Luz interior

Transcripción de la prédica del 12 de enero 2025

Vamos a considerar una parte de la escritura que nos va a cambiar la vida… si le hacemos caso.

Si no le hacemos caso seguiremos igual, pero la intención de leer la palabra del Señor es que esta modifique desde adentro hacia afuera. A diferencia de la religión, la religión te quiere cambiar de afuera hacia adentro: vístete de esta forma, haz esto, no hagas lo otro. Pero cuando Dios nos transforma es de adentro hacia afuera. Eso es lo que predica el cristianismo, una relación con Dios.

Las relaciones pueden ser fáciles o muy difíciles. Pero ¿por qué tendríamos una mala relación con Dios? Pues por que nos la pasamos peleándonos o enojándonos con Él, no nos gusta lo que Él nos dice, y entonces la relación se complica. Pero cuando somos dóciles y entendidos sabios e inteligentes, entonces esa relación con Dios fluye y nos enamoramos de tal manera que ya no lo queremos dejar, pase lo que pase no nos queremos dejar.

35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36 Como está escrito:

Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;

Somos contados como ovejas de matadero.

37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Romanos 8:35-39

Sólo hay una persona que nos puede separar del amor de Dios, y somos nosotros mismos, ni el enemigo, ni las circunstancias nos puede separar del amor de Dios. El único que decide esta separación es cada uno de nosotros.

33 Nadie pone en oculto la luz encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz. 34 La lámpara del cuerpo es el ojo; cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo está en tinieblas. 35 Mira pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea tinieblas. 36 Así que, si todo tu cuerpo está lleno de luz, no teniendo parte alguna de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una lámpara te alumbra con su resplandor.

Lucas 11:33-36

22 La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; 23 pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?

Mateo 6:22-23

Al ver los versos anteriores nos hacemos la pregunta ¿qué es la luz? Y de acuerdo a la palabra, es nuestro Señor Jesucristo. Él alumbra, pero también está en nosotros, por lo que por Él podemos ser luz a las naciones.

Muchos de nosotros podemos recordar que antes de ser cristianos, en el entorno donde nos desarrollábamos, eramos mal hablados, groseros, enojones, etc. Pero cuando llegamos a Cristo las personas lo perciben, y hasta nos dicen que nos vemos diferentes. La luz de Cristo nos cambia. Cuando tenemos situaciones, ya no decimos malas palabras, ya no nos enojamos, ya no tomamos, ya no adulteramos, ya no robamos. La gente comienza a ver en nosotros la luz de Cristo, por que reflejamos el carácter de Jesús. Él no robó, Él no mintió, Él no fue adúltero, y nosotros reflejamos la luz de Cristo.

Ésto no nos hace “dioses chiquitos”, que nadie nos engañe. Por eso dice Pablo que la gloria es de Dios, y esa gloria de Dios Él la ha puesto en vasos de barro. Entonces, esa luz que hay en nosotros es Cristo.

Algo que tenemos que contestarnos cada uno de nosotros es: ¿hablan bien o mal de ti? Te dicen, ¡tu eres diferente! O ¡eres igual que todos! Y no se trata de como vestimos y nos arreglamos. ¿Nos ven enojados, preocupados, o nuestro rostro refleja paz y alegría?

¿Qué vemos al espejo? ¿qué opinan de nosotros, comenzando en nuestra casa? ¿qué opina nuestra esposa / esposo? ¿nuestros hijos? No se puede poner una luz debajo del almud, es decir, una luz no se puede esconder, tiene que alumbrar, ¿nosotros estamos alumbrando?

Muchas veces alumbramos de forma intermitente, encendiendo y apagando, pero cuando somos de Cristo ¡alumbramos siempre! No hay angustia ni debilidad. Cuando estamos en Cristo, la ansiedad, la angustia y el miedo están en Él. “Señor, tu sabes mis debilidades, mis miedos, en todos ellos traeme paz”

¿Cómo reaccionamos ante las situaciones? ¿qué hay en nosotros? ¿Cómo contestamos a lo que nos dice nuestra familia? Eso mismo que reflejamos es lo que les damos. Cristo nos enamora todos los días, pero nosotros no somos capaces de enamorar a nuestra familia. Él nos da toda clase de bendiciones, pero muchas veces pensamos que es su obligación. Si nosotros no lo hacemos, posiblemente no estamos llenos de Dios.

Tenemos muchos problemas todos los días, pero si los vemos a través del filtro del Señor, los podemos apreciar como bendiciones y no como cargas.

La lámpara del cuerpo

La lámpara del cuerpo es el ojo. Muchas veces hemos escuchado que “la vista es natural” Pasa alguien que nos agrada y ponemos esta frase como excusa. Si, la vista es natural, pero no debe ser pecaminosa. Si no solo vemos, pero codiciamos, no solo somos pecadores, ¡somos adúlteros! Dejamos que lo que entre al corazón sea pecado.

Puede ser que no seamos de esa forma con lo que vemos, pero puede ser lo mismo con otras cosas materiales. Queremos lo que tiene el amigo o el vecino, menospreciamos lo que tenemos en comparación con otras cosas.

¿Qué ven nuestros ojos? Nuestros ojos físicos pueden ver muchas cosas, por que “es natural”, pero el problema no es lo que vemos, sino a donde lo dirigimos. Podemos ver a alguien que tiene el último teléfono, o la mejor ropa, y admirar, y pedir a Dios que nos conceda uno, y no esta mal. Pero puede ser que no solo admiremos, sino que envidiemos, y que queramos justificar que nosotros lo merecemos mas. Entonces ya estamos pecando. ¿A donde apuntamos nuestra mirada?

El adulterio se da así, por que comenzamos a codiciar, queremos algo mas pero sin esforzarnos. Actualmente el mundo nos dice que podemos obtener las cosas fáciles, las cosas “light” El mundo así es, pero… ¿a dónde apunta nuestra mirada y cuál es la intención de nuestro corazón?

Si sale un desnudo en una película, ¿qué hacemos?, si hablan mal de alguien, ¿qué hacemos?

La vista es natural, pero después que vemos, ¿qué entra en nuestro corazón y que hacemos con eso?

La sociedad actualmente es muy egocéntrica, nos concentramos en lo que yo quiero, como lo quiero y cuando yo quiero, ya no está a favor de nadie. Hoy es mas fácil deshacernos de amigos, familiares, trabajos, que pedir perdón. Nuestras generaciones que vienen tienen esa idea, no hay estabilidad, y eso provoca que la mirada esté puesta en las cosas, no en las personas. No hemos sabido entender lo que Dios demanda.

Hombres de luz

22 La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; 23 pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?

Mateo 6:22

Lo que Dios quiere que entendamos es la perspectiva que Él quiere, no a nuestra manera, no a lo que nos enseñaron, no lo que dice la sociedad, sino la perspectiva de Dios.

¿Qué hacemos cuando alguien nos pide una moneda? ¿lo vemos mal, pensamos mal, le damos la moneda, le compramos algo? ¿qué pasa en nuestros corazones? Lo que Dios quiere es nuestra perspectiva, para que nuestro accionar sea de adentro hacia afuera. Peor si desde principio actuamos por lo que primero vemos afuera, no haremos lo correcto.

26 Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto. 27 Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar, 28 volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías. 29 Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro.

Hechos 8:26-29

El Espíritu Santo le ordena a Felipe que vaya al sur, y el inmediatamente obedeció. Esas citas del Espíritu Santo también ocurren con nosotros. Que hacemos cuando se nos presenta una persona que nos trae el mismo problema de siempre. Pensamos ¡otra vez esta persona! O decimos, ¡que bien, otra oportunidad para bendecir, para consolar, para predicar! ¿cuál es nuestra perspectiva? Vemos al ebrio de siempre, ¿qué decimos? ¡otra vez este borracho! O decimos, “Señor, déjame orar por él”, le damos un taco, lo ayudamos. Mientras hay vida, hay la posibilidad de que la persona sea transformada en el poder de Dios. ¿cuál es nuestra perspectiva?

Si nuestro ojo es bueno, lo que hay en nosotros es bueno. Es poner las cosas en el filtro de Dios, de tal manera que podamos ver las cosas a su manera. Si hace frio en la mañana podemos decir “que flojera ir al templo, mejor me quedo, al fin y Dios está en todos lados” o decimos “que bien, otra oportunidad para estar juntos y alabar a Dios” ¿cuál es nuestra perspectiva?

Lo que Dios quiere crear en nosotros es crear esa luz en nosotros de adentro hacia afuera, y eso solo se logra con la luz de la palabra. Si no leemos la palabra, no conocemos a Cristo, y si no conocemos a Cristo, ¿cómo sabemos que es correcto y que es incorrecto? ¿cómo sabemos lo que Él quiere si no leemos la palabra? ¿cómo podemos cambiar si no conocemos las reglas? Él nos dejó su palabra para que sepamos cómo es Él y qué quiere de nosotros.

Muchos hemos cometido muchos pecados, pero al llegar al conocimiento de la palabra ya no podemos, ni debemos ser iguales. Esa es la diferencia entre la religión y la relación. En una relación con Cristo, el Espíritu Santo que vive en nosotros nos incomoda en las situaciones incorrectas, nace de adentro para cambiar hacia afuera. Si nos sentimos bien pecando, mintiendo y siendo groseros, entonces la luz de Cristo no está en nosotros, seguimos siendo nosotros, por que nada nos incomoda, nada nos hace reflexionar. Pero si la luz de Cristo está en nosotros, nos incomoda y nos hace que alumbremos a los demás.

Vale la pena que nos griten, que nos vean feo, pero si tenemos la luz de Cristo en nosotros, impactamos a los demás. ¿qué ve la gente en nosotros?

El primer efecto al convertirnos a Cristo es perder amigos, pero a la vuelta de la esquina nos los encontramos y nos dan la oportunidad de ayudarlos, con la luz de Cristo, y en su nombre. Esa es la perspectiva que debemos cambiar. ¿Cómo vemos a la gente? ¿cómo pecadores, o ni los vemos?

Tenemos que entender la perspectiva de Dios. Tenemos una familia para hablar mal de ella y estar mal con ellos, o para traerlos a Cristo. El propósito de Dios está sobre nuestros propósitos.

33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Mateo 6:33

Cuando nos enfocamos en lo que quiere Dios, todo lo demás viene solo. Conforme a la palabra de Dios debemos entender sus propósitos.

23 pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?

Mateo 6:23

Es difícil aceptarlo, pero todos lo hemos vivido, llámese lujuria, lascivia, etc. si vemos a alguien que nos atrae, lo primero que pensamos es alejarnos de nuestra pareja. Todo eso trae pensamientos como, dejar a nuestra pareja, como acercarnos, si la volvemos a buscar para “verla bien” Todo nuestro cuerpo se pone mal, nuestras manos, nuestros pies, nuestras palabras. Cuando recibimos las cosas malas y las dejamos entrar a nuestro cuerpo, todo esta mal, todo nuestro cuerpo se presta al mal y está destinado al pecado. Lo que vemos, recibimos y lo que hacemos con ello determina lo que hay en nosotros, si hay luz o hay tinieblas. Pero nosotros decidimos lo que hay en nosotros, no Dios, Él quiere habitar en nosotros, pero si no lo dejamos gobernar, aun llamándonos cristianos, no vamos a reflejar lo que Él quiere. Debemos dejar que todos los días nos gobierne Dios. Si Él nos gobierna, ya estamos del otro lado, por que el nos va a indicar todo lo que hay que hacer y todo será bendición. Lo difícil es que si no nos dejamos gobernar vamos a pelear con Él todos los días, y estamos tomando un lugar que no nos corresponde.

Dios está por encima de todas las cosas y de todo lo que podemos entender y visualizar. Cuando aceptamos quién es Dios, lo aceptamos y lo dejamos gobernar. Si lo logramos entender, que Él es Dios y que nosotros no somos Dios, viviremos felices, viviremos bien, por que entonces Él hará posible lo imposible sobre nuestras vidas.

¿Qué luz tengo? ¿a dónde voy?

¿Cuál es la luz que tenemos? Si nos preguntan diríamos que somos cristianos, ¿en realidad lo somos? ¿qué piensa la gente de nosotros? ¿que dirían si les preguntan de nosotros? ¿que no lo reflejamos? ¿que nos peleamos? ¿que somos groseros?

¿A dónde nos lleva la luz y a dónde nos llevan las tinieblas? Si nos pasamos peleando con vecinos y colegas, lo vamos a sufrir. Si nos pasamos quejándonos del jefe, nosotros lo vamos a sufrir, tarde o temprano vamos a explotar y es posible que nos perdamos de algo bueno, de la bendición de Dios. Si la pasamos quejando de nuestra esposa / esposo, familia, nos vamos a quedar solos. Podemos pensar que no es tan grave, que podemos vivir solos, pero no es así, la gente lo piensa, hasta que se quedan sólos.

Así que, si todo tu cuerpo está lleno de luz, no teniendo parte alguna de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una lámpara te alumbra con su resplandor.

Es necesario que alumbremos a los que necesitan de Cristo, y eso lo logramos con la palabra de Dios.

33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Mateo 6:33

Queremos la paz, el amor, la estabilidad, la economía, una maravillosa compañera / compañero de vida, unos hijos obedientes, sanos en todas las áreas, emocional, sexual, académica, etc. ¡busca el reino de Dios! Porque cuando buscamos el reino de Dios quiere decir que estamos en la obediencia de Dios y Dios se vuelca en bendiciones para nosotros y nuestras familias, pero el punto es buscar, no llegará solo, ni cada domingo. Se debe buscar el reino de Dios de forma constante, y el reino de Dios es la voluntad de Jesucristo, y su voluntad viene en toda la palabra de Dios.

No es encontrar el hilo negro, es entender que buscar el reino de Dios es hacer la voluntad de Dios, y esa voluntad viene en la palabra, y entonces todas las cosas saldrán bien.

2 Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.

Colosenses 3:2

El apóstol Pablo nos hace ver que son las cosas de arriba:

  • La relación con Dios a través de Jesucristo. Tenemos que entregar nuestra vida a Cristo, decirle en un acto de Fé que le entregamos nuestra vida, y si lo hacemos con Fé, Él nos escucha. Y cuando entregamos nuestra vida a Jesucristo, tenemos una relación de bendición, también de corrección, pero sobre todo de amor. Pero tenemos que entregarle nuestra vida a Cristo.
  • La vida eterna y la promesa de la resurrección. Cuando entendemos que hay una vida después de la muerte, nos preocupamos. Sabemos que no termina nuestra vida cuando cerramos los ojos y se apaga nuestro corazón y cerebro, ahí no termina. Comienza una vida eterna, por que no volveremos a morir. Cuando entendemos y comprendemos que la vida eterna es para nosotros, entonces llegamos de la mejor manera: con paz, con amor, con conocimiento, con servicio, con fruto al Señor, para que esa vida eterna la pasemos bien. La promesa de la resurrección en la carta de Pablo a los Tesalonicenses, dice que no ignoremos a aquellos que duermen, por que los muertos en Cristo resucitarán primero, luego los que hayamos quedado seremos transformados (1 Tesalonicenses 4:13-18) Tenemos una promesa de Dios de que al morir en esta tierra, tendremos una vida con Él para siempre. Pero también la promesa dice que si no estamos con Él al morir no termina, ni nos “integramos al cosmos” sino que habrá un lugar de castigo para las almas que no recibieron a Jesús. Ésto no es injusticia, pues Dios nos da la libertad de elegir, injusto sería que no pudiéramos elegir y que Él eligiera por nosotros. Así que si Dios nos deja elegir, elijamos lo bueno. Nadie nos puede obligar a elegir a Dios, ni Él mismo, pero ese día será el lloro y el crujir de dientes (Mateo 13:49-50)
  • La justicia y la rectitud de Dios. Seamos íntegros, seamos luz, seamos cristianos verdaderos, seamos gente de bien, seamos gente que ayuda, gente que se deja mover por Dios para salvación de otros. Tengamos la luz y el carácter de Cristo.
  • El amor y la misericordia de Dios. Esas son las cosas de arriba. Seamos íntegros, el reflejo del Señor.
  • La comunidad de los creyentes y la iglesia. Es bueno tener una congregación. El Señor dice que donde estén dos o tres en su nombre, (Mateo 18:20) Él se manifiesta, Él envía vida eterna, Él hace armonía, Él hace una familia. La iglesia, que somos los congregantes y no la estructura física, es lo que Dios pide para que no estemos solos, para que veamos la gloria de Dios y veamos como Dios trabaja con nuestros hermanos en la Fé.

En contraste, «las cosas de la tierra» se refieren a las preocupaciones y deseos temporales y terrenales que pueden distraernos de nuestra relación con Dios y de las cosas que realmente importantes. Pablo está animando a los creyentes a priorizar las cosas de arriba y a vivir de acuerdo con los valores y principios del reino de Dios.

Si ponemos nuestro corazón, nuestra mirada, la luz de Cristo en los puntos anteriores, seremos felices, por que las cosas de la tierra entonces ya no trascienden, ya no nos afectan, ya no nos quita la vida ni el tiempo. Lo que nos ocupa es hacer la voluntad de Dios.

Así que pongamos nuestra mirada en las cosas de arriba, las que nos dan eternidad.

¿Cómo podemos alcanzar las cosas de arriba?

  • En la mañana comienza el día con oración y lectura bíblica: Dedica tiempo a conectarte con Dios y a reflexionar sobre su Palabra.
  • Establece prioridades espirituales: Pregúntate qué puedes hacer ese día para glorificar a Dios y avanzar en tu relación con Él.
  • En las decisiones diarias pregúntate si la decisión te acerca o te aleja de Dios: Antes de tomar una decisión, considera si se alinea con los valores y principios bíblicos.
  • Prioriza la integridad y la honestidad: Aunque sea difícil, elige hacer lo correcto, incluso si no es lo más conveniente.
  • En las relaciones, busca edificar y servir a los demás: En lugar de enfocarte en tus propias necesidades, busca oportunidades para bendecir y ayudar a otros.
  • Perdona y muestra misericordia: Al igual que Dios te ha perdonado, busca perdonar a los demás y mostrarles misericordia.
  • En la adversidad, busca la perspectiva eterna: Cuando enfrentes desafíos, recuerda que esta vida es temporal y que Dios tiene un plan eterno para ti.
  • Confía en la soberanía de Dios: Aunque no entiendas lo que está sucediendo, confía en que Dios está en control y que tiene un propósito bueno para ti.

Colosenses 3:2 es un proceso diario y que requiere esfuerzo y dedicación. Pero con la ayuda del Espíritu Santo, podemos aprender a priorizar las cosas de arriba y a vivir una vida que glorifique a Dios.

Un proceso implica dedicación, esfuerzo y disciplina. Hasta nuestra mente debe ser disciplinada, preguntarnos en cada decisión si nos conviene y si le agrada al Señor. Moldear nuestra mente, ser disciplinados, forzarnos por agradar, aprender, esforzarnos, agradar, ser misericordiosos, servir a otros en la necesidad. Predicar a Cristo y mostrar lo que Él ha hecho en nuestra vida. Si en el proceso nos caemos, levantémonos, retomémoslo y sigámoslo haciendo.

Es sumamente importante que cambiemos nuestra forma de ver, y esto lo lograremos leyendo la palabra de Dios. Esa luz que debe haber en nosotros debe ser Cristo, y si Cristo está en nosotros, no nos escondemos, sino mostramos lo que Él ha hecho en nosotros.