La Fe en Medio de la Tempestad

Transcripción de la prédica del 19 de abril 2026

fe ante la tempestad

Resumen

Este texto presenta una reflexión bíblica sobre el pasaje de la tempestad calmada para exhortar a la iglesia a mantener su confianza en Dios. Se explica que el error de los discípulos no fue buscar a Jesús, sino permitir que el miedo anulara su fe y su identidad como creyentes. Se enfatiza que las dificultades actuales son pruebas necesarias diseñadas para fortalecer el espíritu y formar el carácter cristiano ante un mundo acelerado. La madurez espiritual se alcanza al reconocer la presencia divina incluso cuando las circunstancias parecen fuera de control. El mensaje invita a los fieles a entregarse plenamente para ser instrumentos útiles en las manos del Creador.

Transcripción

22 Aconteció un día, que entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y partieron. 23 Pero mientras navegaban, él se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago; y se anegaban y peligraban. 24 Y vinieron a él y le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza. 25 Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién es este, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?

Lucas 8:22-25

Orando en la El Señor me mostraba que la iglesia en general está atravesando por situaciones muy difíciles, situaciones que pues definitivamente nos sacan de control. Situaciones que nos hacen dudar muchas veces, situaciones que nos hacen pensar qué va a pasar, dudar, temer. Y creo que la palabra desde Génesis hasta Apocalipsis tiene muchísimos ejemplos sobre cómo Dios permanece fiel aún en medio de las tormentas. Pero este ejemplo, esta historia siento que describe perfectamente bien lo que nos está ocurriendo como iglesia en este momento. La tormenta ahí sigue. La tempestad no ha terminado. Pero quiero preguntarle a usted, ¿los discípulos actuaron mal al despertar a su maestro?

A lo largo de nuestra vida vamos a tener momentos en los que no tenemos ni idea de cómo solucionar lo que nos está pasando y estamos tan cerca de sentir que lo perdemos todo, tan cerca de sentir que es el fin, y recurrimos a Dios. El pecado, el error de los discípulos, no estuvo en ira a despertar a su maestro, porque el Señor lo dice, «Búscame, búscame y me vas a hallar. Acude a mí y yo te voy a dar junto con la prueba la salida» ¿Cuál es el problema? Que los discípulos corrieron porque no sabían qué más hacer, no porque tuvieran fe.

¿Qué es lo que siempre pierde primero uno cuando está delante de un problema? Pierde la perspectiva. ¿En qué sentido? Se nos enfrenta una tormenta. Estamos en medio del mar. ¿Qué es lo primero que vemos? Vemos la tormenta. Vemos cómo se mueve el agua, vemos cómo va subiendo, vemos como el barco se empieza a mover. Vemos como el cielo se empieza a nublar, vemos todo menos quién está con nosotros en esa barca. Perdemos de vista que el Señor sigue ahí.

En este pasaje, los discípulos habían estado con Jesús, ya habían visto su poder. Les acababa de enseñar sobre la parábola del sembrador. Habían estado con Él, ¿habían visto los milagros? sí, ¿sabían que era el Mesías?, sí, por algo lo seguían. Sabían que Él era su maestro, a quien debían escuchar, a quien debían imitar, a quien debían creer. Lo sabían. ¿Qué pasó? Tuvieron un momento de debilidad y perdieron. Porque perdieron de vista que esa misma persona que había estado con ellos en todas esas situaciones se con ellos en el barco y que seguía teniendo cuidado de ellos. ¿Qué nos pasa a nosotros como cristianos? Tenemos un problema, ya no alcanzó la quincena, no llegamos. ¿Qué es lo primero que hacemos?, piénselo realmente porque estoy segura de que esto es algo que nos ha pasado. Si no es que a todos, a muchos, no llegamos. ¿Qué es lo primero que hacemos? para usted sabrá.

Vámonos un poquito atrás. Ya nos cayó la quiena. ¿Qué es lo primero que hacemos? Damos gracias, ponemos esa quincena en manos del Señor y dejamos que sea Él quien decida cómo se va a utilizar, o decidimos nosotros. Otro ejemplo, uno de nuestros hijos se accidenta, un accidente grave, un accidente que lo primero que haces es pensar, agarro el niño, me voy corriendo al hospital, lo demás saber qué hago, qué es lo primero que hacemos, ¿qué es lo primero que entra en nuestro corazón? ¿Qué es lo primero que se apodera de nuestra mente? ¿Y Dios dónde quedó?

La cuestión es esta, sabemos que lo que entra a nuestra alma, todo lo que pensamos una y otra y otra y otra vez y considerando es lo que hacemos al final. ¿Cuál es el problema?, el problema de raíz es que Dios no está siendo presente en nuestra vida, ¿porque no puede o porque se lo impedimos todo el tiempo?

¿Cuál es la raíz de todos nuestros problemas? Que no estamos llenos de Dios. ¿Por qué esto es un problema? Porque cuando estamos tan llenos de Dios, estamos aquí pegaditos con el Señor, si usted ha tenido la oportunidad (si no le le invito a que busque esa oportunidad) de escuchar que Dios le llame por su nombre, de sentir cómo Dios lo abraza, de sentir a Dios literalmente tomando el control de su familia y diciéndote, «Oye, aquí estoy. No tengas miedo. No tienes por qué correr. Yo estoy aquí» El problema no ha desaparecido, la tormenta seguía, ahí hasta que el Señor se levanta y entonces dice, «Se va a hacer así y así se hace.», ese es el proceso

Ahora, ¿por qué no estamos llenos del Señor? Creo que viviendo en un mundo como en el que vivimos es muy fácil envolverse en la realidad que hay aquí, en lo que nos rodea, trabajo, responsabilidades, mis hijos, mi familia, la comida, la casa… Es muy fácil, porque vivimos acelerados todo el tiempo. Yo no sé si usted ha tenido la oportunidad de viajar a otro estado del país o de viajar a un pueblito mágico, pero ¿se ha dado cuenta de que solamente en la ciudad existe una zona de autocobro en la Aurrera? En los pueblos no hay zona de autocobro porque la gente no vive tan acelerada como vivimos nosotros. La gente espera. Aquí no. Aquí es tan fácil como agarro mi mercancía y me Espero unos 5 segundos y paso yo y yo solita me cobro y luego a mi manera. Ya terminé, agárrelo. Ya no hacen fila. Ya ni una fila podemos esperarnos. Yo no sé si usted tenga alguna plataforma contratada como YouTube, Netflix o cosas así. Ya no hay comerciales. Pagamos más para no tener comerciales, porque qué flojera que me Corten a la mitad del video y ya no, ya me perdí. Y cambiamos de video porque ya me aburrió el comercial. Son 20 segundos de un comercial y no nos esperamos 20 segundos.

Vivimos todo el tiempo tan acelerados en una necesidad constante de estar corriendo y no solo nosotros, literalmente todo el mundo, que ya no tenemos el cuidado de darnos cuenta lo que estamos viviendo. ¿En qué sentido? Perdón, la gente antes decía, «Tengo un problema, me voy a sentar a pensar cómo lo soluciono» Ahora no, ahora “tengo un problema, ni modo, le voy avanzando y a ver qué pasa”, o lo primero que ocurra “voy a hacer esto y ya después veo cómo lo soluciono, si se empeora y si no vamos viendo sobre la marcha”

Y si no nos tomamos el tiempo de reflexionar en nuestras propias acciones, mucho menos nos tomamos el tiempo de preguntarle a Dios qué opina de lo que me está pasando. Yo le pregunto, ¿usted sabe reconocer cuando está recibiendo las consecuencias de sus actos la diferencia entre esa situación y la diferencia entre estar pasando por una prueba del Señor? ¿Usted sabe reconocerlo?, ¿o tiene dudas todavía? ¿Será esto una prueba del Señor o me está castigando porque ya la regué como 50 veces?, ¿sabemos reconocerlo?, sólo piénselo.

Porque la forma de reconocerlo es a través de Dios, escuchando su voz. ¿Cuál es la diferencia entre una prueba y cuando Dios permite que las consecuencias de mi pecado me alcancen? En la prueba, el maestro está presente y te dice, «Ten fe. Yo aquí sigo en la barca» Cuando las consecuencias no se alcanzan, no tenemos idea de dónde está Dios. No tenemos idea. Y yo te cuento un secreto, el secreto de dónde están en esas en esos momentos de consecuencia, en dónde tú lo dejaste. Ahí se quedó esperándote a que vuelvas. Entonces, ¿cuál fue el error del discípulo? Haber corrido a su maestro a sus pies y decirle, «Ayúdame» No, el error fue que se les olvidó quién era su maestro.

¿Cómo sabemos que estamos llenos de Dios? Porque todo lo que hablamos viene de Dios. Todo lo que sentimos tiene Dios todo lo que pensamos tiene Dios todo lo que hacemos tiene Dios y cuando yo tomo una decisión, puedo sentir a Dios aquí a mi lado, respaldándome, guiándome. Yo tomo esa decisión y estoy en paz, puedo dormir en las noches, no me quita el sueño. Aunque yo sé que a lo mejor El camino que Dios me está marcando no es el más fácil y sí me va a traer consecuencias. Yo estoy en paz porque sé que sea cual sea esa consecuencia, Dios va a estar conmigo y me va a defender por una simple razón, lo estoy obedeciendo.

Los discípulos en este momento, digamos que eran las personas más cercanas a Jesús, quienes lo tenían aquí cerquita. Y yo no sé si alguna vez usted ha fantasiado qué hubiese hecho yo si yo fuera uno de esos discípulos en aquel entonces, ¿qué haría?, lo oiría, le preguntaría cosas, me quedaría eso a su lado nada más todo el rato. Le compraría un pan, lo llevaría de paseo, cortaríamos florecitas juntos. No lo sé, dependiendo qué tan romántico se quiera ver o qué tan teológico se quiera ver. Pero en esta situación, ¿quiere usted, hermano? sería de los que Jesús regañaría y le dije, le diría, «¿Dónde está vuestra fe?“ ¿o sería de los que diría, «A ver, tenemos aquí al maestro, vamos a orar. Él va a tener cuidado de nosotros. No nos va a pasar nada, Él está aquí, literal, aquí, acostado, ¿por qué corren?” ¿Cuál de los dos sería?

Ahora yo le pregunto, ¿usted cree que los discípulos pensaron, «Es el fin, auxilio, auxilio, vamos a morir.» o tenían conciencia de que Dios no les da más de lo que pueden soportar. Yo le pregunto, ¿usted sabía que Dios no le pone nada para destruirlo? ¿Solo para hacerlo crecer? ¿Que la prueba es para que usted sea un mejor hijo de Dios? ¿Que la prueba es para que usted y yo nos santifiquemos y nuestra fe crezca y nuestro espíritu se haga más fuerte que la carne? Para eso es la prueba. ¿Cuál es el pequeño detalle? Las letras chiquitas. Para que la carne se haga más chiquita que el espíritu, más débil que el espíritu, debe sufrir, debe padecer, porque cuando la carne está muy a gusto, es más fácil para la carne tomar el control de las decisiones.

Dios no nos trajo a este mundo para ser felices todo el tiempo y vivir la vida loca. Nos trajo este mundo. ¿Con qué propósito?

¿Sabía usted que el ser humano es incapaz de no creer en algo? Todos los seres humanos tienen la necesidad de creer en algo, depositar su confianza en algo. La pregunta que hizo Jesús fue ¿dónde está vuestra fe? No fue ¿porque no tienes fe? Y no existe un solo ser humano que no tenga confianza en algo o en algún ¿Cuál es la diferencia? Que la gente de ahí afuera tiene confianza en sus fuerzas, en su posición, en el dinero, en sus capacidades, en su propia fuerza, ¿y nosotros, en qué la tenemos? o la tenemos en Jesús o en cualquier otra cosa, como las personas de ahí fuera. Pero ese lugar siempre está ocupado por algo o por alguien, siempre. No puede estar vacía. Y esa es la diferencia, mi hermano. Si usted no tiene su fe, su confianza puesta en Jesús, ya perdemos. ¿Por qué? Porque todo lo demás falla, todo lo demás no alcanza. Dios no le va a dar más de lo que usted pueda soportar, porque el propósito es edificar no destruir. Y cuando Dios permite que ciertas cosas pasen, tienen un propósito, tienen un objetivo. Pero, ¿cómo lo vamos a saber si no le preguntamos? Si ya estamos decidiendo nosotros y no estamos permitiendo que Dios actúe como Él tenía planeado actuar desde el principio.

Volvamos hace unos cuantos añitos atrás cuando usted aplicaba exámenes en escuela. ¿El maestro les daba las herramientas previamente al examen? Sí. ¿Usted tenía la capacidad de adquirir esos conocimientos antes del examen? Sí. Pero, ¿qué pasaba cuando usted ya está en la prueba y el maestro se acerca y te dice, “cómo vas”? Y tú pones cara de pánico y dices, «No tengo idea de qué estoy haciendo, pero me estoy esforzando» Mágicamente a la muestra se le olvida todo. “Híjole, no me acuerdo”,Maestra, es que no le entendía esto… yo tampoco. A ver, vuélvelo a leer” A la maestra parece que se le olvidó todo y que ya estás solito en tu por tu cuenta.

¿Cuál es la diferencia entre esa maestra y Jesús?, Jesús no te dice, «ya se me olvidó todo”, pero te dice, «Yo ya te hablé, yo ya te enseñé, ya te dijeron qué tienes que hacer, ya leíste tú solito qué tienes que hacer, hazlo”, “Señor. Es que estoy segura de que si salgo y digo lo que tú me estás pidiendo que diga, algo va a salir mal”. Sí, “Ah, o sea, ¿quieres que algo me pase? Que sea malo”, y ¿quién te dijo que te va a pasar algo malo? A lo mejor la reacción que va a ocurrir no es la que tú esperas. Pero, ¿quién te dijo que te iba a matar? Dios te dice “Yo te estoy mandando a hacer algo y te voy a respaldar y voy a ir contigo”. Pero si no haces nada, si te quedas en tu casa, ni tú creciste y tampoco se cumplió el propósito con la persona, y todo sigue igual. Y ese ese el punto, el cristiano no es cristiano para venir a una iglesia y congregarse y arreglarse todos los domingos, ponerse sus mejores “garritas” y alabar a Dios todos juntos, sentarse, escuchar la predicación y retirarse. No, esos cristianos no son cristianos.

¿Quién es un verdadero cristiano? Quien escucha la voz de su padre y todos los días esfuerza por obedecerlo y crecer en el evangelio, crecer en esa nueva vida que Dios te ha dado, aprovechar esa nueva vida, ese nuevo propósito que tenemos, ese nuevo enfoque que Dios nos ha dado de la misma vida y sacrificarnos a nosotros mismos para ganar lo que Dios quiere que ganemos. Si usted cree que Dios lo liberó para que fuera usted feliz, lamento romperle la burbuja de ilusión, pero no. Dios nos liberó para que nosotros seamos un testimonio vivo todos los días de lo que Él hace. Y no solamente la salvación es lo que Dios hace. Dios cambia los corazones. Dios ajusta a temperamentos. Dios hace que la gente tenga fe y haga cosas que nadie que no conoce a Dios haría. Dios hace milagros a través de esas personas. Dios habla verdad a través de esas personas. Dios hace que esas personas ganen cientos de corazones para Dios.

Si nosotros no creemos que Dios puede hacer eso conmigo, mi hermano, entonces no sé en qué Dios estamos creyendo. Porque el Dios que te liberó hace años, el Dios que que te dio una nueva vida con nuevas oportunidades y nuevas bendiciones. Es el Dios que hoy te quiere usar, pero que no puede usarte si tú no estás lleno de Él.

Yo le hice hace unos meses al grupo infantil un pequeño ejercicio. Todos conocemos los guantes, este, para lavar los trastes, de hule, gruesecitos. Yo les dije a los niños Dios. A Dios no le gustan las fracciones de nuestras vidas, le gusta nuestra vida entera, completita. No quiere que le des un octavo de tu vida, quiere que le des un completo y redondito entero. Y si Dios te dice que quiere un entero, ¿por qué sera? Porque Dios quiere hacer algo contigo y no puedes y no le das toda tu vida. Hicimos una actividad, yo les facilité a los niños medio guante a cada uno y les dije, «El pecado es algo feo, sucio» y les dije, «Van a meter su mano en la coladera con el guante que ya les di y van a sacar algo precioso que se me cayó ahí adentro» Y los niños se me quedaron viendo así, voltearon a ver su vuelta a la mitad, me voltearon a ver a mí. Voltearon a ver su guante, voltearon a ver la coladera, se rieron y le dijeron, «No» Y yo les dije, «¿Por qué no? Ya les di una herramienta.» Me volvieron a ver otra vez. Voltearon a ver la coladera, se rieron. Dijeron, «No, yo no meto la mano ahí” “¿Por qué no?, Porque este guante no sirve, no tiene dedos y el otro no me llega hasta acá, lo cortaste aquí. Entonces, yo meo mi mano en la coladera, me voy a ensuciar”. ¡Exacto! Dios no te puede usar completamente para hacer grandes cosas porque no has tomado las herramientas que Dios te está facilitando. Y si te metes allí, te vas a ensuciar, vas a salir peor de lo que estabas.

Todo se basa en la fe. En la fe en Dios. y en el amor a Dios. Si nosotros no entendemos la importancia de tener fe, no vamos a estar listos para que Dios nos use, para lo cual nos llamó, pero nos quejamos de cuando tenemos pruebas, pruebas que nos van a dar las herramientas para convertirnos en quien Dios nos está pidiendo.

La prueba no es para destruirte. La prueba no es para tirarte al piso y que no te puedas levantar. La prueba tiene el único fin de prepararte. Porque cuando Dios te pone una prueba, está controlada, sabe dónde está tu límite, pero cuando viene el enemigo y te quiere dar con todo, te prometo que no está controlado y también conoce tu límite. Entonces, ¿cuál es el tema? Ten fe en la prueba, durante la prueba y prepárate.

Mientras oraba, yo veía que la iglesia de verdad estaba atravesando por situaciones muy difíciles. Y yo no desmerito su dolor, ni su conflicto, créame. La palabra lo dice, que cuando uno de los miembros del cuerpo se duele, todo el cuerpo se duele.

26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.

1 Corintios 12:26-28

Pero cuando no entendemos el propósito de las pruebas, no las aprovechamos y perdemos el tiempo. Usted sabe que Dios ya está cerca. Lo hemos dicho aquí ya no sé cuántas veces, hemos visto las noticias. Seguimos Seguimos viendo las noticias, seguimos viendo la cantidad de barbaridades que dicen los gobernantes de otros países y de nuestro propio país. La cantidad de barbaridades que hacen esos mismos gobernantes. Hemos visto la cantidad de barbaridades que están pasando, digámoslo de otra manera, en el mundo natural. Hemos visto como Dios cada vez dice, «Ya estoy yendo, ya estoy llegando, estoy a dos de llegar”, pero como que no nos despierta el sentido de urgencia. Urge que cumplamos con el propósito para el cual fuimos llamados. Sí, edificarnos a nosotros, edificar a nuestra familia, pero también hay un propósito para cada uno de ustedes. Y si todavía no lo conoce, hoy es el día perfecto para que le pregunte a Dios. ¿Por qué me llamaste a mí? A mí particularmente el llamado de toda la iglesia es por el mundo y es discípulos, pero el llamado particular de cada uno de nosotros es muy específico.

El propósito por el cual cada uno de nosotros estamos aquí es muy específico, porque Dios te ha dado capacidades específicas a ti. Dios te ha permitido vivir ciertas cosas específicas a ti. Dios te permitido aprender ciertas cosas específicas a ti, cosas que el de al lado no tiene o no sabe o todavía no ha pasado, pero tú ya estás preparándote para hacer algo. Y a veces no nos damos cuenta, pero las cosas que nos pasan muchas veces nos permiten entender mucho mejor las cosas que le pasan a otras personas y decirle, «Oye, yo ya lo he vivido y sabes quién me sacó de ahí, ¡Jesucristo!» Pero ¿Cómo lo vamos a saber si ni siquiera nosotros hemos terminado de pasar por ahí?

Mi hermano, Dios te ha llamado así como eres. Yo no estoy diciendo que seamos malas personas, no, pero todos tenemos virtudes y defectos. Todos tenemos capacidades e incapacidades. Y hay una frase que a mí me encanta y dice, «Dios no llama a la gente preparada a servirle. Dios llama a la gente y la prepara después para servirme”. ¿Ya te llamó? Sí, soy testiga. “Prepárate y sírveme”.

¿Ya superamos las tentaciones?, ¿ya no caemos en pecado? ¿Ya estoy bien con Dios? ¿Y ahora qué? Dios no nos limpió para vernos bonitos. Dios nos limpió para que vayamos por alguien que que todavía no ha limpiado, lo traigamos y le digamos, «Límpiale, ya quiso aceptarte, límpialo”. Empezando por sus hijos, empezando por su casa, empezando por su familia. Pero hay muchas personas allá afuera.

Hay un pequeño video, espero que ejemplifique un poco mejor a lo que me refiero con que la prueba no nos mata, aunque se sienta así, pero no nos mata. Lo vamos a ver y luego lo retomamos.

Se cuenta que alguna vez en Inglaterra existía una pareja que Gustaba de ir a las pequeñas tiendas de Londres. Una de sus tiendas favoritas era una en donde vendían vajillas antiguas. En una de sus visitas a la tienda vieron una hermosa tacita. ¿Me permite ver esa taza?, preguntó la señora. Nunca he visto una taza tan fina como esa. En cuanto tuvo la taza en la mano, escuchó que la tacita comenzó a hablar. Usted no entiende. Yo no siempre he sido esta taza que usted está sosteniendo. Hace mucho tiempo yo Yo solo era un montón de barro amorfo. Mi creador me tomó entre sus manos y me golpeó y me amoldó amorosamente. Llegó un momento en que me desesperé y le grité, «Por favor, déjame en paz.» Pero solo me sonrió y me dijo, «Espera un poco más, todavía no es tiempo.» Después me puso en un horno. Yo nunca había sentido tanto calor. Me pregunté por qué mi creador quería quemarme, así que toqué la puerta del horno y a través de la ventana del horno pude leer los labios de mi creador que me decía, «Espera un poco más, todavía no es tiempo.» Finalmente se abrió la puerta. Mi creador me tomó y me puso en una repisa para que me enfriara. «Oh, así está mucho mejor», me dije a mí misma. Pero apenas me había enfriado cuando mi creador ya estaba cepillándome y pintándome. El olor de la pintura era horrible. Sentía que me iría. «Por favor, detente», le gritaba yo a mi creador. Pero él solo movía la cabeza. haciendo un gesto negativo y me decía, «Espera un poco más, todavía no es tiempo.» Al fin dejó de pintarme, pero esta vez me metió nuevamente a otro horno. No era un horno como el primero, sino que era mucho más caliente. Ahora sí estaba segura que me sofocaría. Le rogué, le imploré que me sacara. Grité, lloré, pero mi creador solo me miraba diciendo, «Espera un poco más. Aún no es tiempo. En ese momento me di cuenta que estaba perdida. Me dije que no había esperanza. Nunca lograría sobrevivir a ese horno. Justo cuando estaba a punto de darme por vencida, se abrió la puerta y mi creador me tomó cariñosamente y me puso en una repisa que era aún más alta que la primera. Allí me dejó un momento para que me refrescara. Después de una hora de haber salido, esa no podía ser yo. Lo que veía era hermoso. Me dijo mi creador, «Yo sé que te dolió haber sido golpeada y amoldada por mis manos, pero si te hubiera dejado como estabas, te hubiera secado. Sé que te causó mucho calor y dolor estar en el primer horno, pero de no haberte puesto allí, seguramente te hubieras estrellado. También sé que los gases del olor a la pintura te causaron muchas molestias, pero de no haberte pintado, tu vida no tendría color. Si yo no te hubiera puesto en este segundo horno, no hubiera sobrevivido mucho tiempo porque tu dureza no hubiera sido suficiente para que subsistieras. Ahora, tú eres un producto terminado. Eres lo que yo tenía en mente cuando te comencé a formar. Igual pasa con nosotros. Dios nunca nos va a tentar ni a obligar a que vivamos algo que no podamos soportar. Dios sabe lo que está haciendo con cada uno de nosotros. Él es el artesano y nosotros somos el barro con el cual él trabaja. Él nos amolda y nos da forma para que lleguemos a ser una pieza perfecta y podamos cumplir con su voluntad. Espero que al igual que a mí, esta historia nos ayude un poco a comprender lo mucho que Dios nos ama y que él no nos da más de lo que no podamos soportar. He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame con mi limpio. Lávame y seré más blanco que la nieve. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva mi espíritu recto dentro de mí. Más ahora, oh Señor, tú eres nuestro padre, nosotros el barro y tú nuestro alfarero. Obra de tus manos somos todos nosotros. Todo fuego de prueba nos hace crecer y somos transformados cada día más a su imagen y semejanza”

¿Quedó más claro,? La Biblia también dice que nuestro Señor es el alfarero y es por este motivo. No sé si usted algún día ha moldeado algo, a lo mejor no con arcilla, pero con plastilina, con otra cosa. Se tiene que calentar, se tiene que moldear, se tiene que golpear ¿dependiendo de la dureza del material. Pero al final queda algo bello, algo con una función, con un propósito.

Mi hermano, yo sé que te duele, yo sé que es difícil. ¿Por qué lo sé? Porque yo también soy una tacita en proceso. Pero nuestro Dios es fiel. Él no se baja del barco y Él no se va a render hasta que quedes como tienes que quedar. ¿Cuál es la diferencia? El cómo tú quieres pasar este proceso. Puedes pasarlo como yo hice esta tacita rebelde que se queja en cada paso de proceso porque duele. O puedes decir, «Señor, me duele, pero yo entiendo que tus planes son más grandes que los míos. que tu sabiduría es infinitamente más grande que la mía y que tú tienes el control de mi futuro y del futuro de las personas que están a mi cuidado” y puedes tener fe y puedes entender lo que Dios está haciendo contigo y te prometo que te va a doler menos.

Esa es la única diferencia, porque todos los cristianos van a padecer, les va a doler. Así es la vida del cristiano. Y este es un proceso que dura años. A mi hermano pastor todavía le dan sus golpes de vez en cuando.

Entonces son años, pero ¿cuál es la diferencia? Que con cada paso la tasa perfeccionando y la taza queda como algo hermoso, algo con un propósito. Algo que no se quiebra fácil, algo que la gente ve y dice, «Wow, quiero que ese alfarero haga más cosas«

Si tú quieres ser moldeado por Dios, si tú de verdad quieres convertirte en una obra maestra de un alfarero, ¿cómo lo vamos a hacer? Llenándonos de Él todos los días. Todos los días dale a Dios tu tiempo, tu dinero, el control de tu mente, el control de tu corazón de forma más práctica todos los días. Deja que Él tome las decisiones. Deja que Él te diga que sí entra en tu corazón y qué no entra en tu corazón, qué si puede entrar en tu mente y que no puede entrar en tu mente, qué le puedes meter a tu cuerpo y qué cosas no le puedes meter a tu cuerpo.

La única forma de llenarte de Dios es sacando todo lo que no es Dios y metiendo todo lo que sí es Dios. Alaba a Dios mientras cocinas. Escucha la palabra de Dios mientras doblas la ropa, mientras tu jefe te dio 5 minutos. Aprovecha y dale gracias a Dios por tu familia y ponla en sus manos. Cuando vas en los trayectos, ve orando, ve clamando a Dios. Porque te voy a decir algo, de esa manera, cuando llegue la prueba, ya no vas a sentir pánico, vas a estar en paz, porque lo primero que vas a hacer va a ser esto. “Dios, ¿estás conmigo todavía, verdad? Sí. Perfecto. Sigamos avanzando”

Esa es la mejor forma de vivir. El mundo se va a encargar de decirte que hay mil maneras mejores de vivir. Dinero, éxito, cualquier cosa que te cause placer instantáneo. Pero la mejor forma de venir es esta, dejando que Dios sea el que viva y tú solamente lo dejes actuar.

La Biblia lo dice, “todo aquel, todo aquel que todo aquel que quiera una vida, la debe perder por causa de su nombre”

25 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. 26 Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Mateo 16:25:26

Y vas a ser feliz aún en medio de la prueba. Vas a tener paz. Aún cuando te esté cayendo un rayo y te esté partiendo a la mitad, vas a decir, «ya voy con Dios, de una vez”

Llénate del Señor. Date esta oportunidad de conocer ese nivel de paz y ese nivel de gozo. Porque ¿sabía usted que cuando estamos llenos de Dios, en realidad el fuego no quema? ¿Cuando estamos llenos de Dios, en realidad la tormenta no nos ahoga? Y ¿sabía usted que esto también se ve en la vida real, en cosas más tangibles?

Si usted quema un vaso de plástico con agua hasta la mitad, el fuego no va más allá de donde está el agua. ¿Qué le hubiera pasado al vasito hubiera estado lleno hasta arriba? Bueno, cuando usted tenga el impulso de hacer las cosas a su manera o de renunciar, escoja escuchar a Dios antes de escucharse, escojan doblar sus rodillas antes de salir corriendo. Escoja leer la Biblia antes de confiar en nuestra propia sabiduría y prudencia. Escójalo a Él por encima de usted y la fe no le va a faltar. Su fe no va a desaparecer, no va a estar en otra cosa y su vida va a alabar a Dios por sí mismo.

Ese es el verdadero propósito de ser cristiano, el verdadero objetivo, un objetivo por el cual se pelea todos los días, un objetivo que se trabaja todos los días, porque el día que usted no lo trabaje, ese día Su espíritu se va a debilitar.

Dios conoce sus problemas, Dios conoce sus honores. Dios conoce su pasado, Dios conoce su familia, Dios conoce su trabajo. Dios conoce su marido, Dios conoce su esposa, Dios conoce su mamá, Dios conoce su papá. Dios conoce… Él lo ve todos los días y justo por eso te dice, «Llénate de mí y resiste. Todavía no es tiempo y yo voy a estar contigo«

No es cuestión de que usted me crea. Tengo la esperanza de que usted llegue todas las noches y le diga Dios. “¿Sí, era para palabra tuya o esta loca no más se para ahí y dice lo que se le ocurrió?” Hágalo. Se lo prometo que no me ofendo. Pregúnteselo y Dios le va a hablar directamente a usted. Le va a decir, «Gloria, sí, quiero esto de ti”, y así a todos nos va a hablar y nos va a decir específicamente “a ti estoy pidiendo esto”. Sea lo que sea, póngale el nombre que usted quiera o mejor dicho, deje que el Señor le diga dónde es y va a empezar a crecer y el dolor ya no lo va a paralizar. El miedo ya no va a existir. Va a existir la fe y la certeza de que Dios me va a sacar de algo y que si la victoria es de Él, entonces yo también voy a salir victorioso.

Yo no sé si algo de esto le va a ayudar en la semana. Espero que sí. Ya sea el vasito, el video, el haber leído la palabra, el que yo esté aquí hablando. ¿Qué algo de lo que usted haya ha visto, escuchado, le ayudé, porque cosas más difíciles vienen, y a Dios no le gustaría que ninguno de nosotros se quede atrás.

Somos hermanos y estamos para apoyarnos el uno al otro. Estamos para orar el uno por el otro. Estamos para visitarnos entre nosotros. Estamos para apoyarnos. Pero el único que nos puede salvar de esas cosas es Dios. Si lo dejamos, si lo escuchamos, no desfallezca, no vea la tormenta, no vea el horno de fuego, no vea que algo lo consume, vea a Dios. Eso es todo. Llénese de Dios y va a salir victorioso.

Si es el deseo de su corazón empezar desde ahora, porque estoy segura de que ya algo en su casa la está esperando o lo está esperando. Empiece a fortalecerse desde ahora, desde este momento. Ponga su mente, su corazón, su vida, su temperamento, sus decisiones, todo lo que usted es en manos de Dios. Yo voy a orar con usted, pero le pido que usted hable directamente con Dios. Búsquelo con sus propias palabras. Le prometo que Dios no se ofende. Ya luego nos enseñará a orar de forma más correcta. Pero con las más sinceras palabras que usted tenga, con el corazón más sincero que usted tenga en este momento, hable con Él, dígale “Maestro, sálvame, perecemos”, pero hable con Él y Él va a hacer. Amén.

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