Transcripción de la prédica del 23 de noviembre 2025
Antes de comenzar, quiero recordar algo que vimos hace ocho días. El amor de Dios es lo mismo que la justicia de Dios, en la misma proporción, Dios no es ni más amor, ni menos amor. No es más justicia, ni menos justicia. Es igual.
Eso lo quiero dejar muy en claro, porque a veces decimos: «Es que Dios en su amor va a pasarme todas por alto y voy a seguir pecando». No, no, no. Pero tampoco podemos decir que Dios es justo y por eso no ama a los hombres, ¿verdad? Y nos va a castigar, vamos a esperar a que alguno peque para irse en algún momento a mandarlo al infierno. Tampoco. Entonces, Dios tiene atributos, tiene cualidades, características. Al inicio del mes vimos todos los atributos de Dios, pero sí quiero dejar entonces en claro que son la misma, no hay ni más ni menos. Son lo mismo.
Estamos vieno el libro del Apocalipsis , este libro, muy bello, muy hermoso, pero también con muchas figuras. Hay muchas situaciones difíciles que a veces, cuando llegamos a la iglesia, no entendemos por qué Dios manda juicios. Para mucha gente es tremendo decir que Dios envía castigo, la gente quiere oír un Dios de amor, la gente quiere oír un Dios de misericordia, la gente quiere oír un Dios de paz, pero Dios también es justicia. Y así como es amor, también es justicia.
7 No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.
Gálatas 6:7
Entonces, no es que Dios sea malo, sino que las consecuencias de la humanidad para este momento que estamos viendo este estudio, ya lo alcanzaron. Dios tiene un momento límite, Dios tiene una paciencia y misericordia, es paciente, nos aguarda, espera que volvamos a Él, que nos reconciliemos con él. Pero también tiene un día de la ira, y ahorita estamos en los momentos cuando Dios empieza con las trompetas.
Quiero decirles que ese Dios de amor y misericordia siempre provee para nosotros. ¿Recuerdan la historia de Adán y Eva cuando Dios los expulsa del paraíso? Cuando Dios expulsa a Adán y Eva del paraíso, ¿Qué hizo Dios? El Dios de amor y misericordia quería tener siempre una relación con los suyos. Él siempre ha querido tener relación con nosotros, con los seres humanos. La voz de Dios se paseaba en el huerto y ellos la oían. Así como tú me oyes a mí ahorita, así ellos oían claro y definida la voz de Dios. Y todo era belleza y todo era hermoso. Dios dice que al principio solo lo hizo bello y hermoso. No había problemas, no había pecado, no había maldad. Todo lo hizo bellísimo el Señor. Pero el hombre, el género humano, le falla a Dios, y Dios le dice: «¿Dónde estás tú?» Esa pregunta en el libro de Génesis me llama mucho la atención, porque apoco el Dios que hizo los cielos y la tierra no sabía dónde estaban, ¿no conocía dónde estaba?, ¿se escapa algo del ojo de Dios? Nada. Pero lo hace para que el hombre reflexione, piense y analice: «Me estoy escondiendo, ¿de qué? ¿De qué? ¿Por qué me escondo?» Y Dios en su amor y misericordia, pues tiene que reprender y castigar lo que hizo, las obras que él hizo.
Pero cuando lo saca y lo ve que está desnudo, ¿qué le hace? lo viste. Es decir, no lo deja a la intemperie, no lo deja sin su vestido, no lo deja sin su provisión. En el amor de Dios hubo justicia, pero también hubo amor. Esto es para que hayamos entendido este concepto de Dios, porque a veces cuando llegamos al libro del Apocalipsis pensamos que el Dios es un castigador, pero no, Dios es amor, pero también es justicia. En su justicia castigó lo que era malo, que habían fallado a Dios, que comieron el fruto que no debieran de comer, hicieron lo que no debían de hacer, lo castigó, pero no nos dejó sin vestir. Dios es amor.
Ahora vamos a una parábola que todos conocemos, el hijo pródigo. ¿Qué pasa cuando el padre ve al hijo que viene nuevamente después de que el hijo le falló, se gastó sus bienes, hizo lo malo, se fue con mujeres? ¿Qué hizo el padre? Corrió hacia él, pidió que lo vistieran con el mejor, con los mejores vestidos, hizo fiesta y lo vistió con lo mejor. ¿Y por qué lo vistió de lo mejor? Por su amor. Ejerció disciplina, sí, pero también le dio su amor. Su amor de Dios siguió ahí constante.
A veces nosotros, hermano, pensamos que los pecados peores son los que se ven. Es que es un fornicario, es que es un adúltero, es que él hace esto y vemos los, los pecados así. Pregunto, ¿ustedes saben la historia del otro hijo, del que se quedó en casa? ¿Cómo estaba su corazón? Lleno de celos, de amargura, de rencor, de todo contra el hermano. La gente a veces nada más ve lo de afuera, pero los pecados de adentro también Dios los conoce, los que se cargan en lo profundo del corazón. A veces decimos: Es que él es un malvado, es un fornicario, es un adúltero y señalamos hacia afuera con el dedo. Pero dice la Biblia que aguas, que antes de juzgar así fuera, vemos la miga que tenemos en nuestro corazón.
7 No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. 3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 4 ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? 5 ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
Mateo 7:1-5
Por eso quiero empezar diciendo esto, porque en las trompetas de Dios si hay juicio y hay un castigo, pero Dios sigue pacientemente esperando que la gente se vuelva a Él. Por eso castigó la tercera parte, castigó un pedazo, castigó nada más el río, castigó nada más el mar, esperando que los hombres se vuelvan a Dios. Y esa es la bondad de Dios, es la misericordia de Dios, que Dios sigue vigente en este tiempo aguardando que el hombre, que la mujer se vuelva de sus pecados. Y no solo los que se ven externos, sino los que están en el alma, la falta de perdón, el resentimiento, el orgullo, la soberbia, la vanidad. No es solamente lo que está afuera, sino lo que está adentro, lo que está dañando de adentro. Ese es el problema. Y a veces, como no se ven, parecemos buenos ante los ojos de los demás, pero solo Dios sabe cómo cargamos y lo que cargamos en el corazón. Tanto odio, tanto rencor, tantas hostilidades, tantos problemas, tanta amargura en el alma.
Eso es el problema. Y a lo mejor, ante los ojos de los hermanos, aquí parecemos muy lindos, muy bonitos, la hermandad, que es tan espiritual, el pastor que tanto predica, pero en el interior del corazón, ¿qué hay? ¿Hay rencor todavía? ¿Hay odio todavía? ¿Hay circunstancias en tu vida que no has podido perdonar? Ese es el detalle, donde tú tienes que encontrar y conocer, porque si hoy Cristo viniese, tenemos que estar limpios de todo pecado, de los externos que se ven y de los internos que no se ven.
9 El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra; y se le dio la llave del pozo del abismo. 2 Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como humo de un gran horno; y se oscureció el sol y el aire por el humo del pozo. 3 Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y se les dio poder, como tienen poder los escorpiones de la tierra. 4 Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes. 5 Y les fue dado, no que los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento era como tormento de escorpión cuando hiere al hombre. 6 Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; y ansiarán morir, pero la muerte huirá de ellos.
7 El aspecto de las langostas era semejante a caballos preparados para la guerra; en las cabezas tenían como coronas de oro; sus caras eran como caras humanas; 8 tenían cabello como cabello de mujer; sus dientes eran como de leones; 9 tenían corazas como corazas de hierro; el ruido de sus alas era como el estruendo de muchos carros de caballos corriendo a la batalla; 10 tenían colas como de escorpiones, y también aguijones; y en sus colas tenían poder para dañar a los hombres durante cinco meses. 11 Y tienen por rey sobre ellos al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego, Apolión.[a]
Apocalipsis 9:1-11
Una estrella cae, pero no es un cuerpo celeste. En lenguaje bíblico, las estrellas también representan seres espirituales. No es la primera vez que una estrella cae del cielo. Jesús dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Y aquí también se trata de un ángel caído, un portador de juicio. A este ser se le entrega una llave, es la llave del abismo. Y cuando el abismo se abre, el mundo cambia para siempre. Desde lo profundo de la tierra, asciende un humo espeso como el de un gran horno, y el humo cubre el aire y ciega el cielo. Ya no es solo oscuridad externa, es oscuridad interior, espiritual. Pero lo más aterrador viene después.
Del humo salieron langostas sobre la tierra y se les dio poder, Pero Dios limita su alcance, no atacan a los que le pertenecen. Durante cinco meses, estas criaturas atormentan a la humanidad. No matan, pero torturan. Y el sufrimiento será tan intenso que los hombres desearán la muerte, pero no la hallarán.
La desesperación se apodera de los corazones, las mentes colapsan y la tierra entera se convierte en un campo de tormento. El apóstol Juan, testigo del juicio, nos revela la forma de estas criaturas. El aspecto de las langostas era semejante a caballos preparados para la guerra. En las cabezas tenían como coronas de oro, sus caras eran como caras humanas, tenían cabello como cabello de mujer, sus dientes eran como de leones, tenían corazas como corazas de hierro y el ruido de sus alas era como estruendo de muchos caballos corriendo para la batalla. Es una imagen aterradora, pero profundamente simbólica. Estas no son langostas, no provienen de la creación de Dios, provienen del abismo, de lo más profundo del juicio. Tienen rostros humanos, dientes como leones, cabello como de mujer, corazas de hierro y sus alas suenan como ejércitos en marcha. Pero lo más perturbador es quien los lidera: «Y tienen por rey sobre ellos al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego, Apolión, que quiere decir el destructor».
Ésto es el primer “ay” de Apocalipsis 8:13.
13 Y miré, y oí a un ángel volar por en medio del cielo, diciendo a gran voz: ¡Ay, ay, ay, de los que moran en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para sonar los tres ángeles!
Apocalipsis 8:13
Este es literalmente un juicio ya tremendo sobre la humanidad, sobre aquellos que no tienen el sello de Dios, los que no quisieron reconocer a Jesús como salvador, los que aceptaron el señorío del anticristo. Entonces ya aquí un aspecto de tormento, de juicio. Si no fuera suficiente no tener agua, como vimos en la clase pasada, que el mar se convirtiera en sangre, pues no va a haber agua, ni agua dulce, ni va a pasar nada en el mar, los animales se van a morir, no va a haber una economía estable por lo que pasó en los bosques que fueron incendiados y acabados. Todo eso ya lo estuvimos viendo, pero para este momento ya es algo íntimo, personal. Ya sobre las personas que no quisieron reconocer a Dios ni tenían el sello de Dios en sus frentes, dice la Biblia, así literal, fue cuando entonces se van estos seres espirituales malvados a atormentarlas. Es decir, no hay descanso para el pecador. La gente dice: Es que a mí no me pasa nada por pecado. El pecado es pecado y en cualquier época de la vida va a generar un tormento. Las consecuencias del pecado los alcanzaron a esta generación que está en este momento, para no decir nosotros, los alcanzó. Y en ese momento los va a alcanzar de tal manera que van a sufrir el pago de todo lo que han hecho, de todo lo que han renunciado a Dios, de todo lo que no han querido reconocer a Dios, hay un día de Dios para ellos. Y ese momento llega en esta trompeta, donde estos seres espirituales los van a tormentar de día y de noche.
Y dice que la muerte, aspecto segundo importante, no va a estar, no va a ir, no va a hallarla. O sea, se van a querer matar y ya no va a morir la gente, sino simplemente va a hacerla sufrir, va a sufrir, va a sufrir, va a sufrir… Eso es para que lo tengamos presente.
Y tercero, aquí, hermano, se habla de jerarquías ya demoníacas, principados de potestades que nos abre el libro de Efesios, que son seres que gobiernan sobre ellos. Así como en el cielo hay seres espirituales, hay arcángeles que tienen una función, hay ángeles jerarquías espirituales buenas, también hacia abajo, hacia lo que es la obra de Satánás, el infierno, también él ha querido imitar la obra de Cristo y poner gobernantes, poner principados, poner potestades, ha establecido gente para esas cosas. Y a estos los dirige una persona o un ser que se llama el destructor.
Yo no soy mucho de compartir en la Iglesia ciertas cosas fuertes, pero hay canciones en el mundo que se les dedican a los demonios y la gente las anda cantando. Y la gente está ahí cantando, no saben ni lo que cantan ni a quién se lo cantan, pero lo cantan. Y dice: ¿Qué tiene de buena esa canción? Pues vea, hermano, y vea aquí qué dice, a quién se la dedican.
Nosotros tenemos que tener consciente, hermano, que nuestra lucha no es contra sangre y carne, no nos tenemos por qué criticarnos entre nosotros y señalarnos nuestros pecados nosotros. Y ya porque la hermana hizo el pecado, entonces yo también voy a ser igual que ella… No, nuestra lucha no es contra nosotros, ni entre vecinos, ni entre hermanos, ni entre familias, ni entre hijos e hijas o suegras y mueras. Nuestra lucha es contra sangre y carne, contra principados y contra potestades.
Si algo está mal en la persona que estamos viendo, es para que oremos por ella, para que la eduquemos, la queramos en el Señor. ¡Corrígete!, porque Dios te está permitiendo ver el pecado, pero no es para que le juzgues la crítica, las señales o la mandes al infiedro. Muchas veces eso ha ayudado a pasar en las iglesias, gracias a Dios aquí no, porque también tenemos una iglesia linda en este lugar, una iglesia hermosa, gracias al Señor, aquí no ha pasado. Pero hay lugares donde cierran, donde los hermanos ya tienen cinco, cuatro años de cristianos, seis años de cristianos, ya se sienten con derecho de corregir a los que vienen entrando. “¿Y cómo permiten ustedes, hermano pastor, que esta mujer mire y es así y yo la he visto y se conozco?” Pues también misericordia para ella. Hay salvación para ella. Así como tú no llegaste también con tus pecadotes, ella está empezando.
Pero la gente se da de señalar, criticada, a juzgar, a reprender, porque ya se siente muy espiritual. Por eso puse el ejemplo al principio de decir: Si Dios, que es Dios, el Padre amoroso, perdonó al hijo y lo proveyó de ropa, nos proveyó de bendición. ¿Por qué no nos sentimos a veces más buenos que Dios o más justos que Dios o más sabios que Dios o más espirituales que Dios? Para decir: Este sienta y este no, o este está mal y este no. O si se ve su pecado, mejor lo rechazamos. O sea, siempre es un pecado.
Eso pasa mucho. Es terrible, pero sí quiere pasar. Nosotros tenemos que tener conciencia de quiénes somos delante de Dios y que por gracia nosotros somos salvos. Y el que viene a Cristo haya la salvación. Si ellos vienen a Cristo, haya la salvación.
¿Recuerdan aquella anécdota, pasaje bíblico que dice en la Biblia que estaba aquel hombre que era escriba y el publicano, el fariseo y el publicano? ¿Sí recuerdan? Que le decían: Es que yo no soy como este, es que este es malo, este mira cómo te da este. Y él se sentía bien espiritual, bien grande, y parado de pie y el otro ahí humillándose. ¿Quién salió primero reconciliado con Dios? El publicano. Porque subió, porque pidió perdón, porque reconoció su falta, que el otro que se sentía…
Entonces, tenemos que buscar, hermano, nosotros siempre que estemos bien delante de Dios, reconciliados con el Padre, para que nosotros, hermano, no caigamos en ninguna de estas situaciones y en esta parte en específica del libro de Apocalipsis, que nosotros tengamos la conciencia de que somos hijos de Dios. Aquí lo que importa en este pasaje es que dice que fueron los que estaban castigados, los que no pertenecían a Dios.
Aquí ya entraremos en el aspecto teológico, quiénes son los sellados de Dios, cuántos son los sellados de Dios, por qué no se habla aquí de un grupo en específico. Sí, eso sí es importante. Pero para nosotros, hermanos, que nosotros tengamos la conciencia que hoy le pertenecemos a Dios. Que hoy, hermanos, estamos libres de pecado, de situaciones en nuestro corazón, en nuestra vida, para que podamos estar bien delante de Dios. Porque al final de la vida solamente hemos sabido hermano, que hay dos cosas: el cielo y el infierno. No hay otra. Y si estamos bien, nos vamos a ir con Él. Pero si estamos mal, no nos engañemos a nosotros mismos pensando que estamos bien. Seamos honestos, seamos sinceros hoy delante de Dios y digamos: Señor, si he hecho lo bueno o no he hecho lo bueno.
Estos aspectos de que son como hombres y como caballos, hay imágenes en el internet muy fuertes, así los asemejan a ellos. Hay otras imágenes que no, que simplemente dicen que son demonios, seres espirituales. Como usted puede ver, dice que la mismo se abrió cuando Jesús, en el Nuevo Testamento, él reprendía, Dice que Él los mandaba al abismo. Por eso, cuando el Señor reprende al demoniado gadareno, ¿qué le dijo? No quiero irse al abismo. Porque ellos no querían irse ¿a dónde? Al abismo. Es este lugar. Correcto. Entonces, si ellos mismos no querían irse, sabían que estaba algo feo ahí, sabían que pasaba algo que no querían por estar allí.
Entonces, si se abre este lugar, dice que la Tierra se va a oscurecer y va a subir humo delante de ellos. Y entonces la oscuridad va a llegar no solamente física, sino espiritual al mundo entero. No estamos hablando de un país, no estamos hablando de un condado, no estamos hablando de una población local, estamos hablando del mundo entero, del mundo que en ese entonces se conocerá. Porque para entonces, hermano, ya hubo una división de 10 naciones, ya hubo un terremoto este bloque que acabaron con muchos países que ahorita a lo mejor ustedes ven que están, pero ya no van a estar. Por ejemplo, ahorita está un problema de la falla de Estados Unidos, que si se hace toda la otra jada de allá arriba, se van a desaparecer varios. Ahora, por Dios, están para aquel entonces.
13 El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios, 14 diciendo al sexto ángel que tenía la trompeta: Desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Éufrates. 15 Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar a la tercera parte de los hombres. 16 Y el número de los ejércitos de los jinetes era doscientos millones. Yo oí su número. 17 Así vi en visión los caballos y a sus jinetes, los cuales tenían corazas de fuego, de zafiro y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de su boca salían fuego, humo y azufre. 18 Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres; por el fuego, el humo y el azufre que salían de su boca. 19 Pues el poder de los caballos estaba en su boca y en sus colas; porque sus colas, semejantes a serpientes, tenían cabezas, y con ellas dañaban.
20 Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar; 21 y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.
Apocalipsis 9:13-21
La Biblia es clara y muy precisa. Ni porque Dios les está dando la oportunidad de no matarnos y siguen ahí, ellos siguen aferrados a sus brujerías, aferrados a sus hechicerías, aferrados a hacer lo malo. Yo no sé cuántos de ustedes conocen una persona que así se llame. Les dices: Debes dejar esto. No, sigue. Es que ya basta. Sigue. Le va mal y sigue. Se enferma, sigue, sigue y sigue. Y sigue. Y no se arrepienten de sus obras. Le culpan al mundo, culpan al diablo, culpan al papá, culpan a la mamá, a todo mundo menos ellos. Ellos nunca tienen la culpa. Y así es esta generación. Esta generación se destaca porque pierden toda sensibilidad. O sea, sabiendo que Dios hace lo bueno y dándoles esa oportunidad, no lo quieren.
Actualmente somos 8,200 millones de personas en el mundo. La Biblia dice que se desataron cuatro ángeles. Estos cuatro ángeles están puestos en cuatro puntos específicos para una hora o un día determinado, donde va a estar la guerra. Ahí se va a deber un gran paso donde va a ser, al final de cuentas, una gran campaña, una pelea terrible entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal.
El abismo se abrió y del humo surgió tormento, pero ni aun así el mundo se volvió al Creador. Cinco trompetas han sonado, y aunque la tierra sangra, el mar ruge, el cielo se oscurece y el abismo ha sido abierto, la humanidad sigue sin volverse a Dios.
13 El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios, 14 diciendo al sexto ángel que tenía la trompeta: Desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Éufrates.
Apocalipsis 9:13-14
No es una orden desde la Tierra, es una voz que sale del altar de oro, el altar donde antes se ofrecía incienso con las oraciones de los santos. Ahora, desde ese mismo lugar, se desata el juicio. Desde el altar mismo, una voz ordena desatar a cuatro seres que no deberían estar sueltos. Son ángeles caídos, encadenados junto al río Éufrates. Pero ahora, el juicio ha llegado, y su prisión llega a su fin. El texto es específico: están atados junto al río Éufrates. El Éufrates es el límite oriental del territorio rendido a Israel, el lugar donde surgieron imperios que oprimieron al pueblo de Dios, un lugar de conflicto. Fue frontera del Imperio asirio, del Imperio babilónico, del Imperio persa, y según Zacarías, será la frontera del conflicto final.
15 Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar a la tercera parte de los hombres.
Nada es casualidad. Estos juicios están cronológicamente determinados. Dios no improvisa. Dios permite, mide, restringe y, en su momento, ejecuta. La quinta trompeta trajo tormento, y la sexta, exterminio.
16 Y el número de los ejércitos de los jinetes era doscientos millones. Yo oí su número.
Un ejército de doscientos millones de jinetes, una cifra imposible de imaginar en la época actual. Así como todos los soldados que han marchado en todas las guerras de la historia humana. Es un ejército humano, una fuerza demoníaca, una combinación de ambos. El texto no lo aclara completamente, pero sí describe su aspecto.
17 Así vi en visión los caballos y a sus jinetes, los cuales tenían corazas de fuego, de zafiro y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de su boca salían fuego, humo y azufre. 18 Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres; por el fuego, el humo y el azufre que salían de su boca. 19 Pues el poder de los caballos estaba en su boca y en sus colas; porque sus colas, semejantes a serpientes, tenían cabezas, y con ellas dañaban.
20 Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar; 21 y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.
Fuego, humo y azufre. Lo mismo que cayó sobre Sodoma y Gomorra ahora es el instrumento de la muerte. Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres, por el fuego, el humo y el azufre que salía de su boca. El juicio es global. Un tercio de la humanidad. Miles de millones de vidas. ¿Qué representa este ejército? Muchos intérpretes cristianos lo entienden de forma literal: una guerra futura, quizás nuclear, una Tercera Guerra Mundial que será dirigida desde regiones como el Éufrates, lo que hoy en día es Irak, Siria o Irán. Otros lo ven como un despliegue espiritual, una invasión demoníaca permitida por Dios a través de sistemas políticos, ideologías violentas, persecuciones religiosas. En cualquier caso, el efecto es el mismo: la muerte avanza y el mundo se quiebra. Pero lo más impactante no es la destrucción, es la reacción del ser humano. Y los demás hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus bultos. No se arrepintieron, siguieron adorando a los demonios y abrazando el pecado. Las hechicerías implican brujería, pero también manipulación, dependencia, corrupción espiritual y mental. La fornicación no es solo física, sino también espiritual. Adulterio contra Dios. Los hurtos y homicidios no son solo crímenes humanos, sino rebeliones contra el orden divino. Ese mismo mensaje que los profetas ya habían anunciado: ¿Se avergüenza mi pueblo de haber hecho abominación? Ciertamente no se ha avergonzado ni aún sabe tener vergüenza. Dios no envía juicio por crueldad. Dios envía juicio para quebrar el orgullo del hombre, para que se vuelva a Él. Pero el corazón endurecido no respondería al castigo, tal como lo profetizó Isaías: «El corazón de este pueblo se ha engrosado, con los oídos oyen pesadamente y han cerrado sus ojos». Dios no envía juicio porque odia, lo envía porque advirtió, esperó y amó, pero no fue escuchado y tuvo que restaurar. El ejército infernal ha sido desatado y la sangre ha corrido. Aún queda una trompeta más, pero justo cuando esperamos el estruendo final… Dios hace una pausa. Un acto divino cargado de propósito.
Todo esto nos lleva a pensar qué duro es el corazón del hombre. Ustedes recuerdan la historia de Egipto y del faraón. ¿Por qué Dios mandó las plagas? Porque Faraón se endureció en su corazón, y porque se endureció y no quiso, pues entonces vino plaga tras plaga, hasta que llegó la muerte de los primogénitos y de su hijo principalmente, entonces ya dijo: «Pues que se vayan». Pero mientras el corazón del hombre es duro. Y bien lo dice la gente y lo sabemos, el corazón del hombre es duro por naturaleza. La gente no quiere aceptar que está mal, la gente no quiere reconocer su pecado, la gente no viene a la iglesia, no se viene a doblar al y decir: «Me equivoqué, te pido perdón, esposa, te pido perdón, esposo. Mira, yo tenía rencor y te pido…» No, ese no es el de la humanidad de hoy en día. La gente cree tener su razón, cree tener su verdad, como dijimos hace ocho días y no viene a pedir perdón, no viene a humillarse a Dios.
Hay miles de gentes que han conocido el Evangelio y dicen «Ay, yo conocí cuando era joven, ¿pero para qué voy?» Y se endurecen su corazón. Igual si ya le fallé al Señor una vez, ya le fallé dos veces, pues ya para qué voy al templo. Endurecen su corazón y ese es el problema del ser humano, la dureza del corazón. Por eso Dios manda juicios para todavía traer en misericordia de nosotros y en su amor, que nos volvamos a Él. No es porque sea castigador, sino porque está esperando que nosotros nos arrepintamos y nos acerquemos a Dios, que vengamos a Él nuevamente, porque mientras hay vida, hay esperanza, hermanos. Mientras tenemos la oportunidad de tener el aliento de vida el día de hoy, podemos arrepentirnos y acercarnos a Dios y decirle: «Perdóname, me vuelvo a ti».
Es terrible porque los castigos vienen y luego le echan la culpa a Dios. Ya no se puede hablar de la Biblia tal y como lo estamos haciendo en otros países, porque es un argumento de odio. Y entonces, como estás odiando a ese grupo que se dedica a matar a sus hijos en el mismo vientre, tú eres el malo. Las palabras no las vamos a cambiar.
35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Mateo 24:35
Tenemos que seguir predicando la verdad de Dios, haya tiempos buenos, tiempos malos, pero la gente ya no quiere aceptar la palabra de Dios. La toman como un mensaje de odio.
Hay muchas cosas que se están cumpliendo. Al final Habrá una sola religión y la iglesia católica ya tienen un pacto para los judíos, con los islámicos, ya está la iglesia Abrá-Abrámica. Es necesario que nuestros hijos, nuestros jóvenes, nuestros adolescentes tengan un encuentro con Cristo, tengan nueve, diez años. Es importante. Nuestros hijos, nuestros nietos, nuestro esposo, los seres que amamos, nuestros tíos, nuestros sobrinos. es importante que ya estemos en una sintonía de que todos busquemos a Dios.
Aquí lo que me preocupa es que dice que en esta trompeta la compara con Sodoma y Gomorra. Sodoma y Gomorra tuvieron su oportunidad, tuvieron mucho tiempo para arrepentirse y no quisieron, hasta que Dios mandó el fuego y los acabó a todos. Y eso es lo que está pasando. Dios va a mandar en estas trompetas el juicio, porque es paciente, pero también hay un momento en que dice hasta aquí y hasta aquí.
Y entonces es cuando el hombre dice, como ejemplo los homosexuales, piden libertad y respecto, pero ellos no dan respeto no quieren libertad para quienes no piensan igual. Y lo que nosotros queremos no es que se vayan al infierno, sino que se arrepientan de sus pecados y también vengan a Cristo, que se acerquen al Señor y que venga el salvación también para ellos, porque no queremos la muerte tampoco de ellos. Lo que sí queremos es que se arrepientan, así como el pecador necesita arrepentirse de su de sus drogas, de vivir en adulterio, el pecador también de Dios necesita volverse a Dios, dejar de hacer lo malo y volverse a lo bueno. Porque nosotros no damos un discurso de odio, lo que damos es la Palabra de Dios. Y la Palabra de Dios dice que el varón no será afeminado, no se vestirá con ropa de mujer. La Biblia lo dice, la Palabra de Dios lo dice, pero ellos no lo quieren aceptar y dicen que nosotros somos los que los odiamos. Nosotros no odiamos a la comunidad LGTB, la amamos y queremos que se salve, pero ellos no quieren ser, sino que ellos sí nos odian a nosotros los cristianos y entonces ellos sí dicen que nosotros somos los malos y que la Biblia es la mala y que hay que cambiar la Biblia. Ahora ellos quieren cambiar hasta la Biblia.
Entonces, aquí va a haber un gran ejército que se va a levantar y se va a abrir el mar en los cuatro puntos del Éufrates. Dejo anotado proféticamente, dice que el Imperio Asi-Asirio, Persa y Babilónico, hijo de la gran Babilonia, la Iglesia Católica. Entonces, estos imperios se levantaron aquí y se cree que al final de los tiempos va a volver a surgir en este campo de batalla, la última guerra, lo conoce como Tercera Guerra.
La Biblia también no nos precisa mucho, hay un sentido figurado y literal. Sí, lo aclara porque luego hay personas que lo toman muy literal y hay personas que lo tomaron muy figurado. Cualquiera de los que sean los casos sí se espera una guerra. Los caballos y con forma de caballos y que escupían fuego y sangre pueden ser tomados como cañones, tanques, armas nucleares. Solo Dios sabe en ese momento qué tipo de armas o qué tipo de armamento se disponga y si será conjunto solamente de hombres o conjunto, como vimos, de seres espirituales más hombres que no quieren buscar a Dios, que se rebelen y al final del tiempo contra Dios, porque viene la guerra del Armagedón, que es otro punto ya aparte.
El Majestuoso desciende y pone un pie sobre el mar y otro sobre la tierra. Es el dominio total, el juicio universal. Y entonces levanta su mano al cielo y jura que el tiempo no sería más, sino que en los días de la voz del séptimo ángel el misterio de Dios se consumará. El reloj profético está llegando a su fin. El misterio que estuvo oculto, la redención final, está por revelarse. Pero antes, Juan debe hacer algo extraño: ve y toma el librito y cómelo y te amargará el vientre…
15 El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos. 16 Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios, 17 diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado. 18 Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.
19 Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo.
Apocalipsis 11:15
Dentro de la trompeta séptima nos vemos el reconocimiento celestial. El hombre puede creer o no, pero el reconocimiento celestial ahí está presente. Y de todos los santos y de todos los que tenemos su nombre, vamos a estar dándole gloria al Señor, porque él es el único que reina y que tiene el control de todas las cosas.
A pesar de que podemos decir es que a Dios se le escapó de la mano que se abrieron los abismos, a Dios se le escapó de la mano la guerra, no, él tiene el control de todo, todo lo va llevando exacto, todo lo tiene dominado, todo lo tiene perfectamente establecido en su tiempo, en su hora, en su lugar. No hay nada que se le escape a él. Todo está por él determinado. No se le escapa nada. No va a ganar Satanás nunca. Los malvados no van a prevalecer para siempre. Los que se burlan de los cristianos no van a permanecer para siempre. Los que se burlan de las iglesias no van a permanecer para siempre. Los que buscan la maldad y el odio no van a permanecer. La Biblia habla que de un reino que se establece, y es el del Señor Jesucristo. Es el único que va a perdurar por toda la eternidad. Y con él, todos los que estemos con él también.
¿Quiénes son los veinticuatro ancianos? Los seres vivientes. Hay un mundo maravilloso. Creo que sus ojos de usted no lo alcanzarían a distinguir, ni los míos, y no porque seamos pecadores, sino porque nuestros ojos no están hechos para esfera de este contexto. Pero cuando se abra el templo de él, vamos a ver una gloria maravillosa. Ya no vamos a tener esos ojitos, va a ser un cuerpo glorificado. Y en esos ojitos van a ver cosas estupendas, magníficas, maravillosas, que no posible quizás con nuestras propias palabras describir lo hermoso que será, porque va a haber seres espirituales que no conocemos y a lo mejor lo que nos causa terror de ver cosas con muchos ojos, ya que hay unos serafines que tienen ¡muchos ojos! Y ahora vamos a decir: ¡Qué feo será ver puros ojos y alitas! Pero es un ser espiritual que Dios formó y es bellísimo para él, quizá en su creación por algo lo hizo así. Así como Dios hizo animalitos bellos y tan hermosos, pues Dios los hizo así, así los diseñó, así pensó en ellos. Así también pensó en seres espirituales. Así hay veinticuatro ancianos, así hay tronos, así hay cosas maravillosas allá arriba que se asimilan a lo que ya conocemos nosotros. Porque recuerde que de lo que estaba hecho en el cielo se formó lo que está aquí.
También se habla del arca del pacto. Usted se acuerda de cuando vimos en el libro del Éxodo, cómo estaba el templo formado, que era a semejanza del celestial. Aquí ya se va a abrir el templo de Dios y se va usted pasar y va a estar la adoración celestial. Dios nos va a dar una nueva forma de ver las cosas. Va a abrir nuestro entendimiento y le vamos a dar toda la gloria al Señor. Yo aquí quiero dejar esto claro uno porque sí vale la pena ser cristiano.
Sí vale la pena esforzarse día a día. Sí vale la pena decir aunque me juzguen y me critiquen yo sigo a Cristo. La Biblia dice muy claramente, es negarse a sí mismo tomar su cruz cada día y seguirle. Porque, hermano, el mundo va en una corriente y el que viene en contra de la corriente es el malo, es el raro, es el intolerante, el radical. Eso somos nosotros, los que venimos en contra de la corriente y nos tachan de todo eso porque no vamos a favor de todo lo que hacen los demás. Pero no es que seamos eso, es que buscamos a Dios y sabemos que hay una victoria y el reino se va a establecer al final de todos los tiempos. Y vale la pena sufrir por Cristo. Vale la pena padecer por Cristo. Vale la pena seguir adelante por Cristo. Vale la pena.
Entonces, de verdad, quiero dejar esto claro ahorita que vamos a terminar en esta mañana, porque vale la pena terminar por el Señor tu vida. Descánsate en Cristo, ocupa tus horas en Cristo, medita en Cristo, ora a Cristo, sigue a Cristo. Es lo mejor que puedes hacer en esta vida, porque viene una vida, sobre esta vida que vas a llevar, que va a estar bellísima, que fue preparada para ti, donde dice la palabra de Dios que ya no va a haber más muerte, ni más dolor, ni mas sufrimiento, ni más llanto. Todo va a ser belleza, todo va a ser hermoso. Lo que hoy sufres y te lloras de tu familia, hermano, tenla en cuenta lo que dice la Biblia, que ese ha sido de los días, lo decíamos. Ahí están las oraciones de todos los santos. Dice que de la tarde iban a sufrir los truenos, los relámpagos, porque ahí están tus oraciones, todas tus peticiones están delante de Dios, las oraciones que haces al Señor, lo que ofendas al Señor, él lo tiene presente siempre.
Entonces, sigue orando, sigue luchando, sigue trabajando, sigue esforzándote, pues está bien delante de Dios.