La humildad (parte dos)

Es emocionante y de gran bendición que podamos hablar de la humildad. En este mundo lleno de materialismo, de altivez, de soberbia, de hipocresía, hay mucha gente que finge una cosa y te dan una puñalada por la espalda. Hay mucha gente que ha sufrido el orgullo y altivez de otra persona, sea director, jefe, familia, pastor, y han sido humillados. Hay personas que han sufrido violencia y humillación por que les han lastimado por que han sufrido en alguna situación de la vida.

Por ejemplo, si alguno ha tenido la oportunidad de ir a predicar a la cárcel, podrá notar que hay gente lastimada y abusada por la autoridad. Es gente que no quiere acercarse a Dios o no quiere reconocer a Dios por que hay sido muy lastimados.

Hay gente que se siente tan grande, que humilla a las personas. Dice la palabra de Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. La humildad no es sinónimo de debilidad.

Cuanto orgullo hay a veces en el corazón del hombre que siempre somos primeo nosotros, no tenemos amor hacia los demos, ni reconocemos lo que los demás hacen con nosotros, siempre somos primero nosotros. Mucha gente vive así.

4 Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. 5 Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque:

Dios resiste a los soberbios,

Y da gracia a los humildes.

6 Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo;

1 Pedro 5:4-6

Hay un porqué de tener humildad. El que no es humilde, Dios no le puede dar su gracia, por que resiste a los humildes.

¿Cuántas veces hemos peleado con alguien por tener la razón? Preferimos tener la razón que tener paz. Hay un tiempo para todo. Debemos ir a la iglesia, ser humildes, sencillos de corazón, y Él un día nos va a exaltar. Pero no podemos venir a Dios con nuestro pensamiento soberbio pensando que lo podemos todo, por que entonces ¿dónde dejamos a Dios?

Habrá personas que digan que han estudiado muchos años, que saben más que el pastor o el predicador, y pueda ser así, pero entonces ¿por que Dios no los ha puesto en un lugar de autoridad? Es posible que por su soberbia.

Es importante entender que, aun nosotros los ministros de una iglesia, tenemos que mostrar humildad y sencillez. El rey David tenía todo, pero cuando se llenó de soberbia. David pecó, se enorgulleció, vio todo lo que tenía. En el Salmo 30, cuando David dice que lo tenía todo, también dice que Dios le escondió el rostro.

5 Porque un momento será su ira,

Pero su favor dura toda la vida.

Por la noche durará el lloro,

Y a la mañana vendrá la alegría.

6 En mi prosperidad dije yo:

No seré jamás conmovido,

7 Porque tú, Jehová, con tu favor me afirmaste como monte fuerte.

Escondiste tu rostro, fui turbado.

Salmos 30:5-7

Dios no le quito el reino, no le quitó las joyas, la riqueza, el poder, pero le escondió su rostro. Necesitamos entender algo, todos somos pecadores. Para poder entrar en la presencia de Dios y que Él perdone nuestros pecados, es necesario humillarnos, reconocer nuestra posición delante de Dios y humillarnos. Necesitamos reconocer y confesar a Él nuestros pecados. Debemos confesarlo y apartarnos del pecado.

8 No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba,

Como en el día de Masah en el desierto,

9 Donde me tentaron vuestros padres,

Me probaron, y vieron mis obras.

10 Cuarenta años estuve disgustado con la nación,

Y dije: Pueblo es que divaga de corazón,

Y no han conocido mis caminos.

11 Por tanto, juré en mi furor

Que no entrarían en mi reposo.

Salmos 95:8-11

El pueblo de Dios es una nación que padecía. Eran lastimados, eran esclavos, no tenían derecho a nada. En su clamor Dios los escucha, los salva de sus opresores, mandó plagas a los egipcios, abrió el mar para que cruzaran, puso una columna de fuego para protegerlos. Al ver eso aclamamos “cuan grande es nuestro Dios”, nos quitó el yugo de esclavitud, nos quitó la carga, ahora somos libres.

Éste pueblo ya tenía la libertad, pero todavía tuvieron que pasar por un desierto, por que no reconocían quién era Dios, en su corazón todavía había orgullo, y los mantuvo dando vueltas en el desierto. ¿Cuántas veces hemos dado vueltas en la vida y seguimos diciendo lo mismo? Seguimos dando vueltas y no llegamos a la tierra prometida por nuestro orgullo, por nuestra altivez. Dios quiere darnos un destino, una meta, Dios tiene un propósito de vida para nosotros.

El problema no es Dios, el problema es que muchas veces somos orgullosos y no queremos obedecer a Dios. “Deja esa carrera y dedícate al pastorado” y no la queremos dejar. “Deja esa novia / novio, no es para tí” y no lo hacemos. “Deja ese vicio” y no lo dejamos. ¡Ese es el problema! Dios nos dice que dejemos ciertas cosas y no las dejamos. Por eso la bendición de Dios no se llega a cumplir en nuestras vidas, no por que Dios no pueda hacerlo, sino por que ponemos una barrera con nuestro orgullo entre Dios y nosotros. Si queremos alcanzar la bondad de Dios, el propósito que Dios tiene en nosotros, tenemos que comenzar quitando nuestro ego.

Aún los pastores, los predicadores, antes de dar una prédica, tenemos que despojarnos de nuestro orgullo. A Dios no le sirven nuestros conocimientos, estudios, teología, si somos orgullosos. Cuanto más nos despojemos y le demos el lugar a Dios, más Él obrará en nuestras vida para ser de bendición a otros.

2 Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. 3 Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.

Deuteronomio 8:2-3

¿Qué hay en nuestro corazón? Dios prueba el corazón de cada uno de nosotros. Dios conoce todo de nosotros, aún más que nosotros mismos. El sabe perfectamente lo que hay en lo más profundo de nuestro corazón.

Habrá gente que diga: yo pienso, yo creo, yo cuestiono, yo analizo, etc. Puede tener o no la razón, pero Dios que escudriña los corazones puede saber por que somos como somos. El conoce lo mas oscuro de nosotros, y también lo mas blanco de nosotros. Él esta en todo lugar, así que lo mejor es reconocer nuestros pecados, nuestras faltas y humillarnos ante Él y pedir perdón.

Hay personas que dicen “sigue tu corazón”, pero la biblia dice del corazón que es engañoso y tramposo.

9 Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?

Jeremías 17:9

No se trata de seguir al corazón, es seguir los mandamientos y las obras del Señor.

Dios cada día nos busca, nos acompaña, está al pendiente de nosotros, pero nosotros no queremos estar con Él. No le damos tiempo cuando Él nos lo ha dado todo. Le debemos el sustento, la belleza, la salud, la libertad, ¡Todo es de Él! ¿por qué no queremos estar con Él? ¿por qué la gente quiere ir al cielo, pasar una eternidad con Dios, si en la tierra no quiere estar con Él?

¿Dónde está nuestro corazón? Sólo Dios sabe quienes somos los que nos iremos con Él. Podemos quedar bien con los demás, pero solo Dios sabe como somos realmente. Tenemos que ser humildes para acercarnos a Dios todos los días.

Jesús es tentado en el desierto.

1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está:

A sus ángeles mandará acerca de ti,

y,

En sus manos te sostendrán,

Para que no tropieces con tu pie en piedra.

4 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está:

A sus ángeles mandará acerca de ti,

y,

En sus manos te sostendrán,

Para que no tropieces con tu pie en piedra.

Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. 10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. 11 El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.

Mateo 4:1-11

El diablo estaba tentando la naturaleza de Jesús en su orgullo. Pero Dios no se fijó en eso, por que vino a cumplir un propósito mayor. El Señor tenía toda la autoridad para deshacer al diablo en ese momento, pero el dejo que todo pasara como está escrito.

Jesús comía con publicanos y rameras

Hay veces que los primeros en juzgar y criticar serán los de la casa. Los hombres que se creían espirituales, los escribas, los fariseos, decían: “de ese hombre no puede venir palabra de Dios”, “Ese hombre no puede ser hijo de Dios, aquí están sus hermanos, aquí está su familia” “¿de dónde es? ¡de esa ciudad no puede salir nada bueno! Tenían el pensamiento de desacreditar a Cristo para que la gente no lo siguiera. Eran tan orgullosos que no querían dejar su posición de ser quienes llevaran la voz de Dios y sus escrituras, no querían que Jesús reinara entre ellos.

16 Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores? 17 Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.

Marcos 2:16-17

Jesús vino a llamar a los pecadores, a cada uno de nosotros, por que somos pecadores.

En la mente de un religioso de esa época, de un fariseo, no cabía el ejemplo que ponía Jesús, ya que el religioso estaba en primer lugar en la sinagoga, en las primeras sillas, hacían grandes oraciones para que todos lo vieran. Pero Jesús estaba comiendo con pecadores, Él iba por el que tenía necesidad de Él, por el que tenía hambre, por el que necesitaba sanidad. Él estaba cerca de la gente.

Tal vez hoy día es común decir que se convive con rameras, incluso hay personas que se pueden llamar así sin problema, pero en aquel tiempo era muy mal visto, era oculto y secreto. Quienes frecuentaban a estas personas eran de lo peor. Era similar con los cobradores de impuestos, pero aún así Jesús se acercó a ellos. Jesús se puede acercar a nosotros aún si somos lo mas vil de la tierra, mientras seamos humildes para reconocer nuestros pecados ante Él.

1 Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. 2 Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, 3 sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, 4 se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. 5 Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. 6 Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? 7 Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. 8 Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. 9 Le dijo Simón Pedro: Señor, no solo mis pies, sino también las manos y la cabeza. 10 Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.

Juan 13:1-10

¿Quién es Jesús para ti? Cada uno debemos contestarnos. Jesús teniendo todo el poder, toda la autoridad, siendo el dueño de todo, lavó los pies de sus discípulos. Él siendo Rey.

¿Por que debemos servir a otros? ¿por que tengo que ayudar a mis padres? ¿por que tengo que apoyar a la iglesia? Jesús siendo todo y teniendo todo, se dio a si mismo, por amor a los que amó. Los hijos de Dios fallamos, pero en su amor tenemos que acercarnos a Dios para pedirle perdón y dejar de ser orgullosos.

Tenemos que reconocer que el maestro que es Jesús, nos da ejemplo de humildad y sencillez. La tarea de lavar los pies era de los siervos. ¿Cuántas veces Él nos ha limpiado? Él se despojó de su autoridad por nosotros, dio su vida por nosotros, su esfuerzo fue por nosotros. ¿Qué necesitamos para ser feliz, para ir con Dios, para servirlo para buscarlo? El ya hizo todo por nosotros, solo esta esperando que nosotros nos humillemos y vayamos a Él.

5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Filipenses 2:5-8