Mensaje a las siete iglesias“Éfeso”

Transcripción de la prédica del 8 de junio 2025.

El único que puede decir “Yo Soy” es Jesús, “Yo soy el pastor, Yo soy la puerta, Yo soy el pan” aquí Jesucristo dice “Yo conozco tus obras” ¿Quién le puede decir a Dios, no es cierto? A Dios no se le escapa nada. A nosotros se nos puede escapar varios aspectos, varias maneras, varias formas, pero a Dios no se le escapa nada. Cuando el dice “Yo conozco” no nos queda mas que reconocer que el lo sabe todo. No podemos decir “viste mal”, “te confundiste” o “es que eres muy radical” Él conoce lo mas profundo del corazón, lo mas profundo de los pensamientos, lo mas profundo de nuestras emociones, lo conoce. A nuestra esposa, hijos, amigos, jefe, al pastor les podemos vender una idea, una justificación a lo que hacemos, pero al Señor no le podemos rebatir.

No nos justifiquemos, a Dios no le vamos a ver la cara. Dios nos conoce, y lo que nos dice es verdad. No importa la edad que tengamos, lo que importa es lo que el Espíritu nos revela.

Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto:

2 Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; 3 y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. 4 Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. 5 Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. 6 Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco. 7 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.

Apocalipsis 2:1-7

“Escribe al Ángel” en lo personal, creo que se refiere al cuerpo de líderes, al pastor, al siervo, por que si fuera un ángel espiritual, él no podría intervenir, pero es una percepción personal.

La revelación de Jesucristo, Él es quien se pasea en medio de los candeleros de oro, quién tiene las siete estrellas a su diestra, pero me gustaría que el Señor te hablara directamente a ti, que te dijera, “Yo soy el dueño de la iglesia” que a los líderes, a los siervos les diga “Aquí el que manda, soy Yo, si hay un pastor, pero el Señor soy Yo” ¿a quién tenemos que recurrir? ¡al Señor! Está bien que haya líderes, nos bendicen, nos influyen, pero el Señor es el sustento de la iglesia, no la estrella, no el pastor, no el ángel, ¡es Jesucristo! Entonces ¿a quién vamos a ir? ¡Al Señor!

El pastor es el primero que debe dejar a la iglesia acercarse al altar, llevar a la iglesia a orar, llevarlos a una reflexión bíblica, nunca interponerse. La iglesia debe acercarse al Señor, y si algo no entiende, si requiere ayuda, el pastor esta para apoyar, no para resolver la vida. Los pastores somos servidores de Dios, no somos Dios, si la iglesia tiene una necesidad el único que puede ayudar es Dios. Se puede compartir la necesidad con el pastor, y éste puede orientar, dar consejos, pero quien resuelve es Dios. El pastor esta para dar a conocer lo que Dios quiere, lo bueno y lo malo. Cada uno de nosotros lo tenemos que tener claro, el Señor de la iglesia es Jesucristo.

El verdadero pastor de la iglesia es Jesucristo. Se escucha bien el título de pastor para una congregación, pero si hiciéramos una analogía en un cuadro al oleo, donde esta el pastor, las ovejas, a los pastores les tocaría ser el “perrito”, ni el cayado, ni la vara, seríamos el perrito al que el pastor ordena “ve por aquella oveja que se acaba de ir, y ahí vamos. A veces somos hasta torpes, porque al querer regresar a la oveja la lastimamos. Pero esa es la realidad, Jesús es el Señor y dueño de la iglesia.

Lo que podemos ver en el mensaje a Éfeso es que era una iglesia celosa y perseverante.

2 Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; 3 y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado.

Apocalipsis 2:2-3

Deberíamos ser como Éfeso un poco. Ya no tenemos paciencia. Si hoy Éfeso existiera tal cual, todos nos congregaríamos ahí. Una iglesia que trabaja, paciente, que sabe distinguir lo bueno de lo malo. Llegaban muchos falsos apóstoles y los sacaban, por no hablar la verdad. El apóstol Pablo, en el libro de hechos, en esa gran despedida que hace (Hechos 20:17-38) dice que ya no lo verán mas, pero cuidado, por que aún de entre ustedes se levantarán hombres perversos.

29 Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. 30 Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.

Hechos 20:29-30

Y Pablo tuvo razón. Aún a veces a nosotros llega gente que decía ser músicos, pastores, profetas, etc. pero al ver su testimonio, no pasaban el filtro. Tenemos que tener la capacidad en Dios de discernir lo bueno de lo malo. Haciendo un paralelismo con la primer carta del apóstol Juan, el que está en Cristo tiene una vida en Dios.

12 El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.

1 Juan 5:12

Esa es la gran diferencia en las iglesias. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nos revelan que si viene de su corazón y que no viene de su corazón. Si estamos en luz, entonces Dios mismo nos acerca al lugar correcto, Él nos va haciendo crecer y madurar, cuando leemos la palabra tenemos entendimiento y adquirimos sabiduría. Cuando alguien llega con una herejía, nuestro espíritu dice “tu no eres…”

Pero el problema es que no andamos en la luz de Dios y nos guiamos por las emociones. Internet es un ejemplo donde se manipulan las emociones de una forma espectacular. Al no estar en la luz, escuchamos muchas cosas en internet que parecieran buenas, pero mezclamos biblia con ideas con psicología, etc.

¿Qué tanto estamos en la luz que podamos discernir lo que es bueno de lo que no es bueno? ¿lo que es biblia de lo que es un texto para pretexto? ¿lo que es revelación de Dios a lo que es una idea de alguien? ¿qué tanto entendemos cuando Dios llega y nos habla, como dice la palabra, como espada de dos filos, que penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, o simplemente llega un pensamiento a nuestras emociones? ¿qué tanto lo discernimos, por que ya no depende de Dios, depende de nosotros, porque nosotros decidimos estar en la luz o no.

Pero ¿cómo nos mantenemos en la luz? Debemos estar en Dios, leer, orar, ayunar y obedecer. Si solo obedecemos y no conocemos la palabra, ¿qué obedecemos? Si solo leemos la biblia y no oramos, el Espíritu no nos convence y no nos transforma.

Hay cosas que no podemos entender, pero el Espíritu nos convence, y lo creemos por Fe. Muchos de nosotros hemos sentido la salvación, pero ¿alguno puede explicar lo que se siente? ¿se puede explicar la paz? Solo Dios nos puede hacer entender que vivimos en paz, que tenemos amor, que vivimos en Fe, y que somos salvos.

¿Qué caso tiene leer, ayunar, orar, si no vamos a obedecer»? Ahí no hay perfección, no hay santidad, no hay compromiso ni Fe. Si Dios nos dice “obedece, ya no hagas lo malo” y nosotros contestamos “¡ay por qué no puedo!” Si Él es nuestro Señor, nuestro Dios, nuestra mayor Fe, nosotros nos callamos y obedecemos. Pero si no lo vemos como Dios y Señor incluso reclamamos, no lo vemos como Señor, lo vemos como igual, o incluso peor, como un sirviente, ¿lo vemos como nuestro Dios y Señor o como nuestro salvoconducto? Si evangelizamos en el hospital algunos piensan “Dios me va a ayudar, entonces si creo, o no me va a sanar, entonces no quiero” tenemos un problema en el trabajo y decimos “Dios, ayúdanos”, se arregla el problema y ni nos acordamos del Señor. Cuantas personas llegan a la congregación destruidas, rotas, Dios las levanta, las restaura, y después, dejan de asistir.

El punto es ¿qué tanto nos quedamos en la luz? ¿por qué la gente se va? ¿les hicieron algo, o les cae mal el pastor, o se sintieron atacados o lastimados por alguien? Se puede entender, pero ¿por qué la gente se aleja del Señor? ¿Dios les hizo algo malo? En esa parte ¿cómo podemos discernir lo bueno de lo malo si ni siquiera queremos quedarnos con el bueno? Si no queremos quedarnos en lo bueno, no queremos quedarnos en la luz de Cristo, no queremos obedecer, no queremos leer ni orar, pues entonces cualquier apóstata, hereje, secta nos va a jalar.

Hay algo maravilloso en la iglesia de Éfeso, sabían la verdad, estaban en la verdad, tenían una buena doctrina y distinguían lo correcto de lo incorrecto, ¿y nosotros lo distinguimos? ¿lo discernimos? Hay herejías en internet que miles de personas las ven, pero al estudio bíblico la gente no asiste.

¿Cómo vamos a permanecer en la luz si con pequeñas acciones no lo hacemos? ¿qué tanto queremos estar en la luz, qué tanto queremos pertenecer?

La actitud de Éfeso fue mantenerse en la verdad. En esos años ¿qué parte de la Biblia tenía la iglesia de Éfeso? Ellos tenían las escrituras del Tanaj, o antiguo testamento, ya tenían parte de los evangelios y tenían las cartas que recibían. ¿Estamos conscientes del proceso que se requería para enviar y recibir una carta? Pablo escribía la carta, o la dictaba, luego se revisaban. Cuando ya estaba conforme, se hacía una carta, se pasaba a duplicar varias copias. Después se pedía autorización para enviarla y distribuirla. Los del correo tampoco la tenían fácil, eran perseguidos, robados, la carta muchas veces no llegaban. Las cartas podían tardar años en llegar, y aún así Éfeso las recibía en el Señor, la leían y se mantenían en la verdad.

Actualmente tenemos diferentes traducciones de la Biblia, recursos pedagógicos, textos, mensajes, internet, libros tradicionales, pero ¿cuánto le dedicamos a la lectura de la palabra? Viéndolo desde esa perspectiva, Pablo oraba por las iglesias, lo único que tenía era su Fe para creer que estaban bien, por que en lo que mandaba a alguien, ese alguien se tardaba en viajar, se quedaba un tiempo, y luego regresaba, pasaban algunos años. Cuando en la palabra Pablo dice algo como “Llegó Timoteo y me dio testimonio que se mantienen” pasamos de largo el pasaje, pero en ese momento habría que imaginar la alegría de Pablo de recibir noticias. Hoy ni una llamada hacemos a los hermanos cuando no van a congregarse. No hay oración, no hay intercesión, no nos mantenemos en la luz, somos apáticos.

Hermanos, ¿nos damos cuenta de nuestra realidad? ¿cómo nos mantenemos en la luz, en la verdad? Si no hacemos lo básico, ¿cómo podemos ir a lo más?

Me conmueve cuando Pablo dice “oro por ustedes” Imaginen a Pablo, hace la carta, sale el mensajero, no hay navíos mientras las aguas estén turbulentas, meses después llega a una parte de Asia menor, de ahí hay que esperar por que no hay transporte, etc. La carta llega meses después diciendo “oro por ustedes” ¡pues ya para qué!

Pero no era así, Dios cuidaba a las iglesias por la oración de intercesión. Dios es fiel, la carta podría tardar años, y cuando la iglesia la leía sabían que Dios es fiel, por que Pablo estaba orando por ellos desde “hace un año” y la iglesia seguía de pie.

Por eso es tan importante que la iglesia entienda el orar, el ayunar, el leer, el mantenerse en la luz. Un texto maravilloso dice que cuando estamos con Dios, en Dios y para Dios, Él no nos dejará estar ociosos.

7 a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. 8 Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. 9 Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados.

1 Pedro 1:7-9

Si estamos en Dios, Él nos lleva a orar por la gente, a buscar a la gente, hablar con nuestros hermanos, salir a la calle y pensar en nuestros hermanos. Hay una gran diferencia entre perder algo y abandonar algo. Podemos perder algo por descuido, pero abandonar algo implica nuestra voluntad y decisión. Ésta iglesia (como muchos de nosotros) está abandonando, rechazando y dejando el primer amor.

Entonces, dice el verso cuatro.

4 Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.

Apocalipsis 2:4

El dejar algo es una decisión. Es un buen momento para pensar, ¿hoy tenemos en Dios la capacidad de discernir lo bueno de lo malo? ¿hoy tenemos en Dios esa luz que nos dice que somos sus hijos? ¿podemos validar que Él es nuestro Señor y salvador? No todo es servicio y actividades y proyectos. Hay que entender que si la iglesia, o nosotros como individuos, dejamos el primer amor, estamos en un gran problema.

Podemos decir, después de tantos años que nos rechazan, nos critican, nos ofenden, pues lo sentimos por que somos seres humanos, si, pero hoy Dios nos dice que nos quiere restaurar.