Mensaje a las siete iglesias“Filadelfia” (segunda parte)

Transcripción de la prédica del 14 de septiembre 2025

El mensaje a Filadelfia

7 Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre:

8 Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre. 9 He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado. 10 Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra. 11 He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. 12 Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo. 13 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Apocalipsis 3:7-13

Si hoy tú te pudieras decir «yo soy la, la iglesia de Filadelfia», creo que a muchos nos caería como anillo al dedo, porque en este momento el Señor dice: «Yo soy tu Dios verdadero». Lo que Dios dice nadie se lo podemos rebatir, argumentar, cuestionar. Sí sé, y eso me consta, me duele en el alma y también me da un poco de coraje, cuando un humano normal como nosotros empieza a cuestionar a Dios y empieza a decirle «¿y por qué?», «¿Y yo por qué?» «Y no estoy de acuerdo», «Y a ver, Dios…» Y todavía, aún más allá de nuestra locura, nos vamos a decir: «Pero yo voy los domingos», «Pero yo diezmo», «Pero yo te alabo», «Pero yo me porto bien». Cuando la intención del corazón está en la carne.

Alguna vez un expositor de la palabra dijo: «Es muy fácil comportarse como cristianos, pero es muy difícil reaccionar como cristianos». Y tiene toda la verdad, ¿Por qué? «Hermanos, no mientan». Pues no mentimos, tratamos. «Hermanos, alaben a Dios». Ah, pues alabamos a Dios. Pero cuando viene la prueba, ¿quién reacciona como un hijo de Dios? Si nos chocan, tenemos un problema, alguien está en el hospital, alguien sentimos que se nos muere… ¿Y cómo reaccionamos? ¿Cómo entendemos lo que está ocurriendo? Y el Señor aquí nos dice: «Oye, ¿qué crees? Yo ahí tengo una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar».

Si nos vamos a un estudio teológico, hermanos, esa puerta puede ser muchas de cosas. La oportunidad de evangelizar, la oportunidad de servir al Señor. Pero hoy quiero darle un enfoque muy práctico para ti y para mí. Esa puerta que está abierta y que nadie puede cerrar es el altar al Señor, donde tú puedes ir y rogarle, donde tú puedes ir y clamarle, donde tú puedes ir y entregarte, donde sí puedes derramar tu vida y decirle «ayúdame». Donde tú puedes tener todavía esa comunión con Dios y ese acercamiento. ¿Y sabes qué es lo que me duele en el alma? Que preferimos el pecado, preferimos los afanes de la vida.

Claro que tenemos que trabajar, claro que tenemos que guisar, pero Cristo viene, ¿ya estás listo? ¿O le vas a decir: «Por favor, ven después del horario de mi trabajo»? ¿Qué le vas a decir al Señor? «Si quieres venir, te reservo el horario de siete de la tarde a nueve, porque a las nueve me voy a dormir»

Él es Dios. Y nos lo han venido advirtiendo, y digo aconsejando, «Vendré como ladrón en la noche, cuando nadie lo espera». Y ni aun así “nos calla el veinte“, que cuando menos lo esperes, Él va a aparecerse, porque él es verdadero. “Es que todos lo esperamos un domingo” Pues, ¿qué crees, cuando no lo esperemos, dice la palabra, a la hora y el día que ni esperas. Y eso debería generar en nosotros una convicción diferente desde la perspectiva de Dios. Si que no sabemos el día y la hora, pues con más razón todos los días y a cada instante debemos estar alerta. Pero lamentable la iglesia se está muriendo porque ya perdimos esa convicción. «Ay, pues, que venga cuando quiera». Ya ni hablamos de que viene, porque, hermano, desde el apóstol Juan y Pablo, año setenta de nuestra era, más de mil novecientos, casi dos mil años, Cristo viene. ¿Y qué cree? no ha venido. Por ahí salió una doctrina entre los arrios y los gnósticos y otros más, que decían que ya Cristo había venido y que ya se había cumplido todo y que ya todo lo que viviéramos es otro tema, no es Biblia. Pero la realidad es que no es cierto. Jesucristo viene por su iglesia.

¿Y qué estamos haciendo? ¿Y saben por qué Dios nos tiene que llevar a esos momentos? Porque nos olvidamos de Él. “Señor, gracias por esto, gracias por lo otro, amén”. “Ay, si vamos al templo, ah, pues, cumplamos”. Y cuando nos va mal, «ay, ay». Y aun así puedo decir y asegurar que eso también es amor de Dios, porque no quiere que te pierdas, porque no quiere que te vayas, porque no quiere que te olvides, porque no quiere él venir en las nubes y que tú digas «yo sigo en lo mío». Pues quédate en lo tuyo.

Hay una frase entre teólogos muy preciosa que dice: «Si hoy no amas al Señor… que vas a vivir ochenta o noventa años, ¿por qué querrías pasar una eternidad con él?» Y ese es el mensaje que le tenemos que decir a la gente que dice que es hija de Dios, que dice que ama a Dios, pero está adorando ídolos, está postrándose ante imágenes, está pensando en que solo ciento cuarenta y cuatro mil se van a salvar, que ya estamos en un infierno. A esa gente es a la que tenemos que decirle: «Si hoy no demuestras ese amor a Dios, ¿para qué quieres estar con él una eternidad? «Es que yo amo a Dios a mi manera». No se puede. Dios dejó claramente a través de toda la Biblia cómo se le ama a él. Palabras claves: entrega, santidad, despojarte, entregarte, someterte y, la más clave de todas, seguirle. Pero muchos creen que se van a ir al cielo. Si te das cuenta, háblale de Cristo. Puede ser tu última oportunidad, pero no solamente tuya, la de él y la de ella también.

Nosotros no podemos cambiar a nadie. Juan nos revela que el que hace la obra, ¿quién es? El Espíritu Santo, porque él convence de pecado, de justicia y de juicio. Pero no dice que no les prediques. Y tampoco dice que, como es obra del Espíritu Santo, tú te hagas a un lado. No. ¿Es obra del Espíritu Santo? Sí, amén. Pero nuestro deber es hablar, es orar, es volver a invitar, nuestro deber es volver a señalar. ¿Y sabes algo maravilloso? Nunca te pongas en el lugar tú de justo. El único justo es Dios. Y sí tienes que decir: «¿Quieres entrar al cielo? No es por lo que yo te diga». No sigas el ejemplo, sigue el ejemplo de Cristo. Es por lo que él dice. “¿Tú eres un pecador?” Sí, y también estoy luchando por llegar al reino de los cielos. Y también estoy levantándome y también estoy cayéndome y también suplico misericordia por entrar al reino de los cielos. No te vengo a predicar porque soy santo, no te vengo a predicar porque yo soy el ungido. Te vengo a predicar porque tú y yo necesitamos a Dios en nuestro corazón. Esa puerta, y así lo digo delante de todo el universo, ni Satanás la puede cerrar. No la puede cerrar ni el diablo. ¿Quién la cierra? Tú la cierras. “Es que ya le prediqué mucho”, “es que ya le dimos oportunidades”

A lo largo de los estudios de los miércoles, vengo hablando de la justicia de Dios, no de nuestra justicia. La justicia de Dios te dice: «Haz lo una vez más, acércate una vez más. ¿Ya te cansaste? Descansa y síguele». Y en el evangelio de Marcos veíamos claramente que los discípulos llegan cansados y Jesús los “vacila” y les dice: «Vénganse, los voy a llevar a un lugar para que descansen y coman». No los vacila, el Señor sabía lo que tenía que hacer: formar un carácter. El carácter no se forma entre verdes pastos, no se forma en abracitos, no se forma entre besitos. El carácter cristiano se forma en el fuego de la batalla y en la fe en el hijo de Dios. Porque aunque andemos en valle de sombra y de muerte, no temeremos, porque Dios está con nosotros. Ahí se forma el carácter.

4 Aunque ande en valle de sombra de muerte,

No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;

Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

Salmos 23:4

El Señor le dice a sus discípulos: «Vengan acá, descansemos». Y llega la multitud y el Señor les dice: «¿Están cansados?» Sí. «Pues qué bueno, atiéndanlos». «Señor, ya tenemos hambre». «Qué bueno, denles de comer». Así se forma el carácter. Las oraciones que uno hace no es en tu cama, acostado, diciendo: «Señor, gracias por todo, ahí te encargo. Amén». ¡De rodillas, al lado de tu cama, en el altar, clamando a Dios! Si las oraciones fueran así de fáciles que en un minuto Dios contestara, pues Dios no sería Dios, sería nuestro sirviente. Dios es el señor de todo y lo que más anhela es que estemos cerca de él. Y sí, tenemos que ser honestos. ¿Cuántas veces hemos hablado con amor? ¡Ven!, «ay, luego tengo trabajo». Acércate a mí, «ay, no, es que tengo muchas cosas que hacer». Es que yo quiero bendecirte, «es que yo quiero descansar». Llega un momento en cuando Dios dice: «Viene algo malo, prepárense». «Ay, sí, Señor». Y cuando llega, ¿qué hacemos? «Ay, Señor» y nos rasgamos las vestiduras». Pero no lo digo con juicio o crítica, lo digo porque aún en eso, Dios te ama. Aún en eso, Dios nos ama de tal manera que sí nos escucha y que sí nos atiende, porque el santo y el verdadero tiene una puerta abierta entre tú y él, directa, y nadie la puede cerrar. Solo tú la puedes ignorar. Tú tampoco la puedes cerrar, en un sentido espiritual, pero la ignoras de tal manera que parece que está cerrada.

Yo vuelvo a preguntar desde el fondo de mi corazón: ¿tu familia ya está lista para ir con el Señor? ¿Tus hijos? Tu familia nuclear, ¿tu esposa y tus hijos ya van camino al cielo? Ttus yernos, nueras, nietos, ¿ya están en el camino del Señor?, «es que tengo mucho trabajo». Te encantaría (Voy a usar un poco el sarcasmo) ir subiendo a las nubes y decirle a tus hijos y a tus nietos: «Adiós, ahí se quedan en la tribulación, sufran» ¿Te encantaría? ¿Te sentirías lleno de gozo subiendo al cielo diciéndoles adiós? Te partiría el alma porque tú sabes que la gran tribulación es castigo, es ira de Dios, es muerte, es sufrimiento. Yo estoy seguro que los que nos vamos a ir con el Señor no nos vamos a sentir felices dejando atrás a los que decimos que amamos.

«Es que hermano, ya le hablé veinte, ya le hablé cincuenta». Ok, ora. ¿Cuántas horas? Las que sean necesarias. Y Dios va a provocar la situación para que tú les hables, y ojalá, que sea con lazos de amor. A estas alturas ya importa si son lazos de amor o son cadenas, ¡pero que los traiga el Señor! Ya olvidémonos que son lazos de amor, ya olvidémonos que: «Ay, que ponga una fiesta, una reunión», ¡Ya traelos Señor”! Cristo está más cerca que nunca. No hay más ciego que el que no quiere ver. Y por eso aquí el Señor todos los mensajes a la Iglesia les decía: «El que tenga oído, oiga lo que el espíritu dice a la Iglesia».

Ya deja de hacerte el pato. Cristo viene. ¿Qué más quieres? ¿El evangelismo mundial? Ya está. ¿Guerras? Un chorro. ¿Falta de alimentos? Ya hay. ¿Pestes? Ya hay. ¿Terremotos? Ya hay. ¿Qué quieres ver? “Es que el anticristo…” Cada cinco años salen nuevos anticristos. Hay una señal que yo no sé si sabías. Fue una noticia mundial donde por primera vez en el Vaticano permitieron una peregrinación de la comunidad gay y entraron al recinto más sagrado de la iglesia católica, que es la Basílica de San Pedro, una serie de muchachos y muchachas gay y lesbianas con una cruz pintada de arcoíris e hicieron su procesión y el nuevo papa los bendijo. ¿Qué señales más quieres? En la vida, desde que se formó la Iglesia católica por ahí en el año cien, ciento veinte, hasta el 2025, no se había visto tal aberración. Como cristianos entendemos quién es la gran ramera, aunque no lo acepten ellos ¡son la gran ramera! Más claro no puede ser.

¿Quieres otro dato? La misma Iglesia católica acaba de canonizar a un muchacho millennial. Los que no entendemos esto, sabemos que la canonización es porque le ruegas a alguien que ya murió, que en teoría tenía una vida santa y a través de tus ruegos a ese personaje hay un milagro, y pasan en un proceso de validación, de investigación y luego lo canonizan. Acaban de canonizar a un muchacho de quince años, ¿Por qué hicieron eso? Porque la gran ramera quiere a los jóvenes, quiere a tus hijos, quiere a tus nietos. Ya no les importa María, ya no les importa San Pedro, les importa alguien que les escuche. ¿Quién? Ese. Y ya les dio su Dios. ¿Qué más quieres? Los gays ya van a tener la entrada por la Iglesia Universal. Jóvenes que no les importa, pero les encanta la tecnología, ya van a tener la entrada. ¿Por qué? Por esa Iglesia universal, si se puede llamar Iglesia, que para nosotros es la gran ramera.

¿Y qué hacemos los cristianos? “Es que tengo problemas”, sí, mientras tú tienes tus problemas, el mundo se acaba. Satanás nos sigue ganando y ganando y ganando. Iglesia Bautista de Inglaterra, de las grandes, de las principales, de las más antiguas del cristianismo, hoy tiene a un Arzobispo, una mujer lesbiana que públicamente está casada con otra mujer. ¿Y nosotros? Ya también en el cristianismo se acepta el homosexualismo, ahora en la Iglesia católica se acepta el homosexualismo, el homosexualismo entonces es bueno. Y esa idea se las van a vender a tus hijos y a tus nietos. Y tus hijos y tus nietos se van a cuestionar: «¿Y por qué nosotros no?, si Dios dice…» No, el Dios de ellos dice que sí se puede. ¿Por qué tu Dios no? ¿Qué tu Dios no entiende lo que es el amor? Mi Dios es el único que entiende el amor. ¿Y qué hacemos nosotros? «Es que me duele, es que tengo problemas, es que…» ¡Sí, y los tenemos! ¿Y qué vamos a hacer? La Iglesia está llamada a ser la luz.

Dios vino para deshacer las obras de Satanás. La obra de que Satanás te ponga en frente es deshecha en el nombre de Jesús. Pero ¿quién lo cree? ¿Quién de nosotros, hablando de ésta congregación, quién está orando por el mundo, por nuestro país? Estoy ofendido, y lo expresé hace tiempo, ofendido, dolido, enojado, porque nuestro gobierno le cedió el lugar a Satanás. Y no es en contra de ningún partido político, no, pero nuestro gobierno aceptó limpias, aceptó tratos, aceptó el famoso bastón de los pueblos indígenas rodeados de demonios. Y no solo eso, el poder que hoy acá, bueno, hace días entró en la Suprema Corte de Justicia, va a poner dentro de su logo el bastón. ¿Qué quiere decir, hermanos? Que la Iglesia ya va a empezar a ser perseguida. ¿Por qué? Porque Satanás ya tomó el control. ¡Abramos los ojos! La Católica, los Testigos, los Mormones, no. La poca Iglesia cristiana va a empezar una persecución terrible.

No sé en qué magnitud, no sé de qué forma, no soy Dios y no soy profeta. Pero, ¿por qué razón pondrían un símbolo demoníaco en el poder judicial? ¿Por qué razón? “Ay, hermano, porque todos somos iguales, porque este gobierno es de la inclusión” ¡Ay, por favor, seamos espirituales! Entendamos que algo serio se viene a la Iglesia y que aunque pidamos justicia, no la vamos a tener. ¿Sí? No hay manera. ¿Por qué no hay manera? Porque Satanás ya se sentó a impartir justicia en México. Pero en el nombre de Jesús tenemos que seguir y vamos a seguir hasta donde Dios nos permite. Pero quiero que seas honesto contigo. ¿Tienes el valor y la fe para seguir? Ninguno han pasado persecuciones, ninguno han pasado amenazas, ninguno ha pasado, un evento donde nos vengan y nos apedreen, nos tiren las pancartas… Ninguno. Algunos de nosotros, en algún momento hemos pasado cosas, pero una persecución como tal no la hemos vivido. ¿Sabemos qué se siente que te persigan? Sí. ¿Sabemos qué se siente que te amenacen? Sí. ¿Sabemos qué se siente que te suban a una patrulla? Sí. Pero no ha sido una percepción. Y yo no quisiera que ninguno de los que estamos aquí nos perdamos, pero si no empezamos a orar y a tener en esa puerta abierta una comunión y una relación verdadera con Dios, nos vamos a morir,

Yo lo dije hace poquito: «Hermano, ¿por qué usted no se inscribe en la secretaría de Gobernación, como una asociación religiosa?» Por esto, porque ellos van a tener la autoridad de decir: «Pásame tus sermones y yo te digo si estamos de acuerdo o no». «Quiero que no abras tales días, no hay guardias de oración, tus alabanzas no pueden ir en el sentido así… tienes que…» Y nosotros no recibimos órdenes de ningún hombre. Nos postramos delante de Dios y Dios es el que nos dice: «Haz o no hagas».Y así va a ser hasta que yo me muera. Y créanme, lo digo, no me voy a tirar al suelo para que me levanten. Pero Satanás se ha empeñado estas últimas semanas a quererme matar de todas las maneras posibles. En el auto, en accidentes, salud, en muchas cosas. Pero hasta el último momento que Dios me permita estar aquí, no vamos a ceder ni un cachito a Satanás. No lo vamos a hacer. Cueste lo que cueste, y va a empezar a costarnos. Entonces, amados hermanos, de verdad, tenemos que orar. Tenemos que reavivar esa comunión con Dios. No hay salida o es Dios o nada. ¿Por qué? Cristo viene. De verdad, Cristo viene.

Estaba platicando con un profeta de otro lugar, una hermana que es profeta, y que cuando vino lo del COVID, ella y yo teníamos mucha amistad y lo vimos antes de que empezara, ella nos empezó a advertir: “Oye, Noé, Dios me dice esto, no entiendo” Y nos llevaba a Isaías, y no entiendo, dice: Yo tampoco, ayúdame a orar. Y ella fue la que nos dijo algo viene en el mundo, donde se van a acabar los cantos, donde las plazas no va a haber gente. Yo dije: Oye, estaría muy tremendo que en todo el mundo es algo que Dios quiere. Y nos llevó a esa parte de Isaías. Y hermanos, menos de un año se cumplió. Nadie estaba más fuera de casa. Se cumplió, se acabó la música, se acabó la diversión, se acabó la vida como la conocíamos. Y ahí hablando, yo le decía: Es que Dios me ha puesto a orar. Dice: Yo sé que Dios te ha enseñado algo. Le digo: Sí, he visto cómo habemos varias personas así, abriendo los brazos, orando “como borregitos”, por la iglesia. Pero alrededor de nosotros está la luz de Cristo. Dice: ¿Y qué más viste? Le digo: Mira, yo volteaba, como soy bien curioso, a todos lados y veía que había lucecitas por ahí regadas. Y yo le decía al Señor: ¿Quieres que vayamos por ellos?. Y el Señor me dijo: No, yo los voy a traer, solo estén preparados. Y me dice: He oído cinco pastores que me han dicho lo mismo y han recibido el mismo mensaje que yo recibí de Dios hace ya muchos años. No cierres el lugar, no cierres tu corazón y no cierres tu boca. Habemos al menos cinco pastores de diferentes denominaciones que estamos clamando por la Iglesia y que no le vamos a ceder terreno a Satanás.

Es momento que la Iglesia, que ustedes también lo crean, se levanten y le den la prioridad al Señor. En esta misma Filadelfia dice: «He aquí yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten». Yo le preguntaba al Señor… Sí, hubo un momento, un tiempo histórico donde el judío o gente se llamaba judío y atacaba al pueblo, ofendía al pueblo. Pero hoy, hermanos, pasa lo mismo. Porque los judíos, ¿qué representan? El pueblo de Dios. ¿Cuántos hijos del diablo, llamándose profetas, llamándose pastores, llamándose apóstoles, son hijos del diablo y están engañando al pueblo de Dios diciendo que hablan de Dios? ¿Cuántos hay? ¿Se los cuento en internet? Y el Señor dice que ellos mienten y que nos van a querer engañar. Hermanos, lo hemos venido diciendo, que Dios despierte en nosotros el hambre de la palabra, porque solo así vamos a entender quién es de Dios y quién está hablando mentiras, mentiras de Satanás. Ya no me voy a meter en el tema de lo que yo he escuchado en internet, porque hasta da coraje cómo manipulan a la gente, da mucho coraje cómo te engañan, y con milagros falsos, atraen, seducen y matan al pueblo de Dios.

“Hermano, entonces, usted dice que usted tiene la verdad” No, yo creo en la verdad y predico la verdad. Porque la verdad tiene nombre y apellido, se llama Jesucristo. Él lo declaró y yo lo creo. Él dijo: «Yo soy el camino, yo soy la verdad y yo soy la vida»

6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Juan 14:6

Yo no soy la verdad, pero la verdad está en mí, porque Dios está conmigo. Pero la verdad también está en ti. Tú tienes la verdad. Solo que necesitas entenderla con una mente espiritual y para eso tienes que leer la palabra del Señor. Ya lo hemos dicho, me voy a cansar de decirlo y no importa. Ya no ven tus ojitos, ponte la audio-Biblia. Ya no tienes buen oído, hay braille. Ya no tienes ven y yo te la leo. ¿Qué más quieres? Pero tienes que leer la palabra.

Yo le doy gracias a Dios, porque ya en el estudio de los miércoles ya hay quince personas. Cuando empezamos había tres, y de ahí no pasábamos. Hoy sí le doy gracias a Dios porque somos dieciséis. Pero si yo los cuento, somos más de dieciséis. ¿Por qué no se conectan?, ¿el trabajo?, hermano, ¿Quieres que le pida a Dios que te quite el trabajo? Ah, ahí sí no, Hasta lo hacemos. «Hermano, es que no tengo internet», también es presencial. «Ay, hermano, es que, es que mi internet es muy lento», ¡pues ya cámbiale! No. Hermanos, no hay excusa ni pretexto

De qué lado estamos, de “ay si, Cristo viene” o “¡Cristo viene!” Parece que estamos en la actitud incorrecta. Hermanos, yo se los juro, de verdad, no conozco a alguien que me diga: «Tengo hambre, tengo hambre, tengo hambre, tengo hambre», y vaya se compre una camisa. Cuando tienes hambre, antes de ir a comprar la camisa, echas un taco. Y ustedes o la mayoría de nosotros no parece que tengamos hambre. Yo quiero ser honesto los que pasamos aquí, de verdad, oramos, nos preparamos, pero ¿De verdad lo que te damos durante dos horas te da para toda la semana? Ni a mí me da que me preparo. Preparo para el miércoles, preparo para el domingo y aun así hago mi lectura, mi devocional, estoy con el Señor porque no me da. Y hermanos, no soy fanático ni religioso, tengo hambre de Dios, tengo necesidad de Dios. Y aquí la palabra del Señor habla de la pobreza espiritual y ya quedamos que no es el que no tiene a Dios, sino el que reconoce que sin Dios es nada.

Entonces, amados hermanos, ¿de verdad no te da hambre de Dios? ¿Por qué no lo buscas? ¿Por qué no te acercas? ¿Por qué no cedes tu tiempo de lo que quieras, hermano? ¿Ustedes se prepararon para venir a la casa de Dios? ¿Leyeron en la semana? ¿Oraron en la semana? ¿Compartieron el mensaje en la semana? ¿Consolaron a algún hermano en la semana? ¿Dónde está esa hambre de Dios? «Hermano, tengo mucho trabajo». Le voy a pedir a Dios que te quite el trabajo. «Hermano, no seas así».

Mira hermano, yo no soy tu papá, ni soy a la mejor de tu familia sanguinea, pero siento la responsabilidad de tu alma y prefiero que te enojes conmigo y que te vayas al cielo (al final me tienes que perdonar, porque si no me perdonas, no entras), pero es el momento indicado para decirle a Dios: o te creo o no te los lleves. Y prefiero decirle al Señor: ¿El trabajo impide que estén contigo? Entonces quítales el trabajo.

Mi responsabilidad como siervo del Señor es su alma, son sus hogares, es su vida. Y puedo decirle al Señor: consídelalo, Dios. Ahí, en una de esas tantas peticiones que te hago, ¿qué te parece si les quitas el trabajo? Así van a orar el doble Dios. Una, para quejarse y luego para pedirte ayuda, pero se van a acercar. «No, hermano, no lo haga».

Mire, en una iglesia a la que pertenecía, había muchos hermanos que el trabajo les absorbía demasiado. Y le dije a mi hermano «Hermano, pues vamos a pedir por ellos, que Dios les dé sustento». Y, ¿qué creen, hermanos?, gracias a Dios, a todos los que eran vendedores, les subió las ventas y a los que tenían trabajo físico normal, les subieron el sueldo. Y, ¿qué creen? Dios tenía un plan. Empezamos a trabajar a la par con un albergue y Dios nos habló muy fuerte, porque de repente, ya con una economía diferente, superior a la que tenían, no querían darles de comer a la gente de un albergue y empezaron: «¿Y por qué?» «Y es que no se vale», «y es que hay que cobrarles». Y que Dios nos habla bien fuerte y dice: «Para eso les di más que suficiente». Hubo poquitos que lo entendieron. Poquitos, tristemente. Los que no lo entendieron, en menos de una semana les quitó el trabajo, les quitaron sus puestos. Y los que le creyeron, les aumentaron el sueldo. Y con esos poquitos pudimos sustentar esta obra dos años, dándoles a esas personas que necesitaban la bondad de Dios y que Dios usó a su iglesia

¿Qué quiero decir? ¿Que yo tengo una influencia con Dios? No, para nada. Dios me libre (y digo que no, porque es mala responsabilidad). Pero Dios es Dios y Él es justo. Y a él también le importa tu alma. Tú decídelo, la puerta está abierta, no la ignores, porque Dios dice que el abre y nadie cierra, pero también, ¿qué hace? Cierra y nadie abre. No te vaya a cerrar la puerta. Y entonces sí, ahí lo dice en la, en la parábola de las diez vírgenes, “Ábrenos… nos os conozco” Ahí será el lloro y el crujir de dientes. No provoques a que el Señor te cierre la puerta.

“Hermano, esto se oye como que amenaza”. No hermano, no es amenaza. Yo te estoy diciendo lo que Dios hace y lo que yo soy testigo que Dios hizo, y hay evidencias, porque Dios sí lo hace. ¿Tú qué quieres que Dios haga contigo?, que te bendiga, que te levante, que te use o que te cierre la puerta.

Hoy tenemos una puerta abierta que solo la Iglesia la puede ocupar. O predicamos o no servimos, la Iglesia está aquí, sí, para manifestar que Dios es real, que Dios existe, pero también estamos porque somos la única entidad, asociación, cuerpo espiritual de Cristo, que puede transformar el mundo. No hay nadie más, no hay economía, no hay política, no hay medicina, no hay ciencia que pueda transformar el mundo. El único que transforma se llama Jesucristo. Y si Jesucristo está en la Iglesia, pues la Iglesia tiene una gran responsabilidad para transformar el mundo. Pero, ¿qué nos pasa? Nos callan. ¿Con qué nos callan? Con los afanes, con el dinero, con planes, con proyectos, con falsos maestros y falsos apóstoles. El moralismo, ya es la máxima de la Iglesia, cuando la máxima de la Iglesia es la santidad, es el servicio. ¿Nosotros por qué nos llamamos Oasis?, porque somos Oración, Adoración, Santidad, Integridad y Servicio. Puntos fundamentales que Dios demanda de este grupo. Por eso servimos tanto, por eso no nos callan, porque necesitamos servir, pero de una manera correcta, con integridad y santidad, no hacer las cosas por hacerlas, ¿y cómo recibimos eso? a través de la oración y de la adoración. Por eso somos Oasis, porque tenemos esa bendición de Dios de entender el propósito y hacerlo.

10 Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra. 11 He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.

Apocalipsis 3:10-11

Entonces, en este sentido, amados hermanos, muchos teólogos parten este mensaje hablando de la gran tribulación, Hay muchos personajes que estudian la Biblia y dicen que esto se refiere a que Dios guardará a la Iglesia de la tribulación, y ahí sustentan mucho el que Cristo viene antes de la tribulación. Otros no lo piensan así. Otros piensan, definitivamente, que la Iglesia sí va a entrar a la tribulación y que ahí vamos a estar siendo guardados de todos esos males.

¿Quieren una respuesta clara y contundente? Nadie lo sabe. Posiciones Pretribulacionista, mediatribulacionista y posttribulacionista, de todas hay y para todos hay textos. Lo que tú tienes que entender es que Dios, en este tiempo, sí nos está guardando de la prueba. ¿Hay pruebas a los moradores de la tierra? Sí. ¿Puede ser peor? Va a ser peor, ¿sí? ¿Puede realmente Dios estar hablando aquí de la gran Tribulación? Sí. ¿Puede referirse a otra cosa? Sí. Hermano, entonces, ¿qué debemos creer? Que Cristo viene, porque el verdadero dice: «He aquí, yo vengo pronto». Eso es lo que debes creer.

Hermanos, si nos toca pasar a la gran tribulación, que estemos preparados. Ojalá y no. De verdad rogamos que no. Y hay otros textos que podemos poner para decir: «No, no vamos a entrar a la Gran Tribulación». Y habrá otros que digan: «No, claro que sí. Hay textos que dicen que vamos a entrar a la Gran Tribulación. Es más, que la vamos a pasar todo»

Hermanos, aquí lo importante es que tú tienes que estar preparado para el día y la hora en que Cristo venga. ¿Cuándo es? No lo sé. ¿Nos va a tocar ver al anticristo? ¿Nos va a tocar ver a Jerusalén con su templo y todo lo demás? No lo sé. ¿Me gustaría verlo? Pues creo que sí, pero si el pago es estar en la gran tribulación, mejor no, prefiero ver el tabernáculo allá en el reino de los cielos.

No lo sé, hermanos. Yo tengo mi apreciación personal, muy personal, y nunca he querido que en este lugar haya mi apreciación personal, jamás. Mi deber es decirles: la palabra de Dios es clara, nos va a guardar de la prueba, sí. De la que viene y de la presente y de la futura, siempre nos va a guardar el Señor. «Hermano, pero es que aquí dice que viene prueba para el mundo». Hermanos, ¿qué no vivimos el COVID? ¿Se acuerdan cómo fue el COVID? ¿Para la pura iglesia o para todo el mundo? ¿No fue una prueba de Dios? ¿Nos guardó como iglesia? Amén. ¿No estaría también hablando de eso la palabra?

No hay nadie, excepto Cristo, te puede decir el camino a seguir. «Pero ha-habido pruebas en el mundo, hermano. Guerras, hambres, la peste negra que acabó casi con toda Europa. ¿No fue una prueba para el mundo?» Sí. ¿Y ahí guardó a la Iglesia? Sí, amén. En Inglaterra, en Alemania, Dios guardó a su iglesia y fue una prueba mundial. El COVID fue una prueba mundial, sí. No podemos negarlo. No hay manera de decir que no. Por más que queramos darle la vuelta, no hay manera, y Dios guarda a su iglesia, sí, amén.

¿Qué nos da esta certeza? Que si en la voluntad de Dios o en el plan de Dios está que entremos a la gran tribulación, nos va a guardar. La respuesta solo es una. Sí, amén. Que Cristo no quiere que pasemos a la gran tribulación y viene antes, pues gloria sea el Señor. ¿Qué nos preocupa? Bendito sea el Señor. Entonces, yo nunca he querido poner una doctrina o imponer un punto de: «Somos pretribulacionistas o posttribulacionistas». No, hermano, yo lo que anhelo es que usted sepa que Cristo viene. ¿Cuándo? Ojalá y venga hoy. Estamos aquí, pero mañana, problemas, trabajo, escasez, enfermedad… ¿Vamos a estar listos? Y aun así, hoy me dolería si Cristo viene hoy. ¿Por qué? Vea a su derecha y a su izquierda. ¿Usted sabe quién está faltando el día de hoy? Usted dice: «Y, faltó, faltó, faltó, faltó». ¿Qué estarán haciendo? Lo único que podemos decir es: «Señor, ten misericordia». Y hablando de los que conocemos la palabra, pero yo podría decir: «¿Dónde están tus hijos, tus nietos, el esposo, la esposa, tus padres? ¿Dónde están?» Tampoco nos vamos a poner en un lugar que no nos toca diciendo: «Señor, no vengas». No. Él sabe el día y la hora. Y Apocalipsis nos dice al final: «El Espíritu y la Iglesia dicen: Ven, Señor Jesús». Y hoy, como parte de la Iglesia, así lo digo: Ven, Señor Jesús, porque tu Iglesia se está muriendo. Él sabe, él no va a perder nada, pero la Iglesia se está apagando, se está muriendo. Estamos mimetizándonos con el mundo, nos estamos volviendo religiosos, nos estamos volviendo moralistas, pero ya no estamos sujetos al Señor. Y más adelante vamos a ver en la Iglesia cómo Cristo está fuera de su Iglesia y tocaba: «Oigan, ¿si alguien me abre?» «Señor, ¿quien sacó?» «Ustedes. Ustedes me sacaron».

Entonces, hermanos, termino diciendo que el Señor nos da una promesa muy grande. Como contexto histórico, Filadelfia se caracterizaba porque había muchos terremotos, así al estilo Ciudad de México. Y dicen que cada que había un terremoto, la ciudad salía, los pobladores salían y se refugiaban en otras ciudades. Y cuando regresaban, pues casi todo estaba en ruinas, solo permanecían columnas. Se le dice a esa pequeña ciudad de Filadelfia que era como una Grecia chiquita porque tenía muchas columnas, precisamente para que de ahí se volviera a levantar. Y cuando Jesucristo usa esta hermosa metáfora diciendo: «Yo le haré columna en la casa de mi Dios». ¿A qué se refiere? A que nada nos puede derribar. Venga lo que venga y pase lo que pase, si estamos cimentados en Cristo, nada nos puede derribar. Pero la cuestión es: ¿estás cimentado en Cristo? Porque si no estás cimentado en Cristo, hermano, te vas a caer. Y tu ruina puede ser hasta que pierdas tu alma.

Habemos personas que nos duele tanto una pérdida que de repente decimos: «Es que Dios me abandonó». Y a mi esposa y a mí nos tocó pasar una situación donde perdimos un bebé y no sabíamos el propósito del Señor. Pero Dios en ese momento nos dio una palabra bien fuerte. Jehová dio, Jehová quitó. Sea el nombre de Jehová bendito. Y alabamos a Dios en medio de ese dolor, en medio de esa prueba. Y no entendíamos por qué. Años después, llegamos a una congregación donde al pastor se le murió su bebé. Y en ese mismo tiempo, tres parejas fornicaron y tuvieron a sus bebés. El pastor estaba devastado. Decía: «Yo que soy el siervo de Dios, se muere mi bebé y estos pecadores tienen a sus hijos». Devastado el pastor. Yo llegué ahí como ayudante, ni siquiera como algo importante, y tuvimos que, uno, levantar a la Iglesia, dos, sacar el pecado a la luz y corregirlos. Y lo más pesado, fortalecer al pastor. El pastor había cambiado, sus predicaciones eran ofensivas, violentas, agresivas. Estaba muy mal el siervo del Señor. Oramos, lo restablecimos, lo ayudamos, etc. y años después, el Señor le concedió su bebé.

Pero cuando tenemos una pérdida que es irreparable, muchos ya se olvidan de Dios y empiezan a ofender a Dios y empiezan a decir que Dios los abandonó y empiezan a lastimarse, lastimar a la gente que está alrededor y matar su fe. Pero si estás cimentado en Dios, nada te puede mover. Y hablo de una pérdida porque es algo que no puedes reparar. Un trabajo, pues puedes conseguir otro. Salud, pues a lo mejor te operan y puedes vivir, gracias a Dios. Pero cuando tienes una pérdida irreparable, ¿qué haces? Y hemos visto a muchos, tristemente, abandonar a Dios por una pérdida de esa manera. Entonces, hermanos, el Señor nos compara con columnas porque nada nos puede derribar.

Y hoy en México tenemos la bendición de la alerta sísmica, pero ¿se acuerdan hace veinte años que no había alerta sísmica? Y que estabas comiendo y temblaba, y que ibas a caminar y temblaba. Pues así son los terremotos, hermano, no te avisan. ¿Hoy tenemos 30 segundos?, pues ojalá y Dios nos avisara así: «Voy en treinta segundos», «Ay, va a pasar un accidente en treinta segundos”, pues mínimo te encomiendas» No se puede, Así son los accidentes. Ni te lo esperas. Así es la vida, contigo o los que están a tu alrededor. Pero tienes que mantenerte en Cristo porque nada te puede derribar. Si algo tú te mueves del Señor, de verdad, cualquier cosa te va a tirar.

Hermanos, quiero que consideremos esto. De todo lo que dije el día de hoy, quiero que te lleves esto en tu corazón. Cristo está en la puerta y en tu vida ya no debe haber otra prioridad más grande que estar preparado. Ya no puedes, ya no debes. «Hermano, es que no he terminado de construir mi casa». «Es que todavía no termino de pagar el carro». Te voy a decir algo y todos lo sabemos. Si te mueres, ni un ladrillo te echan a la caja. Ni un ladrillo. Ni siquiera el volante que tanto te gustaba de tu carro. Ni una llanta te echan. No te llevas nada. Y si Cristo viene y te lleva al cielo, tampoco te lo vas a llevar. ¿A qué le quieres dar prioridad, hermano? ¿A las cosas o a tu alma? Al alma de tu familia.

Entonces, hermanos, estemos de ociosos, no. La prioridad sea el Señor y su venida, amen.