Trasncripción de la prédica del 1° de febrero 2026
Quiero empezar diciendo, hermano, en esta mañana, que todos y cada uno de los que estamos aquí, debemos empezar en este año de gracia 2026, con un sentido de más responsabilidad de buscar a Dios. Porque los tiempos son cortos, los eventos se están dando muy rápido y necesitamos buscar más cerca a Dios, más cerca, más cerca…
¿La mayoría me conoce? ¿Alguien me puede decir cuál es mi nombre?, ¿qué color me gusta de ropa?, ¿qué helado me gusta? ¿Cuáles son mis redes sociales? Si no saben no hay ningún problema. Si ustedes no se acuerdan de quién soy yo, no hay ningún problema al terminar el culto. De quien nunca se debe de olvidar es de Dios, y debemos de conocer más a Dios.
Hay gente que dice que conoce a Dios, pero no lo conoce, porque si lo conociera, viviera conforme Dios quiere y no conforme a su vida. Empecé por un aspecto muy general de lo que es conocimiento. Vamos a ver en la Biblia qué es inteligencia, sabiduría y qué es toda esta parte importante, hermano, de saber qué es. La Biblia nos habla de una sabiduría.
¿Quién fue el rey más sabio de la Biblia? Salomón. ¿La sabiduría de Dios es buena o es mala? Buena. Pero hay una sabiduría en la Biblia que dice que es animal y diabólica. Si la Biblia dice que hay una sabiduría mala, entonces no toda la sabiduría es buena. Entonces, vamos a empezar a conocer a Dios, que es conocer su palabra, quién es Él, cómo es Él y por qué es Él así.
A veces, hermano, cuando nos paramos en un púlpito, la gente piensa que ya nos la sabemos de todas, todas, y que pues ya el pastor ya leyó, ya se preparó, ya se capacitó. Él es el de la responsabilidad de enseñarnos a Dios, enseñarnos la palabra. ¿Será así? No, cada uno de nosotros es necesario conocer a Dios. Las mamás tienen que enseñar a sus hijos a conocer a Dios, las abuelitas tienen que enseñar a sus nietos a conocer a Dios, el esposo tiene que enseñar a su esposa a conocer a Dios, la esposa tiene que enseñar a sus hijos a conocer a Dios. Todos los que estamos aquí necesitamos conocer a Dios, no la Iglesia, no la religión, no la tradición, sino conocer a Dios.
Hay una gran diferencia entre conocer la religión o las cosas de la Iglesia y conocer a Dios. Muchos pastores, líderes, gente que ha venido a la Iglesia, piensa que por tener información bíblica, saberse los libros de la Biblia, que piensan que por haberla leído o que por haber sabido los libros de la Biblia, ya tienen la información, ya saben, ya conocen. ¡No! Mientras no vivan una vida de acuerdo a las enseñanzas de la Biblia, no conocen a Dios. Hay un gran margen de diferencia.
34 Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo.
1 Corintios 15:34
Entramos en materia. Empezamos entrando en lo que dice la Biblia. ¿Cómo dice la Biblia que conocen a Dios y pecan? Dice: «Velad y no pequéis, porque algunos no conocen a Dios por vergüenza vuestra, lo digo». Entonces, quiere decir que el que peca, no conoce a Dios. Aunque vaya a la iglesia, aunque tenga mucha información bíblica, se puede saber toda la Biblia, puede conocer, las generaciones desde Jesucristo, todas hacia atrás, puede saberse todas las historias bíblicas, pero sigue pecando. Entonces, tal persona no puede decir que conoce a Dios si sigue pecando.
A veces nosotros, los papás o las personas, algunos llegamos al conocimiento de Dios cuando ya fuimos grandes, personas ya de veinte, treinta, cincuenta años, grandes, maduros. Otros sí llegaron, porque sus papás eran convertidos a la edad de niños, adolescentes, intermedios. Entonces, los niños piensan que por ir a la iglesia y saber las historias bíblicas, ya lo hicimos, ya somos cristianos porque venimos a la iglesia y conocemos historias bíblicas. Hasta le dicen a la instructora: «Esa ya me la sé. Mamá, ¿qué te enseñaron? La misma de la vez pasada, mamá. Ya no quiero ir porque me enseñan lo mismo». No es que se llenen de información, sino que adquieran la capacidad para que en el momento adecuado no pequen.
A nosotros, hermano, no nos sirve de nada venir cada ocho días a la iglesia y aprender, y aprender, y aprender, si no ponemos en práctica lo que conocemos. Alguna vez estaba hablando un pastor acerca de ese tema y decía: «No me sirve haber estudiado en la universidad y terminar manejando un taxi. ¿De qué me sirvió todo lo que aprendí en la universidad si terminé siendo taxista? Nosotros, los hijos de Dios, los cristianos, tenemos un libro maravilloso que se llama la Biblia, la Palabra de Dios, donde podemos conocer a Dios. Pero eso nos debe de servir no solamente como una mera información o un mero conocimiento, como si leyéramos o aprendiésemos de alguna materia en particular, sino para beneficio de nuestra vida
Y el que confía en Jehová es bienaventurado.
Y la dulzura de labios aumenta el saber.
Mas la erudición de los necios es necedad.
Y añade gracia a sus labios.
Suavidad al alma y medicina para los huesos.
Pero su fin es camino de muerte.
Proverbios 16:20-25
El que peca, ¿a dónde le conduce el pecado? A la muerte. Completa esta cita con la anterior y diciendo que en 1 Corintios 15:34 dice: «Para vergüenza vuestra lo digo». Entonces, es una vergüenza venir y decir que conocemos a Dios y seguir pecando. Así lo dice la Biblia, no lo digo yo, ni la religión, ni Oasis, lo dice la Palabra de Dios. Así que el que sigue pecando esclavo es del pecado y no puede decir que conoce a Dios. Una vez que Jesucristo se enfrentó con los hombres religiosos y les dijo: » Ustedes son de vuestro padre el diablo, porque las obras de su padre son las que hacen». El que es cristiano se aparta del pecado, se aleja de hacer lo malo. Claro, el tentador va a venir, la necesidad va a venir, pero el hijo de Dios tiene que tener la habilidad, la capacidad, la capacidad, la habilidad para poder resistir en el día malo. Y eso es sabiduría. No, la sabiduría no solamente es informativa, sino es la capacidad para poder hacer la voluntad de Dios.
¿Cuál es el principio de la sabiduría? Temor a Dios.
Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.
Proverbios 1:7
Hermanos, si nosotros como hijos de Dios, como cristianos, eh, no buscamos la sabiduría, no oramos porque el Señor nos dé sabiduría y despreciamos entonces el consejo y la enseñanza, hermanos, estamos equivocados. Hay gente que se le dice: «Mire, Dios dice en su palabra así y así, y tú estás haciendo esto así y así, no es lo correcto», y te desprecian. «No, no, no, es que tú ya te sabes muy … No, es que tú ya te sientes muy espiritual. No, no, no, es que tú ya te sientes muy cristiano, ¿ah?». Y desprecian el conocimiento y la enseñanza, y al despreciarle se convierte en necios, en insensatos. Hace ocho días dijo a mi hermana Sabdi, una palabra que le dije yo: es irracional una persona que no razona. Yo les pregunto a vosotros ¿cuántos de nosotros tomamos decisiones sin razonar? Somos impulsivos, y vemos que el niño está tirado en el suelo, y en lugar de decir: «¿Qué pasó? ¿Cómo está? ¿Por qué?», actuamos solamente: «¡Ya te dije!». ¿No? o la esposa llega, no sabe ni cómo le fue en el día al esposo, y le empiezas a soltar toda la carga de lo que más quisieron los hijos. El esposo, en lugar de encontrar un lugar de refugio, un lugar de tranquilidad, un lugar de paz donde se va a sentar a comer en la mesa, ¡pum! Dice el esposo: «Mejor me voy a trabajar unas extras, porque aquí no puede ser». ¿Cuántos tomamos decisiones irracionalmente, sin pensar, sin consultar a nadie, sin consultar ni siquiera a Dios, solamente nuestra naturaleza, lo que nos sale, ¿no? Impulsivamente.
Ahora, esas son personas que tienen un tipo de temperamento, pero hay otro temperamento, que también toman decisiones en base a sus sentimientos. Si el sol sale, «¡Qué bonito día!». Pero si el sol no sale: «¡Qué triste está el día!», si el del trabajo te dan un consuelo, pues es bonito día. Entonces, todo lo toman en base a las circunstancias o sus emociones. Si mi esposa me dice que me ama, me dijo hoy que me ama, pues estoy bien feliz, pero si no me dice que me ama, estoy bien triste. Están moviéndose sus decisiones en base a sus sentimientos.
9 Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?
Jeremías 17:9
Porque a veces tomamos decisiones y decimos: «¡Ay, es que yo lo quiero mucho y, y me voy con esa persona!», «Y es que yo amo mucho a mi hijo y por eso le permito hacer lo que quiera en la casa», ¿Dónde la Biblia dice que no debemos guiarnos por nuestros sentimientos, por nuestro corazón? A veces tomamos decisiones basadas solamente en nuestros sentimientos. En cómo me siento yo, hoy trato a mis hijos, en cómo me siento yo, hoy trato a mi esposa o a mi esposo. Y eso es malo, porque tiene que haber una decisión de amar siempre. El hijo de Dios debe de amar siempre a su esposa, el hijo de Dios debe de amar siempre a sus hijos. No se debe basar en si el sentimiento está o no está. Si sale solo o no está, si las circunstancias no pueden moverme a mí de mi fe, de mi decisión de seguir a Cristo, las decisiones no me deben de mover a mí como hijo de Dios, porque si entonces las decisiones las voy a tomar en base a las circunstancias, pues entonces vamos a vivir como queremos, porque las circunstancias no siempre son favorables, no siempre son buenas, no siempre son de acuerdo a lo que nosotros decimos o queremos que se hagan las cosas.
Aquí te he visto yo, muchos casos, muchas personas que han platicado conmigo, que por un momento de una mala decisión destruyeron toda su vida. Un momento, un instante, un segundo, un momento tan pequeño que terminaron en la prisión. Yo he ido a predicar a la prisión y una persona me contó y me dijo: «Es que en un momento de arrebato, de celos, golpeé a mi mujer. Mi mujer no se dejó, llamó a su hermano, vino, me sacó un bat, yo le saqué una pistola, maté a mi esposa, maté a su hermano y estoy en la cárcel». En un instante, ¡en un momento le cambió la vida! ¿Por qué? Por malas decisiones, por no ser sabios, por no ser prudentes, por tomar decisiones arrebatadamente, locamente, impulsivamente, como usted le quiera llamar.
A veces tomamos decisiones sin pensar y debemos tomar decisiones pensando. Dios nos dio la capacidad diferente a los demás seres, animales y plantas, que se llama pensamiento, inteligencia. Para poder decidir, para poder actuar. No podemos nada más, porque hoy me siento bien, le pego, porque hoy me siento mal, la ignoro. Tiene que ser una decisión, un compromiso.
Yo no sé, por eso digo mucho, hasta aquí hay muchos estilos de matrimonios, ya tenemos matrimonio, pero cuando hacen sus votos, se prometen fidelidad, se prometen lealtad, se prometen cariño, se prometen muchas cosas, que luego ya dices: ¿y dónde quedó, verdad?
¿Estoy bien yo o alguien que me puede decir si existe un conocimiento intelectual? ¿Qué sería el conocimiento intelectual? Hay un conocimiento general. Yo puedo aprender las matemáticas y ser un erudito en las matemáticas, en la física, en la química, en el campo de mi acción. Los que trabajan tienen un conocimiento preciso de su materia. Los contadores dicen: «No, yo voy a hacer mi balance, ya tengo programado cada mes, cada año, cada día». Ya tienen un gasto, tienen un programa ya bien definido. Es un conocimiento intelectual de qué saber, qué hacer en cada momento. Si la bolsa se cae, si las finanzas no son, que la empresa tiene que sacar recursos. Ya, ya se saben, tienen una operación, un conocimiento intelectual, pero que no transforma, que no cambia y que en este momento hablando de la, que es la palabra de Dios, no nos impacta en el corazón. De aquí la importancia o el valor, hermano, de hablar las palabras de Dios.
Hay mucha gente que habla y habla y habla, pero simplemente llega aquí, en las iglesias llega aquí, nunca llega al corazón. Tú puedes hablarle a la iglesia y tener mucho conocimiento, y sí, la iglesia va a recibir aquí, es esto, es aquello, es por acá, y, pero nunca llega al corazón. Por eso la gente no cambia. ¡Va a la iglesia y sigue pecando! Meses, días, años, una vida, y la gente sigue igual. No cambia, no se transforma nada, porque no les hablan del pecado, no les hablan del poder de transformar su vida.
Una vez que hubo un hombre que hizo un gimnasio, se organizó, metió el dinero, hizo un gimnasio, y en ese gimnasio estaba él. Dice que la gente llegaba y cuando llegaba, pues no había pesas, nada más había espejos, había sillones, había un orador motivacional, y la gente estaba feliz, porque llegaba y se sentía a gusto, se sentía feliz y seguía pagando. Hasta que al final de un año, una persona se, se enojó, se va y se molesta y le reclama a aquella persona y le dice al dueño de, de aquel lugar. Dice: «Oye, es que yo no sé para qué te pagué, sigo siendo el mismo gordo, no hay ninguna transformación en mí». «Ah, pero te sentías a gusto, ¿no?». «No, pues sí, me sentía padre». «¿Se oía bonito?». «Sí, se oía bonito». «¿Te sentías a gusto con la música?». «Sí, se se…». «¿Sí? Pero no hubo ningún cambio». Entonces pensamos que así es la iglesia. Venimos y nos gusta la música, nos gusta la alabanza, nos gusta que nos digan, pero no hay ningún cambio en nuestro corazón. Debe haber un cambio en nuestro corazón, debe haber un cambio de vida, un cambio de actitud. Toda la gente que conoció a Cristo, hubo un impacto en su vida, siempre hubo una transformación total y absoluta. ¡Los pescadores dejaron de ser pescadores! Hubo un cambio. La gente que conoce realmente a Cristo, cambia. El que fumaba, ya no fuma. El que se drogaba, ya no se droga. El que hacía maldad a su esposa, ya no hace maldad a su esposa. Y así cada una de las cosas, porque Cristo Jesús ¡cambia el corazón del hombre!
El principio de la sabiduría es el temor a Dios. Ya no hago lo malo, no porque me lo impongan, no porque me lo digan, no porque no soy hombre o no porque no soy mujer, sino porque Dios me dice que debo respetar, y en la Biblia vienen todos los mandamientos, todas las enseñanzas para hacer la voluntad de Dios.
Entonces, cuando alguien dice: «Hermano, ¿usted va a la iglesia?». Ah, no sé si a ustedes les han dicho, a mí sí me han dicho: «Van a usted ahí a que les laven el cerebro». ¿Por eso dice así? «Yo no sé qué va a hacer la iglesia, es que te lavan el cerebro»…. No es que te laven el cerebro, es que la presencia de Dios es tan hermosa, es tan bella, que transforma la mente y el corazón del hombre. Y cuando eras malo, dejas de ser malo, y cuando eras abusivo, dejas de ser abusivo, y cuando eras pecador y perverso, ya no eres pecador y perverso, porque la presencia de Dios te llena, te sacia y te transforma.
La Biblia se escribió en arameo, griego y hebreo. Hay Biblia interlineal que nos ayuda a crecer en el conocimiento de la palabra. Hay Biblias que nos funcionan o nos ayudan a entender mejor la palabra de esta manera, y también hay diccionarios bíblicos para estudiar la palabra de Dios. El diccionario Strong. Nosotros regularmente ocupamos en la Iglesia la versión Reina Valera 1960, para que todos leamos la misma, pero hay muchas versiones, que también hay otras que no recomendamos, por ejemplo, la de Dios Habla Hoy, la NVI. Hay muchas Biblias que tienen cambiados los conceptos o las palabras principales y que varía mucho el mensaje, por eso no las recomendamos. Pero si se quiere leer sin cambiar el significado, pues no tengo yo ningún inconveniente.
Pero sí hay muchas cosas que tenemos que ir entendiendo, porque hay gente nueva en la iglesia que apenas está conociendo, pero también hay hermanos que ya tienen años en el Evangelio. Y también mi invitación es a que esos hermanos crezcan en el conocimiento de Dios, que compren una Biblia interlineal, que tengan un diccionario, que estudien la Biblia más profundamente. Dice la Biblia que escudriñar las Escrituras, entonces es sabio escudriñar las Escrituras, es bueno profundizar en las Escrituras. Y si yo no encuentro una palabra, tengo un problema con alguna palabra que no sé exactamente lo que es, pues hay diccionarios. Y si no, en la Biblia interlineal, en varios pasajes, hay muchas cosas que, que, que se nos dejan ver y nos dan más amplitud para comprender mejor el texto que estamos leyendo.
3 Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.
Oseas 6:3
Ese texto es muy bonito y me llamó la atención por dos cosas en particular. Dice: que proseguiremos en conocer a Jehová, como el alba. Entonces, conocer a Dios no quiere decir que conozcamos a Dios de un mes y ya sea todo, o de cinco años y sea todo, o de diez años, quince años y sea todo. ¡No! Hay que irlo conociendo más y más y más. Y después dice, como la lluvia temprana a la tierra. Bueno, aquí yo sé que no hay ningún agricultor, ningún sembrador. Ya todos compramos en, en las tiendas y ya no sabemos más lo que está el producto ahí. Pero la siembra con la lluvia, la gente la espera ansiosamente. Ese es el momento que se sabe si su cosecha sale o no sale, si su esfuerzo y trabajo de estar arando y trabajando va a dar resultados. Así debemos de buscar la sabiduría y el conocimiento de Dios, con esa necesidad, con esa hambre de cada mañana buscar la Biblia. ¿Cuántos leemos la Biblia todos los días?, ¿cuánto tiempo leemos la Biblia todos los días? ¡No es suficiente el domingo! No es suficiente lo que diga el hermano Gabriel o el hermano. Tiene que usted buscar más a Dios, conocer más su palabra, conocer más su voluntad, que Dios le revele en su palabra lo que hay para su vida, lo que hay para su hijo, lo que hay para su negocio, los que tengan negocio, lo que hay para su trabajo, lo que hay para su tierra.
Hay gente hermosa, maravillosa de Dios, que tiene conocimiento de Dios, que ora, que se prepara, que busca la palabra de Dios y Dios le da un mensaje, Dios le da una palabra, Dios le da una profecía, Dios le da algo para él, para su vida, para la Iglesia o para su comunidad, porque son gente entendida, sabia en el camino de Dios. Si no leemos, ¿cómo vamos a conocer a alguien si no lo entendemos? ¿Si me explico? Nosotros tenemos a veces el concepto, hermano, de que venir a la Iglesia y alabar a Dios y tratar de no pecar en la semana, pues ya es suficiente. Y no, eso es una religión, es un compromiso de tratar de portarse bien. El verdadero ser de Dios, el verdadera persona que ama a Dios, lo busca en la Escritura, busca leer la Palabra.
¿Cómo sabemos si somos cristianos o no, verdad? El cristiano que lee la Biblia realmente busca a Dios, el que ora, el que ayuna, el que tiene una vida devocional. Así es muy sencillo de saber quién sí realmente es cristiano y quién realmente no lo es. Una persona que no tiene ser ganas de buscar la presencia de Dios, le da sueño, le aburre, le fastidia. ¡No le gusta! ¿Por qué no cantas? ¿Por qué no alabas a Dios? Ay, es que tengo muchos problemas, tengo muchas luchas, apenas tengo tiempo de hacer la comida. El verdadero cristiano alaba a Dios, haciendo la comida, haciendo el quehacer. De buenas y de malas, alaba a Dios, porque sabe que su confianza no está si el día está bonito o no, si el problema es grande o no, sino en aquel que lo llamó, lo sostiene.
Es diferente, se vive diferente, se actúa diferente. El que ayuna busca el propósito de Dios para él o para su familia, su casa, sus negocios. Sabe la voluntad de Dios, sabe si invertir en ese momento, sabe si trabajar o no en ese momento, porque Dios está con él.
Entonces esto de la sabiduría es importante para cada uno de nosotros. Usted no puede confiarse solamente en lo que yo digo. Hay mucha gente que dice cosas, que habla cosas, que se siente pastor o se cree líder y puede llegar a engañarlo. Hay muchos falsos maestros, hay muchos falsos líderes, hay mucha gente en Internet que yo le digo a mi hermano: «Yo no sé cómo jovencitos de quince, veinte años están explicando la Biblia y se enojan cuando alguien les dice algo que no va conforme a lo que ellos creen». ¿Cuántas veces han leído la Biblia a esa edad? ¿Cuánto se han preparado? Fueron a un seminario de dos años al instituto y ya creen que se la saben de todas, todas. Hay mucha gente que piensa que porque ya tiene un conocimiento, ahí, que ya apenas anda empezando, pero ya se la sabe todas, todas, y todos los demás están mal. Pues no, nos falta conocer más a Dios, desarrollarnos más en Dios.
Entonces debemos de conocer a Jesucristo y al Padre. No solamente es que de oídas te había oído, mas ahora mis ojos.
Mas ahora mis ojos te ven.
Job 42:5
A veces no entendemos los propósitos de Dios. Job estaba envuelto en un problema muy grande, muy, muy grande. Él tenía todo: tenía casa, tenía hijos, tenía hacienda, tenía riqueza, tenía paz en su corazón. Todos los días ponía a sus hijos delante del Padre y oraba por ellos, por si alguno hubiera cometido pecado. Así era su vida, así era su vida de Job. ¿Y qué hacía Job? La llevaba bien suave. ¿Pero qué dijo el tentador, el diablo, Satanás, la serpiente antigua, como usted le quiera llamar? Uy, pues sí, lo tienes muy protegidito, es tu hijo, ¿cómo no te va a negar si tiene esposa, si tiene hijos, si tiene haciendas? No, pues así cualquiera sirve a Dios, ¿no? Teniéndolo todo. Pero si le quitas… y si lo pruebas, y si le haces… está bien, te doy permiso. Ah, porque hasta eso, Satanás tiene que pedir permiso a Dios, el poderoso es Dios, el que manda es Dios, el que gobierna es Dios, satanás no tiene poder.
Entonces, satanás le pide permiso a Dios y Dios dice: «Okey, bien tal». ¿Y qué hace Job? Peca. Maldice a Dios, como su mujer, que le dijo: «Maldice a tu Dios y muérete». Sabia mujer, ¿verdad? Job guardó su integridad delante de Dios. ¡Muy bien! Entonces, ¿cuál fue el resultado de guardar su fe delante de Dios? Lo restauró. Cuando él es, es restaurado por Dios, conoce realmente quién es Dios y entiende la voluntad de Dios, porque dice: «¿Dónde estabas tú cuando hice yo los cielos? ¿Dónde estabas tú cuando formé esto? No lo sabes». Pero entendió, y cuando entiende y conoce realmente quién es Dios, entonces él tiene esa, esa unión, esa ligadura, esa fuerza de Dios con Él. Y entonces él sale adelante y Dios lo bendice más abundantemente de lo que tenía.
Conocer a Dios. No nos va a ir siempre bien en la vida. ¿Usted lo que quería oír en esta mañana es que toda la vida va a ser felicidad? No, a veces nos va mal en la vida, pero Dios está con nosotros.
35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Mateo 24:35
19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
Mateo 28:19-20
Él está ahí, el problema es que nosotros a veces no lo queremos ver o no lo vemos, porque tomamos decisiones basadas en otras cosas. Por ejemplo, mi hijo se enferma, ¿qué es lo primero que hago? Ir al doctor, comprarle los medicamentos que le mande el doctor, después, cuidarlo, llega la suegra o la mamita o la vecina: ¿Por qué no le das este medicamentito? ¿Por qué no le das esta hierbita? ¿Por qué no le das es un tecito? ¿Por qué no le haces algo? Y si todo eso no resulta, ¿qué, qué pasa? Pedimos a Dios. ¡Ah! Entonces dejamos a Dios hasta el último. Nuestras decisiones están basadas en nuestros sentimientos, en lo que tenemos, nuestro doctor, nuestro dinero para pagar medicinas, y hasta el último le dejamos el lugar a Dios, ¿Eso será sano?
Lo primero que un cristiano debe de hacer es encomendar sus hijos a Dios. Si Dios permite, hermano, que tu hijo esté enfermo y no sane, es porque Él tiene un propósito para ti o para el niño o para tu familia. Si el Señor lo sana, luego, ¡gloria a Dios! Y si el Señor tarda en sanarlo, ¡gloria a Dios!, porque él está probándote, está haciendo una obra en ti, está dándose a conocer como lo que Él es, tu médico divino. ¿Gloria a Dios? Gloria a Dios. Él siempre tiene un propósito, Él no permite que las cosas pasen al aire. Él tiene siempre un propósito en cada cosa que él hace. Y lo más sabio que debemos de hacer nosotros es buscar la voluntad de Dios. Señor, ¿pequé? Por eso mi hijo está enfermo. Señor, yo soy el enfermo, me pongo a cuentas, ¿te fallé en algo? ¿Hice algo que no te agradó? ¿Por qué permitiste, Señor, que se enfermara mi esposa? ¿La estoy zarandeando mucho, le estoy dando mucha carga de trabajo, la estoy exponiendo mucho a peligros? Señor, enséñame a mí a ser prudente, a ser sabio. A lo mejor la estoy cargando mucho de necesidad, ¿verdad? Siente la responsabilidad del trabajo y por eso se está enfermando constantemente.
Tenemos que ser prudentes, sabios, entendidos en la voluntad de Dios. Ahora, si en ti está, hermano, el tomar la decisión, pues tómala, y si no, deja al que le corresponde, pero no por eso dejes de orar. Hay veces que las decisiones no están en nuestras manos. Las abuelitas aveces dicen: «No, yo me lo llevo al médico y aunque se enoje su papá y su mamá quiera orar por él, yo me llevo a mi nieto y se acabó». No depende de ti la decisión, es hijo de ellos, tú eres nada más la abuelita. Respeta las decisiones de cada una de las familias. Dios dio una estructura, Dios dio un orden. Tienes que ser sabia. Okey, es que yo digo, yo pienso que ya pasó mucho tiempo y es sabio y prudente que la llevemos al doctor. Bueno, pues platícalo, y si accede, pues adelante, pero no seas imprudente, impetuosa. ¡Aunque se enojen, yo me lo llevo! Pues no, al rato te vas a hacer problemas con la mamá o con el papá, depende de qué familia seas. Sé prudente, sé sabia, sé entendida, comprende que ya es otra familia, que ya es tu otro hijo, que ya se casó, que ya tiene otra, otra responsabilidad, que es hijo de ellos, no tuyo. Yo sé que el amor de abuelita nos mueve, o el amor de suegras o el amor de mamás, pero entiende tu posición, reconoce quién eres.
El mapa de tesoro
¿La Biblia tendrá un mapa para obtener el tesoro? ¿la Biblia es el tesoro?, ¿o quién es el tesoro? Imagínese que yo ahorita me, me, me muero y le digo: «¿Sabe qué, hermanos, a toda la Iglesia? Les voy a dejar un mapa. Aquí está el mapa. El tesoro está al final del mapa. Yo ya no puedo seguir, me voy a morir». ¿Quién se atrevería a buscar el mapa si sabe que hay un tesoro? Las hermanas de aquí ya sí se atreverían a agarrar el mapa y buscar el tesoro. ¿Alguien de aquí buscaría antes del tesoro cómo descifrar un mapa? Cartografía, estudiaría cartografía, estudiaría alguna materia de continentes, de para saber cómo moverse. Ahorita ya hay GPS, pero antes no, ¿Qué tal si en la búsqueda del mapa se pierde, llega a un lugar donde ya no me dice si se hunde? Veamos esta historia.
Tenía el mapa perfecto del tesoro, murió pobre. Nunca caminó hacia él, solo lo estudió. Un hombre heredó un mapa del tesoro auténtico, verificado, 10 millones de dólares a cinco km de su casa, ¿qué hizo? Estudió el mapa, 20 años estudiándolo, analizó cada símbolo, tomó cursos de cartografía. Asistió a conferencias sobre mapas, escribió libros sobre mapas del tesoro, creó un grupo de estudios de mapas, se volvió experto en mapas. Murió pobre. En su funeral, su hijo tomó el mapa, caminó cinco kilómetros y encontró el tesoro. Lloró sobre la tumba de su padre: «Papá, solo tenía que caminar, no estudiar». Familia, esto me destroza. La Biblia es el mapa, no es el tesoro. El tesoro es Cristo: conocerlo, experimentarlo, vivir en él. Pero la Iglesia está llena de expertos en el mapa que nunca caminaron hacia el tesoro. Saben toda la doctrina, pero no conocen al Dios de la doctrina. Memorizan versículos, pero no viven las promesas. Estudian teología, pero no tienen encuentro. Debaten interpretaciones, pero no obedecen. Leen comentarios, pero no oran. Conocen el mapa perfectamente, pero murieron sin el tesoro. Jesús les dijo a los fariseos: «Escudriñáis las Escrituras, pero no queréis venir a mí». Juan cinco, treinta y nueve al cuarenta. Estudiaban el mapa, rechazaban el tesoro. Filipenses tres, ocho dice: «Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor». El conocimiento sobre Dios no reemplaza el conocimiento de Dios. Puedes saber toda la Biblia y no conocer a Jesús.
A veces es lo que venimos a hacer, debatimos, nos gusta: «Yo soy cristiano, voy a prepararme para cuando venga el ateo o cuando venga el testigo de Jehová. Yo estoy bien preparado, que no me pase, que no me roben fe». Y nos preparamos. Los otros nos gusta: «vamos a estudiarescatología, los tiempos, las formas, cuándo Cristo viene, conocimientos de doctrinas…” ¿y Cristo? Dónde dejamos a Cristo, que es el tesoro? ¿Dónde dejamos al Señor Jesús?
Ese es el problema. Hay mucha gente que se sabe la Biblia del derecho y al revés. Yo les digo que una de las carreras que estudia la Biblia es el que estudia abogacía. Él tiene que leer a fuerzas, de cajón, la Biblia. Se la dejan en la escuela, en la universidad, léala. No la vive, no la practica, no la cree, pero la tiene que leer, la tiene que conocer de mucho para saber las leyes, las leyes. Muchas veces hemos conocido gente que, eh, en Internet debate de todo lo que se le dice, pero su vida no refleja a Cristo. Su vida está muy lejos de saber quién es Dios. No es una persona amorosa, no es una persona cariñosa, no es una persona respetuosa, no es una persona que viva una vida grata a los ojos de Dios, sino que es negligente, flojo, perezoso, hostigador, que le gusta estar molestando, que tiene envidia, que tiene recelo, que tiene orgullo. No me sirve de nada conocer la Biblia si yo sigo teniendo esos, sentimientos, esas emociones malas en mi corazón. ¡No puede caber en el pensamiento de Dios, en la palabra de Dios, un hombre que diga que es cristiano y que diga que odia a su hermano, que odia a su esposa, que ya no soporta a los hijos! No, si conoces a Dios, Dios es amor y tú tienes que amar aún a los que te persiguen y ultrajan. ¿Acaso no Jesús dijo en la cruz: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen»? Es que siempre es lo mismo: «¡Bueno, ese hermano me está moleste y moleste, no tiende su cama, me hace esto, me hace aquello!» Pues sigue orando por él, porque hay salvación mientras hay vida.
No cambies tú porque el otro cambie. Hay gente que dice: «Es que yo ya llevo tres, cinco años de estar orando por mi esposo y no cambia». Pues sigue orando, porque Dios va a hacer la obra en su tiempo, pero no porque él no cambie, tú cambias y te regreses otra vez a donde venías. Jesucristo es el tesoro.
No te conformes tan solo. La biblia habla de los bereanos, un grupo de cristianos que aunque el apóstol llegaba y les predicaba, decía: «Yo, yo llegando a mi casa, busco a ver si lo que me dijeron viene aquí, y si viene aquí, entonces sí lo hago» Ustedes no deben decir lo que yo digo, usted tiene que buscar, usted tiene que anhelar conocer más a Dios, buscar la Biblia. Si el hermano se equivocó, mire, hermano, pues mire, yo veo esto, ¿usted cómo lo ve? Vamos a platicar, Eso es conocer a Dios, darle nuestro tiempo, nuestro esfuerzo, nuestro cariño.
Aquí vemos en el mapa, tristemente, que aquel hombre pues se pasó la vida buscando lo que era alrededor del mapa, pero no encontró a Cristo nunca, que es el tesoro. ¡Qué triste! Qué triste que muchos vienen a buscar a la Iglesia por los grupos, por la alabanza, por la comida.
No venimos a buscar lo que es de la Iglesia, venimos a buscar a Cristo, al Señor. Eso es lo importante, ese es el tesoro, hermano, que nosotros tenemos que tener en nuestra vida y en nuestro corazón para cumplir a Dios, no lo secular. Si el hermano me saludó, ¡gloria a Dios! Que el hermano no me saludó, ¡pues gloria a Dios! A lo mejor no sabemos cómo venga la hermana. Que llegó tarde el hermano, ¿usted sabe si el hermano tuvo para su pasaje? ¿Usted sabe si el hermano ya trabajó, si tiene trabajo? ¿Usted lo sabe? No lo sabe y ya está criticando y juzgando. ¿Si me explico? Usted tiene que tener un corazón como el de Cristo, como el del Señor, lleno de sabiduría y prudencia. Él nunca pagó mal por mal, aunque le hicieron lo malo, él no pagó mal por mal. Antes oró por los que lo perseguían, antes enseñó a los que no querían creer, antes les mostró su bondad a los que no querían, su bondad.
A mí me impacta mucho la cita cuando va Jesús por el camino y agarran a una mujer y se la avientan. Casi, casi dice la Biblia, se la ponen: «Es que esta mujer fue encontrada en el pleno acto de adulterio, y la ley dice…». A los conocedores de la Biblia: «Y la ley dice que en este mismo momento, ella necesita ser apedreada y morir». Me pregunto primero, pues para hacer el acto de adultero, ¿no eran dos los que estaban ahí? ¿Por qué no se agarraron a la mujer y la llevaron ahí, para empezar? Sí. Para empezar. Pero los juzgadores de la ley… merece morir. ¿Tú qué dices? O sea, ¿tú ves la cuestión? Y a veces así, así parecemos, hermanos: «Es que el hermano ya faltó, es pecador, y ya el hermano ya se rezó, y mira, y llegó tarde, míralo, y es que no me saludó, míralo». ¿Quiénes somos nosotros para andar juzgando entre nosotros? ¿Que Dios nos dice: «Ama a tu prójimo como a ti mismo». Tú no sabes cómo vive el hermano de cargado, de pesado, si llegó con luchas después de toda la semana, soportar a su esposo, que le pegó. Tú no lo sabes, de verdad, tú no lo sabes, no sabes cómo están las broncas fuertes en la familia. Yo muchas veces llegué llorando a la Iglesia, porque después de una gran bendición que me daba el Señor en los campamentos, en los congresos, mi padre llegaba y me decía: «Vete por una cerveza», o mi madre estaba peleando con mi papá, o mis hermanos tenían la música a todo volumen.
Entonces, hay que darle gracias a Dios, hermanos. Hay que reconocer la sabiduría de Dios, que Dios te da lo que Él quiere. Si tú eres bueno, Él te va a bendecir, pero también si Dios permite en alguna ocasión que te pruebe, va a ser probada tu fe. Y si por pecado, peor, Dios te permite pasar por algo, pues atente, porque Dios también es justo.
Hay gente que no habla del pecado, hermano, que no habla del pecado. Y yo no sé, ya son pláticas motivacionales en las iglesias, así como dicen en el gimnasio, pura palabra bonita, pura palabra linda, pura palabra motivacional. ¡No! Hay que hablarle a la gente del pecado, porque si no se vuelven de su pecado, con todo y ir a la iglesia, se van a ir al infierno. Con todo y aparentemente portarse bien, se van a ir al infierno si no abandonan su pecado. Llámese glotonería, llámese adulterio, llámese robo, llámese odio, llámese rencor, llámese envidia, cualquier pecado que usted quiera ponerle el nombre, si te lo quedas en tu corazón, Dios no está allí, Dios no puede habitar en un corazón sucio, y entonces vas a perder tu tesoro. Te vas a ir al infierno. Por eso es importante hablar en contra del pecado, del poder de la sangre de Cristo, para salvarte, para perdonarte, para limpiarte. La sangre de Cristo fue la que nos trajo la reconciliación con el Padre.
Cuando Dios te ve a ti, lo primero que ves, si eres su hijo, ve la sangre de Cristo y dice: «Este es mi hijo, porque fue rociado con la sangre de Cristo», y entonces eres acepto delante del Padre. Sin la sangre de Cristo, hermano, no somos nada. ¿Quién pagó el precio? ¡Cristo! El Señor Jesucristo pagó el precio de la sangre por nosotros. No hay más. No fue Buda, no fue Alá, no fue Mahoma, no es la ciencia cristiana, no es la metafísica, ni la dianética, tampoco. Hay muchas religiones que dicen que para poder elevar tu espíritu, para poder llegar a cierto grado, para despertar tus chakras, hay tantas cosas…. Pero aquí lo que yo encuentro es que solo Cristo salva, Solo Cristo salva, solo Cristo perdona pecados, solo Cristo cambia el corazón del hombre, solo Cristo puede dar paz a tu familia, solo Cristo puede dar gozo a tu corazón, solo Cristo puede darte la sabiduría escondida de la Biblia para que dejes de pecar y hacer lo malo y hagas la voluntad de Dios. Solo Cristo, solo Cristo, solo Cristo.
Y van a decir que soy un pastor anticuado o religioso de los de antes, pero solo Cristo salva, solo Cristo perdona, solo Cristo transforma, ¡solo Cristo! No es lo que yo digo, no es mi concepto, no es que yo hable bonito, no, es Cristo actuando en la vida del hombre con el poder de su palabra para salvarlo, para cambiarlo, para transformarlo.
23 Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. 24 Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.
Jeremías 9:23-24
Entonces, la sabiduría, hermano, nos lleva a amar a Dios, a serle leal a él, a vivir una vida recta, nos lleva a hacer esto. En el Oseas seis tres también aparece la palabra sahar, que dice, como vimos entonces, amanecer, de gesem, que es lluvia. El conocimiento es progresivo y transformador. Mucha gente dice: «No es que te lave el cerebro». No es que nos lave el cerebro, es que Dios transforma nuestra vida, es Él transformando.
32 Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará.
Daniel 11:32
El pueblo que conoce a su Dios se esfuerza, actúa, hace algo, se esfuerza. ¿Por qué hay cristianos que no se esfuerzan? podemos debatir mucho, pero dice la palabra de Dios que el que conoce a Dios, el que es pueblo de Dios, debe de fortalecerse en Él y actuar en Él. No cabe en la mente de Dios o en la Biblia, en el conocido documento de la palabra, que haya una persona que no se quiera esforzar, que no quiera trabajar, que no quiera hacer algo. Por eso Dios tiene algo en contra con aquellos que dicen: «No, es medio sabático, no trabajo, es que yo me voy a tomar un año de descanso». ¿Dónde dice eso en la Biblia? Es que yo voy a tener una carrera y me voy a dedicar a mí. No, la Biblia no dice eso. Se tiene que trabajar, esforzar, actuar.
Dios pide en su palabra que nosotros hagamos lo que nos corresponde. También quiero aclarar, porque como les repito, en la viña del Señor hay muchas formas de pensamiento. No porque la Biblia diga que se tiene que esforzar y trabajar, también las hermanitas se me agoten. Hay cierta edad, hermanas, donde ya usted no puede trabajar lo mismo que a los quince años o a los veinte años. Y me dicen: «No, es que la Biblia dice que yo debo de trabajar, yo me siento incómoda sin hacer nada». Hermana, también hay cierta edad donde uno debe ser prudente, debe ser sabio y debe dedicarse a sus cosas, debe dedicarse a su vida, a lo que Dios quiere. Los varones también, hay una edad donde ya también se jubilan, donde ya también tienen otro, otras cosas que hacer. O sea, también seamos prudentes. No podemos decirle a una persona de ochenta años que siga trabajando como a un jovencito. Treinta años. Y yo de treinta años no trabajar
Tenemos que aprender a descansar, es sabio a cierta edad, ya descansar, ya hiciste lo que tenías que hacer, ya cumpliste. Si alguien quiere calentar después de que hiciste la comida, pues es su bronca, o sea, porque ya hiciste lo que a ti te toca. Ya lo hiciste. ¿Tú tienes un deber? Sí, pero también los demás tienen un deber y no por hacer más deberes, «Le levantas la canasta», y entonces, como ven que ella es la única que prende el boiler, pues hasta que la prenda la abuelita, si no, nadie se baña.
Yo no apruebo el feminismo y tampoco el machismo, yo apruebo lo que dice la Biblia, y la Biblia dice que ambos tenemos que servir en armonía. Si a mí me toca llevar de comer, ¿me quita la hombría? Si un día me toca barrer o cambiar, ¿me quita la hombre? no. ¿Y puedo hacerlo? sí. Por eso mismo tiene dos pies, dos brazos, tiene cabeza.
Es un trabajo de equipo, no es una competencia, es un trabajo de equipo. Seamos sabios en nuestra manera de vivir, seamos sabios en nuestra manera de conducirnos con los demás. Si yo, por ejemplo, sé que hay una persona que siempre me está lastimando y hiriendo, ¿voy a estar ahí? Bueno, si Dios me dice que esté, estoy, y si no, soy sabio y prudente. Yo no apruebo el bullying, pero también tampoco voy a estar acá, que porque seamos humildes y sencillos, me estén lastimando a cada rato. Seamos prudentes, seamos sabios, cómo manejamos las cosas.
Por ejemplo, si alguna hermana viniera a mi hija y me dice: «Hermano, ¿puedo platicar con usted?». Sí, aquí en frente de todos. Yo nunca digo: «Hermana, aparte, hermana, la voy a ver a su casa. Hermana, cuando ande su esposo, yo llego». No es sabio, no es prudente. Aunque vaya a orar, aunque vaya a cantar, aunque vaya a buscar a Dios, tiene su lugar, su esposo, tiene una familia, que va a ir a su esposo, a su familia. Yo tengo que cuidar mi imagen y respetar a la mujer. Tengo que tener prudencia, sabiduría. Usted tiene que tener sabiduría y prudencia. Si alguna hermana que no es su esposa lo invita a su casa, primero cheque dónde está el esposo. Si usted, su esposo la invita y alguien la invita y no es su esposo, pues usted diga: «¿Qué pasó?». Sea sabia, sea prudente en su manera de vivir, cuídese del peligro, de los pecados. Cuídese.
Podemos leer los proverbios y encontramos la sabiduría de Dios. Lea un capítulo diario del libro de Proverbios y va a ir conociendo la voluntad de Dios, vaya adquiriendo la sabiduría. Leímos en Proverbios dieciséis veinte, que tenemos que buscar la sabiduría, amar la sabiduría.
Muchas veces, eh, la gente o los cristianos venimos a, a Dios y decimos: «Yo quiero, Señor, que tú me bendigas, que me des una casa, que me des un carro, que me des una esposa buena, que me des, este, un trabajo económicamente activo, muy bueno». Y Dios es bueno para dártelo. Sí, te lo puede dar, pero su sabiduría de Dios, ¿qué pasa con eso? Toma muy malas decisiones y se acaba. Yo puedo ganar treinta mil pesos al mes, y si no soy sabio en dirigir mi economía, se me lo van a acabar los treinta mil pesos, y a ver si no sabían qué. Yo puedo tener a la mujer más linda, más hermosa de la Tierra, o al marido más lindo y hermoso de la Tierra, pero si no la trato con sabiduría, tarde que temprano me va a contestar agresivamente y violentamente, porque no soy sabio.
Es mejor entonces ganar la sabiduría y adquirir la sabiduría que el dinero. Yo no estoy en desacuerdo que Dios nos dé dinero. Dios bendice, y si Dios te quiere millones, te los va a dar. Yo no tengo nada en contra de eso. Mi problema es cuando la gente prefiere eso que a Dios y le da más valor a eso que a Dios.
Para los que quieran profundizar más o los que se quieran animar en este año a profundizar en la Palabra de Dios, la Biblia fue escrita, en antiguo testamento en Hebreo y Arameo, y el nuevo en griego.
3 Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. 4 El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; 5 pero el que guarda su palabra, en este verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. 6 El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.
1 Juan 2:3-6
Más claro ni el agua. El que dice conocerlo, ama sus mandamientos y anda como Él Anduvo. Hay muchos falsos líderes, hay muchos falsos profetas que dicen que vienen en nombre de Dios y no vienen en nombre de Dios, vienen en nombre de ellos mismos, de sus movimientos, de sacar dinero, de tener una ganancia de la gente que va a esos lugares. Si él no anda como Cristo anduvo, dice la Biblia, que entonces no es hijo de Dios, no conoce ni siquiera a Dios. Hay muchos, eh, profetas hoy en día que cada ocho días están profetizando, que cada día están: «Es que Dios me dijo, y Dios me dijo». ¿Dios si da profecía? Claro, pero es una profecía espiritual para una, para una ocasión especial, un tiempo especial. Los profetas de antes no los andaban metiendo en, en congresos, en conciertos. A los profetas de antes no los querían, ¡los mataban! ¿Acaso no dijo: «Jerusalén, tú que matas a los profetas de los que te son enviados»? No los querían. Hoy qué raro es que al profeta lo quieran de todos lados, lo lleven de palma en palma, le compren el mejor carro, lo pongan en el mejor hotel, porque va a venir a predicar, va a venir a enseñarnos. ¿Cuándo a los profetas de antes les hicieron eso? Hemos cambiado la gloria de Dios por cada cosa que Dios nos perdona.
Cuando uno recibe una palabra de Dios, cuando un hombre de Dios está en el conocimiento de Dios y lee la Biblia y actúa conforme a la voluntad de Dios, y Dios le da a uno una palabra, la palabra de Dios es como fuego ardiente en la mente de uno. Es un fuego que no puedes callar, que te hace doblar, que te hace estremecer, que te hace sentir aquí en el corazón, un, una sensación indescriptible. En este momento, tu espacio, tu tiempo, se acaba lo que hay alrededor y eres tú y Dios. Viene la presencia de Dios y te hace partícipe de entrar en su comunión y te revela lo que Dios va a darle, en este caso a la Iglesia, a tu familia, o lo que Dios quiere dar, ¿sí? Y en ese mover de Dios, cuando él viene a tu corazón, lo puede hacer de esa manera suave, delicada, apacible. Pero también a veces Dios permite que sientas ese dolor, esa sensación que te dobla, que te humilla, que te hace sentir hasta abajo. ¿Por qué? Porque Dios quiere que experimentes lo que él experimenta en su corazón cuando alguien ha pecado. Y es un dolor tan fuerte que te doble en el alma y te hace sentir su presencia y te dice: «Quiero que a esta persona le digas que está en pecado por esto, porque si no voy a pedir por él y voy a pedir cuentas».
Y esa presencia de Dios que nos lleva a conocerlo más íntimamente, es lo que yo quiero que tú experimentes, que no te conformes a lo que yo te digo o a lo que te enseña la Biblia o los información, sino que tengas esa relación con Dios para que él pueda venir a hablarte y tú lo puedas oír, que puedas sentir con su corazón, que puedas ver con sus ojos, que puedas hablar con sus palabras. ¡La gente está sedienta de oír la palabra de Dios!, pero la verdadera palabra de Dios, que cambie el corazón, que transforme la mente. No tus palabras, no tu conocimiento bíblico, sino la palabra que sale de Dios cuando estás orando y Dios te dice: «A por ese hijo, quiero que le digas esta palabra en específico, porque esta palabra es lo que yo quiero para él». Entonces, después de sentir el dolor y la presencia de Dios en tu corazón, le vas a decir exactamente lo que Dios dice, y Dios va a pedir cuentas a esa persona de lo que está haciendo. Ya no es tu responsabilidad, es responsabilidad de Dios y la persona.
Tú hoy eres responsable del mensaje, tú hoy has recibido en la presencia de Dios, la palabra de Dios para ti. Tú eres responsable si buscas la sabiduría o sigues viviendo como quieres. Tú eres responsable. Yo he libro mi alma esta mañana, del mensaje que Dios me ha dado para darte, que busques la sabiduría, que anheles el poder de Dios y que dejes de pensar por ti mismo y de actuar por ti mismo y tomar decisiones por ti mismo. Es el tiempo, este 2026, de empezar a buscar la presencia de Dios y que él dirija nuestra voluntad.