026

Resumen
Ésta prédica aborda el perdón y la misericordia como pilares fundamentales para alcanzar la sanidad espiritual y emocional. Se utilizan figuras bíblicas como José y el Rey David para ilustrar que perdonar no es un sentimiento pasajero, sino una decisión judicial y un mandato divino que libera al creyente de la amargura. Se enfatiza que la misericordia de Dios es la base para restaurar la relación con el Creador, lo cual debe replicarse en los vínculos humanos sin guardar rencores ni llevar cuentas de las ofensas. El texto advierte que un corazón malvado u orgulloso impide recibir la gracia divina, mientras que el acto de perdonar transforma a la víctima en un ser libre. Finalmente, se concluye que practicar el perdón es una responsabilidad cristiana esencial para la salvación y la convivencia armoniosa dentro de la comunidad y la familia.
Transcripción
¿Cuántos han tenido problemas en la semana? Luchas, momentos donde los han hecho menos, donde no los han valorado, donde les han dicho que no sirven, donde les han dicho que no valen nada. ¿No los han hecho sentir así en la semana? Fíjense que Dios es tan grande y tan amoroso. que cada día que vamos a Él, Él nos escucha. Y aunque a veces pensamos que Dios no nos responde porque se queda callado y guarda silencio, no quiere decir que no nos responde, quiere decir que es paciente para darnos la respuesta, porque a veces Él nos puede dar un no por respuesta. No siempre es un sí. A veces van a ser un no.
Yo creo que todos los que estamos aquí que ya tenemos más de 20 y hemos pasado por muchas cosas. Quizás algunos de los que hemos pasado aquí estamos pasando por un divorcio, hemos pasado por una pérdida de un familiar, un ser querido, muy amado. Quizás hemos pasado por la pérdida de un papá, de una mamá, de un hijo, de una hija. Y esos momentos de sufrimiento y de dolor Hermano, muchas veces tardan muchos días, meses o años para recordar y salir de eso y no nos podemos perdonar a nosotros mismos y traemos esas heridas en el corazón.
Yo recuerdo una persona que era muy trabajadora, muy esforzada, ella se las daba de muy luchadora, pero estaba preocupada en sus actividades y su mamá le llamó, nunca le llamaba, le dijo «Mira mamá, ahorita no puedo atenderte, te hablo después» A las 3 horas le hablaron que su mamá había fallecido. Nunca se ha podido perdonar que no le diera el dios a su mamá, por una llamada atendida rápidamente, sin darle un momento a su mamá.
A veces nos aferramos tanto en la vida que no valoramos a nuestros seres queridos, que no valoramos a nuestro esposo que tenemos al lado, a nuestra mamá, que quizás no les hemos dicho, «Te quiero, te amo”, a nuestro esposo, a nuestros hijos. Hay padres muy secos, muy duros, que nunca dice, «Te amo” a su hijo. Y hay madres muy duras, muy ásperas, que tratan a sus hijos muy rudamente y los hijos dicen “pues me amará de labios hacia adentro porque a mí nunca me lo demuestra, nunca me lo dice” Y es hoy por eso que quiero que tratar este tema que es el perdón.
Yo no me pongo de acuerdo con mis hermanos para las prédicas, pero la vez pasada mi hermana dijo algo, “El perdón te libera y te sana”
A veces nos falta perdón en nosotros mismos, hacia Dios y entre nosotros. La Biblia es muy clara acerca del perdón. Si nosotros no perdonamos nuestras ofensas a nuestros hermanos, Él tampoco nos perdonará el día delante de los ángeles.
Si usted ha fallado a Dios en la semana, también necesita el perdón de Dios.
8 Misericordioso y clemente es Jehová;
Lento para la ira, y grande en misericordia.
9 No contenderá para siempre,
Ni para siempre guardará el enojo.
10 No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades,
Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados.
11 Porque como la altura de los cielos sobre la tierra,
Engrandeció su misericordia sobre los que le temen.
12 Cuanto está lejos el oriente del occidente,
Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.
Salmos 103:8-12
Entonces, el perdón de Dios está basado en su misericordia. Misericordia. ¿qué es la misericordia de Dios? Misericordia, perdón. Son dos palabras que van ligadas la una de la otra. Nosotros merecemos un castigo por nuestras faltas.
A veces la gente somos muy convenencieros porque pensamos que yo puedo herir, lastimar, ofender y me tienen que perdonar. A veces pensamos y Sentimos que yo puedo hacer y decir y que no va a pasar nada. Si yo hiero, lastimo con palabras o con golpes o con otras situaciones ya más fuertes a mi esposo, a mis hijos, queremos que nos perdonen por ser papás, y eso no es así. A veces hay gente que se siente muy ofendida, lastimada porque le hicieron, porque le dijeron, pero cuando se trata de ellos, entonces sí les molesta, pero cuando ellos lo hacen, entonces ahí no molesta. Ahí es donde estamos mal. Nosotros no podemos este pedir o decir y hacer un daño a alguien sin esperar una respuesta contraria.
La misericordia de Dios es esta bondad, ese amor de Dios que nos libra del pecado, nos libra de la situación que estamos haciendo y en su misericordia nos vuelve a unir a Él, nos atrae hacia Él.
Nosotros debemos empezar por esa parte. Si nosotros ofendemos a alguien, debemos de pedir perdón. Y también si hemos ofendido a Dios, debemos de pedir perdón. No es una disculpa, no es un sentimiento, nada más para que diga que estoy cumpliendo. No, es realmente tener la conciencia de pedir perdón.
Nosotros estudiamos la biblia de una manera teológica, histórica y gramatical. El perdón de Dios se da en todas las partes de la escritura. En muchas partes de la escritura, tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento, tienen muchas partes que hablan del perdón de Dios, del perdón que debemos de tener nosotros.
Para entender el perdón debemos analizar el contexto original, la intención del autor y la estructura de la lingüística de las Sagradas Escrituras. No es solo una emoción es un acto judicial donde se nos perdona la carga y se nos da la liberación de la deuda.
Entonces, no es algo emocional solamente. “Ah, es que si yo siento te perdono, siento muy bonito, entonces voy a perdonar a todo el mundo”. No es una emoción nada más, sino es un acto judicial, una un sed de carga y una liberación , una transferencia de carga y una liberación de la deuda. nosotros nos quitamos es esa carga, ese duelo, esa cosa difícil que nos aconteció a nosotros y la ponemos en las manos de Dios y Él la toma y Él nos perdona.
Él llevó nuestras cargas, Él llevó nuestros pecados, Él llevó todas nuestras iniquidades y todas nuestras maldades. En Él somos liberados de la deuda. Por eso es solo Cristo salva y perdona, porque solamente Él llevó la carga y nos dio la liberación de la deuda que teníamos.
Tenemos que entender que el perdón nos libera. No es algo bonito para que digan que soy cristiano. Mucha gente piensa diferente Hay esposos, por ejemplo, o esposas que saben que su esposo o su esposa, para no entrar en géneros, viene a la iglesia y entonces dicen, «Es que en tu iglesia te dicen que me tienes que perdonar” Yo he visto esos casos y llegan y te dicen, «Pero es que ya ya te te fui infiel, pero pues tu iglesia dice que tú me tienes que perdonar”, o “es que yo hice esto malo con mi esposo” y la esposa va dice “es que tú me tienes que perdonar, esposo, porque tú eres el que vas a la iglesia y la Biblia dice que me tienes que perdonar”.
La Biblia dice que hay que perdonar, pero no por eso tienes que estar consciente de que cada ratito te tengan que perdonar. El perdón de Dios y la liberación de Dios no es para burlarnos ni de Dios ni de burlarnos entre nosotros. Hay un momento que dice que estamos llamados a paz. Sí, a paz, a estar tranquilos, a no estar buscando el pleito, la contienda. No por el hecho de que somos cristianos, vamos a dejar todas las ofensas.
Dios nos va a llevar a entender cuál es el propósito de Dios en cada una de las actividades. Sí, Dios permite que nuestra en nuestra manera de vivir, que Él nos enseña a perdonar. Él dijo, «Padre, perdónalos porque No saben lo que hacen.” Él nos enseñó el perdón. Nosotros como cristianos debemos de practicar el perdón. N o es una emoción, no es algo si lo siento o no, si lo quiero o no. Si yo quiero llegar al cielo, así lo voy a decir claramente, tengo que perdonar al que me ofendió, al que me agredió. Muchas veces no está fuera.
A veces nos debemos de perdonar solamente a nosotros mismos. Hay gente que no se perdona a sí misma y hay otros que No podemos perdonar lo que nos hicieron. Y hay cosas muy difíciles, ciertamente de perdonar, yo no digo que es fácil. Hay hombres que han abusado de mujeres sexualmente y tienen que buscar el perdón porque si no esa carga continúa. Tienen que buscar el perdón de Dios, la liberación en Dios de esa cadena, de esa forma que lo han tratado.
Hay otras personas que no podemos perdonar a nuestros padres porque fueron malos, porque no nos dieron, porque nunca nos apoyar. porque nunca participaron con nosotros, porque mi mamá era muy mala, siempre me pegaba, siempre me… y no podíamos perdonar a nuestra propia madre o entre hermanos, no podemos perdonar a tu propia sangre. “Ah, es que tú de joven me hiciste, ah, es que tú de niño me pegabas, es que tú de de niño nunca me apoyaste, es que tú nunca estuviste conmigo en mis momentos”. Y no podemos perdonar. Tenemos que perdonar. La Biblia nos enseña a perdonar.
Hay tres palabras que se ocupan en el Antiguo Testamento para la palabra perdonar.

- NASA. significa “levantar” o “llevar”, el pecado es una carga que Dios levanta del hombro del culpable.
- Salach. Se usaexclusivamente para el perdón divino. Es la restauración total de la relación con Dios.
- Kaphar. Relacionado con la expiación, significa cubrir la falta mediante un sacrificio sustitutivo.
¿Usted había sabido que Dios es misericordioso? Entonces, ¿el perdón se alcanza por nuestras buenas obras, por lo que somos o por la misericordia de Dios?. Es muy fácil de entender. En la práctica a veces No perdonamos a alguien porque nos justificamos. “Es que él me hizo y ahora me la paga. Es que yo siento que yo soy el que estoy bien porque tengo más conocimiento que él”. No está basado en lo que yo haga o en mis méritos o el que sepa o que no sepa más o lo que haga o deje de hacer. Está basado en la misericordia. Si Dios tiene misericordia de mí, yo tengo que tener misericordia de mi prójimo, de mi semejante, y lo debo de perdonar.
¿El perdón olvida?, No, el perdón no olvida. Hay una idea mal entendida, mal interpretada, el perdón no olvida. El perdón hace que cuando recuerdes eso que te hicieron, ya no sientas el dolor de eso que te pasó. Es la liberación de la carga. El recuerdo lo vas a tener ahí y satanás va a cumplir sus recuerdos para hacerte volver a caer. El recuerdo va a estar ahí. Lo que no va a es el dolor que te produjo la herida, la sensación del daño que te ocasionó, esa falta que te hicieron. Lo sientes, pero ya no te duele lo que te hizo y ya no lo ves con esa situación de agravio, ya nada más pasó.
18 Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. 19 No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. 20 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.
Romanos 12:18-20
La venganza no es nuestra, sino dice el Señor, mía es la venganza, id en paz. Pero sobre todo es para sanidad. Cada que uno recuerda algo malo hasta se le altera la presión, le da el dolor de cabeza, le retuerce el estómago y de verdad es una sanidad emocional, pero también física. Realmente ya cuando no te afecta ya pasó, pero cuando lo traes ahí bien clavado el dolor físicamente te afecta. Entonces cuando en Dios decides perdonar y perdonas, hay sanidad en todos los sentidos.
Si ya perdonamos, no tenemos por qué estar reclamando a la persona. Hay gente muy hermosa que te dice, «Te llevas una, ¿eh? Llevas dos...” o sea, te las van contando. ¿Yo no sé por qué te las cuentan?. Si ya te perdonaron, yo no tendría por qué contártela. Es borrón y cuenta nueva. El que perdona ya lo lleva a la cuenta. ¿Cuántas veces debo perdonar a mi hermano?
21 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.
Mateo 18:21-22
No tenemos la capacidad de olvidar, seguimos recordando las ofensas, pero ya no debemos tomarlas en cuenta, así como Dios nos dice que no se “acordará” de nuestros pecados y transgreciones.
Hay cosas que podemos recordar para la honra y la gloria de Dios, yo era un pecador y Dios me perdonó de esto, de esto y de esto, ¡Gloria a Dios! Si, estoy recordando, pero yo no lo estoy diciendo como para vanidad, “¡yo era un mujeriego”, no, Dios me perdonó, ya no soy mujeriego y ahora honro y alabo al Señor. O era borracho, era fornicario, era adúltero, era mal padre, era golpeador, era una madre salvaje que a mis hijos los golpeaba con el fuente de caballo. Dios ya te perdonó, ya deja de hacerlo.
La misericordia de Dios llega a nuestra vida cuando nosotros soltamos la carga. Mientras nosotros no soltemos la carga y la sigamos llevando, no vamos a hallar perdón ni para nosotros mismos, porque siempre vamos a estar auto culpándonos.
Nosotros no podemos llegar a la sanidad del alma por nosotros mismos. Es Dios el que nos tiene que dar la sanidad, pero en nosotros está el acercarnos a Él en certidumbre de fe, dejar las cargas y permitir que Dios trabaje en nosotros. Ese es un proceso de Dios en la vida del creyente.
6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
Hebreos 11:6
Es un acto de fe, O sea, dice que el que se acerca a Dios debe creer que le hay. Entonces, si le hay y Él te perdona, lo debes creer. Es un acto de fe. Cuando uno no se perdona a sí mismo, es porque no tiene fe, porque no puedes aceptar que Dios te perdone. No puedes aceptar que un abrir y cerrar de ojos todo eso se borró. Es un acto de fe. Así como crees que Él te puede salvar, así como crees que Él te puede hablar, te puede sanar, te puede sustentar, así te puede perdonar. Es un acto de fe. Si no tienes fe, no le puedes creer que te perdonó. Es simple. Puedes recordar de cosas de donde Dios te sacó y dices, «Sí, pero Dios me perdonó”.
11 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. 2 Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. 3 Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.
Hebreos 11:1-3
Es un acto de fe. Todo en Dios es fe. Y el recibir el perdón de Dios es un acto de fe. Vivir bajo la misericordia de Dios es un acto de fe. Entonces, aquel que no se perdona no tiene fe. ¿Por qué? Porque no puede creer. No puede creer que en la misericordia de Dios. Entonces, es un acto de fe.
Entendimos es fe y depende de cada uno. Porque hay gente que dice, «Bueno, yo voy a tomar el perdón de Dios y lo acepto y lo recibo y sigo adelante”, pero hay gente que se tira al piso “es que nadie me amó, es que todos me hicieron daño, es que el mundo, mis papás, por eso, por eso soy drogadicto, por eso soy adicto, nadie me quiere, todos me odio, mejor me me mato, no me suicido”
Hay gente jóvenes que sí se suicidan porque no han hallado perdón, no han hallado consuelo de tristeza, están enfermos, están muriendo y no perdonan, ¿por qué? Por eso, porque en su corazón no han soltado eso. Si tuvieran fe pedirían a Dios perdón y se humillarían delante del Señor. Y Dios es fiel y justo para perdónar pecados, pero ya depende de la actitud que nosotros tomemos.
6 Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; 7 que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.
Éxodo 34:6-7
A los judíos se les enseña desde muy chiquitos la Torá y la misericordia de Dios tiene que ver más allá con un simple emoción o sentimiento de perdonar a los demás. Para ellos la misericordia de Dios es como cuando tú, hermana, tenías a tu bebecito, o tu bebecita en tu pancita. Para ellos es eso. La misericordia de Dios es como Dios cuida de ti en el vientre, cómo te va llevando. Yo no sé si recuerdan cuando estaba con su pancita, su hijo, su hija, el primero que tuvo, cómo lo cuidaba, cómo lo protegía, cómo lo llevaba, cómo no quería que él lo tocara, cómo llegaba el papá y se acercaba la pancita y le hablaba. O tú sentías cómo te vibraba algo allá dentro que era una nueva vida. Así es la misericordia de Dios. Por eso es que los judíos entienden la misericordia de Dios como una relación con Dios, un vínculo de amor y de bondad hacia ellos. Eso es la misericordia de Dios y eso es lo que canta el pueblo, que Dios tenga misericordia de esta nación. Cuando nosotros decimos que pedimos a Dios misericordia, es lo que debemos de entonar, que Dios nos ayude a tener de nosotros memoria, que se acuerde de sus bondades para con nosotros y nos perdone. No confiamos en que nosotros es que Dios, yo pequé porque la circunstancia era así. Yo pequé porque la mujer me hizo, yo pequé porque ellos eran así, pues yo también me defendí. No, la misericordia Y el perdón no depende de ti, de lo que tú creas o pienses.
Hay gente que le echa la culpa al diablo, a la mujer. “¿cuándo vas a creer en Dios y en su palabra y servirlo?” “cuando mi esposo se convierta”. Es que, “¿por qué estás en esa situación, levántate?” “No, es que me hicieron, es que me dijeron, es que nadie me quiere, es que yo soy así, es que todo me sale”. Aquí está la misericordia de Dios, el perdón de Dios, la gracia de Dios.
David pecó y conocía a Dios y era un hombre conforme al corazón de Dios y Dios lo puso por rey. Pero en un momento de debilidad, en un momento, hermano, de hombre, fue y se fue a pasear en los balcones. El pueblo estaba en guerra. Él tenía que estar al frente. del ejército y dijo, «No, yo me quedo a descalzar aquí en el palacio» Y entonces vio con sus ojos a una mujer que se llamaba Betzabé. Ah, y ahí va. Y no conforme con meterse con la esposa del general de ejército, lo manda al frente de la batalla para matarlo.
Conocía a Dios e hizo todo eso. ¿No merecía la muerte?, ¿no merecía que Dios ya no lo perdonara?, pero, ¿qué hizo David?
Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
Salmos 51:1
No empezó diciendo, «Es que me provocó la mujer. Es que yo fui débil. La carne es débil, Señor, tu sabes…» No empezó justificándose. Cuando uno quiere buscar el perdón de Dios, dice, «Sí, es cierto, pequé, pero no busco justificarme, Señor. Aquí estoy. Ten misericordia de mí” Porque yo reconozco, yo reconozco mis rebeliones.
Lávame más y más de mi maldad,
Y límpiame de mi pecado.
3 Porque yo reconozco mis rebeliones,
Y mi pecado está siempre delante de mí.
4 Contra ti, contra ti solo he pecado,
Y he hecho lo malo delante de tus ojos;
Para que seas reconocido justo en tu palabra,
Y tenido por puro en tu juicio.
Salmos 51:2-4
en tu justicia y en tu palabra. O sea, no se está en ningún momento diciendo, «Es que las circunstancias es que ellas o es que yo…» Él sabe enteramente que le falló a Dios y reconoce lo que había hecho y busca la misericordia y el perdón de Dios.
Así debemos ser nosotros cuando de verdad venimos a pedirle perdón a Dios por alguna ofensa, por alguna mala palabra, por una mala actitud, por algo que hicimos. Así debemos de buscar a Dios, porque Dios es fiel y misericordioso para perdonarnos, pero está en nosotros el acercarnos en la posición correcta. Sí, humillados debajo de su poderosa mano, acercarnos a Él.
El que busca el perdón es el que se acerca a Dios. El que no se acerca a Dios no busca el perdón. La biblia dice que los hombres amaron más las tinieblas que la luz.
19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
Juan 3:19
Si alguien quiere venir a Dios, se tiene que acercar en esa posición de reconocimiento de que Él es el único que tiene la misericordia para poder perdonar nuestros pecados.
6 Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; 7 que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.
Éxodo 34:6-7
Debemos orar por nuestros pecados y por los de nuestros hijos. Dice esta palabra, culturalmente, bíblicamente, se repite esta frase siete veces en Números 14:18. Nehemías 9:17, Salmo 86:15, Salmo 103:10, Joel 21, Jonás 4:2. Es la misma frase, se repiten todas estas partes de la Biblia para que veamos qué tan importante es en el Antiguo Testamento el perdón de Dios.
Dios está interesado en que el hombre no viva en tristeza, no sufra, sino que Busque a Dios porque Él es bueno para perdonar y tener misericordia.Sí, para que nos demos cuenta eh cómo Dios en todo el Antiguo Testamento tú habla de esto. Vamos a irnos a la que sigue aquíita, por
15 Viendo los hermanos de José que su padre era muerto, dijeron: Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos. 16 Y enviaron a decir a José: Tu padre mandó antes de su muerte, diciendo: 17 Así diréis a José: Te ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque mal te trataron; por tanto, ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban. 18 Vinieron también sus hermanos y se postraron delante de él, y dijeron: Henos aquí por siervos tuyos. 19 Y les respondió José: No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? 20 Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. 21 Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón.
Génesis 50:15-21
¿Hay alguien de aquí que no conozca la historia de José y sus hermanos? Bueno, rápidamente. José era un muchachito, el más chico de la casa. Sus hermanos eran mayores que él y no lo querían, lo despreciaban, lo minimizaban, no le tenían en cuenta. Y por buen o malas delo. Su papá lo amaba tanto que hizo una túnica de colores muy hermosa, va y era muy amado y todavía él se atreve a contarle sus sueños a sus hermanos, o sea, se hubiera guardando sus sueños, pero no se los cuenta a sus hermanos y sus hermanos bien malvados y envidiosos. No querían que José reinara entre ellos. ¿Cómo tú vas a reinar entre nosotros? ¿Cómo tú vas a sentirte más que el sol, que las estrellas? Tu manojo cómo va a más alto. Y le dice, «A ver, no vale y lo quieren matar.», entonces entre todos los 11 hermanos lo avientan a un pozo. Qué triste, tu propia familia, ¿por qué? Porque no quieren que él sea grande sobre ellos. Pero Dios ya lo había determinado. Dios lo decidió así. No fueron ellos, no fue José, fue Dios el que determinó que planeara ese momento. Ellos tienen tanto coraje de él que lo venden como esclavo porque como no que pudieron matarlo, a su padre van y lo entristecen porque pintan su ropa de sangre y dicen, «Tu hijo fue devorado por las bestias» Imagese el dolor del papá que un papá que pierde a su hijo al más querido.
Los que somos aquí papás y decimos, «Ay, no, mi hijo no que sufra mi hijo que los llore, que mi hijo«, cuando sabemos que nuestros hijos es un muerto es un dolor muy fuerte. De hecho, algún pastor dijo, «Hay un término cuando la madre se muere, hay un término para cuando un hijo se muere”, ¿cómo se llama? No tiene nombre. Es un dolor muy fuerte. Es un dolor que tan grande que no sabes cuando siempre tus esperanzas están puestos en él. Ah, y que crees que él madure, que sea mejor que tú. Yo siempre he dicho, sé mejor que yo, yo no llegué a esto, yo no hice esto, sé mejor que yo. Y es nuestro anhelo es que nuestros hijos sean mayores que nosotros. Pero cuando un hijo se te muere, tus esperanzas, tus anhelos, tu inversión, tú que decías, me va a ver de viejo, quizás me va a acercar un pan. Se muere tu hijo. Ah, pobre del padre.
Cuando Josoé ve a sus hermanos, venían por comida porque había un una gran hambruna en aquella tierra y entonces venían hasta Egipto y él era de los principales del pueblo, de los egipcios. Entonces él se los trae, los perdona y él y a sus familias les da de comer. Y es entonces cuando se quedan ellos en Egipto. Ya después el pueblo, en la historia del libro del Éxodo, se quedan esclavos, etcétera.
Lo que quiero mostrar aquí es que vean que él sí recordaba lo que le hicieron. Sí sabía quién eran sus hermanos y él podía haber tomado con toda autoridad y decir, «Ahora va la mía» Exacto. Ahora yo soy el que tengo el poder. Ahora yo soy el que tengo todo y los voy a dejar sin comer y los voy a dejar así nada. ¿Y qué hizo? ¿Hizo eso?, no, los perdonó.
Ahí hay una gran lección, el perdón. Dios nos enseña a perdonar. Los hijos de Dios por naturaleza perdonan. Tienen la identidad de su padre y su padre es un Dios perdonador. Tiene la identidad de su padre. Su padre es un Dios perdonador que no se acuerda de las maldades, dice, y que hace misericordia a millares.
23 Y dijo Lamec a sus mujeres:
Ada y Zila, oíd mi voz;
Mujeres de Lamec, escuchad mi dicho:
Que un varón mataré por mi herida,
Y un joven por mi golpe.
24 Si siete veces será vengado Caín,
Lamec en verdad setenta veces siete lo será.
Génesis 4:23-26
¿Cuántas veces Jesús dijo que se debería de perdonar. Hay un paralelismo de versículos. A veces, hermano, no nos gusta algunos leer el Antiguo Testamento, diciendo, «Ay, qué aburrido las historias. Ay, qué aburrido este esto. Ay, qué aburrido» El Nuevo Testamento y el Antiguo Testamento tienen un vínculo que se que se enlaza, que se guía para que el pueblo crezca. Hay historia, hay todo, hermano, una eh cómo decir, una gama de tesoros que se unen entre ambos evangelios. No solamente es leer el el antiguo ni solamente el nuevo, es los dos se armonizan, se complementan, se se unen, se dan en una sola forma.
21 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.
Mateo 18:21-23
Entonces, no es que multiplique 70 por 7, quiero aclarar, no son 490 veces, sino lo que Dios está diciendo es que no exista un límite en la forma de perdonar, que tú no te limites. Sí, eso es lo que está enseñando el Señor, que tú tengas una vida, hermano, de perdón, de que tú puedas, hermano, agradar a Dios, de esta forma, perdonando a tu prójimo.
9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
1 Juan 1:9
Dice “si confesamos”, Dios no va a forzar a nadie a orar y pedir perdón, es decisión de nosotros. Si tú quieres, tú tienes que ir a Él y confesar, no es que Él te va a obligar. Dios no obliga a nadie, pero tú necesitas confesar para ser perdonado.
13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.
Colosenses 3:13
De la manera que Cristo nos perdonó a nosotros. Dios lo hace sin reproches. Hemos sufrido agravios, si, pero de la manera que Dios nos perdonó, también nosotros debemos perdonar.
32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.
Efesios 4:32
El que está en Cristo y ha sido transformado, tiene un corazón perdonado porque dice, «Perdonándonos los unos a los otros.»
25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados,
Romanos 3:25
Él pasó por alto los pecados pasados. Ya nadie te puede decir lo que eras, a menos que lo quieras recordar para darle la gloria a Dios. Mientras, si ya pediste perdón a Dios y Dios te perdonó, tú eres limpio en la sangre de Cristo.
12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. 13 Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, 14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?
15 Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto,[a] para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. 16 Porque donde hay testamento,[b] es necesario que intervenga muerte del testador.
Hebreos 9:12-16
Este texto es muy grande y muy profundo, lo único que quiero tocar es que la obra de Cristo es plena y completa para el perdón de los pecados. Es plena y completa. Ya no hay de que “mire, hermano pastor, yo voy a traer este 50,000 pesos para que Dios me perdone”. La obra de Cristo es plena y completa. A veces queremos agarrarnos el cielo por medio del dinero o por medio de buenas acciones. La obra de Cristo es plena y completa. En Él está ya todo. Nosotros tenemos que poner la fe en Él. Es fe en Él, por Él y para Él.
El perdón de José no nace de la ausencia del dolor, sino de la superación de una traición profunda. Vendido por 20 piezas de plata, José experimenta la injusticia absoluta antes de convertirse en el canal de la providencia. Él nunca esperaba que él era el que iba a sostener la familia. Él nunca esperaba eso, pero Dios le da esa bendición a él. Y él tuvo que pasar por todo esto para cumplir su propósito.
4 Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. 5 Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros.
Génesis 45:4-5
Para eso llegó hasta allá, de otra manera no hubiera llegado, tuvo que llegar así. A lo mejor no fue la forma que él hubiera querido llegar como esclavo vendido, pero él tuvo que cumplir un propósito y llegó.
La perspectiva de José: José logra perdonar porque ve la mano de Dios por encima de la maldad humana. Eso que nunca se les olvide. Dios tiene un plan y un propósito por encima de todas las circunstancias que giran alrededor nuestro, la situación humana. Él dice, «Vosotros pensáis mal para contra mí, más Dios lo encaminó a bien”. Hay gente que te va a querer ver derrotada, sí. Hay gente que te ve querer muerta, sí. Los satánicos no quieren a los pastores, no quieren a los cristianos. Hay gente en el trabajo que te odia por ser cristiano, sí. El cristiano dice “tenemos que dar testimonio porque Dios nos ha hecho sus hijos y tenemos que buscar el buen testimonio delante de todos”. Eso sí, pero de todas maneras tú quieras buscar testimonio, hay gente que parece ellos siempre vas a ser el malo, siempre vas a ser el problema. Lo que tú tienes que hacer es encaminar esas condiciones que la gente busca para mal, para bien.
El acto sanador: Cuando tú perdonas, sanas el recuerdo. El perdón no es olvido, es recordar sin que la herida dicte nuestra identidad presente. Nuestra identidad está en Cristo y Dios es un Dios perdonador. Ya la herida, si está ahí, es como si no estuviera. Porque si nos han lastimado, si nos han herido, no lo podemos cerrar los ojos. Hay etapas muy difíciles en la vida cuando uno ya quiere tirar la toalla.”Yo me estoy esforzando y en lugar de que me hagan un bien, me hacen un mal, me dañan, hablan mal de mí, me critican”. Si el hermano es gordo, “ay hermano, no se cuida. Qué malo está usted, hermano pastor, ¿cómo cree si el Señor dice que cuidemos nuestro cuerpo Jesucristo” y está flaco, “uy, el hermano ni siquiera come”, por qué regaña a su esposa, que es muy gritón, que por qué no la regaña, ay la tiene muy solapada. Siempre estamos buscando el error de los hermanos Es tener una vida sana, una relación sana. Permite que la familia como la de Jacob sea restaurada eliminando el veneno del secreto. A veces la gente es venenosa y hay mucha gente este venenosa, cisculpe con la palabra Pero así es. Nada más están buscando dónde estás mal para para resaltar, buscan el punto más pequeño en ti que esté mal para resaltarlo. Y no conforme con resaltar que estás mal, van y se lo cuentan a todos para que tenga amigo él y y la persona esta queda en mal. Gente que nada más está buscando el mal de los demás porque no tienen el perdón de Dios en sus corazones. Están heridos, están carcomiéndose por dentro, no son libres. Como no son libres, no son sanos internos, buscan que los demás vivan en esa misma enfermedad, les transmiten, les contagian. Es como el COVID, es una enfermedad que con consume sus huesos.
29 El que tarda en airarse es grande de entendimiento;
Mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad.
30 El corazón apacible es vida de la carne;
Mas la envidia es carcoma de los huesos.
31 El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor;
Mas el que tiene misericordia del pobre, lo honra.
Proverbios 14:29-31
Nosotros tenemos que buscar relaciones sanas, relaciones con nuestros hijos sanas, relaciones con nuestros matrimonios sanas, relaciones en la iglesia sanas, relaciones laborales sanas.
El corazón alegre constituye buen remedio;
Mas el espíritu triste seca los huesos.
Proverbios 17:22
Viven en tristeza, viven en amargura. ¿Por qué? Porque no buscan el perdón de Dios, no tienen la fe para acercarse al Señor y ser perdonados, sino que viven en su tristeza. “Nadie me quiere, todos me odian. Este, es que esto es aquello”. Y por eso están así. Su cuerpo está enfermo, su alma está enferma y ese es el problema, que no hay una sanidad. El perdón te libera y te sana. Es para ti, no es para el otro. Lo quiero dejar muy claro. Es para ti.
21 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.
23 Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. 24 Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. 25 A este, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. 26 Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 27 El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. 28 Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. 29 Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 30 Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. 31 Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. 32 Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. 33 ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? 34 Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. 35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.
Mateo 18:21-35.
Siempre que hablamos de perdón, esta esta parábola viene a resaltar. ¿Por qué? Porque es una parábola de la Biblia del siervo incompasivo.
¿Cuánto debía el siervo a su señor?, le debía 10,000 talentos. Entonces, el Señor manda que le quiten todo su esposo, a sus hijos ¿Cuánto debía el otro siervo? 100.
Muy fácil de leer, pero en la práctica nos cuesta a todos, nos cuesta a todos porque el agravio y el dolor que hemos sufrido no es fácil. Y Dios nos dice que Perdonemos. No es fácil, pero tenemos que perdonar.
Yo me pregunto y siempre la Biblia, el analizarla, el leerla una vez, volverla a leer a veces tres, cuatro veces hemos tenido la misma lectura para entender algo más de la Biblia. Yo me pregunto, ¿por qué le fue a pedir el dinero al consiervo si ya le había perdonado a su señor la deuda? No se ha preguntado usted, ¿por qué?, si no me hubiera perdonado la deuda a mi señor de los 100,000, bueno, correcto, voy a ver a los demás a ver quién me pague las deudas pequeñas, le junto a mi señor y le llevo el dinero. Es entendible. Pero si ya le habían perdonado la deuda porque suplicó, se humilló, lo agarró y le dijo, «Perdóname la deuda” Y el patrón le dijo, «Okay, te perdono, mi corazón fue movido a misericordia y te perdono» Entonces, ¿por qué va y le pide el dinero al otro? ¿sí, se ha puesto pensar en eso?
«Por tu malvado corazón» Ese es el problema. Decimos que perdonamos, pero seguimos siendo malvados en el corazón. Ahí está el problema o el detalle de la cosa. Es difícil, cuando una persona dice, «Te perdono, pero no olvido» “Si tú lo sientes, allá tú” o el clásico, “pues que Dios te perdone” No sirve. En tu corazón hay maldad, hay altivez y orgullo y ese corazón no puede heredar el reino. ¿Por qué? Porque la palabra de Dios está diciendo que “por tu malvado corazón”
Ahí hay un gran problema, hermano, en ese corazón. No ha sido limpiado, no has sido transformado, no has sido tocado, nada más has querido recibir el perdón de Dios, pero tú no puedes perdonar a nadie. Ahí hay un gran problema. Tienes que ir con Dios y decirle, «Señor, si tú ya me has perdonado, ayúdame también yo a perdonar a los demás como tú me perdonaste a mí. Porque si tú me perdonaste la deuda de 100,000 talentos, talentos, que yo no puedo perdonar la deuda pequeña de mi hermano que es de 10,000”
Es una deuda más pequeña, mucho más pequeña, pero como me hicieron a mí, ah, entonces sí me duele, sí me ofende. Pero las que yo te hago a ti, Señor, esas no me duelen. Yo te fallo, yo no oro, yo no leo, yo no busco tu palabra, yo sigo de necio, yo sigo terco, no hago tu voluntad. Ah, pero ahí nadie dice nada. Pero cuando alguien me ofende, “ah, es que es malvado. Ay, es que él ya sí me dijo. Es que ella sí me hizo o él me hizo. Él ella y y entonces sí nos ofendemos, pero cuándo es contra a Dios, ahí nadie dice nada.
Ese es el problema con el perdón. Por eso no hemos sido liberados. Por eso nuestro corazón seguimos alabando canciones del mundo, seguimos cantando cosas que no agran a Dios. Preferimos ver la tele o la serie para olvidar lo que nos hicieron o cantar canciones al mundo, porque seguimos atados a esa situación que no hemos soltado y seguimos así.
El malvado corazón te lleva a un engaño. El malvado corazón te quita de la posición correcta. Es decir, alguien que tiene un corazón sano sabe que es pecador, sabe que no puede por sí mismo y que necesita Dios. El malvado corazón cree que él es Dios y cree que a él lo tienen que perdonar. Él se merece el perdón y tiene derecho a no perdonar. Entonces, el malvado corazón te lleva a justificarte, te lleva a quitarte de la posición, te lleva a ser soberbio, altivo, etcétera. Entonces, un corazón mal salvado siempre te va a confundir y te va a engañar porque te va a decir, «Tú eres alguien que no eres y Él es alguien que tú crees que no es Él.» Es decir, entre nosotros nos llamamos hermanos. ¿Por qué no nos perdonamos? Porque el del malvado corazón dice, «Sí, pero es inferior a ti«, o sea, sí lo perdonó Dios, pero tú estás acá. Él te tiene que buscar a ti, no tú a él. El pastor será el pastor, pero tú eres un hijo de Dios, eres la luz del mundo. ¿Cómo vas a pedir perdón o consejería o cómo vas a perdonarlos a ellos? El corazón malvado te lleva un engaño siempre y ahí aplica a todos los niveles. No es por si eres pastor, si eres creyente, no creyente. El de malvado corazón te lleva un engaño a una a un mundo irreal donde te pones en una posición que no te corresponde definitivamente y pone a las demás personas también en una posición que no es la correcta.
Hay un texto maravilloso donde dice que consideres a los demás como superiores a ti mismo. Punto. Considéralo superior. Eso te hace humilde, eso te hace entendido, eso te quita el corazón malvado. Pero aquel que dice, «No, ¿por qué? Yo soy…» Cuando dices, «Yo soy”, ya te sientes Dios. Tienes que dejar que “es Dios en mí” o “yo soy gracias a Dios» Entonces, el corazón malvado siempre te lleva a una realidad que no es la correcta y que definitivamente no es la que Dios espera. Ahí se define el corazón malvado. No sabes tu realidad, no vives tu realidad, simplemente eres egoísta, vanidoso y quieres en una posición equivocada recibir algo que no te corresponde.
14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
Mateo 6:14-15
1 Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado.
2 Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad,
Y en cuyo espíritu no hay engaño.
3 Mientras callé, se envejecieron mis huesos
En mi gemir todo el día.
4 Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano;
Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah
5 Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad.
Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová;
Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah
Salmos 32:1-5
El perdón es el libre derecho de renunciar a la venganza y de buscar la restauración posible en Dios. Yo renuncio a ese derecho, si me la hiciste, pero yo no me voy a vengar. Yo estoy renunciando a eso. ¿Por qué? Porque confío en la misericordia de Dios.
Para poder ser libres, entonces necesitamos ser perdonados por Dios y perdonarnos entre nosotros mismos.
El perdón libera al ofendido de la prisión del ofensor. José dejó de ser una víctima para ser un libertador. El que no vive bajo perdón, entonces siempre se considera la víctima. Al soltar el derecho La venganza, José se liberó para cumplir su propósito en Egipto. Sin perdón, hubiera muerto como un esclavo resentido. Pero se liberó y pudo apoyar a su pueblo. Perdonó a sus hermanos que lo habían vendido, los levantó, les dio de comer y los tuvo ahí. Eso es el perdón.
8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
Romanos 5:8
No es una recomendación, yo quiero aclararlo. Si tú no has perdonado a alguien, no es una recomendación que te hace el Señor. Es un mandato, es una ordenanza, es un deber cristiano, no es un “si puedo, si quiero, si lo siento. le voy a otorgar el perdón”. No es un sentir, es una responsabilidad cristiana.
Si con la persona que me estoy durmiendo no la perdonado, ¿me voy a ir? Si a mis hermanos que están en la iglesia aquí no los puedo perdonar, ¿me puedo ir? Si a mi familia que está en mi casa No le he perdonado, ¿me puedo ir? ¿Vas a dejar de estar en el cielo por tu rencor, por tu odio? ¿Vas a dejar de estar en las nubes porque alguien te la hizo y le lleves la cuenta?
Renuncia al derecho de la venganza. Renuncia a tu venganza. Renuncia a tu ego, renuncia a tu vanidad. Renuncia a tu orgullo y busca el perdón.
Si hemos perdido a Dios, acerquémonos hoy a Dios.