25 Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. 2 Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. 3 Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; 4 mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. 5 Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. 6 Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! 7 Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. 8 Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. 9 Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. 10 Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. 11 Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! 12 Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. 13 Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.
Mateo 25:1-13
En esta parábola nos habla de la venida del Señor, algo que ya se ha predicado aquí varias veces, algo que ya le hemos podido dar distintos análisis desde distintos puntos de vista. Pero tomando en cuenta esto, ¿qué nos dice? Que tenemos que estar preparados, prevenidos, tenemos que buscar la presencia de Dios.
Esta parábola nos ubica en un evento que ocurría en la cultura judía, israelita. Nosotros tenemos ciertas costumbres, ciertas tradiciones, en cuanto a cómo celebrar una boda. ¿Cómo se celebra la boda? ¿Cómo lleva el mexicano a cabo una boda? Paso uno: se necesitan dos personas, se enamoran, se hacen novios, se hace la propuesta y de pronto, ahora sí, viene el bodorrio. ¿Cómo es el bodorrio? Las dos personas llegan y se empieza la situación. Llega el marido primero a la situación, luego llega la futura esposa y entonces todos conviven. Primero se tiene un momento solemne. En algunas culturas es en una iglesia católica. Luego para nosotros es un momento con el Señor, en el que nosotros podemos decir que Dios está de testigo, que dos personas se van a unir. En la cultura judía no era tanto así. No llevaban vestidos de blanco, no traía su trajecito, no había que los pajecitos y que las damas de honor. La cultura judía era un poquito distinta.
Lo que pasaba era que la dama que se iba a casar se encontraba en su casa y el varón que iba a esposarla, junto con ciertas personas de su confianza o más cercanas, hacía todo un viaje desde su hogar hasta el hogar de la dama que iba a tomar por esposa. Por eso aquí dice que estas personas estaban esperando al esposo. Digamos, de cierta forma, la dama está en su casa, ahí esperando al esposo, y los invitados que no hacían el recorrido con el futuro marido, estaban a la espera de que llegara el esposo, para que ahora sí empezara la fiesta, empezara la celebración. Y esto era lo que estaba pasando.
Actualmente hay muchas, este, formas de invitar a la gente, ¿no? Eh, me acuerdo que hace unos años estaba muy de moda, que se hacían las invitaciones, así en papelito, con papel bonito, con moñito, todo, y se mandaban por correo o se entregaban personalmente. Actualmente, pues ya hay otras formas, que digitales, que videos, que esto, que aquello. La gente se saca mucha, mucha creatividad en este aspecto, pero en aquel entonces no había como tal de: «Ah, te invito, aquí está mi invitación». Todo ese tipo de cosas no existía. Solamente existía el me voy a casar, ella es la que va a ser mi esposa y el recorrido es tal día. La hora, quién sabe. Se acostumbraba que fuera de noche, pero no era como que andaran todos con reloj, no era como que se pusieran su alarma, ¡no! Tenían que estar ahí esperando a que llegara el esposo y no se podían mover de ahí hasta que llegara el esposo, porque si no entraban con el esposo, ya no entraban. No era de: «Me dieron dos boletos, ¿puedo pasar con dos personas?» No, tenías que entrar con el esposo. En ese contexto, y en el contexto de que las bodas eran de noche, muchas de las ocasiones, pues todas las personas… y tenían que ir preparadas.
¿Qué llevamos cuando salimos del hogar? Dinero para trasladarte, el celular, las llaves, el regalo para los novios. En ese entonces, lo más importante era llevar una lámpara, era una lámpara que se prendía con aceite. Aquí dice que cada mujer traía su lamparita y su vasija de aceite. ¿Por qué el aceite? Porque, ¿qué pasa cuando encienden una vela? Se va consumiendo, con la lámpara es algo similar, se va consumiendo el aceite. Algunos de ustedes, yo me imagino, sí han visto estas lámparas que funcionan a base de aceite.
Entonces, ¿por qué llevaban aceite extra? para cuando se consume el aceite. ¿A qué hora iba a acabar la boda? No sabría. ¿Qué pasa después de la boda? Regresas a tu casa, ¿no? ¿Cómo vas a regresar si andas a oscuras en medio de la noche? ¿La lámpara era necesaria? Sí. ¿El aceite era necesario? Sí. Toda persona sensata llevaría aceite, ¿cierto? Y una lámpara, o se le pega a alguien que trae lámpara y aceite.
Estas vírgenes, cinco eran sensatas, pensaron en estar preparadas, ¿y las otras cinco, no? ¿Cómo se asemeja esto con nosotros o por qué nos interesa? No somos judíos, ya no necesitamos lámparas, ya hay luz. No vamos a estar esperando a un señor, que no conozco, para entrar a un bodorrio. ¿De qué me sirve a mí? Esto es solamente una parábola. ¿Qué es una parábola? Una parábola es una forma en la que Jesús revelaba una verdad bíblica, una verdad espiritual y una verdad sobre el reino de los cielos. ¿Cómo se asemeja? ¿Quién será el esposo?… Jesucristo, Jesucristo es el esposo. ¿Quién serán las vírgenes? ¿Quién será insensata y quién sensata, sensata?
Pensando en esta analogía, ¿qué sería la lámpara? ¿qué sería el aceite? La lámpara no es otra cosa más que nuestra vida, la vida que hemos llevado hasta ahora.
Usted podría decir: «lo más lógico es que el aceite sean las acciones que hacemos”, ¿o qué sería lo más lógico? El aceite es lo más vital. El aceite es el Espíritu Santo. ¿Por qué? Porque una lámpara, nuestra vida, no se puede mantener encendida por sí sola. La Biblia lo dice, nos compara muchas veces con vasijas de barro, ¿cierto?
7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros,
2 Corintios 4:7
¿Pero por qué seríamos nosotros vasijas de barro? La palabra de Dios, dice que es porque la gloria que es depositada en esas vasijas no pertenece a las vasijas, no tiene nada que ver con una vasija de barro. La gloria es solamente de quien la depositó ahí, y es nuestro Señor Jesucristo. Ahora, si nosotros decimos que lo que hay dentro de nosotros, que es lo más bueno que puede haber, no pertenece a nosotros, entonces el aceite no son nuestras obras, no es nuestro carácter, es el Espíritu Santo.
Ahora, yo le quiero preguntar. No me conteste. ¿Usted sabe, en este momento, es usted una de las vírgenes sensatas o insensatas? Solo usted y Dios lo sabe. Pero ¿cómo podríamos determinar cuál somos? Sencillo, ¿estamos listos con todo lo que necesitamos para recibir a Dios? Yo me planteaba esto durante la semana, mientras preparaba el tema, hermanos, y me pregunté: ¿cómo sabes si ya estás listo? ¿Qué te dice si ya estás listo o no? [tos] ¿La vida que has llevado? Porque puedo tener una semana de haber conocido al Señor Jesucristo. No he hecho a lo mejor mucho, no he predicado, a lo mejor no me, no me ha dado tiempo de bautizarme, a lo mejor nunca he tomado una santa cena en mi vida. ¿Estaré listo en ese caso? ¿Qué me dice si estoy listo o no? ¿Mis obras? ¿O acaso el pastor, el pastor viene y me dice: «Tú sí te vas al cielo, tú no». O a lo mejor, la persona que me presentó a Cristo. ¿Quién me lo dice? Y la respuesta es clara. Cuando tú oras en la intimidad, con la puerta cerrada, y tú dices: «Dios, ¿tú ya vienes? Si tú vinieras ahorita, ¿me voy contigo?» Y tú no sientes paz, y tú no escuchas la voz de Dios diciéndote: «Tú eres mi hijo». No es por la vida, no es por las obras que hemos hecho, porque la salvación no viene por obras, eso lo sabemos todos. La salvación la da Dios y se la da a quien Él quiere, como Él quiere. Él la ofrece a todos, pero la salvación solamente es por gracia, porque no hay manera de merecerla. No hay una cantidad de almas que tú tengas que ganar para decir: «Ya soy salvo. Ya, de aquí en adelante puedo hacer de mi vida lo que quiera». No, no hay un sacramento en la Biblia que tú tengas que realizar para decir: «Ahora sí, ya soy salvo de aquí para siempre». ¿Cómo sabes en qué estado está tu salvación? Solo Dios te la puede revelar. Nadie que se pueda parar aquí podría llegar a usted a decirle: «Es que tú no eres salvo, o tú sí eres salvo». Nadie puede, porque la Biblia lo dice: Dios no ve lo que ven nuestros ojos. Dios ve mucho más el corazón, y no hay forma de que alguno de nosotros podamos saber si una persona es salvo.
Podemos, por otro lado, juzgar las obras de esas personas. ¿Cómo? Bíblicamente. ¿Podemos saber si una persona vive de la forma en la que Dios lo marca? Sí. ¿Podemos saber si una persona está en pecado basándonos en la Biblia? Sí. ¿Podemos saber todas estas cosas? Sí, porque sí nos lo dice la Biblia, porque solo es cuestión de observar y comparar. Pero el estado de salvación de una persona, por decirlo de alguna manera, [ruido] no tenemos forma de saberlo. Lo cual de cierta forma es bueno, porque ¿quién es el dueño de la salvación? Él es el dueño, capaz de decirte a ti hoy en día si estás listo para irte con Él o no.
16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
Romanos 8:16
¿Quiénes se van al cielo? ¿Quiénes se pueden ir al cielo? Los hijos de Dios. Se van al cielo los hijos de Dios. ¿Quiénes son hijos de Dios? Los que hacen la voluntad del Padre. No hay más.
Los que hacen la voluntad de Dios por amor, por gratitud y por tener una relación con Él. Porque hay muchos que hacen la voluntad de lo que Dios dice y se llaman fariseos, se llaman religiosos, se llaman hipócritas. Pero los que hacen por amor, por convicción y por relación con Dios, lo que Él demanda, son hijos.
¿Qué nos lleva a servir? El amor y la Fe. Una persona que sirve y no tiene amor a Dios ni Fe en Dios, solo hace por hacer, no está sirviendo, solamente hace por hacer. El verdadero servicio, el verdadero trabajo que Dios nos manda a realizar es con amor y con Fe. ¿Por qué? Porque el amor es lo que nos lleva al cómo vamos a hacer las cosas, y la Fe es lo que nos lleva a decir: «Si Dios me está mandando es porque algo va a hacer». Y con este entendimiento, yo voy a dar lo mejor de mí y voy a hacer todo lo que esté en mis manos para hacer lo que Dios me está pidiendo. Y si Dios me pide que todos los días a las cinco de la mañana me pare allá afuera con un letrero que diga: «Dios te ama» lo voy a hacer, y no me voy a cansar en el alma. Me puedo cansar en el cuerpo, pero en el alma no, porque yo tengo la Fe de que Dios va a usar ese cartel y a mí a las cinco de la mañana, ¿para algo? ¿Para qué? Quién sabe, solo Dios sabe.
Porque esa es otra, mis hermanos, nosotros esperamos que cuando Dios nos manda a servir, nos saque una planeación bien padre, con la misión, la visión, los objetivos, las metas, fechas, momento en el que se va a cumplir cierta meta, momento en que se va a cumplir la siguiente. ¡No! Quien le haya dicho eso, lamento romperle la fantasía. Eso no pasa. Dios te dice: «Sal». ¿A dónde? «Ahorita te digo, sal». Okay, Señor, ¿ahora qué? «Vete para allá».
Si usted espera que para que para que usted pueda servir a Dios, Dios le tiene que entregar una planeación de su enorme, perfecto plan, jamás va a poder servir a Dios, mi hermano. Si usted está esperando que Dios venga y le diga: «Te voy a dar un alma, va a llegar en dos horas y le tienes que decir esto, y después va a pasar esto, y después va a pasar esto», eso no va a pasar.
Un milagro que todos conocemos, una historia que creo que ya todos hemos escuchado en algún momento de nuestras vidas: Moisés. Cuando el mar Rojo fue abierto, ¿cómo fue el suceso? ¿Qué pasó primero y qué pasó después? Primero, llegaron. Dios los estaba correteando. Ya traían a los egipcios a nada de llegar. Se siente la adrenalina, pueden morir en cualquier momento. Hay un mar enorme ahí adelante y ninguna otra salida. Y Dios dice: «Avanza». Y después se abre el mar. Al pueblo le dijo: «Órale, vas». El pueblo no sabía qué iba a pasar. El pueblo todavía ni había visto que el mar Rojo se había abierto. El pueblo no tenía ni idea de que Dios iba a hacer un milagro tan grande en ese momento. Pero Moisés tenía Fe, y Moisés tenía amor, primero a Dios y después a ese pueblo. Y con Fe y amor abrió el mar Rojo, y con Fe y amor fueron salvos de la mano de los egipcios. Pero primero fue avanzar. Dios no dijo: «Moisés, voy a abrir el mar, prepárate». No, Dios dijo: «Moisés, agarra tu vara y haz esto». El mar no se ve bien y tenían que avanzar.
Eso fue lo que hizo. Mi hermano, en nuestras vidas va a haber incontables ocasiones en las que tengamos que avanzar sin todavía haber visto el milagro que Dios va a hacer. Por eso es por Fe, por eso es con amor, primero a Dios y después a la misión que Él nos ha encomendado, al prójimo, al ministerio que Dios nos va a dar.
Ahora, con todo esto, yo le pregunto: ahora que ya sabemos que lo único que me puede decir si soy salvo o no, si estoy en luz o no, es Dios, y yo, Su Espíritu me lo va a revelar a mí. Suponiendo, suponiendo oye, que ninguno de nosotros está listo, ¿sabríamos en qué hemos fallado? Si hoy Dios lo encara a usted, nos encara a todos y nos dice: «Papacito, mamacita, ¿quién te dijo que ya estás listo? ¿Quién te dijo que si yo vengo ahorita en una hora, en dos minutos, te vas a venir conmigo? No te conozco». Si Dios te lo dijera, ¿sabrías en qué has fallado? ¿O no sabes? Ninguno de nosotros es perfecto, hermano. Desde la persona que abrió esta congregación hasta la persona que acaba de llegar hace unos días a congregarse aquí, nadie es perfecto. No importa cuánto tiempo llevamos en el Evangelio, no importa si ya tenemos un ministerio, si ya estamos bautizados con el Espíritu Santo, nadie es perfecto. Y Dios lo sabe. Pero lo que te hace hijo no es ser perfecto, lo que te hace hijo es que escuches su voz y la sigas. La Biblia lo dice: ¿Quiénes son las ovejas del Señor? ¿Escuchas su voz? Y cuando la escuchas, ¿la sigues? No es por obras. No lo es. Es por obediencia, es por gracia, es por amor, es por Fe. Pero todo lo que Dios te ha dado, inevitablemente, te lleva a servir. Y a servir de la mejor manera.
¿A cuántos Dios nos ha perdonado el pecado? ¿A cuántos Dios nos ha sacado de un punto en el que creíamos que ya nada nos iba a sacar? Amén. ¿A cuántos Dios nos sigue sacando de situaciones que creemos muchas veces que ya no se van a acabar? Amén. Cuando estamos conscientes de todo esto, de verdad, lo se mueve algo aquí en el corazón, que dice Dios: te lo devuelvo. Personas me han dejado, personas me han traicionado, personas me han lastimado. Y tú, que no me has hecho nada, que me lo has dado todo, a veces soy tan ingrato contigo.
Aquí llama insensatas a las vírgenes que no estaban preparadas. ¿Qué es la insensatez? Desobediencia, falta de sabiduría, no pensar las cosas, actuar por cualquier punto, necedad. La insensatez viene por la falta de Dios, por la falta de su sabiduría. La Biblia lo dice: quien no tenga sabiduría, pídala a Dios. Pídala a Dios. ¿Qué pasa cuando pedimos sabiduría al Señor? Nos da un botecito que dice: sabiduría. Tómatelo. Cinco mililitros cada ocho horas. Nos da una pastillita. Eh, una cada doce horas por diez días. ¿No? En circunstancias donde tienes que llevar a cabo tomar decisiones. Dios llega y te dice: esto es la base para que empieces a ser sabio, y te da la oportunidad para ser sabio. Si tú pides paciencia, la prueba produce paciencia. Si tú pides Fe, las circunstancias difíciles producen Fe. Si tú pides, amor, te va a dar la oportunidad de dar amor. No te va a dar un frasquito que dice: «Tómate tanto y ya comienzas a levante». No, te da la oportunidad de ser santo, te da la oportunidad de dar amor, te da la oportunidad de tener Fe. ¿Por qué? ¿No sería más fácil darnos a todos un frasquito? Eres algo, toma tu kit. Ahí viene sabiduría, ahí viene obediencia, ahí viene Fe, ahí viene… sería mucho más fácil, te los tomas y ya, de pronto ya tienes todo el fruto del espíritu. No, no funciona así. ¿Por qué no funciona así? Porque todo lo que hacemos debe ser por convicción y amor a Dios.
¿Cómo no somos vírgenes insensatas? Teniendo a Dios, oyendo a Dios, bueno, escuchando a Dios, obedeciendo a Dios. Ahora, ¿por qué la urgencia?
Todos hemos visto noticias recientemente, y hemos visto los acuerdos de paz, y sorprende es la rapidez con la que están pasando los eventos, antes hacer un tratado de paz llevaba años. La prontitud con la que se están dando las cosas, llama mucho la atención, de verdad no podemos ya saber en qué momento viene el Señor. En cuestión de meses, de horas, se están llevando a cabo sucesos que de verdad no se veían históricamente, de esa magnitud, de esa rapidez. No sabemos en qué momento, pero sí vemos que ya el tiempo, es muy corto y no vamos a tener tiempo ni siquiera de, de reaccionar, e hijos de Dios, ya pasó.
¿Por qué esto es importante? ¿Por qué nos altera? ¿Por qué le encontramos urgencia en esto? Porque la Biblia dice que cuando empiecen a proclamar que habrá paz y seguridad, es como una trompeta que ya anuncia que el Señor está al nada. ¿Por qué esto es importante? Porque esas fueron las palabras exactas que se dijeron cuando se firmó ese tratado, que iba a entrar una etapa de paz y seguridad.
Todo se está acomodando como en una tabla de ajedrez, donde todo ya está posicionado para que en el momento en el que se dé una orden, todo comience. ¿Qué va a comenzar? ¿Han leído Apocalipsis? Bueno, los que no lo han leído, en algún momento les invito a que lo lean. ¿Qué pasa cuando el Señor ya viene por su Iglesia? Viene algo muy difícil, viene algo descrito como la etapa en la que Dios ya no va a mover nada aquí. No porque no pueda, sino porque Él se va a limitar. Ya no va a haber misericordia, amor o estas cosas que permiten que el espíritu se mueva aquí y que haya paz. Que una persona pueda estar en su casa en intimidad con Dios y sentir paz. Ya no va a existir. Va a existir el hambre, va a existir la guerra, va a existir algo peor que la pandemia del coronavirus, va a existir muchas cosas que van a ser justicia de Dios. ¿Por qué esto es importante? Porque todas las personas que no sean hijos de Dios se van a quedar ahí, a sufrir años.
Si creíamos que el encierro de la pandemia había sido tortuoso, imagínense todo mucho peor. ¿Y quiénes lo van a sufrir? Los que no son hijos de Dios. ¿Por qué? ¿Dónde estarán los hijos de Dios? Con Dios, en el Reino de los Cielos.
No sé si mientras estoy diciendo todo esto, venga a su mente personas, vengan a su mente situaciones, pero yo sé que hay más de una persona en la que estamos pensando que no querríamos que atravesáramos. No podemos enfocarnos en rescatar almas allá afuera, cuando ni siquiera sé si yo estoy listo para la venida de Dios.
2 Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; 3 que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. 4 Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón.
1 Tesaonicenses 5:2-4
¿Cómo es la venida del ladrón? Te mando un memo. El veintiocho de febrero a las tres de la tarde te voy a asaltar. En tal colonia, en tal esquina, ahí me esperas. Si llego tarde, me esperas cinco minutos.…
¿cómo es la venida de la? Imprevista. Silenciosa. Silenciosa, imprevista. ¿Así va a ser la venida de Dios? Silenciosa, no sé, pero imprevista, sí. Yo no diría silenciosa, porque Él nos mandó ciertas cosas. Cuando digan paz y seguridad- ¿Cuál es? Tome en cuenta que… ¿Y qué dice? No andes en tiempos, no seas insensato. Una persona insensata es una persona que sabe que algo puede pasar y decide hacerlo a un lado. Eso es insensatez, ignorancia, que no lo lleva. No es por ignorancia. La insensatez entiende y sabe que algo puede pasar, y aun así decide no hacer nada al respecto. Es irresponsable, es irracional.
Ahora, perdone usted, hermano, pero el día de hoy usted ya está advertido. Ya no podríamos ninguno de nosotros llegar ante el Señor y decir: «¡Es que yo no sabía! ¡Es que a mí nadie me dijo! ¡Es que cómo querías que lo supiera?». Porque ya todos hoy escuchamos que Cristo viene, que no tarda. ¿Por qué? ¿Porque lo dice la hermana que está ahí en frente? No. Las noticias nos están revelando muchas cosas. «Pero, hermana, llevan cincuenta y tantos años diciendo que Cristo ya viene y no más no viene». ¿Qué cree? Aquí también le habían dicho a las vírgenes que ya venía. Tardó un poco más, y cuando vino no estaban listas.
Si tanto tiempo hemos tenido para prepararnos, ¿por qué no estamos listos? Porque somos insensatos. Porque hoy me siento bien y gracias, Señor Jesucristo, por el sol, por las nubes, por los pajaritos. Gracias, Señor, te alabo y te bendigo. Pero me va mal. No llego la quincena completa. El niño reprobó todas las materias. Se me salió mi adolescente y no sé dónde rayos está. Y entonces, adiós, adiós al Señor. Ya no le preguntamos qué opinan, ya no le preguntamos por qué está pasando, qué es lo que debo hacer yo ante la situación. Si usted exprime un limón, ¿qué va a salir? Jugo. Si usted pone bajo presión a un cristiano, ¿qué debería salir? debería salir Cristo. El carácter de Cristo.
Y no estoy tirando piedras, hermano, créame que cualquiera que tenga que pararse aquí, ya recibió el regaño previamente, una semana o dos o tres antes. Ya pasó por un ajuste de cuentas. Y me incluyo en todo esto, hermano. Porque cuando Dios nos pone bajo presión, no sale Cristo. No siempre, y debería ser siempre, porque somos unos irresponsables y realmente a veces muchos hacemos a un lado a Dios. Y no lo llevamos a cabo como debe de ser su palabra. Es porque no amamos a Dios.
La Biblia nos puede enseñar mil cosas, el pastor nos puede hablar de mil cosas, el jefe de la familia puede hablarnos de mil cosas, pero nadie lo puede obligar a usted a amar a Dios. ¡Ah! Ni siquiera a Dios. Mi hermano, hoy en día ya no se sabe qué es el amor. ¿Cómo puede usted saber amar a Dios? Tiene que dejar que Él le diga cómo. Todo lo que hacemos debería ser guiado por el amor y la obediencia a Dios. Es cierto, nuestras vidas no son perfectas. Hay cosas que nos han lastimado, hay cosas que nos lastiman y que muchas veces también nosotros solitos nos metemos el pie en nuestra relación con Dios. Pero Dios ya está cansado de eso. Dios ha sido muy paciente y misericordioso con todos y cada uno de nosotros. Pero no va a seguir aguardando para siempre. Algún día va a venir, y si alguno de nosotros parte antes, eso no nos va a eximir de presentarnos delante de Dios un día y que nos pregunte qué hiciste con lo que te di.
Usted podrá parar así y decir: ¿No me ha dado nada? Yo no soy pastor, yo no soy evangelista, yo solo voy y me congrego los domingos. Perdón, hermano, ¿no te dio vida? ¿No te amó? ¿No te dio tiempo? ¿No te dio una familia? ¿No te dio, yo qué sé, a lo mejor en algún momento de la vida, economía, un trabajo? ¿No te prestó jamás el oído de una persona? Y en lugar de hablar palabra de Dios, ¿de qué hablas? En lugar de decir: «Hijo, hija, a partir de hoy, en esta casa se vive con los mandamientos que Dios nos ha dicho, tanto para ti como para mí», era más fácil seguir el patrón.
Hermano, yo no lo juzgo, pero Dios algún día nos va a juzgar a todos. Y créame que para cualquiera que se pare en este lugar, en este atril, lo único que queremos es que todos, algún día, parados delante de Dios, Él pueda decirnos: «Siervo, entra en el gozo de tu Señor». No hay forma de ganar el cielo, hermano. El cielo no es algo que se gana.
La salvación no es algo que se merece, es algo que se recibe por amor y es algo que se cuida con temor y temblor por amor. ¿Cómo queremos pasar el resto de la eternidad delante de Dios, si hoy no quiero estar cinco minutos con Él? ¿No le parece incongruente? Mi hermano, la vida lo ha lastimado, la gente lo ha lastimado, lo ha traicionado y lo ha convertido a lo mejor en una persona que usted no quería ser. Pero Dios le está dando hoy la oportunidad, otra vez, de aprovechar lo que le queda de vida.
Yo le comparto esto, mientras yo amaba este tema, yo le decía a Dios: «Dios, de verdad, cuánto tiempo he desperdiciado. Porque yo te conozco desde que soy una niña. Me enseñaron muchas cosas, sí, pero yo conocerte a ti, sentirte a ti por primera vez». Era una niña en una fogata que no podía entender que lo que estaba sintiendo era Dios. Y yo sé desde que, que desde ese momento tú me empezaste a pedir cosas que yo no hice. Yo hoy tengo veinticuatro años, ¿y cuánto tiempo de esos veinticuatro años desperdicié? ¿A cuántas personas pude haberles hablado de ti más, haber insistido más, haber cuidado lo que me diste más, haber hecho que lo que ya me habías dado creciera más? Por insensata, no lo hice. Porque la niña quería otras cosas. ¿Malas? No, estudiar no es malo, aprender cosas no es malo. Y ese es el problema. Creemos que lo que nosotros queremos no es malo. Querer alimentar a mi familia no es malo, querer darle a mis hijos lo que yo no pude tener, a lo mejor, no es malo. Lo malo es que creas que ese es el objetivo de tu vida o la prioridad que Dios tenía para ti.
Yo no sé si hay alguien aquí que en algún momento estuvo a punto de morir. Seguramente más de uno. ¿Y nunca te preguntaste por qué Dios te dejó con vida? Y si sí, ¿cuál fue la respuesta? ¿Para venir los domingos a la iglesia, cantar con todo mi corazón y después irme a mi casa? ¡No! Te lo digo aquí, no. Dios tiene un propósito para todos nosotros. Uno general, que es ve por el mundo y haz discípulos, y uno específicamente para ti. Y lo hemos dejado de lado. ¿Por qué? Solo tú sabes. En mi caso, porque yo quería otras cosas, que creía que no eran malas.
Hermano, todo lo que lo aleje de Dios se convierte en su enemigo. Puede ser la persona que usted más ama, y se convertiría en su enemigo porque la ama más que a Dios. Puede ser un trabajo honrado en el que gana bien y que puede sustentar a su familia con ello, pero se convertiría en su enemigo, porque lo aleja de Dios. Las cosas por sí mismas muchas veces no son malas. Nosotros, el uso que le damos, el lugar que le damos a nuestra vida, eso es lo que nos quiere.
No sé usted, hermano, pero yo ya me cansé de ser una virgen insensata. Y si usted, al igual que yo, ya se cansó de ser una virgen insensata, pidámosle al Dios de la sabiduría que nos diga cómo hacer las cosas a partir de ahora. Ya no piense en el tiempo que perdió, ya no piense en lo que no pudo hacer, ya no piense en lo que Dios le pidió y usted no obedeció, porque eso solo lo va a ahogar. Piense que hoy Dios le está dando otra oportunidad para dejar de ser una virgen insensata y convertirse en una virgen prevenida, que cargó el aceite que necesitaba y entonces pudo entrar a las bodas y pudo estar con el novio.
¿Por qué? Porque en cualquier momento Trump puede entrar a México y decir: «Ya no se congregan». Puede entrar, como hizo en Venezuela, y decir: «Se acabó. Adiós a las congregaciones”. Cualquiera que mande un tríptico a otra persona diciendo la palabra Dios se me va a la cárcel. Cualquier persona que yo escuche o que cualquiera escuche cantando alabanzas, se me va a la cárcel. Cualquier persona que yo vea que trae aquí una cruz o que trae una sudadera que diga Juan tres dieciséis, se me va a la cárcel.
¿Qué va a hacer? El lloro y el crujir de dientes, porque nos vamos a arrepentir de todo lo que no hicimos. Hermano, evitémonos el arrepentimiento y empecemos hoy. Evitémonos el lloro y crujir de dientes. ¿Qué es el lloro y crujir de dientes? Sencillo: la total ausencia de Dios en tu vida. Si hay veces que Dios no responde por dos días y sentimos que nos morimos, imagínese cómo va a ser que literalmente Dios ya desaparezca de su vida. Y no porque no quiera o ya no nos ame, sino porque nosotros le cerramos la puerta.
Mi hermano, todo indica que hoy es el momento en que debemos levantarnos, el momento en que debemos dejar de sentir lástima por nosotros mismos, tomar la cruz que Dios nos ha dado y salir. Aunque choquemos con el mar que hay adelante de nosotros, Él abrirá el mar. ¿O acaso no puede? ¿Él no puede agarrar a un niño para derrotar a un gigante? ¿Él no puede agarrar a un tartamudo para irse a enfrentar con un faraón y decirle: «Me llevo a los judíos»? ¿No puede? ¿Él no puede agarrar a una persona un tanto temperamental y decir: «Señor, que caiga fuego del cielo», y que caiga fuego del cielo?
Mi hermano, ninguna persona en toda la Biblia que Dios haya usado era perfecta. Todos eran pecadores, que en muchos de los momentos de su vida dudaron de Dios, y aun así Dios los usó. ¿Por qué? ¿Se lo merecían? No, porque Él quiso. Dios no llama a las personas que están preparadas. Él llama a las personas y espera que por amor y gratitud se preparen. ¿No estás listo? ¡Felicidades! Eres candidato para que Dios te use. ¿Ya estás listo? El doble. ¿Ya estás listo? ¡Perfecto! Órale, ¿qué esperas? Que baje un ángel y me diga: «Dios te está llamando». Eso no va a pasar. Perdón, pero si no le pasó al apóstol Pablo, si no le pasó [tos] a mil personas, ¿quiénes somos nosotros para decir, pedirle a Dios que haga eso? Y que hasta que no lo haga, yo no voy a hacer nada.
Si en algún momento amaste a Dios, si en algún momento tu corazón sintió verdadera gratitud por lo que hizo por ti, ¿qué esperas para volverte a enamorar de Dios? Si sin amor no podríamos hacer algo, ¿qué va a hacer? Porque la Biblia lo dice: «Si yo hablara en mil lenguas angelicales y no tuviera amor, de nada sirve»
1 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. 2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. 3 Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
1 Corintios 13:1-3
Tu servicio no puede tener falta de amor y no puede tener falta de Fe. Tu vida no puede tener falta de amor y falta de Fe.
Mi hermano, solamente tú puedes decidir qué hacer con tu vida. Nadie va a tomar esa decisión por ti, pero te lo digo por experiencia, la obediencia que tarda también es desobediencia. La obediencia que se pospone también es pecado. Y eso nadie te lo dice hasta que enfrentas las consecuencias. Si Dios te llama hoy, contesta. Si Dios te pide algo mañana, hazlo mañana. ¿Qué cosa más importante tendrías que hacer que el salvar un alma para Cristo, que el pasar tiempo con el que te creó? Te lo prometo, mi hermana, tus hijos no se van a morir de hambre si se esperan una media hora a que tú termines de orar. Te lo prometo, mi hermano, tu familia no se va a morir de hambre si no vas a trabajar el domingo y vienes a la casa del Señor. Porque a todo aquel que honra primero a Dios, todo lo demás le anda por aquí dentro. Y todo aquel que sufre por causa del nombre de Dios, Él lo honra.
Mi hermano, es hoy, y no queremos que Dios nos diga algún día, algún día nos diga: «De cierto os digo que no os conozco», y que nos cierre la puerta de los cielos. Estoy muy segura de que nadie quiere eso. Somos lo suficientemente adultos, mayores, como para entender que si nosotros queremos que algo suceda en nuestra vida, debemos hacer algo ¿Quieres estar con Dios? Dios no nos pide algo, nos pide todo. Y si Dios te dice: ¿quieres estar conmigo, qué crees? Tienes que sacrificar todo por mí.
¿Lo harías? porque Dios empieza pidiéndote lo que más amas. O lo que más dices que amas. A Abraham le pidió a su hijo, el mismo hijo que le había concedido, se lo pidió. Y es algo que muchas veces no entendemos. ¿Señor, cómo es posible que me pidas que deje el trabajo que me acabas de dar? Déjalo. ¿Por qué? Tú me lo diste, no me hace daño, por algo me lo diste. Dámelo. Señor, ¿por qué quieres que le meta disciplina al hijo que tú me has dado, si lo único que hago es tratarlo con amor? Dámelo. ¿Pero tú me lo diste, por qué me lo estás pidiendo de regreso? Dámelo.
Todo lo que Dios te ha dado no es tuyo, es de Él. Y si Él te dice: «dámelo», no tenemos cara para decirle no. Podemos ser insensatos y decir no, pero ¿alguien sabe cuál es el precio de la insensatez? Es que algún día Dios nos va a decir: de cierto os digo, que no os conozco. Si Dios te exhorta, es por amarte. Si Dios te llama, es por amarte. Porque el mismo Dios que te salvó y te sacó de donde estabas, es el que te está diciendo: ¡ya basta! Deja ya de vivir así, como un muerto viviente, siguiendo una rutina y con una jornada de las ocho horas todos los días, cada semana de tu vida.
¡Deja de vivir así! ¿Te sientes muerto en vida? ¿Te sientes muerto en vida? Es porque te falto Yo. ¿Te sientes atrapado? Es porque abandonaste mi libertad. ¿Te sientes deprimido? Es porque despreciaste mi gozo y mi paz. ¿Te sientes abatido? Es porque miras las circunstancias y no me miras a mí.
Quiero que se lleve esto en su corazón, hermano. Dios ya hizo lo que tenía que hacer. Envió a su hijo, dejó que muriera por amor a nosotros. Nos dejó un libro que nos va a indicar qué debemos hacer y cuándo y cómo. Ha puesto personas en tu vida que te han dicho qué quiere Dios.
Él ya hizo su parte, es tu turno, y de corazón, espero que podamos ser rápidos. Espero que podamos ser sensatos y sabios, y espero que podamos entender la urgencia de este mensaje. Y que tengamos la sabiduría también para llevar a nuestro hogar, entendiendo que este mensaje lo manda Dios. Y que lo ha estado mandando desde hace años, miles de años. Y no me resta más que decirte… que si es tu deseo, o más bien, si es tu convicción, el empezar hoy, hoy hay un lugar precioso que ha recibido a mucha gente, que quiere entender y escuchar y obedecer la voz de Dios. Así que si también es tu cita, te invito a que ores. Yo le voy a pedir a Dios que nos haga hijos sensatos, porque eso es lo que deseo.
Yo sé por Fe que Dios te ha hablado, que ha tocado tu corazón, que ha tocado tu vida. Y yo solo le voy a pedir que eso que te dijo, se quedó. Pero tú puedes acercarte y hablar con tu Padre. Y si así no fuere, es pertinente pedir perdón, y si así lo crees pertinente, pedirle restauración, y si así lo crees pertinente, pedirle instrucción, guía, misericordia. Pero sobre todo, darle gracias, porque sigue hablando, porque su voz no ha callado a ti y a esta Iglesia.
Padre celestial, yo te agradezco porque yo sé, Señor Jesús, que tú has tocado el corazón de todos y cada uno de tus hermanos en ella. Sé también, Padre celestial, que podrías usar a cualquier otra persona. Pero te pido con todo el corazón [música suave] que lo que en esta mañana se habló, que lo que en esta mañana tú hablaste, se quede para siempre en la vida de mis hermanos. Mi Dios, tú das el perdón, tú das la misericordia, tú das el amor, nadie más. El dueño de nuestra alma, de nuestra vida, de nuestro espíritu, eres tú. Y te pido con todo el corazón que seas tú el que hable a todos y cada uno de mis hermanos en esta hora. Y cuando en mis hermanos exista la verdadera convicción de acercarse a ti, para escuchar genuinamente tu voz y decir: «Tú hablas, ten misericordia y no calles». Entendemos hoy que te hemos ofendido de mil formas. Entendemos hoy que tal vez hemos sido virgenes todo este tiempo. Que traigas una restauración, que se libre nuestra alma. Tenemos la convicción de ya no volver atrás. Danos un poco más de tu gracia, de tu misericordia, y permite que empecemos otra vez, Señor. Solo tú puedes restaurar nuestra vida de forma que de verdad podamos ser una persona distinta, una persona conforme a tu corazón y una persona que verdaderamente esté dispuesta a dejarlo y darlo todo por ti. Padre, tú estás a la puerta. Las situaciones del mundo cada vez señalan más y más que estás a nada de venir, a nada de llamar a tu Iglesia para que vaya contigo. Y no es el deseo de ninguno de nosotros que alguno de nuestros hermanos se quede aquí, que alguno de nuestros conocidos se quede aquí, y sé que tampoco es el tuyo. Señor, la manera que hayamos hecho, sino que hoy- Ten misericordia. Haya perdón, haya vida nueva. Ten misericordia de todos nosotros, Señor Jesús. Y por favor, habla a nuestra vida. Dinos qué es lo que tú ves en nosotros cuando nos miras. Dinos, Padre celestial, cómo estamos delante de ti en esta hora, si verdaderamente estamos aprobados delante de tus ojos o si hay algo en nosotros que todavía debe cambiar, algo que todavía debemos dejar, algo que todavía, Señor, no hemos podido sanar. No pongas tus ojos en el pasado. Te lo suplico. Yo sé que tú puedes perdonar todo lo que hemos hecho y también lo que no hemos hecho. Yo sé que tú, en el nombre de Cristo Jesús, podrías hacer…